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Más allá de la celulosa y el comercio, un debate
imprescindible:
dónde y cómo es el lugar de Uruguay en el mundo
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
Como derivación del conflicto con Argentina por la
instalación de las plantas de celulosa y después de
distintas trabas para el ingreso de productos uruguayos a
ese país y a Brasil, esta semana comenzaron a oírse voces
que plantean discutir si debemos permanecer en o salir del
Mercosur. El politólogo Oscar Bottinelli, director de
Factum, nos propone analizar hoy: “Más allá de la celulosa y
el comercio, un debate imprescindible: dónde y cómo es el
lugar de Uruguay en el mundo”.
***
Óscar, ¿por dónde empezamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Recordemos muy rápidamente que desde hace ya unos cuantos
años en Uruguay se siente una frustración. En el caso
argentino las trabas al ingreso de las bicicletas fue el
caso más ruidoso y notorio, y ni hablar de esta especie de
bloqueo del que habló uno de los ministros.
En el caso de Brasil la permanente intermitencia de la
entrada de los productos, los frenos a la entrada de
productos por orden de un juez de acá y otro juez de allá,
pero también ver cómo ese país, cuyo papel natural es el
liderazgo del Mercosur, ha reaccionado frente a esta
situación entre Argentina y Uruguay. Uruguay reclama la
libre circulación y Brasil dice que podría llegar a mediar
en el conflicto entre los dos países pero no considera que
se trate de una normativa global del Mercosur a ser
aplicada. Hay una relación bilateral Argentina-Brasil que
establece normas con absoluta independencia del Mercosur y a
su vez Brasil se ha transformado en un país que obstaculiza
permanentemente los acuerdos del Mercosur con otras regiones
del mundo. En particular lleva ya una década la negociación
con la Unión Europea y nunca se avizora el final porque
Brasil defiende primordialmente sus intereses nacionales
sobre la posibilidad de un Mercosur más fuerte y más
ampliado.
En estos días salieron algunas señales también de Chile, que
tiene muchos camiones parados en los puentes entre Argentina
y Uruguay y sin embargo no ha tenido una reacción demasiado
importante.
Por parte de España se ha visto la actitud del canciller
Moratinos en Argentina marcando que este es un conflicto
bilateral Uruguay-Argentina. No aparece España como un país
con fuerza respaldando sus propias inversiones.
Es decir, estamos hablando de toda una serie de elementos
que a Uruguay lo golpean marcando que el mundo es muy duro.
Y también el caerse de la estantería varias veces acá cuando
se partió de visiones ideologizadas de la política exterior.
Ocurrió al comenzar este gobierno y al comenzar el anterior,
con signos ideológicos opuestos. Para Batlle bastaba con que
uno dijera: “Soy económicamente liberal, hay que abrir las
fronteras”, para que todos los que tenían el mismo discurso
dijeran: “Venda acá lo que quiera y compre lo que quiera
porque somos partidarios de que todo sea libre”. Luego se
dio de bruces contra la pared cuando descubrió que una cosa
son los discursos y otra las realidades.
A la izquierda le pasó lo mismo. Tanto es así que desde la
izquierda se atribuyeron mucho a una actitud muy crítica y
escéptica de Batlle hacia el Mercosur las trabas que tenía
Uruguay. Se decía: “Basta con que ahora venga un gobierno
que diga: ‘Nosotros somos fervientes mercosurianos’ para ver
cómo se termina todo”. Y además con comunidad ideológica,
sobre todo con Brasil, y con una comunidad llamémosle de
momento con Argentina, porque ideológicamente es mucho más
confuso el gobierno argentino. Y se va descubriendo lo que
se llama la “raison d’Etat”, la razón de Estado, que
gobierna la política y la diplomacia en el mundo desde hace
por lo menos cuatro siglos.
EC - ¿A qué aludes?
OAB – A que la razón de Estado, las razones nacionales son
lo que en definitiva marcan la acción de los países,
independientemente de ideologías. En Uruguay muchas veces
predomina la idea de que no hay que trazar una política
exterior sino que esta se va trazando sola con actos
puntuales sobre la marcha, lo cual da lugar a mucha
improvisación. Y todo esto lleva a una conclusión: la
necesidad de una profunda comprensión de los objetivos
estratégicos, de las metas principales que tienen los
distintos países para poder relacionarse con ellos y decir
“nos conviene o no nos conviene”. Y una traba, una
dificultad para entender esto es hacerlo a la luz de prismas
ideológicos, “este es liberal”, “este es progresista”, “este
es conservador”, “este es medio subversivo”. Si se parte de
esas bases, no se logra entender dónde va a jugar cada uno.
EC – En este campo en Uruguay cuesta pasar en limpio el
enfoque y después las decisiones.
OAB – Cuesta porque Uruguay es un país que habiendo estado
muy volcado al exterior durante buena parte de la vida del
Siglo XX, en un momento entró en un fuerte aislamiento, como
un fuerte provincianismo. Tan fuerte que en la política
exterior ni se sabía lo que ocurría. Y además ha tenido
problemas de orientación nacional en el tema: tiene y ha
tenido un fuerte europeísmo –una frase que se repetía mucho
hace tiempo era que Uruguay era un pedazo de tierra que se
desprendió de Europa y se incrustó en América–; tuvo
ramalazos de panamericanismo, con las Américas como una sola
cosa y un gran objetivo; desde una impronta nacionalista al
iberoamericanismo, que podía coincidir con el
latinoamericanismo como una cosa más restringida al ex
Virreinato del Río de la Plata, o el latinoamericanismo como
una impronta tercermundista vinculada con el concepto del
virreinato y ampliado a la Cuenca del Plata. No hay una
única expresión que diga: “todo el mundo considera que el
destino de Uruguay es este”, y a veces predominan
sensaciones como este escepticismo que empieza en estas
semanas, la sensación de no ser de ninguna parte.
