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Entre la desinformación, la suspicacia y la incertidumbre
Oscar A. Bottinelli.
EMILIANO COTELO:
Hace dos semanas se produjo una mini-corrida bancaria originada en
un rumor, cuyo origen se investiga. En estos días se realizan en
forma paralela las negociaciones del gobierno uruguayo con el Fondo
Monetario Internacional, en Montevideo, y la entrevista en
Washington de Tabaré Vázquez con autoridades del FMI. En medio de
todo ello, fluctuaciones del riesgo país y baja de la calificación
de los títulos públicos uruguayos.
A propósito de este conjunto de elementos, el politólogo Oscar
Bottinelli nos propone el análisis para hoy, “Entre la
desinformación, la suspicacia y la incertidumbre”.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero que todo, obviamente que esto no es un análisis económico
sino político. Efectivamente, hace dos semanas, un rumor –que en
principio parece organizado y con un fin específico— provocó una
mini-corrida bancaria.
Pero hay una cosa a tener en cuenta: era impensable que ningún rumor
desatase ninguna corrida bancaria dos años atrás. Para que los
rumores se traduzcan en hechos deben reunir ciertas condiciones. Hay
dos condiciones básicas: que existan condiciones de credibilidad en
los hechos sobre los que se basa el rumor, y además una falta de
información confiable. Por ejemplo, un caso extremo: un rumor de que
mañana los Estados Unidos bombardearán Corea del Norte, una cosa que
es absolutamente falsa, es creíble. Un rumor de que Uruguay atacará
con armas nucleares a China es una humorada; es lo grotesco, lo
absurdo, nadie lo va a creer.
Entonces, ¿qué pasó aquí? Que apareció la credibilidad de los
rumores sobre el sistema financiero. ¿Cuándo pasaron a ser creíbles?
Luego de que se implantó el “corralito” primero y el “corralón”
después en Argentina, la pesificación allí de los depósitos en
dólares, la caída en Uruguay del Banco de Galicia y seguidamente la
del Banco Comercial... Allí arrancó el cambio de esa confianza plena
en los depósitos bancarios por esta sensibilidad que persiste hasta
hoy, que no desapareció, justamente luego de la reprogramación de
los depósitos y la suspensión de los cuatro bancos, sino que uno
diría que adquirió fuerza el estado latente.
EC - En sus trabajos de estudio de opinión pública ¿Factum ha
investigado sobre estas cuestiones en particular?
OAB – Sí. Son lo que llamamos estudios sistemáticos, esos que se
releva todos los meses, como por ejemplo cada tanto presentamos aquí
la aprobación del presidente o del intendente. A partir de julio se
creó lo que hemos llamado Índice de Confiabilidad de los Depósitos
Bancarios. Este índice –que va en una escala de 0 a 100—en julio del
2002 se situaba en 34 puntos. Vale decir, ya teníamos una línea
bastante fuerte de retiros que comenzó con cierta entidad en marzo,
y todavía no se había producido la suspensión de los bancos y el
feriado bancario. Vemos que 34 en 100 ya era una confiabilidad muy
baja, lo cual era obvio por los retiros que se venía dando.
Fue bueno que, sin quererlo, empezamos antes del feriado bancario.
Porque nos permite ver qué pasa después. Al mes siguiente, después
del feriado bancario, la confiabilidad de los depósitos bajó a 31
puntos, es decir, fue menor que antes y siguió así, mes a mes, en un
declive, en una pendiente y cerró a fin de año en 23 puntos:
bastante menos, las dos terceras partes de lo que estaba en julio,
que ya era muy bajo. La confianza en los depósitos es muchísimo
menor en diciembre que en julio, y en julio nadie puede dudar que ya
estaba por debajo de la línea de flotación. Era un índice
preocupante.
EC - Es una encuesta realizada no sólo entre los depositantes.
OAB - No, la Encuesta Nacional Factum es realizada a toda la
población, a todos los uruguayos de todo el país urbano y rural, es
representativa de todos los uruguayos. ¿Qué importancia tiene?
Refleja un clima de opinión. Porque lo que importa no sólo es qué
piensan y hacen los depositantes, sino qué piensa el conjunto de la
sociedad. Porque lo que piensa el conjunto de la sociedad influye en
la actitud de los depositantes. Lo que acabamos de mostrar demuestra
la inseguridad general que sienten los uruguayos en el sistema
financiero, en los bancos y en los depósitos bancarios.
