El fin de la
coalición y el futuro de un próximo
gobierno de coalición
Oscar
A.Bottinelli - diálogo con Emiliano
Cotelo
EMILIANO COTELO:
La semana pasada se produjo un hecho que marca un
giro importante en el relacionamiento entre el
Partido Nacional y el Partido Colorado. A partir de
una moción de la bancada nacionalista, la
Cámara de Representantes votó una
declaración que supone una virtual censura
al ministro de Economía. Previamente se
había conocido la renuncia de Ignacio
Zorrilla al Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca, cargo que ocupaba en
representación del Partido Nacional y
específicamente del sector Propuesta
Nacional. A partir de estos hechos, el
politólogo Oscar Bottinelli, director de
Factum, nos propone como tema de su análisis
político para hoy "El fin de la
coalición y el futuro de un próximo
gobierno de coalición".
OSCAR A. BOTTINELLI:
La quincena registró una sucesión de
hechos, en que coincide lo programado con lo no
programado. Lo programado es lo que va ocurrir en
definitiva pasado mañana, jueves: el retiro
del gabinete del ministro político
más importante hoy del partido asociado en
el gobierno, Juan Chiruchi, quien fuera candidato a
vicepresidente de la República en la
fórmula del lacallismo en 1994, y que deja
el cargo para dedicarse al trabajo político
como candidato al Senado pero a su vez como
candidato a intendente de San José.
EC - Eso es lo que estaba previsto.
OAB - Eso era lo previsto. Lo imprevisto es
lo que vino por el otro lado: los hechos
desencadenados en un giro creciente de la protesta
de las entidades agropecuarias, que llevaron a un
protagonismo del Partido Nacional que
rápidamente tomó el tema, le dio
estado parlamentario (que no surgió por
iniciativa del oficialismo del Partido Nacional
sino de un ex precandidato presidencial, que
responde a un sector de menor porte en el Partido
Nacional, como es el diputado Alem García).
Hechos que se venían generando externamente
a la conducción política del Partido
llevaron a que Lacalle y el oficialismo del partido
tomen el tema, y generen un hecho político
de esta magnitud.
¿Cuál es esa magnitud? Sin
extendernos demasiado: hace poco más de un
siglo, sin que entonces lo previera la
Constitución, Uruguay inició las
interpelaciones, técnicamente denominadas
"llamado a sala". En su momento generaron una gran
polémica jurídica (el primer libro de
derecho político del primer Justino
Jiménez de Aréchaga trata este tema):
de alguna manera es una importación de
costumbres políticas parlamentarias
francesas, y llevó a que, terminado un
llamado a sala, la Cámara acostumbrara
emitir una declaración que
básicamente consistía en si eran
satisfactorias o no las explicaciones del
ministro.
Desde ahí hasta mayo de 1963, creo, el
ministro objeto de una declaración de
insatisfacción renunciaba. En abril o mayo
de 1963 (estoy mencionándolo de memoria)
Salvador Ferrer Serra, ministro de Hacienda, y
Wilson Ferreira Aldunate, ministro de
Ganadería, no renuncian ante una
declaración de insatisfacción del
Senado. La costumbre continúa, hasta que en
1969, ante la posibilidad de que se declarara
insatisfactorias las explicaciones del ministro
Jorge Peirano Facio, el presidente Jorge Pacheco
Areco hace jugar por primera vez los mecanismos de
la sección VIII de los artículos 147
y 148, diciendo: "¿Quieren censura? Sigan los
mecanismos constitucionales que pueden terminar en
la disolución del Parlamento y el llamado a
nuevas elecciones".
A pesar de eso, el mecanismo siguió
jugando hasta que, restaurado el sistema
institucional en 1985, y desaprobadas las
explicaciones del ministro del Interior, Carlos
Manini Ríos, éste no renuncia, el
gobierno del presidente Sanguinetti lo sostiene, y
prácticamente cambió la naturaleza de
la interpelación: desde entonces nunca
más un ministro renunció porque una
de las Cámaras declarara insatisfactoria su
gestión. Lo cual es perfectamente
constitucional, pero supuso un cambio muy fuerte en
las reglas de juego político.
