El
financiamiento de los partidos políticos
Oscar
A.Bottinelli
EMILIANO COTELO: Hoy vamos a analizar el tema
del financiamiento de los partidos y de las
campañas electorales, un tema que
está arriba de la mesa en este año
1999, que aparece cada tanto en declaraciones y
entrevistas cuando la campaña electoral ya
se encuentra en marcha.
OSCAR A.BOTTINELLI: Es un tema que ha surgido
a partir del monto que gastan algunos candidatos,
de las fuentes a que recurren o han recurrido
algunos candidatos o partidos en el pasado, sobre
el control o no control del gasto. No ha surgido
como un debate sino más bien como una
acusación sobre el tema, que como toda
acusación parte de supuestos, de cosas
implícitas que cada uno considera
lógicas. Y no siempre lo que uno considera
lógico coincide con lo que es lógico
para el otro.
EC - Está también el tema de
que esta campaña - la previa al 25 de abril-
se hace sin que desde el Estado haya un aporte por
voto, como ha sido tradicional en los
últimos años para las elecciones
nacionales, lo que ha colocado a algunos de los
partidos y sectores en dificultades para costear el
despliegue publicitario y propagandístico
necesario.
OAB - Exactamente. Ese fue uno de los
distintos temas que se debatió
después de la reforma. Hubo un argumento muy
poco lógico para no aportar por voto a la
campaña: que como ésta era una
elección interna no le correspondía
al Estado financiarla. Yo siempre hablo de la magia
de las palabras: le encomiendan la justicia de la
elección a la Corte Electoral, la organiza
la Corte Electoral, se vota en locales
públicos, el resultado es imperativo desde
el punto de vista del Estado porque esta
elección es la primera de tres para la
elección presidencial cuyo resultado es
inexorable, y luego a alguien se le ocurre que es
interna y que no se debe intervenir en la vida
interna de los partidos con el financiamiento. Se
puede financiar o no, pero el argumento no puede
ser éste; hay muchos otros, tanto a favor
como en contra.
EC - Por citar un elemento más,
recordemos expresiones del empresario Sergio Pintos
(director ejecutivo de Pintos Risso S.A.), que
puntualizaba que su empresa había fijado
para esta ocasión un monto parejo para todos
quienes vinieran a solicitarle contribuciones.
Incluso dio la cifra -3.000 dólares-; dijo
que varios dirigentes se habían molestado
cuando se habían enterado del número
y señaló su preocupación
porque no se rendía cuentas después
de cómo se utilizaba el dinero que una
empresa o un empresario donaba a un partido.
Menciono ese caso por citar nada más algunos
de los fogonazos que el tema ha tenido en las
últimas semanas que lleva a este
análisis de hoy.
OAB - Vamos a analizar el tema globalmente.
Lo peor que se puede hacer con un tema es
analizarlo desde un ángulo exclusivo. Los
ángulos son muchos: a un empresario le puede
molestar o no -muchos dan muy gustos aportes para
financiar partidos o candidaturas-, otros
consideran que está bien o mal que aporte el
Estado -unos dicen que no puede ser que los
candidatos chicos no tengan dinero y otros dicen
que no puede ser que se les dé dinero-, cada
uno tiene su ángulo.
Vamos a analizar a nivel global del mundo
occidental las distintas fuentes de financiamiento
de partidos o campañas, luego los argumentos
en contra -los a favor casi siempre son obvios:
obtener fuentes de financiamiento-. Esto me
recuerda cuando muchas veces se discutía el
tema de los impuestos; se decía por
qué debía ser justo o no justo un
impuesto para fundamentarlo. Un viejo profesor
decía que los impuestos primero están
para financiar el Estado; después se ve si
tal impuesto es mejor que otro. La finalidad
inicial del impuesto es que hay que pagar un gasto.
El fundamento del financiamiento de los partidos es
que hay que financiar gastos. En general se apoya
todo lo que sea obtener dinero para financiar.
Más bien hay que ver las contras que se le
ve a cada una de las fuentes de financiamiento.
Vamos a ver también cómo ha sido el
tema en Uruguay y cuáles son -en
teoría- la regulación y control de
las finanzas políticas como criterio
global.