Ahora bien –por eso mencionabas varias cosas en la presentación— la
desconfianza de los uruguayos se acentúa cuando no sabe qué pasa con
el Fondo Monetario y demás organismos internacionales, ni qué pasa
con la deuda del país. Hay que tener en cuenta que estos temas son
extremadamente complicados y difíciles de entender para todos; es
para especialistas, no es un tema que se comprenda rápidamente. Pero
mucho más grave cuando se informa mal, no se debate o se debate mal
las distintas alternativas. Lo que está en juego es el futuro del
Uruguay no sólo durante los dos años que restan de este gobierno,
sino todo el gobierno que viene; y uno dice más todo el gobierno que
le sigue, y probablemente más. Estamos hablando de algo que afecta
al Uruguay, como mínimo, por una década y media.
Entonces, esto surge sobre cómo se maneja el tema, por lo menos,
públicamente. Pero el viaje de Vázquez demuestra que el tema es más
complicado que el manejo público, que da lugar a una serie o batería
de preguntas que uno se hace. Esto, que afecta por tan largo plazo,
¿es un tema para que lo resuelva el gobierno, en el sentido
restringido del término, es decir, el equipo económico y punto, el
ministro Atchugarry, el presidente del Banco Central y sus asesores
con el presidente de la República? ¿O hay que ampliarlo? Pero,
¿basta que participe todo el Partido Colorado, o es un tema para que
tenga un sustento político mayor? ¿Lo tiene que debatir y decidir
los integrantes de la gobernabilidad, es decir, de los partidos
tradicionales? En un país que encaró o buscó encarar grandes temas
manejándolos como políticas de Estado, como el caso de la creación
del Mercosur ¿este no debería ser un tema de Estado, con
participación de todas las fuerzas políticas, decidir qué se hace
con la formidable deuda que afectará al país por largo tiempo?
Porque aquí está una de las claves: si este es un tema que puede
manejarse con esta minoría de respaldo político presente y además,
futuro.
Lo que se está discutiendo es si debe reprogramarse la deuda. Acá ya
aparece un problema que hemos detectado en estudios de opinión, el
de las palabras. En Uruguay, cuando por ejemplo los productores
rurales no pagan en tiempo y forma al Banco República, ¿de qué se
habla? De refinanciar. Refinanciar significa cambio en los plazos y
las tasas de interés; entonces lo que la gente se pregunta es,
cuando se habla de reprogramar ¿es lo mismo que refinanciar?
¿Estamos hablando de los mismo? ¿La diferencia es que uno es un
señor ante el República y el otro es un país ante un organismo
internacional o con tenedores de títulos. Esa primera pregunta
parece muy elemental, pero cuando no es el término que se aplica en
la vida cotidiana, la pregunta es qué tienen de diferente.
Después, ¿por qué es mejor lo que está sosteniendo el gobierno, que
apoya por ejemplo Astori, pagar estas formidables sumas que hay que
pagar en el 2003, 2004, 2005, 2006, y no refinanciar? ¿Por qué es
negativo refinanciar, como sostienen todos estos dirigentes
políticos y algunos economistas incluso independientes?
EC - Después todavía la discusión es mayor porque reprogramar,
refinanciar, admiten varias formulaciones posibles. Por ejemplo, una
cosa es ofrecerle a los tenedores de bonos un alargamiento de los
plazos y darle alguna compensación, pero que el tenedor de bono
resuelva si lo acepta, y otra cosa es imponerle un alargamiento de
plazos. Son todas variantes.
OAB - Claro, pero incluso existen variantes de escenario que no se
ha planteado. Veo que no hubo muchos economistas hablando de los
escenarios posibles de una refinanciación; muy pocos han salido. El
único escenario para refinanciar es pagar más para que la gente
voluntariamente refinancie, o los tenedores de título. Hacer lo que
han hecho muchísimos uruguayos en este segundo semestre del 2002 y
comienzo del 2003, cuando son acreedores de algo: refinanciar porque
saben que si no refinancian, la dificultad de cobro es tremenda. En
definitiva es, apostar a algo donde el acreedor pierde algo a cambio
de que le parece más seguro cobrar. No lo he visto planteado así. En
alguna de las hipótesis se ha manejado algo como que, si Uruguay no
paga, mañana aparece una empresa rematadora subastando el país. Hay
muchas fórmulas.
