A veces conviene comenzar por
una anécdota personal. En la primera mitad de los
años sesenta, cuando este analista era muy joven, él
y sus amigos –ya muy aficionados a la política y lo
electoral– del contacto con la gente común percibían
un alto descreimiento en los políticos y en la
política. Como además de andar en ómnibus, concurrir
al liceo e ir al café, por razones familiares
estaban inmersos en el medio político, trasmitían
esas vivencias a sus padres y a los amigos de sus
padres, y especialmente expresaban la preocupación
de ver, con sus ojos frescos, que el sistema
político se encontraba al borde del tobogán, y con
él la democracia, los valores democráticos y la
creencia en la democracia. La respuesta de esos
dirigentes, parlamentarios, gobernantes, tanto
blancos como colorados, herreristas e
independientes, de la 14 y de la 15, fue siempre la
misma: “No te preocupes, chiquilín, la gente vota
igual”.
La gente siguió votando, como
siempre. Pero a la vuelta de la esquina, cuando
apenas transcurría un lustro, aparecía la amenaza
del golpe de Estado y de la guerrilla, la creencia
en vastos sectores populares de la solución militar
o de la lucha armada, del golpe de Estado o de la
revolución, de todo menos en la democracia. Quizás
esas propuestas no fuesen mayoritarias, pero tampoco
insignificantes. Muy tarde, cuando el país ya se
deslizaba por el tobogán, aparecieron opciones –más
de una- que convocaban a nuevos proyectos en
democracia, dentro del sistema; probablemente
llegaron tarde, al menos tarde para evitar la caída
final.
Hoy se está muy lejos del
final y de los caminos de los años sesenta y
setenta, pero no se está muy lejos del principio en
cuanto a desafecto por los elencos políticos, por el
sistema político y por la política. Parece hora
entonces, cuando ya no se es un chiquilín, de
preocuparse. Porque además ahora ya la gente igual
no vota, al menos da señales tangibles de desafecto.
Un cuarto de millón de personas[1]
en las elecciones departamentales del pasado 9 de
mayo se quedó en su casa, votó en blanco o votó
nulo. Ese cuarto de millón de personas dejó de votar
a los partidos políticos. Eso, con voto obligatorio.
Por otro lado en los últimos
diez años ha habido tres elecciones de voto
voluntario: las elecciones preliminares (mal
llamadas “elecciones internas”) de los ciclos
electorales 1999-2000, 2004-2005 y 2009-2010. ¿Cómo
fue la participación, es decir, el porcentaje de
votos a los partidos (votos válidos)? (Ver cuadro 1)
Es necesario tener presente
que el total de votantes en elecciones nacionales es
prácticamente coincidente con el electorado
residente en el país. En las últimas tres elecciones
el número de justificaciones para no ir a votar
oscila entre 25 y 30 mil personas, que debe
considerarse el total de quienes residen en el país
y no votaron por problemas de salud, por problemas
de movilidad o por encontrarse circunstancialmente
en el exterior. Si se estima que los votantes
venidos del exterior son probablemente algo menos
(quizás entre 15 y 20 mil), se llega a la conclusión
que grosso modo el total de votantes en las
elecciones nacionales coincide con el total del
electorado residente en el país.
Para medir la participación en
términos porcentuales, o a la inversa para medir la
no convocatoria (la abstención y el voto
refractario), es conveniente tomar este universo, el
del electorado residente en el país, al que a estos
efectos operacionales se denomina “electorado real”.
Por las dudas, se presenta la participación en
términos porcentuales referido a tres bases: el
total de habilitados para votar en la respectiva
elección preliminar, el total de habilitados para
votar en las siguientes elecciones nacionales y el
total del electorado real (quizás el más relevante a
efectos de determinar la participación efectiva).