LAS FUENTES DE
FINANCIAMIENTO - EL FINANCIAMIENTO
ESTATAL
EC - Vamos al primero de los capítulos
que describías: distintas fuentes de
financiamiento.
OAB - Vamos a mencionar seis tipos de fuentes
de financiamiento en función del origen del
dinero. Les vamos a llamar financiamiento estatal,
popular, comercial, empresario, corporativo y
extranacional.
El financiamiento estatal es uno de los
financiamientos modernamente más
importantes. En primer lugar tenemos la
discusión sobre el aporte pecuniario, en
dinero, del Estado, que puede ser para financiar
campañas electorales o el funcionamiento
permanente de los partidos políticos. El
aporte pecuniario estatal está muy extendido
en el mundo occidental, en Europa, tiene su
extensión también en América
Latina, tanto para compensar gastos de
campañas electorales -que es el que ha
existido tradicionalmente en Uruguay- como para el
funcionamiento permanente de los partidos -como es
el caso de Costa Rica o de Italia-. Aquí se
considera que los partidos políticos son
agentes de intermediación del Estado,
necesarios de la vida democrática, y por lo
tanto es un gasto que le corresponde realizar al
Estado. Estamos hablando de fuentes de
financiamiento de campañas electorales y de
partidos en régimen competitivo; no estamos
analizando el caso de los partidos estatales o
únicos, que por supuesto están muy
ligados al Estado, sino que estamos hablando de los
partidos privados en competencia entre
sí.
Hay una segunda forma de financiamiento
también estatal que es determinado tipo de
exoneraciones impositivas. En Uruguay realmente no
existe un régimen bien organizado de
exoneración impositiva de los partidos
políticos como el que existe en otros
países, pero por ejemplo el hecho de que los
partidos políticos no paguen el impuesto a
la propaganda de vía pública que paga
la publicidad comercial a nivel municipal es una
exoneración impositiva. Pequeña, pero
lo es. Puede haber otro tipo de exoneración,
por ejemplo que se les devuelva el IVA de lo que
compran. En Uruguay los partidos, como
organizaciones sin fines de lucro, no pagan aportes
patronales al BPS, como las universidades privadas
y otras instituciones educativas. Es una
exoneración impositiva no exclusiva ni
principal de los partidos.
Hay una tercera vía de financiamiento
estatal que son franquicias en tarifas estatales,
servicios del Estado que pueden ser prestados por
empresas estatales o por organismos centrales. Lo
más común en el mundo son los
servicios postales que los partidos
políticos no pagan; en Uruguay no existe y
los partidos políticos tienen que pagar el
correo. En otros casos hay franquicias
telefónicas; aquí hay un servicio que
Antel pone para las elecciones. No es permanente,
para cada elección dicta la
resolución por la cual a un precio bastante
módico se colocan teléfonos para el
funcionamiento de sedes políticas,
generalmente 30 días antes de las
elecciones, que luego se retiran.
En cuarto lugar tenemos lo que viene a ser un
financiamiento indirecto del Estado, que es cuando
se concede tiempos gratuitos en medios de
comunicación. Hablo de financiamiento
estatal porque los medios de comunicación
son concesiones del Estado que, como
contraprestación, exige el otorgamiento de
espacios -minutos, segundos- en radio y
televisión gratuitos para partidos
políticos o para candidatos. Cuando los
medios son del Estado, el financiamiento es
directo, ya que es el propio Estado quien
está otorgando los minutos o segundos. En
Uruguay recién empieza en esta
elección el sistema; existió en las
elecciones llamadas internas de 1982. En otros
países es muy común y los tiempos que
se conceden a los partidos son sensiblemente
superiores a los que aparecen en esta experiencia
nueva en Uruguay.
A muchos van a sorprender los dos
últimos tipos de financiamiento.
Están mencionados en un estudio muy
interesante sobre los partidos y los modelos de
partidos por Angelo Panebianco.
El quinto tipo de financiamiento es el
porcentaje de sueldo de cargos políticos y
de confianza. Lo pongo como financiamiento estatal
porque, si bien sale del bolsillo de la gente,
está muy relacionado al cobro de sueldos o
gastos de representación desde el Estado.
