Análisis
de los resultados de la segunda fase electoral.
Oscar
A.Bottinelli - diálogo con Emiliano
Cotelo
EMILIANO COTELO:
Empecemos por algunas de las señales
más fuertes que emanan de los siguientes
números: Encuentro Progresista 38,5%,
Partido Colorado 31,3%, Partido Nacional 21,3% y
Nuevo Espacio 4,4%.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero voy a hacer una corrección de los
porcentajes que se publica en los diarios. Estos
suman 100 si se les agrega los votos observados que
están alrededor del 2,5%. Por lo tanto, en
el resultado final habrá más o menos
otro punto para el Frente Amplio, que va a quedar
alrededor del 39,5%, el Partido Colorado algo por
encima del 32%, el Partido Nacional en el 22% y el
Nuevo Espacio en el 4,5%. Las cifras finales van a
quedar en el nivel del anuncio que hicimos en la
última proyección de escrutinio:
39,5%, 32%, 22% y 4,5%.
EC - Es una aclaración importante, ya que
aquellos que anoche estuvieron siguiendo el trabajo
de las encuestadoras, en particular el de Factum,
hoy se encuentran en los diarios con estos
números con esas leves diferencias, en los
que todavía falta prorratear los votos
observados.
OAB - Exacto. Aparentemente eso se va a hacer en un
plazo de ocho o 10 días, cuando la Corte
Electoral termine el proceso de los votos
observados y el escrutinio definitivo, más
allá de que creo que va a emitir la
resolución de convocatoria al balotaje sin
los votos observados, dado que estos no van a
incidir en el resultado.
EC - Hoy al mediodía la Corte Electoral va a
dar a conocer su información oficial del
escrutinio primario.
OAB - Sí. Si bien esto puede ser tema para
un análisis posterior, quisiera hacer dos
pequeñísimos apuntes. Primero,
destacar la excelente labor desplegada por la Corte
Electoral ayer y hoy, con este proceso que permite
que por primera vez el país tenga un
escrutinio primario oficial realizado con una
rapidez extraordinaria. Segundo, remarcar el dato
de que los cuatro partidos anunciaron sus posturas:
Vázquez hizo un acto, Batlle también
hizo un acto en la Casa del Partido Colorado,
Lacalle hizo un pronunciamiento y Michelini el
suyo. Los cuatro candidatos de los cuatro partidos
y todos los ciudadanos se fueron a dormir con un
resultado producto del trabajo de las consultoras
de opinión pública, de Factum y sus
colegas, ya que no había información
ni oficial ni extraoficial de organismos
estatales.
EC - La información que el Ministerio del
Interior había llegado a aportar a las 22.00
horas, cuando empezaron a sucederse los
pronunciamientos de los líderes
políticos, era parcial, correspondía
a algunos circuitos sin representatividad; los
números que se tenía no indicaban
ninguna tendencia de nada.
OAB - A las 19.00 horas el sistema político
tuvo el dato final de lo que ocurría, lo que
llevó al vicepresidente de la
República a las 20.00 y pocos minutos a
hacer un anuncio en base a los datos que
tenía provenientes de las encuestas a boca
de urna. A las 21.00 y pocos minutos hicimos el
anuncio de las cifras claras, pero ya a las 20.30
habíamos tenido el honor de anunciar al
país el resultado, el "ranking" de esta
elección. Fuimos los primeros en dar las
cifras.
Luego hay algunos comentarios anecdóticos
para despuntar el análisis. El primero,
cabalístico, místico, mágico,
como se le quiera llamar, es que se sigue dando que
el que gana en Canelones gana en todo el
país o que el que gana en todo el
país gana en Canelones; no sabemos si el
país determina a Canelones o si Canelones
determina al país. Los amigos de Canelones
pueden sentirse orgullosos de decir "acá
está el fiel de la balanza del
país".
El segundo aporte sirve para graficar el resultado
de la elección: el 1º de marzo del
año 2000 el presidente electo el 28 de
noviembre -que pueden ser Vázquez o Batlle-,
con su vice -Nin Novoa o Hierro- va a prestar el
juramento tomado por Reinaldo Gargano.
EC - Eso es algo en que seguramente muchos no se
han puesto a pensar; quizás no
teníamos la información.
OAB - Ayer fue elegido un cargo que en Uruguay no
tiene nombre -yo uso terminología
extranjera; he dicho "presidente provisional", que
es el término que se usa en Argentina,
presidente pro témpore, como se dice en
Estados Unidos-: el que cumplió
Fernández Faingold hasta la muerte de Hugo
Batalla. El primer titular de la lista más
votada del lema más votado es el que ocupa
la Presidencia del Senado y la Asamblea General
cada vez que el vicepresidente de la
República no la ocupa; también es el
que la ocupa desde el 15 de febrero hasta el
1º de marzo.
EC - Esto va a operar así incluso
después que asuma el nuevo gobierno, a pesar
de que tanto el presidente como el vicepresidente
van a surgir del balotaje. Puede ocurrir que el
presidente sea colorado o frentista, pero en
cualquiera de los dos escenarios esas funciones le
corresponderán al senador Reinaldo
Gargano.
