El balance
político del último lustro del
siglo
Oscar
A.Bottinelli - diálogo con Emiliano
Cotelo
EMILIANO COTELO
Nos reencontramos hoy con el politólogo
Oscar A. Bottinelli, director de Factum, para el
tercero de esta serie de análisis de fin de
año. Pero en esta oportunidad no vamos a
hablar sólo del año 1999, porque el
de hoy será en realidad el balance
político del último lustro.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Y cuando hablamos del último lustro no nos
referimos al último lustro calendario del
siglo, que no termina mañana sino dentro de
un año, sino al último lustro de
gobierno. Este último tiene del siglo tiene
una característica bastante parecida al
primer lustro de gobierno del siglo: dos
presidencias del mismo presidente: el primer lustro
íntegro del siglo con la presidencia de
José Batlle y Ordóñez, que fue
primer mandatario por dos veces, y termina con
Julio María Sanguinetti que también
ocupó el cargo por dos veces.
Obviamente, no se puede hacer un balance de
este período en 15 o 20 minutos, sino
más bien pasar titulares. Entonces,
¿qué es lo primero, lo macro? Lo que
parece más impactante (y que parece que se
entronca con todas las fantasías del fin del
milenio y del fin de siglo) es que realmente
Uruguay está operando un formidable cambio
en su sistema político. Los uruguayos fuimos
protagonistas y lo fuimos descubriendo a lo largo
del año.
Jorge Batlle decía hace unos cuantos
años que en el 2020 Uruguay iba a tener
otros partidos. Parecía una gran
fantasía, sobre todo hace cinco años
cuando los partidos venían muy consolidados.
Hoy, después de lo que pasó en el 99,
mirar de aquí a 20 años lleva a decir
"No sé cómo estará la cosa".
Pero que ha cambiado, ha cambiado.
EC - El ingreso del año 2000 trae un
quiebre notorio.
OAB - Primero, ha cambiado el comportamiento
del año electoral. No es de este lustro,
pero este lustro acelera y resume un comportamiento
que empezó hace unos 30 años. Lo
cierto es que el Uruguay de 1966 marca el renacer
más puro del bipartidismo: el Partido
Colorado y el Partido Nacional superan el 90% del
electorado, fuera de ellos sólo hay dos
partidos representados en el Parlamento (el Frente
Izquierda de Liberación y el Partido
Demócrata Cristiano, el primero con un
senador y el segundo sin ninguno; es decir que 30
de los 31 miembros del Senado integraban los
partidos tradicionales). Y hoy estos partidos
sumados representan 53 o 55% del electorado,
según tomemos octubre o noviembre, tienen
menos de los dos tercios de cada una de las
Cámaras, lo que está marcando un
cambio realmente formidable. Y además, los
partidos tradicionales lograron el segundo y tercer
lugar (en el caso del Partido Nacional, tanto en
abril como en octubre).
Además, de abril a octubre se produce
el segundo cambio. Vean qué interesante: en
1971 es la primera vez en que un partido
tradicional pierde el segundo lugar en un
departamento, y es nada menos que en Montevideo. En
abril de 1999 es la primera vez en que un partido
pierde uno de los dos primeros lugares a escala
nacional. Y en octubre ambos partidos tradicionales
quedan relegados del primer lugar por primera vez
en la historia, lo que marca en sí mismo
este importante cambio.
Pero esto se dio acompañado de la
reforma constitucional. Algunos recordarán
que en algunos análisis que hicimos antes y
después de la reforma decíamos que
este cambio iba a ser tan o más importante
que el que tuvo Uruguay cuando construyó
este sistema político entre 1910 y 1925. Eso
le pareció exagerado a alguna gente, incluso
nos hizo dudar a nosotros mismos si no
habíamos padecido un error de
apreciación. Estamos viendo que no: que
Uruguay se está encaminando a un cambio muy
fuerte.
EC - ¿Un cambio generado por la reforma
constitucional?
OAB - Recién mencionábamos algo
que no tiene nada que ver con la reforma, que es el
cambio en el comportamiento electoral de los
uruguayos.
EC - Un proceso que venía
dándose.