Por supuesto que va en detrimento del que ocupa el
cargo público, al que se le disminuye el
sueldo.
Por último, como financiamiento
indirecto tenemos el uso de bienes
oficiales.
EC - ¿Estás hablando del uso
legal o del ilegal, del autorizado o del
clandestino?
OAB - Yo hablaría del uso tolerado. No
olvidemos que siempre existen dos Derechos: el
Derecho normativo y el que una sociedad aplica y
tolera. No hay ninguna duda de que en Uruguay hay
dos Derechos en materia de tránsito. La
gente considera que hay unas normas que permiten
multar para recaudar y otras que los ciudadanos
más respetuosos de todas las normas
consideran que se deben cumplir, que tienen otras
velocidades y otras preferencias distintas que las
que marcan los reglamentos. Sobre esto del uso de
bienes oficiales puede haber desde cosas que se
consideren francamente excesos hasta cosas
normalmente toleradas. Entre las toleradas hay
franquicias postales que tienen no los partidos
sino determinados funcionarios que ocupan cargos
políticos, de las que hacen uso. Hay casos
en que no se puede distinguir el uso
político partidario y el estatal, porque en
la medida en que ocupan cargos políticos
todo lo que hacen en definitiva tiene una
relación estatal.
En el juzgamiento de esto se puede ir de un
extremo al otro. En 1973, en la ola de una serie de
denuncias de corrupción contra
políticos que estuvo en el andamiaje de lo
que terminó luego en un golpe de Estado, un
juez -que hoy está en la Suprema Corte-
procesó a un edil por haber usado el auto
para ir a la sede partidaria con un fundamento que
no estaba acorde al concepto de lo que es el
partido político como instrumento de
intermediación en la democracia liberal. En
el otro extremo está el considerar que todo
lo que pertenece al Estado puede ser usado abierta
y legítimamente en campañas
electorales. Sobre esto no hay normas sino ciertos
parámetros de tolerancia entre un extremo y
otro.
En el financiamiento indirecto incluyo al
personal del Estado que pasa en comisión y
en ese pase en comisión cumple un conjunto
de tareas que va desde lo más estatal y
administrativo hasta tareas muy difíciles de
distinguir. Para citar un caso que fue muy
público: el general Seregni organiza el
Instituto Fernando Otorgués y dice que se va
a organizar con técnicos, que cada
legislador aportará un técnico de
cada uno de los pases en comisión a que
tiene derecho. Ese instituto funciona fuera del
ámbito del Palacio Legislativo pero tiene la
finalidad de estudiar los temas que van a
desembocar en toda la actuación de una
fuerza política, entre en la de los propios
legisladores. A veces se concibe la función
política y la partidaria como que no tienen
nada que ver con el Estado: sin embargo desembocan
en el Estado. A veces ese pase en comisión
implica tareas exclusivamente partidarias; puede
discutirse si el desemboque es directo o no en el
Estado. Este tema entra en una discusión
más a fondo sobre la relación
financiamiento estatal-partidos
políticos.
LAS OTRAS FUENTES
DE FINANCIAMIENTO
EC - Vamos a las otras fuentes de
financiamiento.
OAB - Hay fuentes de financiamiento popular o
de individuos de dos naturalezas: el financiamiento
de los afiliados o contribuyentes o simpatizantes o
adherentes que hacen contribuciones regulares
nominativas, que la persona aporta con nombre y
apellido. Y están las contribuciones
anónimas, que son las que se expresan a
través de ventas de bonos, rifas, colectas,
etcétera, actividades en que se recoge
masivamente dinero. También tenemos el
aporte de tiempo que hace la gente, que
también es un financiamiento de los
partidos. Si un partido tiene un conjunto de
personas que dedica su tiempo libre a colocar
carteles en las columneras, ese partido se ahorra
un montón de dinero al no tener que
contratar gente para hacerlo.