Lo curioso de esto es que la
declaración de la Cámara de
Representantes, la virtual censura al ministro, la
hace un socio del gobierno que, en el momento en
que vota esa declaración, mantiene en el
gabinete a varios ministros, algunos de los cuales
son parte de la ejecución de la
política económica. Por ejemplo, el
propio ministro de Ganadería (y de
ahí viene el conflicto en el Partido
Nacional) y la ministra de Trabajo.
Ganadería, Trabajo y también
Industria (este último más acotado
desde el punto de vista de los ruidos que puede
generar su gestión) son carteras que
atienden áreas específicas de una
política económica. No puede haber
disonancia entre esos ministros y el de
Economía, ya que son puntas de un mismo eje.
Esto plantea una serie de juegos curiosos.
Lo otro que vemos es cómo ha ido
cambiando la geografía del gabinete. Este
período se inició con cuatro
ministros nacionalistas, dos de los cuales fueron
los candidatos a vicepresidentes de las dos
fórmulas que, sumadas, supusieron más
del 90% del Partido Nacional: Alvaro Ramos y Juan
Chiruchi. Y un tercer ministro, el de Defensa
Nacional, Iturria, era el segundo en la lista al
Senado más votada de la opción
mayoritaria del Partido Nacional. Desde ese punto
de vista, la presencia del Partido Nacional era
bastante similar a cuando un partido
político europeo se compromete en una
coalición. Y marca una diferencia muy fuerte
con los anteriores esquemas de "gobernabilidad" y
con lo que queda en el gabinete a partir de este
jueves.
Porque, producido el retiro de Chiruchi y
sustituido por la contadora Beatriz
Martínez, tenemos que el gabinete queda con
dos personas que tienen actividad política
pero no peso político fuerte. No son
candidatos de primera línea: Juan Luis
Storace, subsecretario del Interior durante el
gobierno de Lacalle (hombre del sector más
íntimo de consulta de Alberto
Volonté) y Beatriz Martínez,
también una persona del sector más
íntimo de Chiruchi, hombre de peso en el
Herrerismo, pero estamos hablando de dirigentes que
no son líderes, que no son caudillos, sino
que se mueven en un plano entre
técnico-político y
político-técnico. Y Ana Lía
Piñeyrúa, si bien es una figura de
típico cuño político, hoy no
tiene un papel de primera magnitud, no será
candidata al Senado sino a la Cámara de
Diputados (es más que lo
técnico-político pero menos que el
porte de líderes políticos
comprometidos). En ese sentido hay un cambio no
menor en lo que podemos llamar el giro de la
representatividad del Partido Nacional en la
coalición.
Como un apunte quizás
anecdótico, el jueves se produce otro hecho
que podría dar lugar a todo un comentario:
es la primera vez en toda la historia del Uruguay
en que en un gobierno nacional se van a sentar,
como secretarias de Estado, dos mujeres: Ana
Lía Piñeyrúa y Beatriz
Martínez. Nunca había ocurrido en un
gobierno constitucional (sí ocurrió
durante el gobierno de facto), y Beatriz
Martínez pasa a ser, después de Alba
Roballo, de Adela Reta y de Ana Lía
Piñeyrúa, la cuarta mujer que ejerce
constitucionalmente una cartera ministerial en el
país.
EC - Veamos ahora lo que ha sido el centro de
este episodio político de estos días:
el tema agropecuario.
OAB - El tema de fondo conceptual, frente a
otro tema de fondo que es el sistema de
relacionamiento político. Sobre el tema
agropecuario, digamos en primer lugar que es
tradicionalmente predilecto del Partido Nacional.
En los dos primeros gobiernos blancos de este siglo
(de 1959 a 1967) los ministros de Ganadería
fueron hombres de fuerte impronta política.
