
La clase media fue la gran beneficiaria del
modelo seguido por Uruguay desde el último tercio
del siglo XIX hasta las postrimerías del siglo XX.
Al despuntar el nuevo siglo fue afectada primero por
la gran crisis con epicentro en 2002 y luego sintió
ser la única faja socioeconómica perjudicada por el
primer gobierno frenteamplista.
Hasta ahora el Frente Amplio tuvo una conducta
prevalente de negar la existencia de la
disconformidad de la clase media y hasta enojarse
con la mera existencia del planteo. La mar de las
veces los dirigentes de izquierda se refugiaron en
una discusión teórica: cuán difícil es definir qué
es la clase media.
Es cierto en que hay gran dificultad de definir
exactamente cuál es la clase media, cuáles son los
límites y quiénes la integran. Hay un concepto
genérico que comprende todos los white collar (los
asalariados de trabajo no manual, ya fueren
administrativos, vendedores, técnicos,
profesionales) y los blue collar especializados
(trabajadores manuales con oficio, especialización o
calidad de técnicos), los comerciantes e
industriales (o talleristas) pequeños y medianos,
los profesionales liberales, los vendedores y los
trabajadores manuales especializados por cuenta
propia. Más o menos por allí va la definición amplia
de la clase media, que supone no solo una amplia
franja de ingresos sino determinados valores que
hacen al estilo de vida. En términos marxistas: la
pequeña burguesía, el estrato inferior de la
burguesía media y el estrato alto del proletariado.
Una definición más restrictiva, que apunta más
bien a conceptualizar la clase media acomodada y
media alta, pone más el acento en aspectos socio
culturales y socio económicos. Por un lado, el
conjunto de gente sin relación de dependencia en el
ejercicio del comercio, la industria o las
profesiones liberales; por otro, en relación de
dependencia, la que supone un importante desarrollo
cultural o de estudios, o al menos un confortable
nivel de ingresos (como ejecutivos, bancarios). La
clase en sus dos definiciones fue afectada por las
políticas del gobierno anterior, pero
particularmente el segmento que cabe definir como
clase media acomodada. Como muchos se empeñaron en
continuar la discusión teórica, hay una tercera
definición en sentido restringido –que no es la
funcionalista socioeconómica ni la marxista- muy
nítida: la gente que en Montevideo vive en el
rectángulo conformado por Bulevar Artigas, Avenida
Italia, el arroyo Carrasco y el Río de la Plata; más
la gente de similares características que vive en
otros barrios de Montevideo (por ejemplo en zonas de
Sayago y el Prado) o en el interior
Cabe precisar que no importa demasiado cuánto fue
afectada en la realidad, sino tomar en cuenta la
autopercepción: esos segmentos se sintieron
afectados. Y aquí entra lo que termina con la
discusión: esa gente, basta ver los resultados
electorales de la zona geográfica mencionada,
reaccionó con una considerable pérdida de votos y
bancas parlamentarias al Frente Amplio, que además
perdió la mayoría en el Concejo Municipal CH
(Pocitos-Punta Carretas).
Esta es la realidad, este es un gran talón de
Aquiles de la izquierda, que de no resolverlo, le
puede significar riesgos ciertos para retener el
gobierno. Más en profundidad se observa que el
Frente Amplio carece de definiciones precisas, desde
el punto de vista de clases sociales, en cuanto a
quiénes pretende representar, en qué alianzas
sociales pretende apoyarse y a quiénes elige como
enemigos. La gran ventaja que tiene el Frente Amplio
es por un lado la falencia del Partido Independiente
en captar a ese segmento, del cual es un exponente
por antonomasia (pero los límites del PI son más
complejos y es un tema en sí mismo). Pero por otro
lado la gran ventaja es que ninguno de los partidos
tradicionales ni de sus grandes corrientes ni de sus
líderes, cuenta con un mensaje hacia esa clase media
ni logra particular empatía con ella, como lo
lograran de manera intensa, extensa y prolongada los
batllismos (el primero y el segundo) y también el
nacionalismo independiente (incluido en cierto modo,
más recientemente, el wilsonismo).
El problema tiene otra cara y de ahí lo acertado
de definirlas más como capas medias que como clase
media, porque los sustancial es que esas franjas
carecen en profundidad de sentido de clase. Tienen
más un sentido de identidad cultural y de valores,
pero no el sentido propiamente de clase y su
consecuencia natural, la defensa de los intereses de
clase. Por eso no se ven políticas de instituciones
que pudieren representar a esas capas medias en
defensa de sus intereses.
Las capas medias no han sido capaces de actuar
como tales, no han sabido ejercer la representación
de sus intereses, no han sabido encontrar grupos y
líderes políticos que la defendiesen; y han quedado
en solitario. Pero ahora viene el faux pas, el
mensaje que surge en estas semanas de fragmentos de
esas mismas capas que la llevan a su máximo
aislamiento y al rechazo del resto de la sociedad:
los bancarios (oficiales), los escribanos, los
profesionales empleados en la administración central
(renuentes a trabajar siquiera tres cuartos de
jornada), los médicos en general en defensa de sus
privilegiadas cajas de auxilio y por encima de todo
los anestesiólogos, estos últimos incapaces de
comprender el formidable rechazo que han logrado en
la población (igual o superior al obtenido por los
funcionarios municipales de Montevideo y Canelones).
Si hasta ahora la disconformidad de las capas
medias tuvo sustento lógico –dentro de lo opinable,
como todo tema- la acción de estas corporaciones de
capas medias genera un feroz distanciamiento del
resto de la sociedad y presenta a estos sectores
como egoístas y anti solidarios. Tengan razón o no,
que es otro tema, no solo se han aislado estas
corporaciones, sino que impactan negativamente en el
grueso de la sociedad contra la imagen de las capas
medias.