Arana arma su
gabinete en solitario
Análisis
del politólogo Oscar A.
Bottinelli.
EMILIANO COTELO:
El pasado viernes 30 de junio el arquitecto Mariano
Arana dio a conocer prácticamente por
completo el equipo de colaboradores que lo
acompañará en los principales cargos
del gabinete en el nuevo período en el que
ejercerá la titularidad de la Intendencia
Municipal de Montevideo. En los días que
siguieron, a lo largo de esta semana, esas
designaciones han dado lugar a diferentes
reacciones, tanto dentro del Encuentro Progresista
como en los partidos tradicionales. Por ejemplo, el
Partido Comunista, la Corriente de Izquierda y
Asamblea Uruguay dieron a conocer cuestionamientos
públicos al nombramiento del equipo comunal.
Pero, por otra parte, desde el Partido Nacional y
el Partido Colorado se hizo escuchar voces en esa
misma dirección. El más reciente de
esos planteos fue el que surgió ayer en la
asamblea mensual del Foro Batllista, cuando el
diputado Washington Abdala dijo que la
designación del gabinete fue "una payasada",
ya que se realizó pocos días
después de que ofreciera al Partido Colorado
formar parte de él. Indicó que en el
momento en que Arana comunicó los nombres el
Foro Batllista estaba discutiendo el tema con la
Lista 15 para llegar a un acuerdo.
Este es el tema que Oscar A. Bottinelli nos
propone para hoy: "Arana arma su gabinete en
solitario".
OSCAR A. BOTTINELLI:
El gabinete y el equipo de gobierno son dos cosas
distintas. "Gabinete" es el término que
corresponde aplicar a lo que es un gabinete
ministerial. En el caso concreto de una
Intendencia, debe entenderse por gabinete al equipo
conformado por el intendente y las figuras que
tienen una jerarquía ministerial en su
ámbito, que son la Secretaría
General, los directores generales de departamento y
algunos equivalentes.
Esta selección tiene tres posibles
ángulos de análisis. Uno es el
ángulo de la naturaleza de los cargos, o los
métodos de selección, el famoso tema
de la distribución política o no, si
se designa técnicos o no para los cargos, la
representatividad partidaria o no de los
investidos. Dentro de esta línea se
inscriben los contactos con el Partido Colorado y
el Partido Nacional, que dan una visión de
cierta desprolijidad en el manejo de Arana, en la
medida en que formalmente va a hablar con los
partidos y plantea algo muy confuso: que los
partidos aportarán nombres pero que esas
personas no representarán a los partidos.
Esto deja muchas dudas sobre cuál es el
sentido de una relación con partidos que no
se van a comprometer en una gestión, o por
lo menos se pide que no se comprometan. Y,
además, antes de que haya respuesta de los
partidos, hace una designación del gabinete,
sin siquiera haber acordado un plazo
determinado.
Un segundo ángulo tiene que ver con la
composición política del gabinete,
los respaldos que tiene, la proporción entre
el apoyo popular a los sectores y el peso
específico que va a tener el gobierno
departamental.
Hoy nos vamos a detener en el tercer
ángulo, que tiene que ver con la
representación entre el partido
político y sus representantes, entre un
partido político y el gobierno elegido por
ese partido o a través de ese
partido.
Comencemos con una larga historia de Uruguay.
Nuestro país, como prácticamente
todas las democracias occidentales que apuntan al
modelo conocido como democrático-liberal,
tiene la teoría de la representación
de la nación, de los representantes, y no de
la representación partidaria. El
representante es elegido por un cuerpo electoral y
representa al pueblo o a la nación, pero no
al partido. De origen, esto ya dio lugar a
discusiones muy grandes.
En Uruguay se aplicó distintas tesis
teóricas aplicadas. Primero un extremo que
sostuvo la Unión Cívica en sus
primeros años a comienzos de siglo, por el
que los representantes electos por un partido ni
siquiera debían reunirse entre sí
porque sólo representaban a la
ciudadanía, a los electores, y que lo que
cada uno debía hacer con su conciencia era
cumplir el programa que el partido había
aplicado y por el que se suponía que los
electores los habían elegido. Esto
duró muy poco, porque era una tesis casi de
inexistencia total de los partidos, que eran una
especie de máquinas para fabricar programas,
presentar candidatos y desaparecer.