Una segunda categoría es la de
financiamiento de carácter comercial. No
estamos hablando de los aportes empresarios sino de
cuando el partido realiza actividades de tipo
comercial para su financiamiento. Aquí
distinguimos tres categorías. Una es una
actividad comercial que se liga a la propia
actividad propagandística o proselitista,
cuando se vende cosas que a su vez son de
propaganda, el "merchandizing", la venta de
llaveros, de ceniceros, de cositas que cumplen la
finalidad de hacer propaganda y de obtener
finanzas.
La tercera categoría es cuando los
partidos montan pequeñas empresas más
bien para disminuir costos de insumos, no tanto
para hacer un servicio de ventas. Tienen sus
imprentas, sus periódicos o algún
medio de comunicación, su propio staff
publicitario, equipos para propaganda en vía
pública; buscan reducir sus costos a
través de su propio montaje empresario. La
tercera categoría es cuando hay actividades
empresariales, partidos que montan empresas con la
exclusiva finalidad de obtener recursos. Por
ejemplo, fue común en Europa Occidental la
existencia de empresas vinculadas a partidos
comunistas que hacían negocios de comercio
exterior con países socialistas y la
ganancia de la empresa era un financiamiento de los
partidos políticos. Esto se hacía muy
claramente, a la luz del día, asumiendo
públicamente el partido la propiedad de tal
o cual empresa o agencias de turismo, de viajes, de
carga. En general, el área servicios era la
más usada.
Pasamos ahora a la cuarta categoría,
la del aporte empresario. Los que aportan pueden
ser individuos, pero hacemos la
diferenciación con respecto al aporte
popular en cuanto estamos hablando de aportes de
fuertes contribuyentes. Ya no es una persona que
saca una pequeña suma del bolsillo para
comprar un bono o pagar una cuota, sino que hay
aportes relativamente sustanciales. Estoy hablando
de empresarios, de personas. Otra categoría
es cuando se trata del aporte de las empresas. Este
lo diferenciamos en aporte en efectivo -la empresa
que pone para todos los candidatos, para algunos,
para todos igual o para unos más y para
otros menos- y aporte en especie -desde un producto
que sirve para hacer la pegatina, papel para
imprimir afiches, cartones para columneras, hasta
la concesión de publicidad a menor precio o
gratuita en medios de comunicación
electrónicos o impresos-. Todo aquello que
disminuya un gasto o permita realizarlo es un
financiamiento.
La quinta categoría de financiamiento
es la que llamamos corporativa. Diferenciamos por
un lado el aporte de sindicatos -que se distingue
del de las empresas entre otras cosas por la
estructura, la forma de afiliación y
representación-, que puede dividirse en dos:
cuando los sindicatos aportan financieramente a un
partido -esto ha sido muy regular en el caso de
sindicatos norteamericanos generalmente al Partido
Demócrata- en dinero, como si fuera una
empresa, o en situaciones distintas, cuando el
sindicato es parte de un partido político
-como lo fue la central obrera británica, el
Trade Union Congress, que era parte del Partido
Laborista- o a la inversa, cuando el partido surge
como expresión política del sindicato
o de organizaciones de trabajadores. Ese fue el
origen de muchos partidos socialdemócratas,
sobre todo a fines del siglo pasado y principios de
éste.
Otro aporte corporativo es el de iglesias,
entidades religiosas, sectas, grupos de
concepción filosófica o doctrinaria.
En este caso se puede dar las mismas posibilidades
que en los sindicatos. En muchos países los
partidos han sido expresión orgánica
de una religión o de una iglesia, o
expresión semioficial, y la entidad
religiosa ha corrido con buena parte del
financiamiento. Otro es el caso de fundaciones,
instituciones, organizaciones no gubernamentales,
muchas de las cuales pueden a su vez estar
vinculadas a concepciones religiosas,
filosóficas o a grupos de interés o
de presión.
Finalmente, hay países que tienen
dependencias estatales, oficinas públicas,
de una fuerte autonomía financiera, que se
meten en política. Aquí hay que
marcar que hay servicios de inteligencia o
entidades más o menos parecidas que cuentan
con abundantes fondos reservados, que
prácticamente tienen escaso control, lo que
les permite poder operar y jugar
políticamente.
