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Los
efectos de la elección en Estados Unidos
y sus impactos sobre Uruguay
Entrevista
con el
politólogo Oscar A. Bottinelli.
EMILIANO COTELO:
La noche del miércoles pasado George W. Bush quedó confirmado como
la persona que el 20 de enero asumirá la presidencia de Estados
Unidos. Culminaron así 36 días de incertidumbre, de marchas y
contramarchas, de litigios, demandas y contrademandas, hasta que el
tema fue decidido por la Suprema Corte de Justicia de la Federación
Norteamericana en un fallo 7 a 2.
La forma como concluyó el tema sembró fuertes dudas sobre todo el
proceso, y es evidente que tendrá consecuencias sobre el poder del
propio presidente de los Estados Unidos. Pero además, más allá de
cómo haya sido la elección, lo cierto es que hay un cambio de
persona y sobre todo un cambio de partido en la Casa Blanca, lo que
puede afectar la política en relación a América Latina.
A propósito de todo esto, el politólogo Oscar A. Bottinelli,
director de Factum, nos propone como tema de análisis político
para hoy "Los efectos de la elección de Estados Unidos y sus
impactos sobre Uruguay".
Comencemos resumiendo los problemas que tuvo esta elección
presidencial en Estados Unidos.
OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar vamos a ver lo que no hay que confundir, aspectos
que hemos visto reiteradamente en muchos comentarios. Nada tiene que
ver con los problemas que hubo el hecho de que el presidente de
Estados Unidos sea elegido por un mecanismo de elección indirecta,
ése es otro tema, completamente distinto. En segundo lugar, no
necesariamente es antidemocrático que resulte ganador el candidato
que tiene menos votos de los ciudadanos.
EC - Eso es lo que está pasando en esta oportunidad.
OAB - Gore saca alrededor de 180 mil votos más en 100 millones que
Bush hijo. Esta afirmación puede sonar un poco extraña porque
nosotros, que vivimos en un país unitario, tenemos la convicción
de una soberanía que descansa en los individuos de un único
Estado. En el caso de Estados Unidos hay un principio confederal,
como el que acaba de aprobar Europa en el paso trascendental de
constituir ya una especie de gran Estado europeo, que acaba de
suscribirse en Niza, en lo que se considera, desde el punto de vista
europeo, la conferencia más importante del siglo, comparable al
Congreso de Viena de 1815. En la conferencia de Niza se resolvió
que una votación de la Unión Europea requiere un número de votos
aproximadamente equivalente a los dos tercios de los parlamentarios,
que debe representar el 62% de la población y más de la mitad de
los países. Puede darse que una mayoría de votos no resuelva,
porque hay que combinar, población, con una representación
ejercida y con una cantidad de Estados, de otro modo los Estados
pequeños no entran a la Unión Europea, en la que Alemania,
Francia, Gran Bretaña e Italia dominan en población y poder económico
sobre países pequeños como Bélgica, Holanda, Portugal, o mucho más
Dinamarca y lo que puede ocurrir con la incorporación de los 12
candidatos, entre otros algunos muy pequeños como Malta o Chipre.
Estados Unidos está a mitad de camino entre esas federaciones
fuertes, o casi confederaciones, y un país más centralizado, sobre
todo desde el punto de vista de soberanía política. Se podrá
discutir si esos principios tan federales de Estados Unidos están
vigentes hoy, pero ya es otro tema. Además, esto ha ocurrido en
muchos regímenes parlamentarios, como en 1950 en Gran Bretaña,
cuando el Partido Laborista pierde el poder habiendo tenido, más
cantidad de votos, pero menos cantidad de distritos. En algunos
casos el principio territorial predomina sobre el partidario, ésa
es una concepción muy lógica de los sistemas electorales. No hay
que confundir para nada estos aspectos, vi algunos titulares de
diario que entreveran los temas.
EC - Vayamos ahora a los problemas que hubo.
OAB - Primero veamos los problemas que hubo en Florida. Estuvieron
centrados en ese estado porque la estrategia de Bush fue tratar de
evitar todo tipo de recuento, de inspección de cómo había sido la
elección, y dejar congelada las cifras iniciales. Bush jugó al
resultado final en base al escrutinio primario, por eso su acción
estuvo en todo momento dirigida a impedir lo que vendría a ser un
escrutinio definitivo en Florida, y no habilitó reclamos suyos que
podrían haber sido tan comprometedores para los demócratas en
estados como Wisconsin, Iowa, Colorado, Nuevo México, e incluso se
habla de posibles irregularidades en el estado de Illinois,
particularmente en Chicago. En Florida los problemas estuvieron
centrados, básicamente, en el conteo o recuento de votos. -o en un
conteo primario, porque se entiende que hubo cuentas que no se
hicieron-, o en una forma de recuento de los votos. Algunos de los
centros de estos problemas fueron los condados de West Palm Beach,
Miami Dade -que es el centro de Miami- y otros de estados dispersos
que, sumados, dan un montón de votos dudosos.