OAB - Un proceso de 30 años. Pero la
reforma constitucional, de alguna manera, le quita
los soportes al sistema y hace que lo que funcione
lo haga por sí mismo. Uno de los cambios fue
que ayudó al Uruguay a encaminarse a una
política más de bloques, lo que
observamos en el balotaje. Es la primera vez que en
Uruguay se conforman bloques que atraviesan los
partidos, que en este caso unifican al Partido
Colorado y al Partido Nacional, que por primera vez
en la historia aparecen respaldando una
fórmula presidencial común y haciendo
una campaña electoral común, lo cual
no es nada menor.
Un tercer elemento que tenemos es que la
reforma constitucional también opera en la
forma de articular el gobierno y en el papel
otorgado a los entes autónomos.
EC - Un aspecto de la reforma que ha pasado
desapercibido en los últimos meses.
OAB - Y que va a cobrar importancia a partir
del año que viene. Sobre todo, lo más
importante es que fracasó el plebiscito de
reforma constitucional impulsada por el Nuevo
Espacio, que establecía la inelegibilidad a
cargos públicos de los directores de entes
iba a contrapelo de esta reforma. Puede ser una
medida muy buena, pero se iba por dos caminos
diferentes.
EC - La reforma plebiscitada en octubre iba a
contrapelo de algunos aspectos de la reforma
aprobada en 1996. ¿Por qué?
OAB - Sin ninguna duda, porque la reforma del
96 terminó partidizando los cargos de los
entes autónomos, en la medida en que hace
que sean parte del elenco de gobierno. Al haberse
parlamentarizado algo más por lo menos
algunos mecanismos teóricos del sistema, se
establece que ante la falta de respaldo
parlamentario el Presidente de la República
puede declarar esa falta de respaldo, y no
sólo puede volver a barajar el gabinete (una
competencia que siempre tuvo) sino además
volver a barajar los entes autónomos. Por
supuesto que siempre con venia del Senado: los
puede cambiar si, desarmada una coalición
parlamentaria (coalición no de partidos sino
de legisladores) puede armar otra coalición
que sustente al gobierno. Y ese nuevo gobierno
tendrá un nuevo gabinete y nuevos entes
autónomos. Es decir que la reforma, desde el
punto de vista político, incorporó a
los directorios de los entes al mismo conjunto
("conjunto" en términos matemáticos)
que el gabinete.
Es un cambio muy fuerte hacia el futuro,
porque los directores de entes van a ir formando
parte de una categoría distinta a la que
tuvieron en el pasado.
Y el cuarto elemento es que esto mismo cambia
a su vez formas de articulación del gobierno
y de la relación gobierno -
oposición. Tema que tiene dos facetas: el
institucional, y el político en
relación a las tres patas de un sistema
tripartidista.
EC - Veamos el primer aspecto,
entonces.
OAB - El cambio se fue produciendo con
claridad después de la restauración
institucional. Aclaremos que se lo intentó
hacer antes: Bordaberry, que fue un hombre muy
contradictorio en los pasos políticos
iniciales de su gobierno (desde que asume hasta que
da el golpe de Estado), buscó formar una
coalición. Sin duda, las distancias que
existían se lo impidieron (pudieron ser sus
propuestas o pudo ser la oposición; no
estamos analizando eso en este momento). Fue la
primera vez en que se discutió un poco en
serio en Uruguay una posibilidad de
coalición de gobierno, y terminó en
algo que luego fue caricaturizado: la
búsqueda de apoyo parlamentario a
través de la minoría del Partido
Nacional, que recibió de Wilson Ferreira el
calificativo de "blancos baratos".
Ya con la restauración institucional
quedó claro que aquel esquema del 71 no
había sido casual: el partido de gobierno
lejos de la mayoría absoluta, y con un
tercer partido entrando en el sistema. Comienza a
articularse pasos que fuimos viendo: ministros del
segundo partido pero con el segundo partido
todavía en la oposición. Ferreira
repetía siempre: "El Partido Nacional, desde
la oposición, le da al gobierno
"
Claro: el Partido Nacional además era
inequívocamente la segunda fuerza con el
35%, porque el Frente Amplio sólo
tenía el 21%.