OAB - En la Constitución anterior ya estaba
separado, pero normalmente coincidía en la
misma persona; ahora queda inequívocamente
separado. La sucesión del presidente del
Senado se definió ayer, la del presidente de
la República se define el 28 de noviembre.
En caso de cualquier vacancia en la Presidencia y
Vicepresidencia de la República
simultáneamente la primera será
ocupada por el primer titular de la lista
más votada del lema por el que es elegido el
presidente de la República. En otras
palabras: la sucesión del presidente de la
República va a estar entre la lista
más votada del Partido Colorado y la
más votada del Frente. En cambio, la
Presidencia del Senado ya quedó definida
ayer.
EC - Sigamos analizando los resultados de ayer.
OAB - Matemáticamente, el país se
aleja del tripartidismo perfecto, que fue el que
alcanzó en la elección pasada. Por la
hora en que terminamos no tuve tiempo de aplicar
una fórmula que determina el número
efectivo de partidos, pero éste se acerca al
resultado del año 89, que fue muy parecido a
éste. En ese año el Partido Nacional
estuvo un poco por debajo del 39% de los votos
válidos, de modo que debe haber estado en el
38% de los votantes. El Partido Colorado estuvo un
poco por debajo del 30% y en la misma cifra estuvo
la suma del Frente Amplio y el Nuevo Espacio: el
Frente estuvo casi en el 21% y el Nuevo Espacio
casi en el 9%. Ahora el Frente tiene el porcentaje
que tuvo el Partido Nacional en el 89, el Partido
Colorado está en el mismo escalón de
aquella elección -incluso un poco mejor- y
el Partido Nacional está algo mejor que el
Frente en el 89, pero en ese escalón. La
diferencia está en que, habiendo mejorado
todos un poquito-, el Nuevo Espacio está
casi en la mitad de lo que tuvo en el año
89.
Manejado como el efecto de piezas en un tablero,
del 89 al 99 se produjo este cambio, se pasa de un
escenario a otro exactamente igual en cuanto a los
escalones. En el 94 se juntan todas las piezas en
el medio para permitir lo que fue el enroque: el
Partido Colorado estuvo más o menos en el
mismo escalón 89-94-99, con una diferencia
de dos puntos en las tres elecciones. El Partido
Colorado, después de tocar piso en el 89
mejoró en el 94 y mejora una vez más
en el 99. Tendencialmente, después del
desplome va mejorando de modo tenue.
Entre el Partido Nacional y el Frente Amplio se
produjo un enroque con un escalón donde se
juntaron, en el año 94, y cada uno
siguió su camino para ocupar en el tablero
la pieza del otro. Dicho así, queda muy
gráfico el proceso electoral que se produjo
en estas tres elecciones 89-99.
EC - En el 94 teníamos el escenario de tres
tercios levemente desiguales.
OAB - Casi perfecto. Lo vemos en la Cámara
de Diputados: 32 colorados, 31 blancos y 31
frenteamplistas.
EC - Esa relación se modifica
sustancialmente ahora.
OAB - Estamos en una Cámara bastante
parecida a la del 89, cuando el partido ganador
obtuvo 39 bancas -aquí va a tener 40-, el
segundo tuvo 30 -aquí va a tener 32-, el
tercero tuvo 21 -acá puede tener 22- y el
cuarto tuvo nueve y hoy está entre cuatro y
cinco. El cambio más fuerte que se observa
es el del cuarto partido. Estas cifras no suman 99
porque todavía no está claro
cómo se van a distribuir las últimas
bancas, si el Frente Amplio puede pellizcar una
más o si el Partido Colorado pellizca la
banca 33 o el Nuevo Espacio la quinta. La
distribución final va a depender de
cómo se distribuyan los votos observados. Me
parece un poco difícil que, tal como viene,
el Nuevo Espacio pellizque la quinta; parece
más fácil que el Partido Colorado
alcance la número 33.
EC - Entonces tenemos una caída muy
importante en el caso del Partido Nacional y un
crecimiento muy importante en el caso del Encuentro
Progresista. ¿De qué orden es el
crecimiento del Encuentro Progresista desde el
año 94?
OAB - En el año 94 el Encuentro Progresista
sacó algo más del 28% de los votantes
y creció al 39,5%. Es un crecimiento muy
fuerte. La línea del Frente es: 19% de los
votos válidos en el 71, 21,5% en el 84 y 89,
30% en el 94 y 40% y algo en el 99. Observamos que
dio dos saltos "de canguro": primero tuvo un
crecimiento, luego una estabilidad. No olvidemos
que la estabilidad del 89 fue producto de quedar en
el nivel en que estaba habiéndose roto a la
mitad, se fueron el PGP, el PDC -con Batalla, que
en ese momento era la figura ascendente de la
izquierda- y el Frente logra mantener la
votación en medio de la ruptura, lo cual
también podría leerse como
crecimiento. Después siguen dos saltos que
-como decía recién- yo llamo "de
canguro": de 21 a 30 y de 30 a 40 son saltos
grandes. Además, cada uno es más
grande que el anterior.
EC - Si consideramos a la izquierda en el sentido
amplio, ¿en cuánto estaba ésta a
la salida de la dictadura?