Llamaron la atención algunos problemas que se plantearon en Estados
Unidos. Por ejemplo, la televisión habló de que no daban los
tiempos para recontar a mano los 52 mil votos que la Suprema Corte
de Florida consideró que había que recontar, 9 mil en el condado
de Miami Dade y 43 mil de un conjunto de condados donde no aparecía
el voto presidencial, los ciudadanos habían votado muchas otras
cosas -sherifs, senador estadual, congresista- pero no presidente.
Yo doy un dato: en 1971, que fue la elección más complicada de los
últimos tiempos en Uruguay, que tuvo muchísimos problemas, la
Corte Electoral intervino el escrutinio de la Junta Electoral de
Montevideo cuando faltaban pocos días para instalarse el Parlamento
y sin abrir 80 mil votos observados cuya emisión había sido
analizada, validada y a los que había que escrutar. En dos días se
armaron seis mesas con personal de alto nivel de la Corte y los
partidos, y se escrutó -que no es lo mismo que recontar-, lo que
implicó abrir los sobres, extraer los votos, mostrarlos y
planillarlos. Eso se hizo con 80 mil votos.
EC - ¿En cuántos días?
OAB - En dos días. Por lo tanto extrañó que pasaron como 20 días
discutiendo cómo se iba a poder recontar manualmente 52 mil votos.
Llama muchísimo la atención.
En segundo lugar, observamos que en la polémica de Estados Unidos
predominó una concepción para nosotros sorprendente: la idea de
que la máquina es perfecta y el ser humano imperfecto: ¿cómo se
va a poder hacer a mano?, ¿cómo el hombre, mirando una papeleta,
puede determinar con claridad el voto? Esto fue el centro de la
decisión de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, que
consideró que el voto manual no permitía la igualdad ante la ley y
violaba la enmienda 14 de la Constitución estadounidense, porque
los individuos no iban a tener el mismo criterio a la hora de
evaluar el voto. Se salteó un dato muy elemental: con las máquinas
pasa igual, éstas no tienen el mismo criterio por razones de
desgaste, no es un proceso digital, es un proceso electromecánico,
por lo tanto tiene que ver con dientes por los que pasan tarjetas
perforadas. Muchos uruguayos recordarán la época de nuestras
tarjetas perforadas, las llamadas máquinas IBM.
EC - En los primeros años de la computación.
OAB - Exacto, que duraron hasta avanzados los ´70. Esas máquinas
son muy imperfectas, si tienen gastados algunos elementos dejan de
leer, mientras que, si son flamantes, leen mejor. Las tarjetas
perforadas tienen todos los problemas de la perforación mal hecha,
que la máquina no lee, ya sea por insuficiente o por excesiva
perforación, ya que, al leer confuso, anula la lectura. Se partió
de la base de una máquina con un nivel de perfección que no es
real, pero además, lo curioso es que se establece como que el
conteo debe tener un único criterio, porque si no, no hay igualdad;
pero tampoco hubo un único mecanismo de votación. Entonces, se
debe votar distinto pero contarse igual, cuando es imposible aplicar
el mismo criterio a formas distintas de votación, no sólo en
Estados Unidos, en el Estado de Florida.
EC - También hubo problemas de influencias o desvíos políticos en
las Cortes.
OAB - Aquí aparece uno de los temas cruciales. La autoridad que
certifica -nosotros diríamos que resuelve o sentencia, según lo
manejemos desde un punto de vista administrativo o jurisdiccional-
es el cargo más político que puede tener un Estado, el gobernador.
Como el gobernador de Florida es el hermano de uno de los candidatos
es el que le sigue en confianza política al gobernador, es como si
en Uruguay dijéramos que el ministro del Interior o el presidente
de la República son los que juzgan las elecciones. Precisamente aquí
no interviene nadie, ni el presidente ni los ministros, ni siquiera
el Parlamento.
En segundo lugar tenemos la actitud de quienes intervienen: en ningún
momento hubo una postura de neutralidad. Fue muy claro que los
propios miembros del gobierno de Florida festejaron en el momento de
certificar los resultados. La Suprema Corte de Justicia de Florida
falla a favor de Gore, con ese fallo Gore sería hoy el presidente,
pero casualmente de la Suprema Corte, que tiene siete miembros, seis
son demócratas y uno es republicano. La Suprema Corte de Justicia
de Estados Unidos, que emite un fallo siete a dos, y que da el
triunfo a Bush, casualmente está integrada por una mayoría
republicana. Las encuestas de opinión pública demuestran que hay
una crisis de confiabilidad en los sistemas judiciales
estadounidenses, el federal y los estaduales, por la alta politización
del funcionamiento judicial. Esto se ve en la crónica periodística
cuando se dice "Fulano de tal, que es un juez conservador y
republicano" o "Mengano, que es demócrata pero
conservador", "Sutano es demócrata y liberal", se
les aplica una etiqueta. Yo haría una encuesta, no entre la opinión
pública, sino por ejemplo entre los periodistas, pidiendo que me
digan la filiación política correcta de los cinco miembros de la
Suprema Corte de Justicia uruguaya; estoy seguro de que la mayoría
no sería capaz de hacerlo, alguno podrá recordar la de alguno,
pero estos jueces jamás hacen gala de una filiación política. En
Estados Unidos sí.
