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Los asalariados y los desocupados
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
JOSÉ IRAZÁBAL:
La política seguida por el nuevo gobierno ha sido diferente
para quienes tienen empleo, los asalariados, y para quienes
no lo tienen, los desocupados. Continuando con el ciclo “El
primer año del gobierno frenteamplista”, el politólogo Oscar
Bottinelli, director de Factum, nos propone hoy analizar
estas diferencias. El título de su comentario es: “Los
asalariados y los desocupados”.
***
OSCAR A. BOTTINELLI:
Este año 2005 ha sido muy importante en el tema de los
asalariados. Se recoge en los estudios de opinión que existe
entre los asalariados y las personas con relación de
dependencia un nivel alto de satisfacción con el nuevo
gobierno. Y en materia de asalariados hay algunos puntos muy
importantes.
En primer lugar, el incremento del salario real. El
incremento del salario real en algunos casos fue muy
pequeño, en aquellas áreas de actividad en las que
funcionaban convenios de larga data en las que salvo algunos
ajustes a partir de la crisis de 2002 los ingresos venían
periódicamente ajustándose por inflación. En otros casos fue
muy importante, sobre todo para los que tuvieron y van a
tener fuertes porcentajes adicionales de recuperación
salarial, una parte en el mes de julio y otra a partir de
este 1 de enero. Pero en general, haya sido más grande o más
chico hubo un incremento del salario real, hay una
percepción de que se entró en un camino de subida, de
persistente recuperación o posibilidad de mejoramiento del
salario en términos reales, por encima de la inflación. Es
una percepción a nivel del sector asalariado que le da una
buena sintonía con el gobierno.
Un segundo elemento tiene que ver con el incremento de la
formalización de asalariados en dos sentidos.
Por un lado de las personas que directamente estaban fuera
de planilla, en negro, que pasan a estar en planilla: Esto
ha sido muy importante si tenemos en cuenta las cifras
récord de afiliaciones al BPS.
Lo segundo ya no tiene que ver con la cantidad de personas
sino con el incremento de los salarios declarados en las
planillas del BPS. Es decir, salarios que se pagaban en
parte en negro –generalmente una parte muy significativa– y
en parte en blanco, que pasaron a pagarse casi completamente
o completamente en blanco, con lo cual la formalización
tiene los dos aspectos.
En tercer lugar un tema de sindicalización. Ha habido un
crecimiento explosivo de la sindicalización, también en un
doble sentido, de creación de sindicatos o por lo menos de
organizaciones sindicales, muchas de ellas dentro de la
estructura. Por ejemplo, la Federación Uruguaya de Empleados
de Comercios e Industrias (FUECI), que agrupa a los
trabajadores del comercio y de buena parte de los servicios,
una actividad con muy baja afiliación y muy bajo nivel de
actividad, ha tenido el crecimiento más explosivo, con
muchos subgremios referidos a distintas actividades o ramas.
Y la sindicalización ha generado además una gran actividad
de los sindicatos, que ha hecho que los asalariados sientan,
por la acción de los consejos de salarios por un lado y por
la acción sindical por otro, que tienen en los sindicatos
una protección.
Los asalariados del campo privado se sienten hoy mucho más
protegidos que hace un año o seis meses y esto dentro de un
marco de protección gubernativa, con un gobierno que los
protege.
La otra cara es la gente que no está trabajando en forma
asalariada o que tiene trabajos que pueden considerarse algo
más que changas. Cuando hablamos de permanencia no entramos
en la precariedad o no del empleo sino de un trabajo que es
algo más que una changa. En ese sector se encuentran
visiones un poco distintas, en primer lugar que toda la
protección es para los asalariados que están en actividades
sindicalizadas, sindicalizables o que pueden ser
sindicalizadas.
Hay una especie de desencanto de la gente que está de ese
otro lado del mostrador, como que el gobierno entre una
opción muy clásica en economía en situaciones de crisis o de
salida de crisis, que es qué priorizo, mejorar los salarios
o mejorar la ocupación, mejorar lo que gana la gente a
riesgo de que no pueda haber más gente trabajando u optar
por que trabaje más gente aunque no mejore el ingreso, en
los hechos optó –sin que aparentemente haya sido una
decisión deliberada del gobierno– por mejorar los salarios,
aunque no mejorase la ocupación.