OAB - En el 71 tenía 19%, en el 84 21%, en
89 30%; en el 94 el salto fue pequeño, la
izquierda creció menos, pero buena parte del
crecimiento del Frente fue traslación de
votos del viejo Nuevo Espacio -el de Batalla- al
Frente, y Michelini quedó con una parte de
ese Nuevo Espacio. El viejo Nuevo Espacio se
dividió en dos: una mitad más grande
se quedó con Rafael Michelini y una
más chica se fue al Frente. Entonces tenemos
19, 21, 30, 35 y 45 en esta elección.
EC - O sea que, si comparamos 84-99, esa izquierda
en el sentido amplio más que se duplica.
OAB - La izquierda o centro-izquierda en el sentido
amplio se duplicó. Observemos que los
partidos tradicionales en el año 66 eran el
90%, en el 71 el 80%, en el 84 igual, en el 89 el
70%, en el 94 el 65% y en el 99 el 55%. Es una
línea de constante crecimiento de la
izquierda. Las cifras nos dan un país mitad
centro-izquierda y mitad partidos tradicionales.
Por supuesto, una mitad es más grande y la
otra más chica, pero 55 a 45 ya está
hablando de dos partes equivalentes.
EC - También hay que detenerse en los
triunfos que el Encuentro Progresista obtiene en
varios departamentos del país y no
sólo en Montevideo, donde ya era
tradicional.
OAB - Preferiría hablar de la
regionalización del país, ver
cómo quedó coloreada la
geografía política del país.
En primer lugar, hay una diagonal -como el corredor
palestino o el viejo corredor alemán sobre
Polonia- que divide al país
geográficamente en dos; parece la
división de la España republicana.
Nosotros regionalizamos en cuatro y a esa
región le llamamos la diagonal blanca. Esa
diagonal va de Noreste a Suroeste, arranca en Cerro
Largo, pasa por Treinta y Tres, Tacuarembó,
Durazno, Flores y termina en San José. Es un
continuo donde se tocan todos los departamentos.
Salvo Tacuarembó, donde el Partido Nacional
empieza a ganar en el 48, y Treinta y Tres, los
demás departamentos que integran esta
diagonal son invariablemente blancos. El Partido
Nacional perdió las intendencias en el 42
porque estaba dividido en dos lemas, pero en esos
departamentos el ganador ha sido invariablemente
blanco y no pierde ninguna elección como tal
desde el año 46 en Cerro Largo, Durazno,
Flores y San José, y desde más
adelante en Tacuarembó y Treinta y Tres. El
Partido Nacional quedó en su reducto, fuera
del cual perdió en todos los departamentos,
quedó atrincherado en lo que es feudo
propio, escriturado desde el último medio
siglo.
Luego tenemos otra zona contigua y continua, que es
la del Frente, que es la fuerza que ganó en
el Uruguay metropolitano. No es lo mismo hablar de
una sociedad urbana que de una metropolitana. Esa
zona metropolitana comprende Montevideo, Canelones
y Maldonado. En esa zona ganó el Frente con
distintos énfasis: en Maldonado por una
cifra ajustada, en Canelones por una cifra holgada
y en Montevideo por mayoría absoluta.
EC - Falta el departamento de Paysandú.
OAB - Paysandú es un enclave que
quedó afuera, suelto, algo así como
un posicionamiento en tierra extranjera.
EC - Las diferencias a favor del Encuentro en
Paysandú fueron fuertes.
OAB - Prácticamente se puede hablar de una
mitad del Frente y otra del Partido Colorado y el
Partido Nacional.
EC - Recordemos que en números redondos en
ese departamento el Encuentro Progresista alcanza
más del 39%, el Partido Colorado 26% y el
Partido Nacional 24%.
OAB - En números redondos las cifras son de
40 a 50 sumando los dos partidos tradicionales, que
allí están casi iguales.
Para terminar con el tema de la
regionalización, agreguemos que al Partido
Colorado le quedaron por un lado el Norte y todo el
litoral -con ese "grano" que le salió en el
medio, que es Paysandú-,
Rivera-Artigas-Salto y Río
Negro-Soriano-Colonia, y luego, suelto, el
vértice Lavalleja-Rocha. Les llamamos
vértices a Artigas-Rivera y Lavalleja-Rocha,
zonas que tienden a tener comportamientos
electorales similares. Esos vértices
quedaron en manos del Partido Colorado; el litoral
-incluyendo Colonia, al que normalmente trabajamos
como Sur- quedó en el Partido Colorado, con
excepción de Paysandú que
quedó en el Frente. Esto no es casual -pese
a esta distinción geográfica-, porque
Paysandú tiene algunos elementos
socioeconómicos más similares a los
del país metropolitano. Fue la zona
industrial más fuerte del interior del
país excluyendo los aledaños de
Montevideo, lo que le da algunas
características. Por ejemplo, en
Paysandú hubo un movimiento sindical
temprano, antes que en el resto del interior. Son
comportamientos políticos diferenciados.
EC - ¿Cómo se analiza el hecho de que
el Encuentro Progresista se ubique segundo en
cuatro departamentos?