***
EC - Comenzábamos viendo el eje de los problemas que se dieron en
esta ocasión con la elección presidencial. Vayamos ahora a los
efectos.
OAB - En primer lugar, el prestigio de Estados Unidos, desde el
punto de vista democrático, ha quedado afectado, tiene una erosión.
Cuando digo democrático es muy complicado, porque entraríamos en
un tema larguísimo, como empezar a discutir qué es la democracia,
sobre la cual existen los criterios más dispares en función de los
regímenes más dispares. Vamos a centrarnos en lo electoral, en la
fuente de legitimación del poder.
Una elección es un mecanismo por el cual un conjunto de votantes
emite los votos que se cuentan, todos, lo que lleva a un resultado,
por una regla que se estableció antes, y de allí surge el producto
de la elección, que puede ser distribuir cargos, componer un órgano
o designar el titular de uno de ellos. Esto quedó afectado, no se
contaron los votos y no se sabe quién es el presidente de acuerdo a
la voluntad de los votantes. Existe la convicción, de parte de
observadores que estudiaron el tema detenidamente, que en el Estado
de Florida ganó Gore. En el momento en que la Suprema Corte Federal
ordenó interrumpir el recuento, es probable que ya la diferencia,
que era de 154 votos a favor de Bush, no llegara a 10 votos;
faltaban escrutar más de 40 mil, y la tendencia era a que el
recuento estrechaba la diferencia. Hubo, entonces, intervención de
un órgano de poder, un centro de poder, que frenó un resultado
electoral para producir un cambio en lo que podría haber sido el
resultado de la elección.
De alguna manera, esto puede compararse a cambios en la titularidad
como los ocurridos en Paraguay o en Ecuador, donde el Parlamento,
aplicando determinadas formas jurídicas, varía el resultado de una
elección y el presidente termina siendo el que fue elegido por la
ciudadanía. Esta comparación lleva a una serie de hechos: lo que
ocurre en Estados Unidos son cosas que Estados Unidos ha condenado
en otros países, como recientemente en Yugoslavia y Perú, atacando
la falta de transparencia y legitimidad de un resultado electoral.
En Estados Unidos hay organizaciones, como Election Watch, cuya
función es certificar procesos electorales en el mundo.
EC - Todos hemos visto al ex presidente Carter, por ejemplo,
visitando con frecuencia países donde hay elecciones.
OAB - Carter va en general representando a organismos
internacionales, estamos hablando de organizaciones especializadas
privadas. La OEA, por ejemplo, ha hecho muchas misiones de observación
en América Latina. El tema es que Estados Unidos deja ahora la
pregunta de si su proceso electoral no debió haber sido observado,
qué hacen estas instituciones que observan en Angola, que
protestaron porque sus observaciones no fueron aceptadas en
Yugoslavia; algunas de estas instituciones tienen su sede en algunos
de los Estados donde se produjeron estos resultados. Basta ver las
caricaturas que ha habido en el mundo, yo accedía ayer, a través
de Internet, a una donde están sentados los presidentes de Cuba, de
China, el ex presidente de Yugoslavia Milosevic, el ex presidente de
Perú Fujimori -de todos los países cuya legitimidad había sido
cuestionada por Estados Unidos-; se sienta Bus, y los demás lo
miran sonrientes.
EC - ¿De dónde era esa caricatura?
OAB - De un periódico español, no recuerdo de cuál. Esa ha sido
la reacción de la prensa europea. Por supuesto que el presidente de
Estados Unidos, es el presidente de Estados Unidos, como el de China
es el de China, hay un poder fáctico fenomenal. El sistema político
quiere restañar heridas -ésa fue la reacción de Gore-, quiere
superar esta división porque sabe lo que le cuesta a Estados Unidos
en materia de prestigio. Pero tiene el peso formidable de ser la
primera potencia mundial militar y una de las grandes potencias económicas,
uno de los tres grandes bloques económicos del mundo. En el juego
entre Europa, Estados Unidos y Japón, esto le va a costar en términos
de prestigio, de ese valor intangible que es captar por admiración,
por simpatía, por valores trasmitidos. Europa encuentra aquí una
brecha muy importante que ya está aprovechando para erosionar
fuertemente a Estados Unidos.