Dos curiosidades: Carlos V. Puig era titular como
ministro de Ganadería y
simultáneamente ejerció en forma
interina el Ministerio del Interior, lo cual
está marcando el formidable peso del
ministro de Ganadería: su segunda cartera
era Interior, la más fuerte que tiene un
gobierno junto con la de Economía. La
segunda: Wilson Ferreira Aldunate, a quien se
llamó muchas veces "virtual primer ministro"
era ministro de Ganadería; e incluso otra de
las cosas insólitas que ocurrieron: la
aplicación de las medidas prontas de
seguridad siempre quedan en manos del ministro del
Interior y/o el de Defensa, pero en ese gobierno
estuvieron en manos de los ministros del Interior,
de Defensa y de Ganadería. Lo que
tenía que ver no era la ganadería,
sino el peso político de Wilson
Ferreira.
Esto marca un poco la relación del
Partido Nacional con el agro. Quizá pudo
entenderse que esta relación empezó a
tener algunos cortocircuitos en los últimos
tiempos. Por lo pronto, el Partido Nacional no
aparecía como un portavoz corporativo de los
intereses agropecuarios. Podía haber mayor
sintonía que con otros partidos,
podía haber muchos hombres nacionalistas en
la conducción de las gremiales agropecuarias
(los hay, de distintas fracciones del
nacionalismo), pero parecía darse una mayor
asintonía. Incluso sigue dándose,
porque una de las cosas importantes que está
ocurriendo es que el discurso agropecuario de
algunos de sus protagonistas tiene muchos tonos
corporativistas anti-sistema
político.
Pero vemos que este juego de cercanías
y distancias buscó de alguna manera un
acercamiento en el anterior recambio de gabinete,
cuando una figura del peso de Alvaro Ramos abandona
el ministerio, en gran medida por razones
personales, y hay un enroque: el Partido Nacional
deja la cartera de Relaciones Exteriores y toma la
de Ganadería, que pasa a ser ocupada por un
hombre de un peso casi similar al de Ramos, el
número dos de Propuesta Nacional, hoy en el
Herrerismo, que es Sergio Chiesa, líder
político de Tacuarembó. Por lo tanto,
aparece el Partido Nacional con una figura no menor
en el gabinete, tomando el ministerio de
Ganadería. Y este cambio tampoco es menor
para lo que desemboca la semana pasada, porque
ahí empieza una concepción del
Ministerio de Ganadería con una
visión diferente, o autónoma,
respecto a la del Ministerio de
Economía.
EC - Recordemos que, antes de Chiesa, el
ministro había sido el colorado Enrique
Gasparri.
OAB - Gasparri, del Foro Batllista, y
además un hombre muy vinculado al agro (toda
su familia lo está), pero muy en
sintonía con la conducción
económica y en particular con la
política aplicada por el ministro de
Economía y Ariel Davrieux en Planeamiento y
Presupuesto. Es decir que es un cambio con muchos
tintes políticos. Incluso recordemos que el
cambio de Gasparri provocó pronunciamientos
de algunas gremiales agropecuarias que lamentaron
el alejamiento, porque en ese momento las
directivas de esas gremiales tenían una
fuerte sintonía con la conducción
política de Gasparri.
Pero desde el punto de vista del
relacionamiento del gabinete no es menor el hecho
de que Chiesa comienza a impulsar ideas,
líneas no del todo en sintonía con el
ministro de Economía. Puede sostenerse que
las fricciones en el seno del gabinete entre el
Partido Nacional y el Partido de Gobierno tienen un
punto de partida importante en las fricciones
Chiesa-Mosca, que no son personales sino
pequeñas diferencias iniciales de
diagnóstico que se van acrecentando, y
diferencias fuertes en las medidas.
El recambio de Chiesa se hace también
por una figura del Partido Nacional pero no de
porte político, como Ignacio Zorrilla.
Hombre muy vinculado al Ministerio de
Ganadería, que actuó muchos
años en su seno, muy respetado como
técnico, aquí sufre quizá el
juego de ser un técnico consustanciado con
la política económica, bastante
consustanciado con la visión del ministro de
Economía, y muy presionado desde tiendas del
Partido Nacional para continuar la línea
Chiesa en un tiempo político distinto. De
alguna manera, Chiesa abandona el Ministerio poco
antes de que estalle esta protesta del agro que
quizá tiene como antecedente el cambio de la
directiva de la Federación Rural, donde toma
la conducción el actual grupo mayoritario
que tiene una línea dura, de enfrentamiento
al gobierno y al sistema político.