OAB - Tenemos por un lado San José, que es
una mixtura: es un feudo blanco, en la diagonal
blanca, pero es casi metropolitano. Montevideo se
extiende dentro de San José -como en el
Rincón de la Bolsa, más o menos hasta
Libertad-; el departamento está muy permeado
por Montevideo, es una cruza del hegemonismo blanco
con una penetración metropolitana. Lo otro
es la expansión de Paysandú: Salto al
Norte y Río Negro y Soriano al Sur. Entre el
primero y el segundo lugar, el Frente tiene un
continuo desde Salto hasta Soriano. En Colonia el
Frente sale matemáticamente tercero, pero la
diferencia entre el segundo y el tercero amerita
decir que el comportamiento del Frente en ese
departamento está en el mismo nivel que en
el resto del litoral, allí perdió por
poquito el segundo lugar.
Los datos del Ministerio del Interior de la hora
03.00 no permiten tener las listas del Senado. Esto
nos impide hacer un análisis mucho
más firme de las internas de los tres
partidos.
EC - Sigamos hablando de los partidos en cuanto a
su nivel de votación. Pasemos al Partido
Colorado, el segundo en el "ranking" de estas
elecciones, que según destacaban algunos
dirigentes mejora su votación con respecto
al año 1994.
OAB - Ya dije que el Partido Colorado tuvo su piso
en el 89 y luego fue mejorando tenuemente, en el
sentido de que no tuvo un gran salto, pero pasa de
un 30% en el año 89 a un 33% en el 99. Tuvo
un primer mejoramiento en la oposición
-medio oposición y medio cogobierno, ya que
Batlle y Pacheco colaboraron con Lacalle en la
coincidencia nacional; el Foro
acompañó al principio y luego
pasó a la oposición- y luego en el
gobierno, en la Presidencia de la República
sigue mejorando y lo hace con más fuerza que
en la oposición. Este es un dato
importante.
EC - Una crónica en el diario El Observador
de hoy dice que "en la residencia presidencial de
la Avenida Suárez se respiraba ayer un clima
de triunfalismo a pesar de que la izquierda se
había impuesto a nivel nacional y en el
departamento de Canelones. Un allegado al
presidente de la República dijo que los
comicios resultaron como estaba previsto y que
fueron ratificatorios de la gestión del
gobierno, ya que el Partido obtuvo más votos
que en la última elección nacional".
El ministro Julio Herrera, cuando lo
entrevistábamos anoche, subrayaba que pese a
las dificultades que está atravesando el
país -que desde su punto de vista son
coyunturales y debidas a las circunstancias por las
que está pasando la región- igual el
Partido Colorado aumenta su votación.
¿Qué pasa con esa
interpretación?
OAB - Estamos hablando de dos temas distintos; una
cosa es el Partido Colorado y otra es el gobierno.
Si por gobierno entendemos la figura presidencial y
el partido del presidente, el resultado es
ratificatorio. Pero si por gobierno entendemos la
coalición, en la medida en que los partidos
que la integran tienen un retroceso electoral
ésta retrocede y todo el costo de la
coalición lo habría recibido el
Partido Nacional. No se puede hacer análisis
lineales; lo complicado del análisis es
saber si el Partido Nacional pagó el costo
de la coalición o sus costos propios.
Vamos a dar algunas cifras de la historia del
Partido Colorado. En el año 42 el Partido
Colorado fue hegemónico, tuvo un 67%. En los
años 46-50-54 anduvo cerca del 50%. En el 58
pierden los colorados -en ese año hubo gente
que votó fuera del lema- con un 40%; en el
62 el Partido Colorado tuvo 43%, en el 66 retoma el
gobierno en torno al 50%, en el 71 tiene 42%, en el
84 42%, en el 89 30%, en el 94 33% y en el 99 queda
igual. El Partido Colorado ha tenido tres grandes
niveles en la historia reciente: el del 50, que fue
el histórico; el del 40, que tuvo cuando fue
derrotado por el Partido Nacional y aún
ganando cuando empezó a romperse el
bipartidismo clásico, y el nivel del 30 y
más que ha tenido ya en las tres
últimas elecciones.
Pasemos al Partido Nacional, que ahora va a ser
objeto de mucho análisis. Este partido tiene
una historia complicada, es una colectividad que en
los años 900 casi no conoció
períodos sin grandes fracturas. Empieza el
siglo con Acevedo Díaz y el grupo al que se
motejó "los calepinos" por el nombre de un
caballo de carrera votando a Batlle y siendo
denostados por el resto del Partido. Sigue con
peleas entre herreristas y lussichistas y fracturas
entre herreristas y carnellistas radicales, y luego
entre herreristas y nacionalistas independientes.
El Partido Nacional recién se reunifica a
fines de los años 50 y luego -si bien nunca
más se rompió- hubo varios
períodos de situaciones tensas, con una
elección -la del 25 de abril- demoledora
para ese partido. Esto confirmó la regla de
que el que tiene la interna más dura,
más combativa, es el que sale peor en la
elección general. El resultado del Partido
Nacional tiene entonces dos explicaciones: su
participación en la coalición de
gobierno y su situación interna.