***
EC – Con todos esos antecedentes a cuestas se llegó, a
comienzo de los noventa, a la creación del Mercosur. ¿Cómo
se vivió ese paso y cómo se vive ahora la realidad que se ha
ido conformando?
OAB – Es muy importante marcar cómo se vio la creación del
Mercosur. Más allá de que hubo reticencias iniciales de
gente de impronta muy fuertemente liberal y de gente de
impronta de izquierda, al poco tiempo el sentir dominante en
Uruguay fue de un profundo compromiso con el Mercosur.
Uruguay lo vivió no como algo como: “Ah, parece que el
gobierno está haciendo un acuerdo comercial”. Lo vivió como
que se integraba, comenzaba un proceso de integración en
todo el sentido de la palabra, social, cultural, económico,
comercial e, incluso para muchos, político. Yo marco
normalmente algunos detalles significativos, que son
detalles pero son significativos. Uno, el del pasaporte,
ningún país inscribe en la tapa del pasaporte los tratados
comerciales, y Uruguay desde fines de 1995 puso en la tapa
de su pasaporte la palabra Mercosur, como en Europa dice
Unión Europea y antes decía Comunidad Europea. A más de uno
le ha pasado al entrar a un país que un despistado oficial
de migraciones empiece a buscar por la “eme”, a ver si
encuentra el tal país llamado Mercosur.
EC - ¿Y el otro ejemplo?
OAB – Recordemos la explosión que hubo a mediados de los
noventa de enseñanza de portugués en este país, la inclusión
del portugués en un montón de colegios privados, es decir,
una apuesta a la construcción de una especie de macropaís. Y
uno compara esto con lo que ocurría en otros países y no
encontraba lo mismo. Cuento una anécdota: cuando se acababa
de formar el Mercosur le pregunté a un alto dirigente de la
justicia electoral argentino: “¿Qué opina sobre el Mercosur?”,
y me dijo: “Yo no conozco de temas comerciales”. Acá
estábamos en una explosión y para una autoridad argentina
era un tema que tenía que ver con qué productos y a dónde
vendía Argentina.
EC – Ese fue el espíritu en el comienzo.
OAB – En el comienzo, y yo diría que predominó durante
muchísimo tiempo, se fue extendiendo, las Mercociudades, el
acuerdo entre las ciudades del Mercosur, el Mercosur
Educativo, realmente algo que tuvo múltiples dimensiones,
hasta hubo una Copa Mercosur de Fútbol.
EC - ¿Y si venimos a hoy en el tiempo?
OAB – Ya hace un tiempo que empezamos a ver al Mercosur como
algo intermitente, como algo que funciona o no funciona, que
deja muchas desilusiones. Para empezar, para Uruguay hubo un
fracaso fenomenal que es el siguiente: las intermitencias en
el funcionamiento del Mercosur dejaron a los inversores
extranjeros esta idea: “Si yo quiero vender a todo el
Mercosur no puedo instalarme en Uruguay para producir porque
no tengo la seguridad de que mis productos entren libremente
a Brasil o Argentina; para eso me instalo en Rio Grande do
Sul, por ejemplo, o en algún lugar argentino, que va a ser
mucho más serio que Uruguay”. Eso fue un gran fracaso para
Uruguay, porque uno se puede instalar en cualquier punto de
Europa sin preocuparse por ese problema, porque no lo van a
detener en la frontera.
El fracaso del Mercosur, en tanto Uruguay le dio esa
impronta tan fuerte de integración y no de un mero acuerdo
comercial, es visto como algo desgarrador, la sensación es
de un país que queda –esto se vio en algunas cosas que se
dijeron en estos días– en desamparo, a la intemperie, que
tiene que salir a buscar en el mundo cómo relacionarse.
Uruguay tiene que buscar qué va a hacer con relación al
mundo, tiene que hacer un diagnóstico país: un país pequeño,
lejano, de poco peso económico tiene la necesidad de un
afinado diagnóstico de qué puede hacer y la necesidad de
generar una estrategia verdaderamente nacional, que quiere
decir una política llevada en el tiempo, sostenida en el
tiempo más allá de los gobiernos y sostenida por las
distintas fuerzas políticas, sociales, económicas.
EC – Falta un debate a fondo.
OAB – Falta un gran debate nacional. Y sin duda este es el
momento justo para iniciar ese debate, cuando esta crisis no
está atravesando. Obviamente puede haber muchos matices de
pensamiento, pero es un país unido detrás de su gobierno en
medio de la crisis, lo cual es un punto de partida muy bueno
para debatir porque el debate puede hacerse sin que haya la
búsqueda de perfiles políticos o sectoriales o el “yo le
quiero cobrar las cuentas a este otro”.
EC - ¿Dónde sitúas tú el eje de ese debate pendiente?
OAB - El eje del debate es muy profundo, es cómo, cuándo y
dónde se inserta el país de manera segura y confiable y por
generaciones, no pensar solamente en qué vamos a vender en
los próximos cinco años o a dónde vamos a comprar, sino en
un mundo que se integra, en un mundo que va formando
macrorregiones o macroasociaciones, cómo, cuándo y dónde se
inserta Uruguay.
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