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Tres ángulos sobre el conflicto con Argentina:
las soluciones planteadas, el frente interno y algunas
secuelas
Oscar A. Bottinelli.
Versión corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
De los múltiples aspectos que presenta el conflicto con
Argentina que pueden considerarse si se examinan los sucesos
de los últimos días, el politólogo Oscar Bottinelli,
director de Factum, nos propone analizar tres ángulos: las
soluciones que tuvo encima Uruguay, las fortalezas y
debilidades del frente interno, y algunas secuelas de todos
estos sucesos.
***
Oscar, vayamos al planteo básico.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero: Uruguay tiene una gran inexperiencia en conflictos
internacionales prolongados y de magnitud. Ha tenido
chisporroteos, enfrentamientos puntuales como el que tuvo
con Perú, el que tuvo con Cuba, el que tuvo con Argentina
por las declaraciones del presidente Batlle, pero no ha
tenido un conflicto internacional prolongado y de magnitud
en el último medio siglo. Ese es un tema que tenemos que
ver, Uruguay no tiene experiencia.
El conflicto parte de dos posturas, la postura argentina,
que plantea un equilibrio entre la amenaza ambiental que
podrían representar las plantas de celulosa y la actitud de
cortar los puentes y el planteo como solución de un quid pro
quo, es decir, ustedes paran las plantas y nosotros paramos
el bloqueo; y la de Uruguay, que plantea que hay dos temas
de niveles diferentes, uno que puede ser controversial, que
es cómo contaminan las plantas, si no contaminan, si están
muy bien, si están más o menos, y otro que es un tema
previo, absolutamente separado, la tesis uruguaya
tradicional sostenida a lo largo de estos meses: que el
bloqueo es absolutamente inadmisible, independientemente de
las razones que llevaron al mismo y que mientras no se lo
levante no se puede hablar del otro tema. Estas son las dos
tesis: aceptar la tesis argentina (tesis blanda) o pararse
en kla tesis uruguaya (tesis dura).
EC - Tú hablas de dos tesis; vayamos a cada una de ellas.
¿Cuáles son los argumentos para lo que definías como tesis
blanda?
OAB - El tema es el siguiente. Las dos posibilidades de
Uruguay eran o aceptar el quid pro quo o decir: “Mientras no
levanten el bloqueo no se negocia y se terminó”.
La tesis blanda, que es la de que había que aceptar el quid
pro quo, el cambio de una cosa por otra con Argentina,
nivelando el bloqueo con la construcción de las plantas,
partía de elementos tales como que el daño a la economía
nacional no sólo se había hecho sino que continuaba, porque
sin duda hay sectores de la economía del país que siguen
afectados, como el transporte de pasajeros y el transporte
internacional de cargas.
Por otra parte, del lado de los inversores Uruguay
claramente tiene un apoyo muy fuerte de Finlandia, pero no
así de España, que está en una actitud de neutralidad,
aunque con mayores guiños a Argentina que a Uruguay. Sin
duda la tesis española está fundamentada en las inversiones
que tiene en Argentina; pensemos en Telefónica, en
Repsol-YPF, que son de mucho mayor dimensión que las
inversiones a realizar por capitales españoles en Uruguay,
entonces es otro el planteo español.
Por otro lado, parece que hubo señales bastante importantes
de un hombre muy influyente en este país, como es Enrique
Iglesias, que no estarían dadas a favor de la tesis dura
uruguaya sino más bien insinuando la conveniencia de que
Uruguay acordara lo más rápidamente posible con Argentina.
También hubo señales por parte del Banco Mundial (BM),
Argentina ha hecho una presión, un lobby muy eficaz hasta
ahora en el BM y Uruguay no ha tenido la fuerza o la
capacidad para hacerlo, nuestro equipo económico no logra
tener la incidencia que tiene el argentino y han venido
señales de que el BM podría sentarse encima de los informes
hasta que se arreglara el conflicto y los créditos no
saldrían.