Vamos a ver las cifras que ha tenido el Partido
Nacional a través de su historia. En primer
lugar, debemos decir que este partido ha oscilado
muchísimo y no es fácil hablar de
niveles de votación. Se podría decir
que su nivel histórico anduvo más o
menos en el 40%, con excepciones: una mala
votación de los blancos en el 42, que
sumados todos anduvieron en el 32%, y el nivel
más alto que obtuvo cuando ganó en
1958, en que casi tocó el 50%. El Partido
Nacional nunca superó la barrera del 50%. En
el 71 tuvo un 40%, en el 84 tuvo 35%, con Lacalle
en el 89 tuvo 39%. En el 58 ganó con el 50%,
en el 62 ganó con el 47% y con el 39% en el
89; después cae al 30% en el 94 y ahora al
22% y algo.
El escenario 89-99 es muy fuerte para el Partido
Nacional: 39-30-22. Estas cosas tienen dos lecturas
analíticas: la coyuntural y la
histórica. La caída de un partido no
se agota en causas coyunturales cuando tiene un
proceso de caída. La anécdota es para
explicar qué pasa de abril hasta ahora, o
qué pasó en abril.
Veamos algún dato más. Desde 1971 el
Partido Nacional sale invariablemente tercero en
Montevideo; a nivel nacional ya quedó
tercero en abril, que fue una elección
general, con participación de todo el
electorado. Esta es la segunda vez que el Partido
Nacional sale tercero en una competencia nacional.
Hay que ir buscando las causas de fondo que han ido
determinando esta caída; no se trata
sólo de causas coyunturales, que por
supuesto las hay y son muy fuertes e
importantes.
EC - Nos estaría faltando ver los resultados
del Nuevo Espacio.
OAB - Aquí se trata de un estancamiento:
queda ahí, un poquito escaso, sobre todo
porque hay mucha probabilidad de que pierda una
banca en Diputados. Es un estancamiento con
flechita para abajo.
Habría que hablar del cuarto partido. Desde
que Uruguay ensaya un esquema hacia tres partidos
en el año 71 -no digo tripartidismo porque
ésa es una discusión teórica
muy complicada- empiezan los ensayos hacia un
cuarto partido. En el año 71 fracasa la
Unión Radical Cristiana, que no entra al
Parlamento. La Unión Cívica logra un
desempeño interesante con la figura de
Chiarino, que sale muy prestigiada de la dictadura,
y logra dos diputados. En el 89 el Nuevo Espacio
logra dos senadores, casi tres -perdió el
tercero por 2.200 votos- y nueve diputados. Ese
Nuevo Espacio, más que un partido era una
federación del PGP y el PDC bajo el
liderazgo de Hugo Batalla. Virtualmente desaparece:
el PGP se va al Partido Colorado, el PDC al
Encuentro Progresista y gente del PGP junto con
gente de la Unión Cívica y otra gente
reconstruye el Nuevo Espacio formando un nuevo
partido bajo el liderazgo de Rafael Michelini.
El cuarto partido sobrevive pero más
achicado. Se observa serias dificultades para un
cuarto espacio, que existe porque no se
volvió al escenario del 71, con sólo
tres lemas en el Parlamento, pero no logra el
despegue que en algún momento pareció
posible. A lo largo del 96-97 las encuestas
marcaron posibilidades de ocho o nueve puntos para
el Nuevo Espacio, que luego fue cayendo,
votó muy mal en abril, luego repuntó
pero se fue viendo que le era difícil pasar
del 5%. La última encuesta daba 5%, la
anterior 4,5% y más de la mitad de los que
decían que se inclinaban por votar al Nuevo
Espacio tenían dudas hasta el final.
Evidentemente, este partido tuvo un problema fuerte
de captación. No estoy hablando de la
anécdota de si llegó o no, sino de la
dificultad de jugar un cuarto espacio en
Uruguay.
EC - Habría que agregar que no
prosperó la apuesta fuerte que hizo el Nuevo
Espacio, que fue la papeleta rosada de la reforma
constitucional sobre la elegibilidad de los
directores de entes autónomos.
OAB - Yo hago dos análisis distintos. Sobre
la papeleta rosada, la idea que propició
Michelini fracasó porque no se
aprobó, pero el éxito de
votación es varias veces el Nuevo Espacio.
Aunque haya perdido, este partido fue exitoso en
lograr una gran convocatoria. Una cosa es el
análisis del Nuevo Espacio y otra el del
plebiscito. Como análisis del Nuevo Espacio
éste tuvo éxito; no logró el
éxito jurídico pero logró una
convocatoria formidable.
EC - ¿Y la otra papeleta?
OAB - La otra papeleta también
fracasó.
EC - Ya hemos visto los resultados; miremos de
aquí a cuatro semanas.
OAB - Muchos recordarán que nos negamos
sistemáticamente a dar encuestas sobre
escenarios imaginarios de balotaje. Creo que hoy se
da cuenta de que esto fue prudente. Hoy todo el
mundo siente que el Uruguay de hoy no es el de ayer
o anteayer. No es porque hayan cambiado las cifras;
las encuestas habían detectado este
escenario que tenemos hoy. Uruguay no se
engañó con este resultado:
venía a esto y se dio. Pero no es lo mismo
decir "se va a dar" que verlo. No estoy hablando
para un ciudadano común, que sintoniza la
política cuando hay elecciones; para
nosotros, analistas políticos que estamos
todo el tiempo con esto, el impacto de ver el
escenario y de anticiparlo son dos efectos
distintos, de lo teórico a lo real
emocionalmente es otra cosa. Creo que esto le
está pasando a toda la gente. Acá hay
que barajar y dar de vuelta. Esto no quiere decir
que lo de ayer no importa; pero tampoco hay una
continuidad lineal en que se pueda decir "sumo esto
para acá, esto para allí y tengo el
resultado". No es ni lo uno ni lo otro.