EC - ¿Te refieres a la incidencia de
esas agencias en partidos del propio país o
en partidos de otros países?
OAB - Dentro del propio país, a
partidos o candidatos dentro del propio
país. Esto se ha visto en países
desarrollados con alguna frecuencia; ha sido
denunciado y hay muchas publicaciones al
respecto.
EC - Pasemos ahora al financiamiento
extranacional.
OAB - Vamos a dividir al extranacional en los
casos en que hay gobiernos, Estados o agencias
estatales -aquí sí se puede incluir
los Servicios de Inteligencia- que financian
partidos de otros países. Otro caso es el de
los partidos de un país que financian
partidos de otros; no olvidemos que hay muchos
partidos que están relacionados
internacionalmente. En el mundo hay cuatro grandes
organizaciones internacionales: los partidos
demócrata cristianos, los
socialdemócratas, los liberales y los
comunistas. Existe el caso de partidos fuertes que
apoyan a partidos débiles; podemos
distinguir cuando es el partido propiamente el que
apoya o cuando son instituciones paralelas, como
fundaciones o institutos vinculados a los partidos,
o cuando hay apoyos de fundaciones, instituciones u
organizaciones no gubernamentales que no
necesariamente están vinculadas a partidos
políticos pero apoyan a partidos.
También tenemos empresas de un
país que apoyan a partidos de otro. Por
último, tenemos el caso más
excepcional de organismos internacionales que
apoyan a partidos. Esto puede sorprender, pero se
ha dado que en programas de formación
política, de consolidación de la
democracia en países que salen de largos
períodos autoritarios y pasan a una
transición democrática, en el proceso
global de institucionalización o
democratización no sólo se financia
el educar a la gente y organizar elecciones, sino
que también se les da un apoyo financiero
internacional a los partidos políticos,
más que nada para que nazcan y se
desarrollen.
LAS CRITICAS A LAS
DIFERENTES FUENTES DE
FINANCIAMIENTO
EC - Pasamos a recorrer ahora el
capítulo de las críticas, de las
oposiciones a algunas de las fuentes de
financiamiento.
OAB - En cuanto a la financiación
estatal, hay dos tipos de temas. Uno no es una
crítica al financiamiento en sí, sino
toda la polémica en torno a cuando el Estado
exonera, contribuye, aporta. Acá viene la
discusión de criterios. Básicamente
se pueden dividir en tres. El primer criterio es el
aporte en función de reglas fijas,
generalmente representación popular, el
resultado de la última elección
nacional o parlamentaria; así se
distribuyó en Uruguay siempre, así se
distribuye en Italia -aunque está en
discusión en este momento- y así se
distribuye en Ecuador y en Costa Rica.
El segundo criterio puede ser un aporte
voluntario; está la propuesta de Berlusconi
o de Alleanza Nazionale en Italia en la
discusión que hay en este momento en el
Parlamento para cambiar la fuente de
financiamiento. Estiman que no puede ser que en
función de un resultado, por cinco
años se financien los partidos, sino que hay
que hacer como en Alemaniacon las iglesias, donde
hay un impuesto eclesiástico que permite que
cada uno al hacer la declaración de renta
decida a qué iglesia va a parar su impuesto.
Un tercer criterio es el norteamericano, muy
peculiar para la mentalidad nuestra o para la
europea, que consiste en que por cada dólar
que recauda un candidato en determinadas
condiciones, circunstancias y reglas, el Estado le
aporta otro.
EC - O sea que por cada dólar que
recauda el candidato en el sector privado el Estado
le aporta otro tanto.
OAB - Para este criterio la
recaudación es un síntoma de eficacia
y de apoyo.
La polémica sobre la existencia de un
financiamiento estatal directo o indirecto tiene
que ver con el destino del gasto público y
las prioridades de los recursos públicos. El
argumento a favor es que las elecciones y los
partidos son un elemento esencial para la
democracia. Si se quiere democracia, los partidos
tienen que funcionar y financiarse. Y sobre todo,
si se quiere que los partidos compitan tiene que
haber un financiamiento estatal. En contra, se dice
que todo país tiene sus problemas, que hay
problemas de pobreza, de miseria, de
alimentación, de sectores carenciados, que
tienen poco acceso a la salud, y que la prioridad
del Estado no es financiar campañas
electorales ni partidos políticos. Es una
discusión muy de fondo en la cual hay una
gama muy grande de argumentos a favor y en contra
que corresponden a las posiciones que cada cual
asuma.
