
Los juegos estratégicos de tríadas son los más
complejos y sofisticados. Los juegos binarios (de a
dos) son estructuralmente sencillos: es uno contra
otro. Por supuesto que hay un abanico muy grande en
lo estratégico y en lo táctico, que puede ir desde
la más dura y pura confrontación hasta la búsqueda
de comprensión y entendimiento entre ambos, como
quien dice va desde el odio al amor, pero se juega a
lo largo de una línea recta. Los juegos plurales, de
más de tres jugadores, son muy amplios, permiten
muchas combinaciones; inclusive mediante juegos de
alianzas pueden devenir en juegos binarios o de
tríadas; en realidad es muy amplio el esquema de
posibilidades estructurales, de estrategias y de
tácticas.
En los juegos de tríadas hay que diferenciar
claramente aquél en que los tres actores tienen
equidistancia entre ellos, que por ejemplo el
triángulo amoroso heterosexual, donde hay dos
actores que compiten siempre entre sí en busca de la
alianza con el tercero, que es el pivot del juego.
Por ejemplo, en el más clásico triángulo, el de un
hombre con dos mujeres, las dos mujeres compiten
entre sí por el hombre y el hombre tiene un juego
simple en última instancia de optar por una, optar
por la otra o alternar con ambas; si las dos mujeres
se unen, nadie gana, el juego se termina (lo mismo
es válido para el triángulo de una mujer con dos
hombres).
En el triángulo donde los actores mantienen
distancias equivalentes, el juego adquiere la mayor
de las sutilezas. Porque cada uno debe en primer
lugar evitar que los otros dos se alineen contra
uno; en segundo lugar elegir cuál es el adversario
principal y tratar de aliar consigo al otro; o
alternar las alianzas en forma pendular a la vez que
combatir al tercero en forma pendular. Y el cambio
estratégico se da si logra que uno de los dos se
alíe consigo en forma definitiva, y en lo posible
detrás suyo y no al lado suyo, con lo que el juego
deviene en binario.
El Frente Amplio tiene planteado un juego de tríadas
por el poder partidario. Desde el año pasado en
forma subterránea, desde una semana atrás en forma
pública. Hay una competencia abierta por el poder
entre Danilo Astori, José Mujica y Tabaré Vázquez.
Esa competencia tiene a su vez dos campos de juego:
uno es el liderazgo frenteamplista; otro es la
candidatura presidencial para 2014. Lo único claro
es que Mujica no será candidato en el 2014: si gana
la Presidencia, porque estaría impedido
constitucionalmente, si pierde, por razones
biológicas y quizás hasta anímicas (aunque “nunca
digas de esta agua no he de beber”). Pero para 2014
el propio Mujica ya ha lanzado a título de sondeo
exploratorio el nombre de Raúl Fernando Sendic (de
quien dijo que puede ser un buen presidente y sería
un recambio generacional) y se maneja inicialmente
también el nombre de su principal operador político,
Eduardo Bonomi. Esa es una competencia, que
dependerá en buena medida de cuatro elementos
principales: ante todo, si el Frente Amplio gana o
no la Presidencia de la República, y en caso
afirmativo, si retiene o no la mayoría absoluta
parlamentaria; cómo sería la futura gestión de
gobierno en general, del presidente en particular y
también en particular del vicepresidente; como sería
el juego de liderazgos; y cuál sería el rol de
Tabaré Vázquez, cómo lo ejercería y cómo lo
entendería la sociedad
Desde fines de 2007 hasta mediados de este año cayó
el poder de liderazgo de Tabaré Vázquez. En ese
proceso hay una larga cadena de errores. Algunos, a
título de parcial inventario: la renovación de la
Presidencia del Frente Amplio en el Congreso
Ordinario de diciembre de 2007; el propio Congreso
de 2007; el procedimiento y el contenido del
recambio ministerial del verano de 2008; el impulso
subterráneo pero real de una fallida reelección
presidencial; el impulso a la candidatura
presidencial de Danilo Astori; el enfrentamiento a
la casi totalidad del Frente Amplio con el veto a la
ley de despenalización del aborto; el revés en
cuanto a candidatura presidencial sufrido en el
Congreso 2008; la actitud equívoca respecto a la
precandidatura de Marcos Carámbula (vía libre a la
misma y luego su no sostenimiento); y finalmente la
derrota de su candidato y de su estrategia.
Mujica aprovechó todos y cada uno de los errores de
Vázquez y de Astori. Logró juntar detrás de sí a los
conformes con el gobierno y a los disconformes, a
los que idolatran a Vázquez y a los que quieren
eliminarlo del tablero político. Y a partir de la
noche del 28 de junio se posicionó no solo como el
candidato presidencial y futuro presidente de la
República, sino también como el nuevo líder
frenteamplista, el comienzo del postabarecismo. Una
sucesión de errores, improvisaciones y
desprolijidades concentradas en tan solo 10 días de
este setiembre, le permitieron a Vázquez aflorar
como en sus mejores momentos, decir aquí estoy yo,
recuperar el centro de la escena y dar la señal
inequívoca que el liderazgo no lo afloja, no lo cede
y que el lo quiera debe pelearlo sin cuartel. Por
las dudas, su entorno deslizó su disponibilidad a
pensar la posibilidad de su candidatura en 2014. Un
aviso a los navegantes.
El tema es que a partir de este esquema, Astori y
Vázquez ya no son más aliados entre sí, sino
competidores. No tanto por el liderazgo partidario,
sino por la candidatura en 2014. Pero tienen un
largo periodo de tregua. Parecería que en esta
instancia a Astori no le preocupa el liderazgo
partidario, si tiene poder y manos libres en la
conducción económica del gobierno y de lo que derive
de la conducción económica. Y a Vázquez no le
preocupa incidir en el próximo gobierno, salvo en lo
que tenga que ver con las reacciones de la opinión
pública.
Este juego de tríadas se juega en el plano de la
opinión pública abierta y en el plano de las
estructuras políticas. En éste, Mujica cuenta con el
soporte de los espacios 609 (Movimiento de
Participación Popular y aliados) y 1001
(esencialmente Partido Comunista). Astori cuenta con
el astorismo puro y duro, entendido por tal Asamblea
Uruguay y el Nuevo Espacio. Vázquez cuenta con el
apoyo incondicional de la actual mayoría de la
mayoría del Partido Socialista (no todo el PS, no
toda su mayoría) y de la flamante lista 5005 (a
partir de Víctor Rossi y María Julia Muñoz); y puede
contar con el apoyo de la Vertiente Artiguista y la
Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad
(Fernández Huidobro). Y en una doble lealtad entre
Vázquez y Astori - probablemente compatible a lo
largo del gobierno, incompatible en el momento de
las definiciones electorales - se encuentra la
Alianza Progresista (Nin Novoa, PDC).
Este es el escenario en la hipótesis de triunfo del
Frente Amplio. Otro es el escenario, y largo el
desarrollo del análisis, en la hipótesis de derrota
y sus explosivos efectos.