Este es un ángulo del enfrentamiento:
no estamos analizando el tema del agro en
particular sino el de los juegos políticos y
de poder en relación a esta
situación. Lo otro es observar que el
Partido Nacional ha ido perdiendo peso electoral en
Montevideo, aparte de que históricamente
ganó una sola vez, y en tres de las
últimas cuatro elecciones salió
tercero. Salió muy rezagado en las
"primarias" de abril y hoy aparece muy rezagado en
las encuestas, y es demasiado grande
proporción de la distribución del
voto entre Montevideo y el interior. Incluso se ha
producido un fenómeno: el Encuentro
Progresista tiene una proporción de voto en
el interior en relación a Montevideo mayor
al que tiene el Partido Nacional a la inversa
(siendo dos partidos desequilibrados regionalmente
-el Encuentro Progresista más metropolitano
y el Partido Nacional más afincado en el
interior- el Partido Nacional se ha desequilibrado
en los mayores términos que recoge la
historia moderna). Esto ha hecho que el Partido
Nacional aparezca mucho más sensible a
retomar el liderazgo de las demandas del interior,
a riesgo de que eso lo pueda "desmetropolizar" un
poco más. Pero esto también explica
el protagonismo que tomó el Partido
Nacional, además de los tiempos
electorales.
EC - Veamos ahora ese tercer enfoque sobre el
fin de la coalición. Porque
¿terminó la coalición?
OAB - Acá hay un problema
terminológico, y vamos a liberar a los
oyentes de sufrir todas las disquisiciones
politológicas sobre el caso. Pero los
términos sirven para definir, y
pongámonos de acuerdo sobre las definiciones
sin hacer juegos de palabras. No hay duda de que
esto que tuvo el gobierno se terminó.
Creemos que la palabra más exacta para
definirlo es coalición, o coalición
fuerte, o -como se usó en este país-
coalición a la europea. Que es muy distinto
de lo que pasó en los dos gobiernos
anteriores. Primero, porque en los dos gobiernos
anteriores, el segundo partido se consideraba a
sí mismo como la oposición: era la
oposición que le daba "gobernabilidad" al
otro partido. Segundo, porque en la primera
administración Sanguinetti el Partido
Nacional tuvo primero al ministro de Relaciones
Exteriores y al de Salud Pública, con
figuras absolutamente ajenas a la competencia
política como Enrique Iglesias y Raúl
Ugarte (luego sustituye a Iglesias e ingresa Jorge
Presno en Industria).
El gobierno Lacalle comienza ya no con dos
sino con cuatro ministros colorados, la misma
representación numérica que ahora,
pero con dos figuras del pachequismo (una
política, Montes de Oca), otra más
empresario-política como Villar; una de
porte político como Lago, otra de porte
más técnico como Solari, pero ninguno
de ellos había sido candidato en los
primeros lugares en la Unión Colorada y
Batllista, en la Lista 15 ni en el Foro. Y
además las carteras (salvo la de Industria,
que se puede decir que es del equipo
económico, pero es quizá la
más autónoma de las ligadas a la
política económica, la que tiene
menos peso en Uruguay y este es todo un tema a
discutir, toda una definición: por
qué Industria tiene menos peso
político que Trabajo y que Ganadería)
no tenían peso en la definición de la
política económica: Vivienda,
Turismo, Salud Pública... La
oposición tuvo Relaciones Exteriores, pero
con la idea de que allí había una
política de Estado, no de gobierno. En
definitiva, cualquier persona vinculada a un
partido que no esté en una posición
"arrangée" puede perfectamente ocupar esa
cartera.