Una segunda visión es la del partido
permanente, pero con un fuerte juego de los
representantes y los individuos, con baja
estructuración partidaria. Esto se ve con
mucha claridad tanto en el Partido Nacional como en
el Partido Colorado: en los períodos
inter-electorales la conducción partidaria
está en los que ocupan cargos electivos o de
gobierno. Esto es mucho más nítido en
los sectores. No es válido para todos los
casos ni todos los sectores y se puede marcar
muchas excepciones, pero esta situación es
la que domina. En general, la disciplina de los
representantes depende a veces más de
cálculos de costos y beneficios que de la
existencia de códigos disciplinarios. Si
estoy mal con el grupo por el que fui elegido, y me
peleo con el líder, puedo perder peso
político y el pie hacia continuar una
carrera política o no, pero no es un tema
reglado; el individuo no tiene obligaciones con la
posibilidad de aplicación de
sanciones.
Otra visión, jugando al tipo de
estructura de los partidos socialdemócratas
de principios de siglo, sería la que
adoptó el Batllismo, sobre todo en los
años 20, cuando estuvo más
estructurado, aproximándose mucho a la
postura que tradicionalmente tuvo la izquierda -el
Partido Comunista, el Partido Socialista y otros
partidos menores, luego adoptada por el Partido
Demócrata Cristiano desde otra vertiente de
pensamiento, y en general el Frente Amplio-, que es
la idea del partido como centro de la actividad
política y los que ocupan cargos en
representación del partido -incluso cargos
de gobierno- son personas más o menos
mandatadas por el partido. En el caso del Batllismo
fue muy claro, en un esquema de un poder muy
diluido como el que tenía la
Constitución de 1918, con dos Poderes
Ejecutivos -el grueso del gobierno era un Consejo
de Administración-, en que el poder
recaía en el partido y éste era en
esencia la figura de don Pepe Batlle.
Pasando al Frente Amplio, éste tuvo
desde su creación una concepción muy
fuerte de un partido mandatando a sus
representantes. Este fue uno de los temas eje de la
discusión entre el Partido por el Gobierno
del Pueblo (PGP) y el Partido Demócrata
Cristiano (PDC) de un lado y el resto del Frente
Amplio. Entre los distintos temas que llevaron a la
ruptura había una discusión sobre la
naturaleza política del Frente y el grado de
obligación de los representantes. La 99
estaba en una postura anticentralista y planteaba
que existiera un principio de libertad, salvo que
hubiera una decisión de mandato
político obligatorio en determinadas
circunstancias, lo que que no se discutía
que pudiera existir.
El tema es que se puede sostener que esto
debe ser así siempre o cuando no se
está en el gobierno, y que cuando se
está en el gobierno hay que empezar a
encontrarse con realidades distintas. A veces las
realidades no son sólo tener o no el
gobierno, sino quiénes integran el gobierno
y quiénes conducen un partido.
El Partido Colorado ha estado muy
acostumbrado a tener el gobierno y con un
funcionamiento partidario muy estructurado en torno
al gobierno, a lo largo de la historia. Veamos los
tres presidentes que este partido ha tenido desde
la reinstauración democrática: dos
veces un líder como Julio María
Sanguinetti en el apogeo de su liderazgo, y ahora
un líder como Jorge Batlle en el apogeo de
su liderazgo. Es muy difícil trazar el
límite entre el partido y el gobierno,
porque en definitiva hoy Batlle más
Sanguinetti suman un porcentaje al que, si no es el
100% del Partido Colorado, le faltan apenas unos
decimales.
En el Partido Nacional, cuando éste
ejerció la Presidencia de la
República, hace dos períodos, quien
la ejerció era el líder de la
mayoría del Partido, por lo tanto no quedaba
disociado.
EC - No ocurrió eso en los gobiernos
del Frente Amplio en la Intendencia de
Montevideo.
OAB - Porque en el momento en que
Tabaré Vázquez asumió no era
el líder de la fuerza política.
Podía ser ya una figura referente "in
crescendo" que a mitad de camino ya se
transformaría en un individuo que
disputaría el liderazgo y sería
candidato casi natural a la Presidencia de la
República. Digo "casi" porque había
quienes sostenían que el candidato a la
Presidencia no debía ser Vázquez sino
el contador Danilo Astori. Tabaré
Vázquez es líder indiscutido a
posteriori de haber sido intendente. Y Mariano
Arana en sus dos períodos está muy
lejos de ser un líder global del Frente; a
lo sumo se puede decir que es una figura lideral o
referencial de un sector, de la Vertiente
Artiguista.
