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Diferencias de estilo y diferencia de culturas
Oscar A. Bottinelli.
JOSÉ IRAZÁBAL:
La campaña electoral permite ver en forma concentrada muchas
cosas; lo más notable son las diferencias ideológicas, pero
también hay otras que apuntan más a los estilos. El politólogo
Oscar Bottinelli, director de Factum, analiza estas otras
diferencias.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero vamos a manejar lo que es obvio: Uruguay viene
procesando muy lentamente y en forma fuerte un proceso
sociopolítico desde aquella preeminencia absoluta de los
partidos tradicionales a un esquema donde el Frente Amplio
(FA) o la izquierda es más o menos o se acerca a la mitad del
país. Es un cambio fuerte, un cambio ideológico, un cambio de
formas de hacer política, con un cambio de programa, con
muchas formas de verse, pero que normalmente se ubica dentro
de lo que se puede llamar el eje izquierda - derecha.
Pero se está viendo otros tipos de cambios; en el título
dijimos "diferencias de estilo". El tema es que a veces se le
da a la palabra estilo una connotación muy superficial, como
si fuera algo muy frívolo, cuando en definitiva los estilos
son algo muy profundo que revela, refleja o representa
culturas; culturas en el sentido de conjunto de actitudes, de
conjunto de valores. En ese sentido el mundo occidental, y
nuestro país dentro, hace ya un largo tiempo que está en un
cruce de culturas que podría ser -es una de las discusiones-
entre lo moderno y lo posmoderno. Pero parecería claro que hay
estilos o culturas políticas, formas de hacer política, mucho
más profundos que la política, porque también los encontramos
en diferencias en programas periodísticos, en diferencias de
concebir la comunicación en general, que puede ser el estilo
saco y corbata o el estilo camisa abierta y melena al viento.
Además del cruce izquierda - derecha, existe otro que
atraviesa en distintas formas y con distintos énfasis todos
los partidos o por lo menos todos los grandes partidos. De un
lado tenemos el dirigente político, el candidato o el grupo
-normalmente son los grupos los que tienen una forma similar-
que apela al discurso tradicional, a lo que se ha llamado el
discurso de la modernidad, ese discurso cartesiano, formal,
estructurado. Que es estructurado no necesariamente quiere
decir que tiene una lógica rigurosa; lo que tiene es una
pretensión de lógica, a veces cae en contradicciones, en
falacias, pero la pretensión es el discurso estructurado, muy
racional, que generalmente difiere y confronta con mucha
claridad con otros tipos de discurso.
Del lado opuesto hay un segmento muy grande de la sociedad,
fuerte en la juventud, que ve a este discurso, a esta forma de
hacer política, como algo anticuado y acartonado. Por eso digo
que el estilo es cultura y cultura implica algo muy profundo,
es algo más que la forma de presentar la comunicación, porque
también implica grupos que apuestan mucho a la organización
política, a la estructura de cuadros, de militantes, a
discursos que tengan esos contenidos claros.
Del otro lado aparece ese discurso nuevo. Repito, esto excede
la política, se ve en muchas áreas de la comunicación y en el
periodismo, pero estamos enfocados en lo político y en la
campaña electoral, y aquí es donde aparecen candidatos, grupos
y sectores con este discurso que se ha llamado también de la
posmodernidad, que puede apelar más a los sentimientos, tiende
a ser más emotivo, o si no a pensamientos que en general
parten del supuesto de que existe algo obvio que todo el mundo
debería compartir y por lo tanto es obvio que hay que hacer
las cosas de una forma porque si no están mal hechas. Todo
esto se presenta de una manera que pretende ser informal y
apelar a una visión de que eso es lo espontáneo y lo
transparente.
Desde el otro lado se ve este discurso como trasgresor,
desprolijo. Pero este discurso de camisa abierta, sin corbata,
de pelo enmarañado -cuando se tiene pelo-, apela a la cultura
de la informalidad -informalidad no quiere decir marginalidad
social, quiere decir al buscar salir o transgredir
estructuras-, a un supuesto sentido común que debe ser
conocido y aceptado por todos, y al uso coloquial o común de
las palabras, al uso de términos nuevos, de términos del argot
más juvenil, que va a la vaguedad e imprecisión, y mezcla la
expresión de sentimientos que predominan sobre lo que puede
ser una exposición ordenada de ideas. Estos discursos muchas
veces se centran más en posturas corporales, en la forma, que
en el lenguaje propiamente dicho.
Este eje es muy importante en esta campaña electoral donde la
gente se identifica con unos u otros estilos también en
función de lo que cada uno es y siente. No es solamente un
problema de marketing cuando las personas se identifican con
un candidato o con otro, con un grupo o con otro... Y cuando
hablamos de candidatos, no olvidemos que hay candidatos
presidenciales y candidatos al Senado, a intendentes, a
diputados, la campaña electoral es mucho más rica que una
confrontación de dos, cuatro o cinco actores principales, es
mucho más. En ese juego de elección hay un juego de
identificación, de decir "Esta persona refleja lo que soy, o
lo que quiero ser, o lo que quiero que sea". Este juego de ver
las cosas de una manera o de otra se ve muy fuertemente en
periodismo, en periodismo radial, en periodismo televisivo,
donde la gente se identifica con un estilo o con otro, con un
tipo de programa o con otro, es un tipo de contradicción que
está presente en la sociedad superpuesto al otro eje más
clásico, más claro que se ve normalmente en el eje
izquierda-derecha.
***
Vamos a aclarar: diferencias de cultura no quiere decir
diferencias de nivel cultural, o diferencias del tipo "Este es
más educado", "Este es un maleducado", sino diferencias en lo
que implica una cultura, que es todo un conjunto de valores,
de actitudes, de posicionamiento ante la vida y por supuesto
también de ideas.
Estas diferencias de culturas atraviesan a todos los partidos,
quizás sea más visible (porque es más grande la pluralidad de
sectores y por el tamaño que ha adquirido) en la izquierda,
donde notoriamente hay desde la cultura muy fuerte y muy firme
de la estructuración política, del discurso más ideológico,
más articulado, hasta el estilo claramente trasgresor,
informal, de apelación a la existencia de ese supuesto sentido
común válido para todos y que apela al lenguaje común, vulgar,
que en algunos casos ha llegado incluso al uso de lo que
normalmente se considera como "malas palabras". En menor grado
esto atraviesa los otros partidos. De alguna manera podría
decirse que en el año 1999, en forma atenuada, y en 2000-2001
el presidente Batlle apeló a este estilo trasgresor de ir
contra lo que era la forma normal y habitual del discurso y de
la actitud política.
El apunte final es que es interesante hacer el ejercicio de
tratar de identificar dónde clasificaría a cada uno de los
dirigentes, a cada uno de los grupos de un lado y otro. Esto
va a tener que ver con la forma en que la gente va definiendo
en el voto, no sólo está el juego izquierda - derecha, cómo
actúa o se define en relación a determinados problemas, al
Estado, al mercado, a las prioridades nacionales e
internacionales, sino que este eje también juega y de manera
muy importante en el voto, no es algo baladí porque tiene que
ver con cómo se identifica la gente con determinadas
conductas, determinadas actitudes y determinadas formas de
ser.
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