Lo cierto es que la desocupación, que tuvo una caída
importante en el primer semestre de 2005, luego se mantuvo
en grandes cifras estable, subió un poquito, bajó un
poquito, pero está planchada, estabilizada, no hay una
caída, lo cual ha generado cierto desencanto en los
desocupados en cuanto a las posibilidades de obtener empleo
en plazos más o menos razonables.
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JI – Seguimos viendo las políticas que ha encarado el
gobierno frenteamplista con relación a los empleados y a los
desocupados.
OAB – Estamos viendo cierta visión de los desocupados y de
los asalariados con relación a este primer año de gobierno;
el primer año de gobierno se cumple el 1 de marzo, pero en
un sentido muy uruguayo el año va más o menos desde que
empiezan las clases o desde semana de turismo –según cuándo
caiga– hasta las fiestas.
Hablábamos de cierta visión de los desocupados entre los que
hay menos apoyo al gobierno, no en el sentido de que haya
más desaprobación sino que hay un poco más de frialdad, de
desencanto, entre otras cosas porque ven que hay una opción
por los salarios de los que ya están trabajando antes que
por la creación de empleo.
A los desocupados les suena como señal negativa del
movimiento sindical que muchos gremios impulsen bolsas de
trabajo, es decir listas de personas que estaban trabajando
en una actividad determinada, que corresponde a un gremio
particular, de las cuales esa rama tome todo o buena parte
del personal primero que nada. Desde el ángulo del
desocupado común esto implica una visión de que hay dos
tipos de desocupados, los que figuran en bolsa de trabajo,
que tienen una protección sindical y un privilegio para el
acceso al empleo en el sentido de que están primeros, y el
desocupado común, que está a la buena de Dios, que queda
relegado, que ni siquiera está compitiendo en igualdad de
condiciones en la obtención de trabajo. Ese tema también
genera algún desencanto.
También hay distintos tipos de desocupados, no es lo mismo
un desocupado con un seguro de paro común, limitado en el
tiempo a máximo seis meses y limitado muy fuertemente en el
tope de cobros, que un desocupado bancario, por ejemplo, que
cobra varias veces más que el desocupado común y con una
duración en el tiempo que viene siendo casi ilimitada,
porque tenía un tope de 18 meses pero se ha venido
prorrogando.
Eso genera la existencia de distintas categorías de
desocupación, con una masa muy grande, que es el 12 por
ciento de la población activa, que está desocupada y se
siente en algún aspecto discriminada o perjudicada, lo que
lleva a que su visión de los sindicatos no sea la misma que
la de los asalariados. Mientras a nivel del asalariado una
persona que está con empleo tiene una visión entusiasta de
los sindicatos, a los que ve como una gran fuerza
protectora, esta gente los ve como una fuerza que la deja de
lado y en algún aspecto incluso ayuda a cerrarle las
puertas. Los asalariados ven a un gobierno que los está
protegiendo y los desocupados ven un gobierno que los está
dejando de lado en cuanto al trabajo.
Digo en cuanto al trabajo porque muchos de estos desocupados
están viendo que el gobierno los está ayudando por otras
vías, vía Plan de Emergencia, de ayudas sociales del BPS,
del Instituto Nacional de Alimentación, de las varias redes
estatales de ayuda o protección a los individuos. Me refiero
a un desocupado cuya principal preocupación es salir de esa
categoría, pasar a ser un ocupado y no necesitar ayuda sino
proveerse lo necesario con su propio empleo.
Esta disociación entre la visión de los asalariados privados
y la de los desocupados es una de las ecuaciones que tiene
el gobierno para este 2006. Y se viene dando una diferencia
entre el asalariado privado, que claramente ha recibido
estos mejoramientos, y el asalariado público, que en general
está en una situación relativamente estable. Algunos
asalariados públicos han obtenido mejoras presupuestales,
otros no; algunos creían que se venía un año de grandes
mejoras a raíz del cambio de gobierno, como los judiciales y
los de la salud, que no han tenido lo que esperaban, pero la
protección estatal ya viene dada por las normas y la
tradición; además han sido sectores tradicionalmente muy
sindicalizados, por lo tanto el cambio que ha generado la
fuerte sindicalización tampoco los ha beneficiado, como no
los ha beneficiado la formalización del trabajo porque el
funcionario público es un funcionario naturalmente formal.
Este es un conjunto de desafíos en el área de las relaciones
sociales que tiene el gobierno para el año 2006.
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