Estos elementos plantearon el tema en una
dimensión mucho mayor a la que se daba en
los partidos tradicionales. Primero, por la
distancia entre los liderazgos y conducciones y los
titulares de los cargos. Y en segundo lugar porque
el Frente venía con un funcionamiento
partidario muy orgánico, a veces hasta
excesivo, con órganos, reuniones y pasos y
con una concepción muy dura en cuanto a la
disciplina de sus representantes en relación
al centro partidario. La discusión empieza
en un ámbito que tenía tradiciones
muy firmes en una dirección
determinada.
EC - Veamos cómo ha manejado el Frente
Amplio en estos años los criterios para
designaciones, por ejemplo en entes
autónomos, en la administración
encabezada por Tabaré Vázquez en el
Municipio o en las administraciones de
Arana.
OAB - En 1985 el Frente Amplio designó
por primera vez a personas (sin experiencia
política previa) para ocupar cargos de
gobierno. Hasta ese momento designaba a candidatos
que resultaban electos o personas cuya
designación era un resorte interno del
propio Frente, como el caso del secretario de
bancada, electo por la propia bancada, que no hace
a una gestión ejecutiva de gobierno. Esto
surge cuando, por el acuerdo que tiene que ver con
la concertación como principio
político dominante, el Frente Amplio tiene
participación con directores vocales en seis
entes autónomos: el Banco República,
el Banco de Seguros, Ancap, Antel, el Instituto
Nacional de Colonización y AFE.
El Frente Amplio procesó el tema de
forma ferozmente orgánica. El presidente del
Frente Amplio discutió el tema con los
líderes o representantes de los cinco
agrupamientos: Hugo Batalla, Jaime Pérez,
José Pedro Cardoso, Héctor Lescano y
Alba Roballo. Lo discutió en idas y vueltas
en el llamado Grupo Consulta -que era una
reunión de Seregni con los líderes de
los 11 grupos del Frente Amplio-, se
discutió en la bancada que se acababa de
instalar y hubo multiplicidad de negociaciones
cruzadas. Finalmente, se terminó en una
resolución del Grupo Consulta trasladada con
el apoyo de todos los grupos al Plenario Nacional,
que discutió y votó en dos
oportunidades: en el momento de efectuar las
propuestas y, un mes y medio después, en el
momento de votar las venias, cuando se
generó una discusión muy fuerte sobre
el voto a las venias de los otros partidos,
particularmente de un candidato colorado al Banco
República. Es decir que hubo todo un proceso
que por el grado de organicidad podría
recogerse en un expediente. Tanto es así que
desde la propuesta original de Seregni hasta la
propuesta final adoptada por el Frente Amplio
cambiaron absolutamente todos los nombres. Fue un
proceso muy complicado, con muchos elementos de
tensión y sustancialmente
orgánico.
EC - ¿Qué pasó
después, cuando Tabaré Vázquez
asumió como intendente?
OAB - Cuando Tabaré Vázquez
asumió como intendente cambió mucho.
En un régimen de consultas personales,
individuales, en ningún momento grupales,
Vázquez armó su equipo. En ese
momento no planteó ninguna reestructura de
la Intendencia. Esta se planteó a poco de
comenzar la gestión y terminó
gestándose en los primeros dos años.
Vázquez re-barajó cargos,
cambió competencias y, sobre todo, se
concentró en un gabinete muy pequeño,
de pocos directores, algunos de ellos con
fenomenales atribuciones, verdaderos cuasi
intendentes. Básicamente, el director
Víctor Rossi, que tuvo casi las tres cuartas
partes de la ejecución de la Intendencia, y
Ariel Alvarez en todo el ámbito de recursos
financieros. Tabaré Vázquez hizo las
consultas y efectuó las designaciones,
incluso aceptó y descartó propuestas
de grupos políticos importantes y del propio
general Seregni, en ese momento presidente del
Frente, todavía con mucha fuerza, pero
sí dio el paso final, que fue el pasaje de
esos nombres por la Mesa Política.
EC - ¿La conformación del
gabinete tenía relación con la
proporción de los caudales electorales de
los distintos sectores?
OAB - No exactamente, pero mantenía
cierto equilibrio; se diría que el peso
político de los sectores en el gobierno de
Vázquez, sin ser muy exacto, tuvo alguna
relación con los pesos
político-electorales.
