
Antes de entrar a discutir qué reformar del actual
sistema electoral, es necesario desentrañar con
precisión qué efectos produjo la reforma de 1966, es
decir, analizar cuáles son los efectos de cada
reforma en particular y de la interacción de las
distintas enmiendas, en qué dirección y con qué
magnitud se producen esos efectos. Una vez hecha la
lista de efectos detectables (es imposible detectar
todos y cada uno) se verán cuáles son considerados
positivos por todo el sistema político, cuáles
logran consenso negativo y cuáles resultan
polémicos, que se verán como positivos para unos y
negativos para otros.
Un primer punto a considerar es el tema del
balotaje, o más exactamente de un sistema que busca
que el presidente de la República resulte elegido
por la mayoría absoluta de los votantes. El sistema
además prevé la elección base del presidente en
forma conjunta con ambas cámaras y mediante un mismo
y único voto, y por otro lado establece algunos
institutos de tinte parlamentarista, entre otros la
exigencia de que los ministros cuenten con respaldo
parlamentario.
Ya la propia ley reglamentaria de la nueva norma
constitucional hizo cambiar el sistema de mayoría
absoluta sobre el total de votantes en mayoría
relativa entre dos contendientes, o mayoría absoluta
sobre el total de votos válidos. Si se toma la
experiencia del domingo pasado, especialmente de
Montevideo y Canelones, con casi un 14% de votos en
blanco y nulos (con contenido anulado), se prevé que
de darse una situación similar en el balotaje, no se
cumpliría la teleología de la reforma, no solo en el
estricto plano de que el elegido no sobrepasase la
mitad del total de votantes, sino que estuviese
lejos de esa mitad. A vía de ejemplo, con 14% de
voto refractario (en blanco, nulo) y una alta
paridad entre las dos fórmulas contendientes,
resultaría elegido presidente de la República un
candidato con el respaldo de algún decimal por
encima del 43% de los electores, lo cual hace que el
propósito de la norma, en términos políticos y
sociológicos, no se cumpla. Habrá un cumplimiento
formal o legal, pero no una satisfacción del
objetivo sociológico.
Por otro lado, el segundo balotaje demostró que se
puede ir al mismo sin que exista un previo y
explícito acuerdo entre los partidos competidores de
esta instancia y los partidos que resultaron
ausentes. El tema fue de menor envergadura, porque
el Frente Amplio había logrado mayoría parlamentaria
y la segunda vuelta presidencial se transformó en un
mero trámite burocrático. Pero el propósito de los
creadores fue impulsar coaliciones de gobierno
previo al balotaje, como forma de hacer que el
candidato más votado fuese elegido con el explícito
respaldo de una coalición de partidos que a su vez
conformasen la mayoría parlamentaria. Este
propósito, no cumplido en 2009, lo fue en 1999. Se
observa, entonces, que nada impide que los terceros
y demás partidos hagan mutis en esta instancia
decisiva.
Entonces se ve que en la relación balotaje-mayoría
absoluta parlamentaria se pueden dar cuatro
situaciones:
-
Presidente elegido con el
apoyo de una coalición electoral que a su vez
expresa la mayoría parlamentaria y se constituye
en coalición mayoritaria de gobierno (sería la
teleología perfecta del instituto)
-
Presidente elegido con
mayoría absoluta de los votantes, sin coalición
electoral expresa o con una coalición débil, y
este presidente no se sienta obligado a buscar
una mayoría parlamentaria o fracase en ello. Y
el balotaje no resuelva la existencia de un
gobierno sin mayoría parlamentaria.
-
Un presidente elegido como
producto de un cambio del electorado entre
octubre y noviembre, que cuente con la mayoría
absoluta de los votantes, pero a su vez quede
enfrentado a una mayoría parlamentaria que
también representa la mayoría absoluta de los
votantes. Esta asimetría fue l propósito por el
que lucharon, en ambos casos sin éxito, Tabaré
Vázquez en 1999 y Luis Alberto Lacalle en 2009.
-
Finalmente, podría darse el
caso más extraordinario, de un presidente
elegido por una coalición electoral y que, una
vez en el cargo, conformase una mayoría
parlamentaria diferente a la que lo eligió. Con
lo cual se cumple la lógica parlamentarista del
sistema pero no se cumple la lógica presidencial
del balotaje.
Estos puntos no son necesariamente efecto puntual de
esta reforma de 1996, sino en general de todo
sistema de balotaje combinado con institutos de
parlamentarización. Sirve para reflexionar y
discutir varios puntos:
a.
La
conveniencia o inconveniencia de mantener el sistema
de balotaje
b.
De
mantenerse, si las reglas para el mismo deben ser
las mismas o requieren ser modificadas
c.
Cómo se
combina (materia dejada pendiente por la reforma de
1996) una acentuación del peso político del
presidente que va de suyo con un sistema que
determine su elección por más de la mitad de los
votantes, con las formas de parlamentarización del
texto constitucional, pre existentes a esta reforma
d.
Cuánto se
acentúa, debilita o mantiene la parlamentarización,
para derivar hacia un presidencialismo puro, un
semipresidencialismo, un semiparlamentarismo o un
parlamentarismo puro.
Este último punto tiene que ver con el sistema de
gobierno, pero es de necesaria reflexión y
dilucidación. Pues las modificaciones al sistema
electoral han impactado sobre la forma efectiva,
material, de aplicarse el sistema de gobierno. Por
tanto, es ineludible abordar esta discusión, sin la
cual no es solucionable la discusión sobre la forma
de elección del presidente de la República.
En lo que va de un tercer gobierno bajo el nuevo
sistema, se observa una acentuación de la visión
presidencialista, aunque ello puede no ser
necesariamente el reflejo de la reforma de 1996 y
mucho puede tener por un lado con la personalidad de
las tres personas que han accedido a la primera
magistratura y por otro, en el gobierno anterior y
en éste, con una actitud de apoyo acrítico que la
mayoría frenteamplista otorga a su presidente de la
República. Como fuere, es necesario ver si es algo
coyuntural debido a estructuras de personalidad y de
funcionamiento político, o son efectos sistémicos de
la introducción del balotaje. (Segundo de una serie
de análisis sobre la reforma política)[1]
[1]
La primera nota se
publicó el pasado domingo 2 de mayo, con el
título erróneo “El derrumbe del muro de
piedra”. El título real era: “El colapso de
la reforma de 1966”. La responsabilidad del
error fue del autor.