|
En la hora del balance: el debe y el haber del gobierno de
Batlle
Oscar A. Bottinelli.
ALFREDO DANTE:
Durante este mes de enero Oscar A. Bottinelli nos propone
hacer un repaso del acontecer político del año 2004 desde
diversos ángulos. Hoy la serie se abre con el comentario:
“En la hora del balance: el debe y el haber del gobierno de
Batlle”.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Últimos meses, últimas semanas del gobierno del presidente
Jorge Batlle. En este balance largo que nos va a llevar todo
el mes hoy vamos a hablar del gobierno. ¿Qué deja en el
haber como grandes trazos? Todo inventario supone excluir
cosas, supone poner unas como más importantes que otras, y
eso generalmente puede dar lugar a alguna omisión, a alguna
injusticia o a puntos de vista que valoren otros aspectos.
Este es un análisis desde el ángulo político, del análisis
político, no es un análisis de un economista que puede tener
otro tipo de valoraciones y percepciones.
Parece que uno de los primeros puntos –y esto no es un
ranking de jerarquía, más bien tiene mucho que ver con el
orden en que se fueron produciendo los acontecimientos– fue
el logro del informe final de la Comisión para la Paz. Dicho
de otra manera, toda la investigación de la Comisión para la
Paz, si bien ha dejado con alguna insatisfacción a alguna
gente, analíticamente fue mucho más allá de todo lo que
podía esperar con cierta predecibilidad cualquiera que
analizara el tema a comienzos del año 2000. La Comisión
logró un nivel de investigación, de precisión dentro del
ámbito estrecho de las competencias que se había trazado,
que logró además ese primer informe de Estado que establece
claramente la existencia de prácticas en materia de derechos
humanos durante el período militar que condujeron a
desapariciones que a su vez condujeron a muertes.
Un segundo tema tiene que ver ya con lo económico. Cuando
cae el Mercosur, cuando deja de funcionar efectivamente el
grueso del Mercosur, que empieza a deteriorarse a comienzos
de 1999, primero con la devaluación de Brasil que dificulta
las exportaciones uruguayas y posteriormente con la caída de
Argentina, el logro del gobierno es la diversificación de
mercados, con un gran esfuerzo logra este esquema en el que
groseramente hay cuatro grandes mercados más o menos
equilibrados: el de Estados Unidos por un lado, el del
Mercosur por otro, la Unión Europea y el resto del mundo.
Un tercer logro –acá vienen varios temas muy encadenados– es
la obtención del apoyo del gobierno de Estados Unidos, el
apoyo directo con el crédito-puente de 1.500 millones de
dólares de julio-agosto de 2002, y la presión sobre el Fondo
Monetario Internacional para transformar esos 1.500 millones
de dólares en un crédito del organismo internacional que
permitió evitar que Uruguay se desbarrancara completamente
en 2002, se pudiera pagar los depósitos a la vista y por lo
tanto se atenuara la crisis bancaria que siendo muy grave
fue bastante menos de lo que hubiera sido sin esa ayuda y
que hubiera llevado al país prácticamente a una bancarrota.
Ligado con esto el éxito del canje de bonos, es decir de la
deuda en manos de privados. Uruguay reconoce todo el
capital, alarga los plazos y a cambio mejora las tasas de
interés para los tenedores de bonos, sin quitas. A Uruguay
le significó en una negociación en solitario, sin estar
apoyado por ningún país de mayor peso y mayor fuerza en el
mundo, sobrellevar y resolver uno de los problemas más
difíciles que era no caer en default, mantenerse como un
fiel cumplidor de obligaciones. Canje que fue apoyado por el
futuro ministro de Economía, el economista Danilo Astori,
más allá de que el presidente electo en su momento se opuso
al mismo.
Otro punto que está bastante relacionado es lo que puede
considerarse la reprogramación exitosa de los depósitos en
la banca oficial. ¿Por qué exitosa? Porque tuvo una
formidable aceptación por parte de los depositantes, lo que
se vio a través de encuestas de opinión pública y a través
de la conducta de la gente que cuando se terminaba la
reprogramación dejaba en un porcentaje superior al 90 por
ciento los depósitos en el mismo banco oficial e incluso
mucha gente, como la pérdida de la reprogramación suponía
una baja de interés, se molestaba por esa pérdida.