EC - ¿Y en el primer gobierno de
Arana?
OAB - En el primer gobierno de Arana fue
diferente, porque la integración del
gabinete fue procesada por el intendente con
consultas muy sueltas. Ya no fue un proceso como el
que llevó adelante Tabaré
Vázquez, con consultas más formales a
los líderes de los distintos sectores. Hubo
muchas conversaciones de Arana, pero éste
armó el gabinete bastante en solitario y
-dato formal importante- la aprobación no
pasó por la Mesa Política; obtuvo una
aprobación tácita. En ese momento era
muy importante para el Frente Amplio retener la
Intendencia, casi haber empatado la Presidencia de
la República. Tanto Seregni como
Vázquez avalaron la actitud de Arana, lo
cual quitó la posibilidad de una fuerte
confrontación política, más
allá de que en algunos casos hubo algunos
episodios ríspidos entre Seregni y Arana en
relación a algunos nombres que el primero
pedía y no fueron designados.
Arana hizo una reestructura, volvió a
un esquema más descentralizado, menos
rígido del gabinete, menos reducido,
más parecido al que la Intendencia
había tenido tradicionalmente. Esta
reestructura -no los nombres- sí pasó
por la consulta política y la
decisión formal, lo que implicó una
variación hacia una mayor independencia en
relación a la gestión de
Tabaré Vázquez.
El tercer paso se da ahora: el nivel de
consultas se da individualmente, no hay consultas
grupales, no hay discusiones institucionales con
los órganos del Frente Amplio ni del
Encuentro Progresista, y ni la designación
del gabinete como del resto del equipo de
colaboradores ni la reestructura pasan por los
órganos, sino que también son
definidas en solitario por Arana con algunas
consultas. Y esto, más allá de que la
reestructura es mínima: es la
creación del Departamento de Desarrollo
Económico e Integración Regional -que
va a dirigir el actual intendente Alberto
Rosselli-, la eliminación del Departamento
de Actividades Productivas y, lo más fuerte,
una reestructura al interior del Departamento de
Descentralización, donde se puede decir que
se pasa de una división por razones
temáticas a una división por razones
geográficas, la división de
Montevideo en tres, más allá de que
cada una va a contener responsabilidades
temáticas. Por ejemplo, en una de las
regiones queda Alumbrado, en otra otros servicios
relacionados con los servicios centrales que brinda
la descentralización.
Precisamente, algunas críticas -como
la del Partido Comunista- parten hacia la forma, el
concepto de la reestructura. Hay una discrepancia
profunda con la forma en que se delinea el nuevo
esquema de administración y de
gobierno.
EC - Está claro que en cuanto a
equilibrios políticos Arana se ha tomado la
más absoluta libertad, en cuanto a tener en
cuenta o no los caudales electorales, las
proporciones del peso en Montevideo de los
distintos sectores del Frente.
OAB - No hay ninguna relación. El
Partido Socialista duplicó su
representación parlamentaria municipal y
mantiene exactamente la misma cantidad de cargos.
Hay una presencia muy fuerte de la Vertiente y de
independientes, algunos de ellos muy vinculados
incluso al funcionamiento político de
Mariano Arana.
En el nuevo gabinete pesan más los
entornos que las representaciones políticas
acordes a los pesos, más allá de que
si uno analiza con detenimiento los que se sientan
en la reunión del gabinete, sumando
secretario general y prosecretario, directores
generales de departamentos, más el director
de los Servicios Jurídicos, encuentra que
casualmente se sientan todos los grupos
políticos con alguna excepción. La
excepción es el caso de la 1001.
EC - Otra particularidad en la forma en que
esta vez Arana procesó sus designaciones es
que incluyó consultas con el Partido
Colorado y el Partido Nacional, a quienes les
ofreció la posibilidad de formar parte del
gabinete.
OAB - Es un tema que tiene lecturas
difíciles. En principio ofrece que los
partidos le aporten nombres para efectuar las
designaciones. No aparece clara la existencia de
una representación partidaria, lo cual deja
una línea de sombra. Un partido aporta
nombres y se efectúa la designación.
¿Qué compromiso tiene ese partido una
vez que ocurrió esa designación o no?
Ese tema no quedó para nada clarificado en
las conversaciones de Arana tanto con el Partido
Nacional como con el Partido Colorado. En la
conversación con el Partido Nacional quedaba
claro que no había representación o
investidura partidaria.