(Ver cuadro 2)
De donde, la actitud
refractaria (medida como no concurrencia, voto en
blanco, voto nulo) fue, en términos redondeados:
1999 – 42%
2004 – 52%
2009 – 54%
Para analizar cualitativamente
estas cifras, es necesario detenerse en la
arquitectura de la competencia política en los tres
principales lemas, que diseña la intensidad del
interés ciudadano (ver cuadro 3)
Otro dato a tener en cuenta es
la arquitectura de la competencia interpartidaria
sugerida hacia las elecciones nacionales por las
principales encuestas en el momento de realización
de las elecciones preliminares, en cuanto a los
lemas con probabilidades efectivas de disputar la
Presidencia de la República:
1999 – Triangular (los tres
lemas)
2004 – Binaria (Frente
Amplio-Partido Nacional)
2009 – Binaria (Frente
Amplio-Partido Nacional)
Como puede observarse, en 1999
la arquitectura fue competitiva en los dos tercios
de los casos; en 2004, en uno solo de los dos casos
principales; en 2009 en el 100% de los casos
principales. Dicho de otra manera: la elección de
mayor interés fue la de 2009, en que la abstención
fue del 54%; la de interés intermedio fue la de
1999, con una abstención del 42%; la de menor
interés cuantitativo fue la de 2004, con una
abstención del 52%. Surge con absoluta claridad que
la actitud refractaria es creciente, fuertemente
creciente, con independencia de la competitividad.
Quizás el que el desinterés o lo refractario haya
crecido solo 2 puntos porcentuales entre 2004 y
2009, y no haya crecido más, se explique porque en
2004 fue la competencia de menor interés (solo fue
importante para el Partido Nacional) y la de 2009 la
de mayor interés (de alto interés para los dos
partidos con probabilidades de obtener la
Presidencia de la República).
Entonces, la ciudadanía se
distancia cada vez más del compromiso con el voto,
inclusive a pesar de que se pudiere incrementar el
interés por efecto de una competencia más intensa.
Es un hecho nada menor que los partidos convoquen
tan solo al 46% del electorado residente en el país.
Si a este fenómeno se suma el de las recientes
elecciones departamentales, en que más de un cuarto
millón de personas dejó de votar a los partidos –a
pesar de estar compelidos por el voto obligatorio-
parece hora de atender debidamente el fenómeno y
trabajar para dar una respuesta colectiva del
sistema político. Porque lo que está en juego es la
credibilidad en la política, los político y los
partidos, en definitiva, en el sistema político en
cuanto tal. Y la credibilidad en el sistema político
es un elemento sustancial para la existencia de una
poliarquía plena, es decir, de una democracia
política completa y fuerte.
________________________________________________________________________
CUADRO 1: DATOS DE ELECCIONES
PRELIMINARES 1999-2009
|
|
25/04/1999 |
27/06/2004 |
28/06/2009[2] |
|
Habilitados elecciones
preliminares |
2399707 |
2471390 |
2584220 |
|
Habilitados elecciones
nacionales |
2402160 |
2487816 |
2563250 |
|
Total de votantes
elecciones nacionales |
2204884 |
2229611 |
2304487 |
|
Votos a los lemas
(partidos) |
1272157 |
1063655 |
1069980 |
CUADRO 2: PARTICIPACION EN
PRELIMINARES 1999-2009
|
BASE |
25/04/1999 |
27/06/2004 |
28/06/2009 |
|
Habilitados elecciones
preliminares |
53,0% |
43,0% |
41,4% |
|
Habilitados elecciones
nacionales |
53,0% |
42,8% |
41,7% |
|
Electorado real |
57,7% |
47,7% |
46,4% |
CUADRO 3: INTENSIDAD DE LA
COMPETENCIA ELECTORAL
|
|
25/04/1999 |
27/06/2004 |
28/06/2009 |
|
Frente Amplio[3] |
Candidato hegemónico (2) |
Candidato único |
Binaria (3) |
|
Partido Nacional |
Múltiple (5) |
Binaria (3) |
Binaria (2) |
|
Partido Colorado |
Binaria (5) |
Candidato hegemónico (2) |
Candidato hegemónico (6) |
*
Entre
paréntesis el total de candidatos
Candidato hegemónico: con una distancia de 50 puntos
porcentuales o más sobre su inmediato seguidor
Binaria: que la competencia real es de dos
candidatos, los cuales en conjunto superan el 90% de
los votos del respectivo lema
[1]
Ver nota “Los
gritos del silencio”, El Observador, mayo 30
pasado
[2]
Entre junio y
diciembre de 2009 el total de habilitados
para votar disminuye, porque en ese periodo
se realizó la depuración del padrón
[3]
En 1999 concurrió con el lema Encuentro
Progresista-Frente Amplio y en 2004 con el
lema Encuentro Progresista-Frente
Amplio-Nueva Mayoría