En el gobierno de Lacalle su partido tiene un
poquito menos de peso, el segundo partido mucho
menos, y en ese momento la izquierda o el
centroizquierda que conformaron el Frente Amplio y
el primer Nuevo Espacio de Hugo Batalla
equivalían al Partido Colorado. En esa nueva
realidad se da un paso más: es "la
coincidencia", la participación sobre todo
de la Lista 15 y el pachequismo en el gobierno de
Lacalle durante prácticamente todo el
período, con ministros que si bien no fueron
políticos de primera línea sí
implicaban un compromiso. No olvidemos que quien
representó a Jorge Batlle en el gobierno,
inaugurando el Ministerio de Vivienda, fue quien
será el próximo secretario de la
Presidencia. Y del lado de Pacheco surge entonces
la figura del actual presidente de Ancap, Eduardo
Ache, una figura ascendente, nueva, de la
Unión Colorada y Batllista.
Y en este lustro se intentó inaugurar
algo mucho más allá: la
coalición de gobierno. Coalición que
implicó en primer lugar un mayor compromiso
político del Partido Nacional: se
inauguró con dos de los tres candidatos a la
Vicepresidencia como ministros, y el tercer
candidato a la Vicepresidencia, el de menor
votación, como el único presidente
nacionalista de un ente autónomo. Se
inauguró además con la presencia en
el gabinete de dirigentes como Ana Lía
Piñeyrúa, entonces una figura
ascendente en el Partido Nacional, al igual que el
segundo senador de la lista más votada. Es
decir que el Partido Nacional puso toda la carne en
el asador: ya no apoyar desde la oposición o
coincidir. Acá hubo un giro de lenguaje:
Volonté hablaba de gobierno y Lacalle
intentaba mantener la expresión de Wilson
Ferreira hablando del partido de la
oposición; pero lo cierto es que para la
sociedad en su conjunto la oposición era el
Encuentro Progresista - Frente Amplio, y el
gobierno era la coalición, término
que se popularizó y que pasó a ser
sinónimo de apoyo u oposición y
denostación al gobierno.
Lo que quedó en este lustro fueron
dudas sobre los réditos que obtiene el
segundo partido en este apoyo incondicional a un
gobierno con un presidente de otro partido.
EC - Tú dices que generó dudas
¿por el resultado electoral de 1999?
OAB - Quizá más que por el
resultado del Partido Nacional, donde hubo tantas
cosas que resulta complicado aislar ese
aspecto
EC - Claro: incidieron muchos factores en la
mala votación del Partido Nacional.
OAB - Hubo demasiados elementos como para
atribuirla a una sola cosa. Pero en la interna del
Partido Nacional también influyeron muchas
cosas en la caída del liderazgo dominante de
Alberto Volonté (recordemos que a mediados
de 1996 tenía el 40% de la adhesión
partidaria, despegado solo, y que lideró la
intención de voto del Partido Nacional hasta
julio o agosto del año pasado, 1998). En esa
caída hubo también muchas causas:
problemas de conducción partidaria;
problemas de articulación de un sector
político, de manejo de un sector que
tenía dos patas y eventualmente dos
liderazgos; todo lo que giró en torno a
Villanueva Saravia, su incorporación a Manos
a la Obra, sus planteos en el Directorio y luego su
muerte.
Pero también aparece con claridad -y
esto surge nítidamente de los estudios de
opinión pública- que además a
Alberto Volonté le costó la
coalición. Hay dudas sobre si lo que le
costó fue el estilo con que formó la
coalición o si fue la coalición en
sí misma. Lo cierto es que en muchas de las
actitudes reticentes que hoy tiene Lacalle en la
articulación del nuevo gobierno sin duda
está presente el costo que puede pagar el
segundo partido por asumir el compromiso pleno con
un gobierno cuyos logros son para el partido del
presidente, y cuyos fracasos son para el segundo
partido.
***
EC - Hasta ahora venías
refiriéndote al formidable cambio que se ha
dado en estos cinco años en el sistema de
partidos, y ahora podemos propiamente instalarnos
en la coalición.