Y en este gobierno, ya lo dijimos: dos
candidatos a vicepresidente, una de las primeras
figuras al Senado, y en el Ministerio de Trabajo
una figura como la de Ana Lía
Piñeyrúa que en ese momento era la
segunda figura del Movimiento Nacional de Rocha. Es
decir que cada grupo había puesto pesos
pesados en el gabinete. Esto ya era un cambio
sustancial. La segunda diferencia es que ya no era
una simple coalición diciendo "dejamos al
gobierno que haga su política", sino que se
marcaba un compromiso. Acá hay dos actitudes
diferentes: la de Volonté que era más
gestual pero profundamente significativa: durante
los tres primeros años actuó como un
co-presidente (algunos hablaban del "primer
ministro"): dialogaba largas horas con el
presidente por lo menos una vez por semana, en una
reunión de socios en el gobierno. Y Lacalle
firmó un documento de acuerdo: "la
coalición es esto: estos objetivos, estos
instrumentos, estos compromisos". Mucho más
allá de aquello de Wilson, "le vamos a votar
al gobierno todo aquello con lo que estemos de
acuerdo, y todo en lo que estemos en desacuerdo y
que, con ser importante no traicione nuestros
principios". Eso fue "la gobernabilidad",
colaboración; y esto es decir "estamos
embarcados en un mismo proyecto". Tanto es
así que las críticas al gobierno que
efectuó el otro día Ignacio de
Posadas -vocero calificado del Herrerismo- fueron
precisamente por lo que entiende incumplimientos de
lo acordado por los ritmos, la "lentitud" en la
aplicación de las medidas y los
instrumentos. No es una oposición que
reprocha al gobierno su política, sino que
es un socio que le dice a otro: "en esta sociedad
usted hizo algunas cosas, pero no fue un buen
administrador de la sociedad". De alguna manera, el
mensaje del Herrerismo fue el de un socio que no
está conforme con el administrador de la
sociedad, y que pone fin al acuerdo.
Ahora bien: entre Volonté y Lacalle
hubo otras diferencias. La más fuerte,
quizá, es que Lacalle nunca lo vivió
como un compromiso de co-gobierno, con la claridad
con que lo manejó Volonté (y sin duda
que puede haber sido uno de los costos
políticos que sufrió este
último). Lacalle lo vio más en un
juego de oposición co-gobernante, de
oposición coaligada: más que
gobernabilidad, pero menos que la coalición
a la europea. Y ese juego lo deja claro en dos
cosas: Lacalle siempre sostuvo que la
coalición debía finalizar antes de
las elecciones; que no se podía llegar a las
elecciones confrontando partidos que estaban como
socios en el gobierno. Volonté siempre
sostuvo que la coalición duraba hasta el
día mismo de entregar la banda presidencial.
El triunfo de Lacalle en las primarias de abril
determina el triunfo de esa postura dentro del
Partido Nacional, y por lo tanto uno diría
que esto estaba anunciado. Y estaba anunciado por
algunos elementos que queremos dejar marcados para
lo que va a merecer un apunte sobre el futuro
gobierno de coalición.
Lo primero es el tiempo electoral. En los
gobiernos parlamentarios, el propio sistema permite
que las coaliciones sigan y se presenten unidas en
las elecciones. Nuestro sistema de
confrontación presidencial lleva a que, en
la instancia de octubre, los partidos estén
enfrentados, no sean socios. Pueden serlo hasta el
día antes y, cuando uno de los dos quede
eliminado (si es que el balotaje es entre uno de
ellos y un tercero) rehacer la sociedad al otro
día. Pero el 31 de octubre van enfrentados.
Esto crea dificultades para que una
coalición llegue hasta el mismo día
de la elección.
EC - Dificultades, dices, derivadas del
sistema presidencial de gobierno.
OAB - Claro: derivadas del sistema
presidencial y del sistema electoral uruguayo.
Porque si tuviéramos un sistema electoral en
que la Presidencia se eligiera por separado del
Parlamento, como en otros países, y la
Presidencia puede ser despartidizada, la
coalición podría elegir a un
único candidato (sería complicado en
la realidad política actual del Uruguay,
pero en teoría no forzaría tanto como
lo hace este sistema). Es decir que hay un sistema
que hace prever que dentro de cinco años,
partiendo de una coalición exitosa, el
camino no será muy diferente a este.
