
El éxito de la selección uruguaya
de fútbol dejó importantes lecciones más allá de lo
futbolístico y de lo deportivo, lecciones hacia
dentro del país y efectos importantes hacia fuera.
No ha sido nada menor la mano de
Oscar Washington Tabárez y su impronta de maestro de
escuela, de los maestros de la vieja escuela
pública. Se lo vio desde la forma de presentación
del propio técnico, la presentación de los jugadores
y la forma de actuar en la cancha. El director
técnico lo que trasmitió no solo fue técnica
futbolística sino valores.
Este conjunto celeste quizás no
haya sido la selección uruguaya con mejores figuras
ni tampoco el equipo de este mundial con las mayores
individualidades. En cambio, fue uno de los mejores
equipos, es decir, de lo que supone el cambio
cualitativo de pasar de una sumatoria de personas a
una unidad plural, donde el conjunto actúa en tanto
tal. Muchos analistas deportivos han comentado
(especialmente en la vecina orilla) que Argentina
tuvo mejores individualidades y Uruguay un mejor
equipo. La lección que surge de aquí no es nada
menor y es un tema de concepción de la vida: es la
diferencia entre la apuesta a lo individual y la
apuesta a lo colectivo, entre la búsqueda del
resultado personal y la búsqueda de resultado para
el conjunto.
En los años ochenta y nuevamente
desde mediados de los noventa, el Uruguay
futbolístico gozó de mala fama en términos de
conducta deportiva. No lo fue por casualidad, ya que
hubo directores técnicos, dirigentes y periodistas
que exaltaron el juego brusco, el “meter la pierna”.
Se ha visto mucho en baby fútbol, por parte de
entrenadores y de padres, la concepción del juego
exclusivamente como búsqueda de resultados
deportivos sin importar métodos ni costos; el
enseñar a los chicos a aplicar la viveza, jugar
sucio, hacer trampa sin que vea el árbitro. Esta
celeste fue la antítesis de esa concepción. Y no
solo en el campo de juego, sino en la calle y en las
conferencias de prensa. En la última, tras la
derrota ante Países Bajos, el Maestro no se escudó
en que el segundo y decisivo gol holandés hubiese
sido en off-side, sino que dijo sencillamente: “los
holandeses fueron mejores”. Así de sencillo. Gran
contraste con el coach argentino, que tras la
apabullante derrota por 4 a 0, dijo que “el
resultado no muestra lo que ocurrió en la cancha” y
además que su equipo fue perjudicado por el árbitro.
Ya fue destacado por muchos,
dentro del país pero importa mucho que lo fue en
todos los países más importantes, la forma en que
perdió Uruguay: tras un breve desconcierto que le
significó dos goles en su contra, la selección luchó
a brazo partido, acortó la diferencia y el partido
terminó con todo el equipo holandés a la defensiva y
pidiendo la terminación del partido, por el riesgo
de un empate. La conducta de los uruguayos fue uno
de los elementos de destaque en las primeras planas
de la prensa internacional (con la excepción de
Inglaterra, que exhibe un formidable enojo, más allá
de lo racional)
Entonces, lecciones del maestro
Tabárez, su cuerpo técnico y los jugadores:
mentalidad de equipo, de primacía de lo colectivo
sobre lo individual, lucha hasta el final sin darse
anticipadamente por vencido, humildad,
reconocimiento de los propios errores, no poner la
culpa afuera y justipreciarse a sí mismo (sin caer
en sobrevaloración ni en subvaloración).
A ello cabe añadir como efecto
del logro de la selección de fútbol, el formidable
crecimiento de la autoestima de los uruguayos. Este
es un tema complejo que da para un largo análisis,
porque un lustro atrás es difícil diagnosticar el
estado de ánimo de la gente. Más bien cabe decir que
había un sector con alta autoestima lindante en la
arrogancia y otro significativo segmento con una
visión negativa del país, fuertemente negativa y
pesimista. El primer paso hacia el cambio de
actitud, hacia el abandono del pesimismo, lo fue el
triunfo de la izquierda acompañado de un largo
periodo, que continúa, de sostenido y fuerte
crecimiento económico, que además se expresa en una
extraordinaria baja de la desocupación (hay casi
pleno empleo), así como de la pobreza y de la
marginalidad, y un considerable incremento del
ingreso de los hogares. Pero otros países a los que
han accedido gobiernos de izquierda, quizás sin la
magnitud del crecimiento de Uruguay y del
mejoramiento de su gente, han continuado en el
negativismo y buscado derivar los enojos hacia
fuera. Acá, en cambio, implicó una reversión total
del estado de ánimo y el pasaje del pesimismo al
optimismo, de la falta de confianza al crecimiento
de la autoestima nacional. El éxito futbolístico lo
que hace es consolidar y proyectar este proceso. Una
sociedad que se autoestima y justiprecia, sin
arrogancia ni sobrevaloración, es un elemento
esencial para el mejor desarrollo de esa propia
sociedad.
Finalmente, cabe insistir en la
marca país. Nadie vende ni bienes ni servicios si no
se valora al país. El valor de la marca lo conoce
todo el que se mueve en el mundo del mercado y por
ello se hacen ingentes esfuerzos de marketing. Pero
no siempre se es consciente de ello en el plano
internacional. Y tampoco se es consciente que la
marca país no se logra únicamente en el mundo del
comercio. No es solo en las ferias y exposiciones
que se impone o surge esa marca país, sino que se
impone en todos los actos de un país, en primer
lugar en las relaciones políticas, también en las
relaciones culturales y sociales, en la producción
científica, intelectual, artística, en las
exhibiciones deportivas. El nivel de exposición del
nombre Uruguay en estos días ha sido formidable. Los
minutos de televisión en los horarios de
informativos centrales en los canales de TV
nacionales, regionales y locales de más de un
centenar y medio de países, pero especialmente ese
tiempo televisivo en Portugal, España, Francia,
Italia, Suiza, Alemania, Holanda, Reino Unido,
Japón, significa haber recibido gratuitamente una
inversión de muchos millones de dólares. Eso hubiese
costado el contratar esos minutos televisivos como
publicidad. Parecería que no hay demasiado
conciencia en el país de esa intangible y no
inventariada ganancia de capital habida en estos
días. Otros tantos millones de dólares de publicidad
gratuita hubiese generado a costa de centavos la
presencia del primer mandatario y de una delegación
oficial de primer nivel en el partido ante Holanda,
como han estado las casas reales o jefes de gobierno
de los otros países que llegaron a estar entre los
cuatro mejores. Pero esta varias veces millonaria
ganancia de publicidad gratuita para la imposición
del “Made in Uruguay” requeriría de planes y
programas para ofensivas concretas que consolidasen
y ampliasen esta exposición pública. Si no hay esos
planes, que parecería que no los hay, es de toda
urgencia que se elaboren y se comiencen a aplicar.
Porque las luces de Sudáfrica se apagan, viene el
verano en el hemisferio norte, y la marca país
Uruguay va a comenzar a desvanecerse.