OAB - La primera gran meta que se propuso
este gobierno (puedo estar hablando del presidente
Sanguinetti, del Partido Colorado o de la
coalición en su conjunto) fue la reforma
política. Primer éxito: la
logró. Segundo resultado, el que acabamos de
ver: la reforma política logra un resultado
importante, que es evitar que la "minoría
mayor", que no representaría a la
mayoría del país, obtuviera la
Presidencia de la República.
Por otro lado, eso ocurrió a un costo
muy alto para esos partidos, en la medida en que la
reforma pudo contribuir a que se amplificaran los
efectos negativos desde el punto de vista electoral
para el segundo de los partidos tradicionales. La
reforma es polarizante (ya lo analizamos en su
momento), y como en toda polarización uno de
los polos tiene mayor visibilidad que en un juego
de varias partes; de modo que la reforma puede
haber contribuido también a una
potenciación del espacio del Encuentro
Progresista - Frente Amplio y de Tabaré
Vázquez.
Otros de los objetivos fuertes que se propuso
la coalición, aquí sí, porque
eran producto de la continuidad política de
la administración Lacalle, eran los
macroeconómicos, básicamente el
descenso de la inflación, del déficit
fiscal, la apertura de la economía. En
términos de inflación, el gobierno
logró claramente las metas establecidas y
casi en exceso (parecía un exceso de
optimismo plantearse llegar al 2000 con una
inflación de un dígito, y en cambio
se llega al medio dígito).
EC - Sí: va a terminar en 4%, aunque
en el marco de un resultado no deseado: la
recesión.
OAB - Claro. Hablamos de los objetivos en
sí mismos y no de los costos de toda esta
política macroeconómica. En el
Uruguay hay dos o tres visiones: desde la muy
positiva, la positiva a pesar del costo, y la de
que el costo anula las virtudes, lo que se expresa
políticamente en alineamientos bastante
claros.
EC - Me refería a que, si la
inflación terminó siendo más
baja incluso de lo que el gobierno se había
propuesto para este año, fue como
consecuencia de esta recesión que en buena
medida vino por factores externos.
OAB - Exacto. Veamos ahora otros objetivos
que se propuso el gobierno, otras reformas
más allá de la política.
Surgen dos muy destacadas: la de la seguridad
social
La reforma de la seguridad social es el mayor
logro de este gobierno, y no me refiero a si la
reforma en sí es buena o mala: hablo de
logros en cuanto a que alguien se propone una meta
y la consigue. Se propuso una profunda reforma de
la seguridad social, hacerla con la mayor
aceptación posible, y lo consiguió
quizá con el manejo político
más prolijo de todo este lustro, que fue
contar con los fantasmas y los temores que
despertaba y los impedimentos que hubo en los
años anteriores para abordar este tema.
Trabajó con mucha prolijidad, logró
la reforma, la aplicó, desde entonces tiene
más o menos un tercio del país a
favor, algo más de un tercio en contra, y
algo menos de un tercio que no se pronuncia en uno
ni otro sentido, lo cual puede ser catalogado como
algo de manejo pacífico.
Y, sobre todo, no prosperaron iniciativas
plebiscitarias para eliminar por la vía
constitucional algunos de los aspectos más
fuertes de la reforma, como las Afap, y
además los promotores tuvieron un apoyo muy
bajo, ya que no lograron siquiera el apoyo del 10%
de los ciudadanos (lo que implica al menos que
quienes se oponen al sistema no lo hacen en forma
tan dinámica como para promover o apoyar
activamente su derogación). Diría que
en términos de reformas estructurales
fuertes y políticamente riesgosas, esta
parece como la meta que el gobierno se propuso y
logró con mayor éxito.
EC - Veamos otras metas que se propuso la
coalición de gobierno.
OAB - Por supuesto que estamos haciendo una
selección, ya que las metas que se propone
el gobierno son muchas a distinto nivel. Estamos
mencionando aquellas que tenían más
impacto en los programas trazados en el Victoria
Plaza, cinco años atrás.