Quiero mencionar algunas cosas importantes antes de
abordar el análisis. Primero, lo obvio:
Uruguay estrena un sistema, por lo tanto nunca lo
tuvo antes. Segundo, lo que no es tan obvio:
Uruguay nunca tuvo escenarios parecidos al
balotaje.
EC - Vamos a aclarar, porque tenemos que ir
acostumbrándonos, que el 28 de noviembre
únicamente se va a elegir entre una papeleta
que va a decir "Batlle-Hierro" y otra que va a
decir "Vázquez-Nin". No va a haber
candidatos al Parlamento, ni a las Juntas
Departamentales, las Intendencias, nada.
OAB - Ni siquiera va a decir "Voto por el lema
Partido Colorado" o "Voto por el lema Encuentro
Progresista-Frente Amplio". Va a decir: "Voto por
el doctor Jorge Batlle para presidente de la
República y por el profesor Luis Hierro
López para vicepresidente de la
República. Período 2000-2005.
República Oriental del Uruguay, 28 de
noviembre de 1999" o "Voto por el doctor
Tabaré Vázquez para presidente de la
República, etcétera". Esto
está fuera de las costumbres nacionales.
Hoja blanca, tinta negra.
Por otro lado nunca tuvimos un escenario De la
Rúa-Duhalde, Clinton-Bush; nunca hubo menos
de tres candidatos. Por supuesto que llegó a
haber 17 -el domingo pasado en Argentina creo que
eran 14-, pero estamos hablando de los candidatos
reales; la gente no está votando
testimonialmente sino eligiendo. En Uruguay
normalmente había dos candidatos colorados y
uno blanco con chance. Además, en nuestro
país los chicos, en la medida en que no eran
de partidos pequeños sino fracciones menores
de los grandes partidos, tenían otro
protagonismo. No es lo mismo votar a un candidato
de un partido chico en Argentina que votar a un
candidato con menos posibilidades dentro del
partido que puede ganar. No es lo mismo votar a
Carlos Julio Pereyra en la elección pasada
cuando no tenía chance, dentro de un partido
que sí podía ganar con Volonté
o Ramírez o con Lacalle en la anterior
elección. Estamos acostumbrados a un juego
de figuras.
Ya se nos complicó el 31 de octubre, cuando
tuvimos cuatro partidos con representación
parlamentaria y sólo tres con posibilidades
de ganar en un total de cinco. En noviembre tenemos
sólo dos: voto A o voto B, o en blanco. Pero
votar en blanco es no decidir nada. En realidad, el
31 de octubre el voto en blanco tampoco
decidía, pero para ganar había que
superar el 50% de los votantes. En cambio, el 28 de
noviembre el ganador tendrá que superar el
50% de los votos válidos. O, dicho de otra
manera, un candidato le tiene que ganar al
otro.
EC - El 28 de noviembre gana el que tenga
más votos.
OAB - El que tenga más votos, que
técnicamente es la mayoría absoluta
de los votos válidos.
EC - Con tener un voto más que el otro ya
está.
OAB - Sí. El voto en blanco es neutro, por
lo tanto es voto A, voto B o paso, me corro al
costado. Este es un escenario nuevo. Veamos otro
dato que veníamos advirtiendo desde que se
planteó la reforma con balotaje. Uruguay
tiene una larguísima historia de
entendimientos políticos -también de
desencuentros-, gobiernos de todo tipo,
coaliciones, alianzas, entendimientos,
coincidencias, entonaciones; incluso el Frente
Amplio nombró a un par de figuras de tinte
distinto que no comprometieran a su partido.
EC - Esa historia se refiere a acuerdos
después de las elecciones.
OAB - Fueron acuerdos de gobierno, de
administración, nunca hubo acuerdos donde un
partido votara a otro, nunca ocurrió que uno
de los tres partidos fuertes votara a otro y menos
que un votante tradicional tuviera que votar a un
candidato del otro partido. Acá los blancos
tienen que votar a un colorado o a un
frenteamplista o ponerse al costado. Esto es muy
nuevo en el país.
EC - Más allá de la pregunta que
quizás tenga respuesta de la política
comparada, ¿qué efecto tienen sobre la
ciudadanía los acuerdos a los que puedan
llegar los dirigentes antes de la segunda
vuelta?
OAB - Vamos a los distintos escenarios que podemos
tener, escenarios de actores políticos, de
dirigentes y escenarios de electorado, de
gente.
EC - ¿Qué dice la experiencia de
países donde hay régimen de segunda
vuelta? ¿En qué medida los acuerdos
entre dirigentes son aceptados, tienen su efecto en
el comportamiento del electorado?