Otro aspecto es la distribución de
carteras dentro de la coalición. Son dos
socios, ¿pero en pie de igualdad o hay uno que
es "más socio que el otro"? Más
allá de la relación
Sanguinetti-Volonté, hay un dato: el Partido
Colorado tuvo la misma cantidad de votos y casi la
misma cantidad de legisladores que el Partido
Nacional, pero los colorados tuvieron ocho
ministros y los blancos tuvieron cuatro. Fue una
sociedad medio despareja en cuanto al capital que
aportaba cada socio. En términos uruguayos
se diría: "Ah, es que es el partido del
presidente". Bueno: entonces, no hablemos de
coalición tan a la europea, porque en Europa
tendrían la misma cantidad de
carteras.
Y más allá de que el Partido
Nacional tuvo en este gobierno un compromiso que no
tuvo un partido asociado en ningún otro,
también quedó claro que para decidir
la política económica el presidente
no discutía con su socio cada paso, cada
medida, como si fuera realmente un co-gobierno.
Más bien, había un aval al marco
general de la política, dentro de la cual el
ministro de Economía, el director de
Planeamiento, el presidente del Banco Central y el
presidente del Banco República timoneaban
los instrumentos concretos: cuatro cargos en manos
del mismo partido. No había un co-gobierno
de la política económica con una
distribución de cargos entre los partidos y
sectores asociados.
Pienso que lo que le fue complicando al
Partido Nacional fue, primero, tener una ministra
de Trabajo de un partido distinto pero en la
relación con el movimiento sindical y en los
problemas laborales aparecía como la cara
visible de la política económica, y
después un ministro de
Ganadería.
La designación de Brezzo viene a
solucionar precisamente esto: una figura que
sintoniza al 100% con el ministro de
Economía, y a su vez es mano derecha
directa, sin ninguna intermediación, del
presidente de la República. En un momento
delicado de la situación del agro, cuando se
requiere de un operador político en el
Ministerio de Ganadería, se pone a un
ministro del mayor peso político que
tenía el presidente en ese momento (un
hombre que casi fue ministro del Interior en el
recambio de Hierro). Un hombre ajeno al agro, que
no tiene vocación por ese tema, y por lo
tanto su designación es una señal
inequívocamente política para hoy,
pero yo diría que para el futuro:
diría que el ministro de Ganadería es
alguien profundamente comprometido con todos los
instrumentos de la política
económica, y no sólo como un asociado
al gobierno.
Es interesante la señal que da Lacalle
en el momento de este enfrentamiento, de esta
censura virtual al ministro de Economía, de
querer jugar un equilibrio entre gobernabilidad y
coalición: el período legislativo
termina el 15 de setiembre, y el Directorio blanco
lanza un paquete de leyes diciendo que la
coalición termina en esa fecha, pero
exhibiéndole al país una
producción legislativa con toda una serie de
proyectos pendientes. Quiere jugar un matiz,
marcando una especie de degradé: hay un
gobierno que es el Partido Colorado, hay una
oposición que es el Encuentro Progresista, y
hay un partido en el medio que co-gobernó,
dio gobernabilidad, y ahora da soporte legislativo
al país y no al gobierno. Lo cual
quizás está ajustándose
más al juego tripartito que el juego de
bloques que había.
El problema es que en medio de todo esto
viene el balotaje. Es otro tema que queda pendiente
para el análisis, pero el balotaje puede ser
una disputa de dos candidatos y dos partidos en el
"área de pesca libre", donde los
demás partidos desaparecieron de escena y
quedan los electores sueltos, o puede ser un
balotaje entre uno o dos bloques o coaliciones: no
sólo el apoyo a un candidato para que gane
el 28 de noviembre, sino como una coalición
que se hace desde antes para después del 28
de noviembre. Todo esto hace que se complique, y
mucho, el armado de una coalición que
pretenda ser algo más que electoral a partir
del 31 de octubre. Porque, sobre todo en 1999, han
quedado expuestas las dificultades de armar
coaliciones en este sistema político e
institucional, y los límites que tiene
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