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La economía formal y la informal
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
JOSÉ IRAZÁBAL:
El nuevo gobierno ha seguido políticas diferentes con
relación a la evasión en la economía formal y el
funcionamiento de la economía informal. A propósito de ello
y para seguir analizando el primer año del gobierno
frenteamplista el politólogo Oscar Bottinelli, director de
Factum, nos propone hoy el siguiente tema: “La economía
formal y la informal”.
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OSCAR A. BOTTINELLI:
Estamos haciendo este ciclo en la culminación del primer año
de gobierno frenteamplista, tomando algunos problemas y
desafíos para este 2006. Uno de ellos tiene que ver con el
tema de la economía formal y la economía informal.
Claramente lo vimos el viernes pasado hablando de los
asalariados. Hubo un avance en la formalización. Por un lado
en la formalización laboral, es decir mayor cantidad de
gente inscripta en las planillas, en el sistema jubilatorio,
en el sistema de contralor del trabajo, menor cantidad de
personas cobrando en negro o menor porcentaje del salario
cobrado en negro o nada cobrado en negro. Por otro lado,
mayor recaudación como consecuencia de esto del Banco de
Previsión Social (BPS) y de la Dirección General Impositiva
(DGI).
Contra algunos vaticinios de mediados de año, aparentemente,
salvo que las consecuencias estén mucho más adelante, ni los
consejos de salarios ni los controles de la DGI y del BPS,
ni la combinación de todo esto, que ha generado un gran
incremento de costos para las empresas en la medida que si
se aumentan los salarios, si se paga previsionalmente de lo
que se pagaba y si se paga más impuestos de lo que se paga,
es decir que hay más costos, aunque ese aumento de costo
saliera de dinero que estaba en negro, no ha provocado caída
de empresas, de actividades. Muchos decían que esto lleva a
un cierre muy importante, sobre todo en pequeñas y medianas
empresas, pero no se ha producido.
Hay un problema que sí genera niveles de insatisfacciones y
satisfacciones. A nivel de la economía informal claramente
hay una importante satisfacción para el gobierno en la
medida que no es una novedad, no es que el gobierno haya
cambiado su política sino que continúa la política de
gobiernos anteriores de una actitud de permisividad al
informalismo, entendido como que es una defensa frente a una
economía no inclusiva en todo el mundo que lleva a realizar
actividades fuera de la formalidad, sea mediante el
artesanado, la venta en ferias, la venta en vía pública,
incluso muchos sostienen que ahí puede haber canalización de
productos de contrabando, pero ese informalismo no tiene
problemas de controles laborales, provisionales ni
impositivos, lo cual le da mucha tranquilidad. Y por otro
lado este mayor control sobre el formalismo en términos de
mercado hace que el informalismo sienta mucho aire para
expandirse y aprovechar un crecimiento de la economía con
relación a la economía formal.
Del lado de los sectores formalizados, sobre todo a nivel de
pequeñas o medianas empresas, se siente que no existe una
misma vara, ya que el estar formal, el estar inscripto, ni
hablar de tener un local abierto, implica estar sujeto a
controles de la DGI muy fuertes y controles crecientes del
BPS, a los cuales no están sujetos sus competidores
informales, ligado a que les han aumentado los costos
salariales, hay una mentalidad crecientemente regulatoria en
el Estado, ya sea por vías municipales, ya sea por vías
nacionales, que hacen que además se esté controlando cada
vez más aspectos de regulaciones de las distintas
actividades.
Y esta mayor formalización de trabajadores no sólo ha
aumentado los salarios; imaginemos una persona que pagaba un
salario de 4.000 pesos y pagaba la mitad en negro, no sólo
le vino un 4, 5, 8 o 10 por ciento, según cuál sea la rama
de actividad, de aumento de sueldo, sino que además se le
duplica el pago al BPS porque tenía la mitad en negro. Por
supuesto que eso era ilegal, pero para la empresa desde el
punto de vista legal eso era un costo menor que ahora se le
incrementó.
Todo esto está generando que a nivel de pequeñas y medianas
empresas uno encuentre cierto desencanto con el gobierno,
que no ha habido una expansión de la actividad, una
protección de la misma, sino más bien una maximización de
controles, de regulaciones, de inspecciones, si se está algo
formal.