***
EC - Veíamos los efectos de esta elección presidencial
estadounidense en la imagen y el prestigio de Estados Unidos en el
exterior. Veamos ahora los efectos internos, los impactos de lo que
sucede en el exterior.
OAB - Vamos a ver los efectos en el exterior. Recién hacía
referencia a la necesidad de superar la división del país y la
deslegitimación del presidente. Después de los sucesos del 7 de
noviembre, Estados Unidos tenía un resultado necesario: medio país
siempre iba a quedar con dudas sobre la legitimidad del presidente,
y la otra mitad iba a quedar contenta, independientemente de cuál
de los dos accediera a la Casa Blanca. Esto lleva a que el
presidente necesite relegitimarse, y en esa relegitimación necesitó
lo que fue acordado y pactado: Gore habló a Estados Unidos a las 9
-hora del este, y a las 10 Bush- en un mensaje conciliador, de
reconocimiento y ayuda al presidente, más allá de cuestionar la
decisión de la Suprema Corte Federal. Por parte de Bus, hay una búsqueda
de conformar un gabinete con figuras de distintos tintes políticos.
Esto va a limar un poco las diferencias que puede haber entre un
gobierno republicano y uno demócrata, a parte de dos candidatos que
ya tenían las aristas un poco romas, un poco curvas, no demasiado
puntiagudas, entre otras cosas porque ninguno de los dos fue un
candidato demasiado brillante, demasiado atractivo. Ni Gore fue lo
que representó Clinton en las últimas elecciones ni Bush hijo lo
que fue Bush padre, sin duda un político formidable.
EC - Entonces vamos a un gobierno con un escaso margen de maniobra.
OAB - Vamos a un gobierno de bajo margen de maniobra, del que no se
podrán esperar cambios drásticos como el que ocurrió, citando un
ejemplo muy extremo, con Reagan respecto a Carter. Aun así,
partiendo de la base de que el barco sigue el mismo rumbo, va a
haber un pequeño giro del timón. Es posible esperar que Bush
marque una diferencia con Gore y Clinton en lo que hace a un
postulado ideológico muy fuerte: en nuestros términos Bush es más
liberal desde el punto de vista de la concepción de la economía
del Estado. (Los estadounidenses no usan el término
"liberal", sino el de "conservador; liberal para
ellos sería más izquierdizante). Esa concepción de Bush puede
habilitar con mayor fuerza de la que tuvo en el gobierno de Clinton,
y de la pudo haber tenido en el gobierno de Gore la aceleración de
procesos como la creación del ALCA (Asociación de Libre Comercio
de las Américas) o procesos de apertura del Nafta, o de estas
peculiares zonas de libre comercio, o de comercio fluido, como las
que Estados Unidos podría ir abriendo.
Una muestra de ello es la zona de libre comercio de Estados Unidos
con Chile, que de alguna manera, por sucesión de tratados
bilaterales, está incorporando a ese país al acuerdo de libre
comercio del norte, el Nafta. O sea que Chile tiene acuerdos con México,
Canadá y ahora con Estados Unidos.
Bush cuenta con mayoría en la Cámara de Representantes, el
Congreso como se dice vulgarmente; esa mayoría republicana tiene un
compacto ideológico un poco mayor que el de la bancada demócrata.
El Senado quedó empatado, con 50 senadores demócratas y 50
republicanos. En los casos graves el vicepresidente, que normalmente
no tiene voto, sí lo tiene, para desempatar. Es decir que, en los
casos decisivos, el Partido Republicano tiene la mayoría en el
Senado, pero además, en este tema, puede contar con algunos
senadores demócratas de concepción muy libre-economista. Desde
este punto de vista, sin esperar cambios radicales, sin Reagan
respecto a Carter, se puede esperar que haya matices un poco más
favorables a los que buscan en América Latina aperturas hacia el
ALCA, o hacia tratados bilaterales con todo el Nafta, o con Estados
Unidos en particular. Sobre todo se espera que, en esos juegos, que
dos por tres ocurren, en esos frenos más o menos burocráticos que
no tienen que ver directamente con la existencia de los tratados
-como nos pasa dos por tres en el Mercosur cuando se tranca una
entrada de arroz; con Estados Unidos ocurre con frecuencia-, existan
concepciones más favorables a poner barreras, como una forma de
desalentar la entrada de productos de fuera de los acuerdos y los
tratados.
Desde ese punto de vista, para políticas de mayor integración
comercial de los países latinoamericanos y del Mercosur con Estados
Unidos en particular, o con el Nafta en general, podría
considerarse que la elección de Bush tiende a crear un ambiente
algo más favorable -dicho con todos estos matices, no es que ahora
todo cambió- que si el 20 de enero accediera Gore a la Casa Blanca.
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