El
nuevo escenario político
argentino
Oscar
A. Bottinelli
Uruguay tiene su propio accionar
político, pero al mismo tiempo
está inserto en un espacio
político mayor, que es el del
Mercosur. Lo que ocurra en los
países vecinos sin duda va a
repercutir directamente entre nosotros. Es
por eso que el análisis
político de hoy estará
centrado en el nuevo escenario
político de la República
Argentina.
Todos sabemos que hace dos
años, cuando la reelección
de Menem, se produjo un escenario
electoral singular. Fue la primera vez que
en Argentina, en elecciones abiertamente
competitivas, sin ningún tipo de
proscripción ni limitación,
se produjo que uno de los dos grandes
partidos de la nueva bipolaridad que
surgió a partir del 45, quedara en
tercer lugar y comenzara a delinearse un
juego tendiente a un
tripartidismo.
Ahora estamos -de aquí a poco
menos de dos meses- enfrentados a
elecciones parlamentarias, cuya
importancia no es tanto el efecto en
sí de la elección, que es
una renovación parcial de ambas
cámaras, sino el ensayo general que
esto supone y las señales sobre el
comportamiento del electorado argentino
con vistas a las elecciones presidenciales
de 1999. Además, como test del
poder, está la fuerza y la
política que aplica el menemismo ya
a mitad de camino de su segunda
administración.
El hecho detonante de estas
últimas semanas es el acuerdo
realizado entre la vieja Unión
Cívica Radical y el nuevo Frepaso
(Frente para un País Solidario),
que supone, ahora sí, por primera
vez, una fuerte amenaza a la
hegemonía que está teniendo
el Partido Justicialista, sobre todo el
Justicialismo menemista desde
1989.
Argentina es un país que,
analizado desde Uruguay, obliga a algunas
precisiones. La primera: el sistema
político argentino es mucho
más cambiante, mucho más
efímero en cada una de sus etapas
que el eza un siglo atrás y muere a
mediados de los años 40, es el
bipartidismo radical conservador, que se
asienta mucho entre la vieja clase
dominante argentina y los sectores medios,
las capas medias, fundamentalmente
apoyadas por la migración
extranjera hacia la Argentina, que al
igual que en Uruguay produce un cambio
societal importantísimo.
Luego viene el fenómeno del
Peronismo, que es una revolución en
el sistema político argentino,
incluso en el funcionamiento colectivo, en
la aparición de un determinado tipo
de sindicalismo.
Y tenemos desde el 45 hasta muy poco
atrás el bipartidismo, la
bipolaridad Peronismo-Radicalismo. El
Peronismo se transforma con el Menemismo
en una fuerza política diferente,
deja de ser populismo, es una fuerza
política moderna, de un cuño
completamente distinto. Y el Radicalismo
va perdiendo peso, va perdiendo
protagonismo hasta llegar a la
última elección
presidencial, en que sale tercero, con muy
reducido resultado, muy por debajo del
20%.
En el ínterin empiezan a
aparecer desde hace varias décadas
distintos intentos frentistas más o
menos de izquierda, más o menos de
centro-izquierda. Ya encontramos en 1973,
cuando la primera elección del
post-Peronismo al retorno de Perón,
el intento de frentes en torno a la figura
escindida del Radicalismo y de la
intransigencia, el ex gobernador de Buenos
Aires, Oscar Allende. Esto más o
menos trata de mantenerse en diversas
oportunidades y en un momento
fracasa.
Luego empieza otro tipo de frentes,
aparece el director de cine Pino Solanas
como uno de los que intenta uno de los
proyectos y por otro lado empieza a
configurarse otro frente que tiene a
Carlos "Chacho" Alvarez como su gran
articulador y termina confluyendo el
acuerdo Chacho Alvarez - Octavio
Bordón, ambos disidentes del
Peronismo en etapas distintas. La de
"Chacho" Alvarez es una disidencia hacia
la izquierda, lo de Bordón
más bien es una discrepancia con el
modelo Menem - Cavallo. Y conformaron
finalmente el Frente para un País
Solidario, que tuvo un muy buen resultado,
por encima del 30%, en la elección
presidencial pasada.
El Frepaso sortea una crisis con la
renuncia de Bordón y lo que es una
especie de retiro de la política
luego de alguna manera vuelve, pero queda
totalmente separado y el Frepaso se va
consolidando, sortea esa crisis, sortea
las diferencias internas que son muy
grandes, de sectores que realmente tienen
una conformación peronista a
sectores que vienen de una izquierda mucho
más clásica e incluso
algunos que provienen del Radicalismo. Y
entre los éxitos que tiene es la
obtención de la senaturía en
la capital federal y un excelente
resultado en las pasadas elecciones de la
capital federal, donde además el
primero es el Radicalismo y el segundo es
el Frepaso.
Pero ambos habían llegado a
la conclusión, Frepaso y
Unión Cívica Radical, de que
solos estaban muy lejos solos de ser una
alternativa creíble frente al
Menemismo para la gente. Y se dio un paso
histórico que sorprendió a
todos los observadores, ya que
tenía dificultades de nombres, de
gente, de armar listas. El Radicalismo
tiene personalidades de larga trayectoria
-entre otros, el ex presidente
Alfonsín estaba encabezando su
lista a diputados por la provincia de
Buenos Aires-, y por otro lado el Frepaso
venía de críticas no
sólo al Menemismo sino
también a todo el viejo sistema
político, incluyendo al
Radicalismo.
Se hace un acuerdo que tiene un
programa de gobierno muy extenso y que
como un punto clave importantísimo
maneja el mantenimiento de la
convertibilidad, de la estabilidad
monetaria, que aparecía como uno de
los temas más controversiales. Y
luego de un acuerdo electoral que permite
potenciar todas esas figuras, el Frepaso
encabeza la capital federal y la provincia
de Buenos Aires, los dos lugares
siguientes son del Radicalismo y aparece,
ahora sí, una elección
polarizante entre el Menemismo de un lado
y el Frepaso-Radicalismo por otro, cuyo
resultado va a ser muy importante para
qué va a pasar en Argentina y su
impacto sobre el Mercosur de aquí a
1999.
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