Estamos viendo cómo se van generando encantos y desencantos
con relación al gobierno en función del área de actividad,
los asalariados privados como un gran sector de satisfacción
con el gobierno, desocupados con cierta insatisfacción,
pequeñas y medianas empresas con cierta insatisfacción en
función de que ni se producen las expectativas que tenían ni
se está dando un mejoramiento, sino que están más asfixiadas
pese a que todo esto las agarra en un ciclo de crecimiento
económico.
***
JI – Seguimos viendo cómo se ha parado el gobierno frente a
la economía informal en este primer año, qué acciones ha
encarado para combatir la evasión en la economía formal.
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OAB – La otra faceta es la siguiente. El gobierno había
anunciado, dicho en palabras de un jerarca del equipo
económico: “vamos a ponernos de acuerdo en a qué le llamamos
combatir el negro y a qué le llamamos el blanco”. No existe
una economía en blanco y otra economía en negro, existe
desde algo que está casi todo en blanco y puede tener
algunos puntitos negros, hasta algo que está todo en negro
quizás con algún puntito blanco o de repente todo en negro.
De un extremo al otro, ¿dónde se pone el combate a lo negro?
¿Se combate aquel puntito negro que tiene una empresa que
está toda en blanco, que es en general a lo que
tradicionalmente apuntaban la DGI y el BPS o se va más hacia
lo negro oscuro puro? ¿Y qué es lo que se considera un
trabajo de un desocupado como changa para sobrevivir y qué
es ya una actividad económica informal absolutamente
regular, comercial, como cualquier otra? Como decía una
economista argentina, de “subsidios autoasignados”, es
decir, se exonera de impuestos porque él mismo decide no
pagarlos. Pero ya no se puede hablar de las changas de un
desocupado sino de una actividad económica “come il fault”
pero toda en negro. Este tema, que parecía que a través de
las reuniones tripartitas de cámaras empresariales,
sindicatos y gobierno iba a tener una resolución y se hizo
toda una conferencia de prensa al respecto, parecería que
quedó sin resolver y que va a generar en el correr de este
año algunas rispideces, algunas crispaciones porque en la
medida que no hay reglas claras ni es nada claro hacia dónde
se dirige el gobierno esto puede llevar a que haya sectores
crecientemente desencantados con el gobierno, desencanto que
puede llevarlos a aprobarlo o no porque ahí ya juega otro
conjunto de factores, estamos analizando uno solo.
El otro tema que está muy relacionado con esto pero que no
se agota en esto es lo que se observa como un crecimiento de
la mentalidad regulatoria del Estado. Esto en gran medida es
parte de un reclamo de la ciudadanía, mucho del voto al
Frente Amplio tuvo que ver con la defensa de un Estado
fuerte por hacer por sí mismo o por regular. Lo que empieza
a generar áreas importantes de molestia es cuando esa
actividad regulatoria se lleva al extremo, por ejemplo, de
entrometerse en las habitaciones del hogar, es decir, cuando
el BPS empieza a sostener que si a alguien se le ocurre
pintar la pared de un cuarto tiene que ir a hacer un trámite
al BPS para pagar impuesto porque viene un pintor a pintar
una pared o para estar exonerado porque la va a pintar él
mismo, se considera que más allá de que las normas existen
es un Estado que se mete a fisgonear en el último rincón
privado de las personas.
Han sido algunos avances demasiado fuertes –algunos dicen
excesos– de una mentalidad regulatoria que por un lado es
demandada por los votantes pero que por otro se expande en
muchísimas áreas del gobierno en un tema que daría para otro
análisis, que es que cuando se aumenta la mentalidad
recaudatoria hay que ver si también existe la capacidad del
Estado para regular con eficiencia y no solamente con el
riesgo de burocratizar sin generar esa eficiencia. Porque si
uno crea más trámites y luego no hay cómo hacerlos –por
ejemplo Salud Pública salió con una idea de combatir la
existencia de casas de salud y otras cosas informales, y
resulta que los trámites para meramente cambiar el nombre de
un socio en una clínica puede llevar ocho o diez meses y
muchísimas idas al ministerio–, la capacidad del Estado para
hacer frente a las mayores regulaciones que existen también
es un tema que queda planteado como un cuello de botella, el
tema de un Estado que quiere formalizar las cosas, que
quiere regular frente a un funcionamiento social con muchos
aspectos de informalidad.
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