Pasamos a las contribuciones de
carácter popular. Diría que no hay
oposición a las nominativas ni a que la
gente dedique su tiempo libre. Pero sí hay
una oposición fuerte en Uruguay al
financiamiento a través de colectas, de
bonos, de rifas, por entender que podría ser
una forma de enmascarar otro tipo de aportes: si
prohíbo los aportes empresariales pero vendo
bonos, un empresario me puede comprar 100.000
dólares en bonos. Ese era un poco el
criterio de combate a estas formas anónimas
y colectivas de recolección de
fondos.
En cuanto a las contribuciones comerciales,
cuando un partido hace una actividad comercial
-desde el "merchandizing" a tener una empresa- las
críticas tienen que ver con considerar que
se desnaturaliza la función del partido
político. La función comercial es
para comerciantes; el partido político tiene
otra tarea en la sociedad, que no es
comerciar.
Respecto al financiamiento de empresas o de
empresarios, corporativo -sea de sindicatos,
iglesias, u otro tipo de entidades- o extranacional
-estatal o privado-, existe la misma
crítica: que estos financiamientos pueden
generar una forma de dependencia. "Yo recibo dinero
de estos empresarios y luego tengo que tener una
contrapartida". No necesariamente quiere decir que
un empresario pone dinero para que su empresa se
beneficie; ésa es una posibilidad que luego
entra en el terreno de la corrupción. Puede
ser que los empresarios ponen porque entienden que
apoyando determinadas candidaturas éstas van
a sostener una política económica que
consideran que es la mejor para el desarrollo
empresario o que los va a defender para la
penetración de productos uruguayos en Brasil
o que tal partido y tal candidato los van a
defender mejor.
No hay que verlo solamente en el
ángulo del toma y daca de una empresa para
ganar una licitación, como un
fenómeno de corrupción. Lo más
general parece ser lo otro, la apuesta a
determinadas macropolíticas. Pero esto puede
verse también como una forma de dependencia
de esas macropolíticas, es decir que
determinados partidos no pueden imponer
determinadas formas de impuestos sobre determinadas
empresas si han recibido beneficios de ellas. Eso
mismo es válido cuando se recibe aportes de
iglesias, de sindicatos o de partidos o Estados
extranjeros.
LA REGULACION Y EL
CONTROL FINANCIERO DE LOS PARTIDOS - EL CASO
URUGUAYO
EC - Nos queda por ver el tema de la
regulación y el control de las finanzas
políticas en Uruguay y en el mundo.
OAB - En primer lugar está el debate
acerca de si deben regularse y controlarse las
finanzas de los partidos. A favor está el
argumento de la transparencia. Yo quiero saber
quién contribuye a cada partido para ver
qué niveles de corrupción, de
implicancia o de compromisos
político-sociales adquiere un candidato con
quienes lo financian.
EC - En este mismo plano de la transparencia
está el querer saber qué se hace con
el dinero que se recauda.
OAB - Sí; en general esto es lo que
menos se discute, porque es raro que alguien
recaude en una campaña electoral mucho
más de lo que va a gastar y le sobre. Son
situaciones excepcionales en el mundo que haya una
gran recaudación a pretexto de una
campaña electoral y que luego no se gaste en
ella.
El argumento en contra de la
regulación -una posición que en
Uruguay tuvo originariamente la izquierda-
señala que esto puede implicar que el Estado
tenga un control y un poder sobre los partidos y de
esa manera limitarles la libertad de acción,
y que puede transformarse en un argumento del
Estado o del gobierno o de los sectores de poder de
un país para restringir las fuerzas que
consideren fuertemente opositoras al sistema.