Menciono entonces la reforma del Estado,
sobre la cual es muy difícil afirmar
cuánto logró el gobierno y
cuánto no. Son múltiples reformas en
distintos lugares y de distinto peso, y por lo
tanto hay resultados diferentes: lugares donde el
Estado ha culminado procesos a veces de varios
lustros, con éxitos visibles para la
población (como el caso Antel, sin duda la
empresa del Estado más querida hoy por los
uruguayos, la que tiene el más alto nivel de
aprobación y que los uruguayos consideran
que tiene el más alto nivel de eficiencia),
y lugares que han quedado muy rezagados, donde
sigue la burocracia, siguen los trámites, el
papelerío, la gente que va de mostrador en
mostrador. Precisamente en la reforma de la
seguridad social se nota cómo ha sido
despareja la reforma del Banco de Previsión
Social: áreas que funcionan con una alta
modernidad, y áreas donde la gente sigue
rebotando de mostrador en mostrador, o haciendo
trámites "dos veces, porque una no
basta".
La reforma educativa fue otro de los puntos
fuertes de este gobierno. A diferencia de la
seguridad social, esta reforma no fue manejada con
la misma prolijidad política. Por un lado
tuvo una fuerte oposición inicial,
extremadamente dura desde algunos sectores
gremiales y de izquierda, pero por otro lado
tampoco hubo una búsqueda de consensos.
Recordemos aquel momento áspero en que a la
vez estaban ocupados los liceos y las escuelas
técnicas, y Ramas embiste en el mismo
momento contra la Asociación Rural, la
Federación Rural, los productores, sobre el
pago del Impuesto de Educación Primaria.
Hizo lo que todo militar trata de eludir, que es
una guerra en varios frentes a la vez.
Lo cierto es que la reforma educativa va
centrando las críticas más bien en la
enseñanza media. La escolar y preescolar van
saliendo del conflicto; hubo una conflictividad el
año pasado a propósito de las famosas
bandejas de alimentación, pero en el
año 99 todo esto sale del primer plano: se
dejó de hablar de las bandejas, se
dejó de hablar de todo este tema, y la
reforma de la enseñanza pareció ya
más como un árbol del paisaje. Por
supuesto aparecen muchos manifiestos, muchas
discusiones, pero si analizamos el nivel de los
decibeles de la reforma educativa desde el 96 (con
la conflictividad en liceos y UTU), pasando por las
bandejas del 98, hasta 1999, en el 99 aparece un
silencio muy grande; parecería que este
año no hubo conflicto en torno a la reforma
educativa. Lo cual como balance final da un logro
para el gobierno: llevó adelante buena parte
de la reforma, impuso el sistema de
alimentación por bandejas, y en definitiva
fue logrando su meta.
La seguridad ciudadana fue uno de los puntos
clave de las metas. Hubo una serie de reformas,
para empezar la ley de seguridad ciudadana, uno de
los temas que contó con mayor apoyo
político: los cuatro partidos se
comprometieron con la ley.
Pero desde el punto de vista de la
opinión pública los logros aparecen
como muy bajos o más aún, como un
fracaso: la percepción pública es que
Uruguay mantiene niveles muy elevados de
inseguridad, y que la misma es creciente. Por otro
lado, la opinión pública exime
bastante del problema a los ministros del Interior,
ya que no hay un correlato de mala imagen de los
ministros. Opertti tuvo una mejor imagen al
principio, luego desmejoró pero salió
bien, no como un ministro desgastado por el
problema de la seguridad ciudadana. Hierro estuvo
un año, Stirling otro año, y cada uno
de ellos no ha sufrido desgastes; es como que para
el juicio de la gente el tema es mucho más
complicado que la mera gestión de un
ministro, y menos en un año de labor. Pero
la seguridad ciudadana como problema genera
altísima insatisfacción.
Por otro lado, una meta del gobierno que
capotó, que no llegó a levantar
vuelo, fue la reforma del sistema de salud y
particularmente del sistema estatal y paraestatal,
que no pasó de anuncios, de algunos intentos
de proyectos o anteproyectos, y que fracasó
durante la propia gestión de Solari. Luego
sí, lo que pudo venir fue una mejor o peor
administración de los servicios existentes.
Pero como reforma global de todo un sistema, fue
una de las metas de gobierno que
prácticamente quedó en el enunciado
sin despegar.
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