EC - Sí. La información está muy restringida. Oficialmente, incluso,
las autoridades, los responsables de estas negociaciones no tocan el
tema. Y lo que va apareciendo es un goteo, incluso un goteo de
simples versiones. Con el correr de los días van mejorando, se van
enriqueciendo, pero en definitiva son versiones, trascendidos.
OAB - No hay información suficiente ni un debate público. En medio
de esto se suma el viaje de Tabaré Vázquez a los Estados Unidos. Al
parecer a sugerencia de Enrique Iglesias, con la finalidad de que
Vázquez sea conocido, logre confiabilidad en los organismos
internacionales, en la administración norteamericana... Este viaje
también está fundado en la desconfianza recíproca gobierno - Frente
Amplio. El gobierno siente que cuando le da lugar al Frente Amplio,
como en aquel grupo de trabajo nombrado para tratar las soluciones a
los bancos suspendidos, el Frente no respeta las reglas de toda
negociación y sale a ventilar lo que se está hablando, con los
riesgos consiguientes para la estabilidad financiera. Y el Frente
Amplio siente que se lo llama para apagar incendios, para dar
tranquilidad con su presencia, pero no se lo escucha ni se lo
informa debidamente; que como dice gráficamente Vázquez, se lo “ningunea”.
Pero la coincidencia del viaje de Vázquez con la negociación aquí
del FMI, es en sí mismo una fuerte señal de desconfianza del Frente
Amplio en el gobierno, y señal de un país fracturado, haya sido o no
la voluntad de transmitir esto. Vázquez transmitió al exterior, a
los uruguayos y a los frenteamplistas la señal de que para él es más
confiable lo que diga el FMI que lo que diga el ministro Atchugarry,
o al menos es tan confiable lo uno como lo otro. Y esto es una señal
de que en el gobierno no confía. Lo que hay que preguntarse es si
realmente Vázquez quiso transmitir esto, con esta fuerza y en este
momento.
EC - Está claro que, de haber ocurrido el viaje algunas semanas
atrás, esta interpretación no hubiera aparecido, o hubiese estado
muy atenuada.
OAB - Unas semanas atrás o una vez que terminó la negociación, el
viaje de Vázquez hubiera sido completamente distinto en relación a
este tema. Pero además, si uno se atiene a cosas exclusivamente
recogidas en los medios de comunicación, hay muchos rumores sobre
las negociaciones y sobre las condiciones en las negociaciones que
pueden tener que ver con el FMI, que pueden tener que ver con esa
vía que Uruguay ha ensayado, de buscar un by pass a través de EEUU
para influir sobre el Fondo Monetario. Se ha dicho en los medios de
comunicación (repito, yo no soy el que dice esto) que a Uruguay se
le estaría pidiendo que vuelva a encabezar una nueva ofensiva contra
Cuba, o que se comprometa a no aprobar una ley que despenalice el
aborto.
Estos rumores, tan fuertes y en temas tan laterales o ajenos a lo
que es la refinanciación de una deuda, surgen porque nadie sabe en
concreto cuál es el marco de la negociación. Y la pregunta es: ¿Hay
algo de esto sobre la mesa? ¿Tienen alguna sustentabilidad estos
rumores? A estas versiones de medios de comunicación ¿hay que
manejarlos como rumor en el sentido estricto?
EC - Son muchas preguntas.
OAB - Y otra, muy grande: ¿cuál es la sustentabilidad de pagos del
país? Porque, por un lado, el ministro Atchugarry, el gobierno,
hablan de una clara sustentabilidad; pero quien lee el informe de la
calificadora Standard & Poor’s de hace dos días y la ampliación que
hizo ayer, tiene una visión completamente diferente.
Entonces, todas estas interrogantes y rumores son producto de la
falta de información. Y acá hay que ser muy claro: no se negocia en
el Estadio Centenario; nadie pide que los negociadores estén con
cámaras y micrófonos delante; sería un disparate. Toda negociación
requiere discreción y muchas veces secreto, confidencialidad. Pero
una de las partes negocia en nombre de un país, en este caso del
pueblo uruguayo, de la sociedad uruguaya, y de su futuro. Bueno:
debe tener claro qué es lo que su gobierno pretende, cuáles son las
metas que persigue, a dónde va, qué es lo bueno y qué es lo malo que
puede resultar de esa negociación. Y si dentro del país hay
discrepancias, saber cuál es la discrepancia y en qué fundamentan la
discrepancia los que discrepan. Todo esto es lo que falta y, al
faltar esta información, se alimenta a los rumores, se alimenta la
desconfianza y la inseguridad.
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