La salida de la crisis bancaria en general fue muy
amortiguada. Que no es decir sin heridas; hubo heridas,
heridas graves de ahorristas, de funcionarios bancarios,
pero notoriamente en el haber está una salida mucho más
amortiguada de lo que pudo ser en otras condiciones.
Y finalmente el último haber importante de este gobierno es
este gran repunte económico que arrancó hacia fines de 2003
y lleva ya cinco trimestres, que muchos economistas
consideran que es un crecimiento extraordinario pero que ha
tenido como contrapartida que en general no ha llegado al
grueso de los hogares ya que no ha habido un correlato de
aumento de los ingresos.
***
AD - En el debe y el haber del gobierno de Batlle ya
trazamos lo que desde el ángulo de un análisis político era
el haber. ¿Cuál es el debe a grandes trazos, sin que
implique –repito– un inventario exhaustivo?
Obviamente lo más fuerte, lo más grueso del debe del
gobierno es lo que podemos llamar las caídas. Un país que en
estos cinco años y particularmente como año central en 2002
tiene una formidable caída en el nivel de empleo, en la
calidad del empleo, en el ingreso de los hogares, en la
riqueza del país, lo que se mide a través de esa expresión
técnica llamada producto interno bruto que determina que el
Uruguay que se vivía antes del gobierno de Batlle y el que
se vive al fin sean dos países diferentes –aunque en este
momento hay un clima de optimismo, de expectativa– a partir
de una formidable caída en el nivel de vida.
Otro tema es el fin de la estabilidad. El país tuvo un
crecimiento ininterrumpido desde la salida del régimen
militar. El crecimiento que abarcó tres gobiernos
consecutivos primero se frena y luego se pierden todas las
referencias de estabilidad, la estabilidad cambiaria, lo que
tiene que ver con la seguridad en los depósitos, seguridad
en el empleo, seguridad en negocios, calidad de empleo,
calidad de ingresos. Es una determinada expectativa de país
que se pierde. Es verdad que esta pérdida es relativa en la
medida en que ya había un país, no menos de la tercera parte
y era creciente, que tenía una percepción negativa, que a
pesar de ese constante crecimiento económico y en general de
los ingresos de los hogares, venía sistemáticamente
sosteniendo que el país vivía peor. Esto surgía con mucha
claridad de las encuestas de opinión pública, sin embargo
los datos implican que en los años 90 se vivía en Uruguay
uno de los períodos o el período de mayor consumo en la
historia del país, uno de los períodos más exitosos
económicamente a nivel de los hogares. Esto también se
termina en este gobierno.
En el plano puramente político hay que marcar la pérdida de
tres plebiscitos, actos plebiscitarios, referendarios. Uno
lo pierde por ausencia, por retiro de la cancha, por walk-over
como se decía en la terminología de algunos deportes. En el
referéndum sobre Antel, o sobre Antel-Ancel, obtenidas las
firmas necesarias para convocarlo el gobierno deroga la ley
sin esperar lo que claramente iba a ser un resultado adverso
en las urnas, la Encuesta Nacional Factum era categórica en
ese sentido. Luego los referendos computados, el de Ancap el
7 de diciembre de 2003 y luego el plebiscito del agua junto
con las elecciones del 31 de octubre de 2004.
Y por supuesto el peor resultado y la mayor caída de la
historia de Uruguay de un partido de gobierno que gana con
el 32 por ciento del total de votantes y termina con menos
del 11, apenas más del 10 por ciento del total de votantes,
una caída política de tono espectacular.
Como atenuantes surge mucho del lado del gobierno y
analíticamente conviene manejar por un lado el tema de la
aftosa, que es el primer gran desestabilizante de la gestión
de gobierno, y por otro la crisis regional o lo que también
se puede llamar el vendaval argentino con el impacto que
tuvo sobre la moneda, sobre los depósitos, sobre la economía
del país, sobre los servicios, sobre el turismo.
Independientemente de su gestión cualquier gobierno se
hubiera visto enfrentado a situaciones extremadamente
difíciles.
Esto es en grandes trazos lo que puede hacerse como un breve
inventario de los grandes elementos que constituyen el debe
y el haber del gobierno de Batlle. El próximo viernes
continuamos con esta serie de balances. |