Diferenciemos las oposiciones a un gobierno de las
oposiciones a un sistema, cuando son partidos que
no están proponiendo que el gobierno sea un
poco mejor o peor, que tenga una orientación
para acá o para allá, sino que
están diciendo que hay que cambiar
radicalmente el sistema. Esas son las fuerzas
normalmente denominadas revolucionarias. Se
considera que esas fuerzas pueden perder capacidad
de actuar libremente si hay controles sobre las
mismas de cualquier naturaleza; uno de ellos puede
ser el control del manejo de sus finanzas.
Se puede decir que la tendencia en el mundo
es que cuanto menor es la distancia que hay entre
los partidos dominantes, cuando el sistema
político está basado en partidos que
coinciden básicamente en el sistema social y
económico es cuando se admite mayor control
y regulación estatales. Cuando los partidos
tienen una distancia sistémica, cuando uno
defiende un sistema y el otro lo cuestiona y
propone otro, es cuando hay mayor resistencia al
control, porque se supone que la controversia ya va
en términos fundamentales y no coyunturales.
Son oposiciones no de tiempo presente sino de
carácter histórico.
En general, en el período de la Guerra
Fría, del mundo bipolar, hubo una muy fuerte
resistencia de los partidos comunistas a este tipo
de controles y, por otro lado, un fuerte deseo de
los partidos opuestos de querer controlarlos, a
veces basados en argumentos como que sus finanzas
podían no ser transparentes y otras
directamente para poder controlarlos. Siempre
existen las dos facetas en todo lo que se hace o se
deja de hacer.
Un segundo tema -si se quiere más
administrativo- es el ángulo del control de
las finanzas políticas. Se puede controlar
sólo la recaudación, porque lo que se
busca es más que nada ver cómo se
recauda y de qué fuentes se recauda, sobre
todo cuando se dice que tales fuentes están
prohibidas y tales permitidas. Se puede controlar
quiénes son los aportantes; más
allá de los montos tienen que quedar
individualizados los que aportan y eso tiene que
ser controlado. Muchos consideran que eso puede ser
un atentado a la libertad individual.
En tercer lugar, tenemos el ángulo de
control del gasto. Referido a esto vienen las
formas de control y limitación. Puede haber
un control y limitación del gasto en
general, puede haber una limitación de las
contribuciones que se obtenga, que es una forma al
revés de limitar el gasto. Si limito lo que
puede tener le estoy limitando el gasto.
EC - Limitar el total de lo que se puede
recaudar.
OAB - En los dos casos estoy poniendo un
límite global: en uno controlo lo que
gastó y en otro lo que recibió.
Generalmente, la opción por uno u otro es la
que le resulta más fácil al que
establece el sistema de controles. Hay una tercera
limitación que no limita el gasto ni el
total de contribuciones sino que -fundamentando que
las contribuciones fuertes crean dependencia-
limita todas y cada una de las
contribuciones.
EC - Vamos a lo que ocurre en Uruguay con
respecto a esto de limitación y control de
las finanzas políticas.
OAB - No hay ningún control o
regulación específica del
financiamiento de los partidos, no existe
ningún sistema de financiamiento estatal
permanente. Existe una vieja costumbre: primero fue
una ley que establecía que a los grupos
políticos se les pagaba el equivalente a la
impresión de 100 hojas de votación
por cada voto obtenido y luego esto fue
transformado en una cantidad por voto a pretexto de
la impresión de 100 hojas. Después ya
fue directamente una cantidad por voto equivalente
más o menos a media unidad reajustable por
voto, que es lo que rigió en las
últimas tres elecciones. Pero no es un
régimen permanente sino que en cada
elección se ha votado una ley más o
menos parecida.
Esa ley puede dictarse o no, hay
incertidumbre en cuanto a si este régimen se
va a volver a aplicar; puede haber voluntad
política para hacerlo o no. Es distinto a
que haya un régimen permanente como lo hay
por ejemplo en Costa Rica, que ya se sabe
cómo es y tiene normas de aplicación.
Tampoco existe un órgano que controle las
recaudaciones ni los gastos. En ese sentido se
puede decir que el uruguayo es un régimen de
absoluta libertad, de ausencia de regulación
y de un financiamiento estatal persistente pero "ad
hoc", al efecto de cada una de las elecciones, y no
permanente por sí mismo.
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