OAB - En principio tenemos dos escenarios. Los
dirigentes tienen dos posibilidades. La primera es
decir "yo salgo a captar gente" y cada uno sale por
su lado, con su discurso, con su énfasis
dirigiéndose al resto de la
ciudadanía, básicamente buscando
retener a los suyos y convencer a los que votaron
al Partido Nacional, al Nuevo Espacio y en blanco,
que sumados a grosso modo son un 30%.
El otro extremo de diseño de los dirigentes
son dos partidos que puedan conformar una
mayoría. Matemáticamente, esta
posibilidad sólo da con el Partido Nacional:
lógicamente, Partido Colorado-Partido
Nacional. Estos dos partidos se sientan, acuerdan
una coalición de gobierno, incluso
establecen metas y prioridades como si estuvieran
en el verano en el Victoria Plaza, e incluso pueden
llegar a diseñar el gabinete. Esto no es
reparto de cargos -ésa es una idea muy
equivocada-, porque si sale un gabinete de seis
ministros colorados y seis blancos no es lo mismo,
y si los blancos no son técnicos sino
figuras de primera fila eso es una coalición
de gobierno, de dos partidos cogobernando.
Ahí el Partido Nacional dice
"señores, el 28 de noviembre se
elegirá un gobierno del Partido Colorado y
el Partido Nacional que va a presidir el doctor
Batlle con este programa y los dos vamos a salir a
defender ese gobierno". Esa es la hipótesis
de máxima.
Luego hay una hipótesis de media que es un
cierto entendimiento, pautas, acuerdos sobre la
base de coincidir en algunos aspectos, un
preacuerdo, una carta de intención de
cogobernar. En ese caso, el Partido Nacional
saldría a decir que ese preacuerdo habilita
a ese gobierno; no es lo mismo que salir a decir
"votemos que es lo mismo".
El tercer paso ya es más "light": es un
partido que aconseja a la gente votar a Fulano, que
no tiene acuerdo pero manifiesta una mayor
coincidencia programática y considera que es
mejor para el país votar al Partido Colorado
que al Frente.
EC - ¿No habría un cuarto que
contemplara la posibilidad de que el Partido
Nacional no tuviera una única
posición?
OAB - Estoy hablando de la parte oficial. El
Partido Nacional es curiosísimo, es el que
ha tenido más guerras internas a lo largo de
todo el siglo y el que ha tenido más
organicidad en su funcionamiento. Rara vez uno ve
al Comité Ejecutivo Nacional del Partido
Colorado tomando una decisión -no la va a
tomar en estos días, la toman los
dirigentes, van a acordar Batlle con Sanguinetti,
con Hierro con la agrupación de gobierno-;
en cambio, en el Partido Nacional decide
orgánicamente el Honorable Directorio o la
Convención.
Esto es lo que pasa a nivel de partidos. Luego
viene un segundo problema al interior de los
partidos: si una decisión del Partido es
acatada por todos. Habrá que ver si estamos
en la lógica del gobierno de los partidos
-que sería una de las lógicas de la
reforma- o si volvemos a la vieja lógica de
que los partidos no terminan de funcionar nunca
como tales en las instancias no electorales
-éste sería un caso de instancia no
electoral para el Partido Nacional, porque
él no está- y entonces juegan las
fracciones.
Cortando a hacha y martillo tenemos tres
escenarios: todo el Partido Nacional acata la
resolución de su Directorio, el Partido
Nacional resuelve algo y un sector -la Alianza-
dice que no acata al Directorio pues éste ha
perdido peso político y legitimidad social,
o -tres- una parte de la Alianza respalda al
Directorio y la otra parte adopta otro camino.
A su vez, hay que ver qué correlato
parlamentario tienen esas posibilidades, porque en
este momento para hacer una correlación de
gobierno importa el respaldo parlamentario. Por
falta de datos todavía no tenemos claro el
diseño parlamentario, no sabemos si por la
Alianza entra sólo Larrañaga o si
también lo hace Pereyra. A nivel de
Diputados nos parece que la Alianza saca una sola
banca por Paysandú. No es lo mismo que la
Alianza se parta en dos, pero todos sus
legisladores acompañen al Directorio a que
se parta en dos y también sus legisladores
se partan en dos o que toda la Alianza con sus
legisladores estén en una línea
distinta a la del Directorio. Son tres
señales distintas: una puede ser la Alianza
por un lado y una prestigiosa personalidad a
título personal por otro, otra puede ser la
Alianza dividida en dos y otra puede ser que
Ramírez retome el liderazgo de la Alianza.
Hay que ver qué ocurre.
EC - Todas estas consideraciones valen para el
plano de los acuerdos entre los dirigentes. Pero
hay otro plano que también hay que tomar en
cuenta.
OAB - Con respecto a los electores, se plantea una
primera incertidumbre: ¿cuánto se
mantienen las lealtades partidarias en este esquema
de hoja blanca y tinta negra, sin partidos, colores
o apelaciones simbólicas? Estoy hablando de
los colorados y los frenteamplistas; la respuesta
es que se mantiene mucho. Pero ¿es mucho o es
todo? ¿Cuánto falta para el todo?
¿Cuánta gente se siente liberada porque
ya votó a su partido y ahora no es ese
partido el que va al balotaje sino Fulano o Mengano
que no sabe si le gusta?