EC - Estaba el antecedente de la
designación de la ingeniera Susana Galli en
Vialidad.
OAB - Que continúa. Es una figura de
origen blanco -a tal punto que es la esposa del
candidato a intendente del Partido Nacional,
Ruperto Long- pero que actúa a nivel
técnico. Es una figura de un perfil
político muy bajo; su esposo tiene un perfil
político alto pero ella no, y no hay pesos
políticos por matrimonio.
¿El tema era que el Partido Nacional o
el Partido Colorado aportaran información de
que existen figuras blancas o coloradas que tienen
aptitud para ocupar determinados cargos o eran
partidos que se comprometían poniendo a
Fulano o Mengano con la contraparte que supone la
responsabilidad del partido sobre lo que haga ese
individuo? Esto quedó claro hacia lo
opuesto: que no había responsabilidad
partidaria y, como contrapartida, tampoco
había demasiada posibilidad de que los
partidos incidieran en las decisiones
municipales.
EC - De todos modos, el Partido Colorado
nombró su gabinete sin tener todavía
la respuesta de esa colectividad.
OAB - El Partido Colorado considera que el
proceso de esclarecimiento de la oferta no estaba
concluido. Tabaré Vázquez
también hizo ofrecimientos al Partido
Colorado y al Partido Nacional, con el mismo nivel
de confusión que estos, en la medida en que
explícitamente establecía que no
había ninguna coalición. Por un lado
se juega a la amplitud política, se puede
designar a gente de cualquier partido, pero por
otro lado no se va a los juegos clásicos de
coalición. Si yo le pido apoyo a un partido,
éste, como contrapartida, me apoya en la
medida en que se cumpla tal medida, tal programa o
tal orientación.
El Encuentro Progresista y el Frente Amplio
están abocados a un problema complicado en
su relación con los cargos de gobierno, que
se le pudo haber complicado más -estuvo muy
cerca- si hubiera llegado a ganar la Intendencia de
Canelones. Por un lado, (hay que preguntarse) hasta
dónde el partido, la estructura
política, se mete en las decisiones de
gobierno.
Hace poco hubo un intento con respecto al
conflicto que tuvo que ver con la basura, donde
hubo una intervención de la Mesa
Política del Frente Amplio que fue un poco a
contrapelo de lo que estaba haciendo la
Intendencia, que de alguna manera fue por un camino
distinto. El tema es si se mete en una
decisión que tiene que ver con la basura,
con los impuestos, y por lo tanto en
muchísimas decisiones. Si toma
participación en la definición de las
grandes líneas o si toma
participación en la decisión de la
estructura básica de gobierno, su
presupuesto y la designación de las
personas.
Hasta ahora, la línea seguida por
Arana lleva a que ni siquiera eso. El Frente
estableció su programa que luego va a ser
cumplido por Arana y la gente que él
designe, con absoluta independencia. El tema es que
el Encuentro Progresista y el Frente Amplio siguen
con una línea distinta respecto a las
representaciones legislativas, tanto en el plano
nacional como en el municipal. A tal punto, que se
da la situación paradojal de considerar que
el intendente adopta las decisiones libremente,
pero luego los ediles pueden ser mandatados para
apoyarlo.
De alguna manera, aquí estuvo el
conflicto del Hotel Carrasco, que no es una
decisión central y trascendental de una
administración municipal, pero que
generó un formidable conflicto en el que el
Frente Amplio mandató a sus ediles y el edil
Zabalza no cumplió ese mandato de votar a
favor de determinada medida de la Intendencia que
había sido adoptada por la Intendencia por
sí, más allá de que
después hubo todo un proceso de apoyo a esas
medidas cuando se dio la discusión en el
plano de la Junta Departamental. Lo cierto es que
el Frente está en el cruce del juego de dos
lógicas: la lógica -teorizada por el
diputado Carlos Pita en los órganos del
Frente Amplio- sobre la existencia de dos niveles,
uno que el Frente puede mandatar, que es el nivel
parlamentario legislativo, y un nivel con
independencia, que es el ejecutivo. El tema es que
en el plano político esto es complicado
cuando legisladores o ediles reciben mandatos para
apoyar medidas en cuya toma de decisión o
incluso en la definición de la
orientación no tuvieron arte ni parte. Este
es un juego delicado en esa relación entre
estructura partidaria, estructura de gobierno y
representación legislativa.
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