Segunda duda: los otros, ¿se sienten
comprometidos por el partido? Olvidemos a los
dirigentes, supongamos hipótesis. Supongamos
que todo el Nuevo Espacio y todo el Partido
Nacional deciden votar a Fulano -con esto no quiero
decir que lo dos decidan lo mismo-; los seguidores
de esos partidos, ¿votan lo que decidan sus
dirigentes? ¿O dicen "que mi partido diga lo
que quiera, yo a Fulano no lo voto"? Esta es una
incertidumbre, porque el partido que da una orden
de votar está poniendo en riesgo su
prestigio.
Supongamos que la suma del Partido Colorado
más el Partido Nacional da 55 y sacan 50 o
49 -no importa si ganan o pierden-; la
pérdida se le va a asignar no al partido
principal sino al socio, que va a tener una nueva
derrota porque no lo siguen todos sus seguidores.
Estoy hablando del partido unido; otra cosa es que
haya disidencia. Convocar es poner otra vez en
juego la capacidad de liderazgo, de respuesta que
se puede tener por parte de la gente.
El otro tema es que esto tiene un tono de cosa
plebiscitaria, con sólo dos opciones:
Vázquez o Batlle. La experiencia del
país es que en los plebiscitos la gente se
suelta.
EC - ¿Los partidos están acostumbrados
a hacer campañas de este tipo?
OAB - Ya tuvimos los primeros ensayos.
EC - Para empezar, me refiero a los partidos a los
que pertenecen los dos candidatos a la segunda
vuelta. ¿El Encuentro Progresista tiene
experiencia de campaña de este tipo?
¿Cómo hacen las estructuras de
comités de base, de los partidos del Frente,
para salir a convocar a gente que no es del
Encuentro Progresista? La misma pregunta puede
hacerse respecto al Partido Colorado. Y ni hablar
de lo complicado que es -suponiendo que tomen
posiciones únicas- para el Partido Nacional
o el Nuevo Espacio salir a hacer campaña por
el candidato elegido para la segunda vuelta.
OAB - Como campaña electoral resulta
más fácil para cualquiera si hace una
coalición de gobierno: "Señores, no
les pido el voto para Fulano sino para el gobierno
que vamos a hacer juntos, vamos a estar todos en el
gabinete con este programa y estas soluciones". No
digo que esto se dé, pero es lo más
fácil desde el punto de vista del que tiene
que diseñar una campaña electoral
para el Partido Nacional o el Nuevo Espacio.
Tú hablabas del Encuentro Progresista; no
hablemos más del Encuentro Progresista sino
del Frente Amplio, porque estamos hablando de
elementos simbólicos y ayer quedó
claro que en Maldonado, en Canelones y en el acto
de Tabaré lo que había era banderas
del Frente. La simbología, lo
emblemático, lo emocional, es
frenteamplista. El propio Tabaré lo recoge
cuando habla del triunfo del Frente Amplio y del
Encuentro Progresista, volviendo a la vieja
formulación.
El Partido Colorado -más formal, más
organizado- en su sala de la Convención, se
desimboliza. Emblema: bandera uruguaya.
EC - Fue un shock simbólico
instantáneo.
OAB - Bandera uruguaya, la gente que gritaba
"Uruguay, Uruguay"...
EC - Y termina el discurso y sale el Himno
Nacional.
OAB - No cantan "el Partido Colorado
victoriosamente va", sino el Himno Nacional. Del
otro lado fue diferente: Vázquez
intentó jugar eso, pero aparecía una
banderita uruguaya en un mar de banderas
frenteamplistas. El problema es la necesidad de
desfrenteamplizar la candidatura de Vázquez
para extenderla y nacionalizarla, como pretende
Batlle. Cada uno tiene sus problemas.
Vázquez tiene el problema de que la
identidad frenteamplista es tremendamente fuerte,
pero Batlle no se puede cambiar de apellido. El que
sale a convocar a los blancos es un Batlle que
cerraría un siglo que prácticamente
abrió otro Batlle y en cuyo medio estuvo
otro Batlle. No es un tema menor para el Partido
Nacional salir a convocar el voto para un Batlle.
Por eso decía que para el Partido Nacional
lo más fácil sería una
coalición de gobierno; no digo que sea lo
más posible ni que el Partido Colorado
esté de acuerdo. En ese caso no sería
votar a un Batlle, al Partido Colorado, sino
continuar una coalición de gobierno,
reflotándola, reformulándola.
En resumen: las incógnitas e incertidumbres
hacia los detalles son muchas porque estamos
ensayando algo nuevo. Lo empiezan a ensayar
Vázquez y Batlle, lo siguen ensayando el
Encuentro Progresista y el Partido Colorado, lo
ensayan el Partido Nacional, el Nuevo Espacio, los
analistas políticos y todos y cada uno de
los votantes. El terreno de abril era nuevo pero en
general se parecía mucho a las viejas
elecciones, salvo en que no elegíamos un
presidente de la República. Esta otra
elección del 31 de octubre tuvo mucho nuevo
pero también muchísimo de lo viejo.
Para esta instancia del 28 de noviembre nos queda
muy poco de lo viejo y empezamos a tantear un
terreno desconocido que, como tal, es escabroso y
lleno de incertidumbres y sorpresas.
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