Ha existido el temor de que esto generara el retiro de
alguna de las plantas, porque para alguna pueden ser muy
importantes no sólo el BM sino los créditos que se consiguen
en el mercado, y en una situación de conflicto los créditos
no existen o son más caros. Entonces el temor de que esto
generara una imagen negativa de Uruguay con impacto sobre
futuros inversores al ver que en términos fácticos hay
cierta soledad en la región, porque las declaraciones en
general - incluso las de Brasil- no son nada claras en
cuanto a decir “estamos apoyando a Uruguay en el bloqueo”.
EC - ¿Cuáles son, por otro lado, los argumentos para la
tesis dura?
OAB - La tesis dura, que fue la dominante y aparece otra vez
como única, es: el daño ya está hecho, el daño económico
principal para Uruguay –obviamente hay empresas que lo van a
seguir sufriendo– fue hecho en la temporada turística y
prácticamente en los primeros quince días. Desde el equipo
económico ha habido muchas señales en cuanto a que
prácticamente no se avizora nuevo daño significativo para el
conjunto del país –lo que no quiere decir que no lo haya
para determinados sectores– en los próximos seis o siete
meses. O sea que hasta que se avecine la próxima temporada
turística el corte no estaría perjudicando globalmente a
Uruguay y, al revés, le está significando un elemento
importante de contralor del contrabando, dado el gran
desnivel de precios de artículos de consumo entre un lado y
otro de la frontera, y que en los últimos meses del año
pasado había un boom muy grande de contrabando. Y por otro
lado la zona que está bloqueada del lado argentino está
sufriendo muy fuertes perjuicios, justamente porque los
uruguayos no van a comprar.
En cuanto a la posibilidad de que se retire un inversor,
primero, no se valoraba que existiera ese riesgo con esa
magnitud y, por otro lado, aunque alguien se retirara, hay
permisos de construcción de plantas y activos en los que
habría algunos interesados, por lo tanto no se perderían
inversiones y se estaría magnificando esa posibilidad de
retiro de alguien.
EC - ¿Hay más argumentos a favor de la tesis dura?
OAB - Y la principal, que es la debilidad estructural de
aceptación tácita del bloqueo, como que Uruguay puede
negociar bajo bloqueo, con lo que significa para el futuro.
La tesis dura era la tesis pública de Uruguay expuesta por
el presidente hasta el viernes 10 de marzo y a nivel privado
era la tesis del canciller, versus la tesis blanda que en
los últimos 20 ó 30 días fue la aplicada por el entorno
presidencial.
Estas dos tesis, ángulos o evaluaciones y análisis están
arriba de la mesa y hay que verlas independientemente de qué
pasó en Chile el sábado pasado, quién sostuvo una posición y
quién sostuvo otra, porque al sopesar un camino están las
dos.
***
EC - Pasemos al segundo ángulo de análisis: las fortalezas y
debilidades del frente interno.
OAB - El frente interno aparecía públicamente hasta el
sábado 11 de marzo de mañana como muy sólido: una causa
asumida como nacional detrás del presidente y liderada por
el presidente con todo el sistema político, sindicatos,
actores sociales, intelectuales, formadores de opinión, por
supuesto con algunas excepciones, pero era un país detrás de
un presidente en una posición fuerte.
Ocurre que ese frente aparentemente consolidado tenía
grietas que no se veían y que de alguna manera fueron
explotando en los últimos días.
En primer lugar el apoyo del o el consenso en el sistema
político. Si analizamos lo ocurrido, realmente lo que hubo
fue más una foto de líderes políticos en la residencia de
Suárez que una verdadera conducción de consenso nacional por
parte del sistema político.
Me explico; en otras oportunidades, por ejemplo durante la
primera presidencia de Sanguinetti, se reunía el presidente
de la República con el secretario general del Partido
Colorado y los presidentes del Partido Nacional, el Frente
Amplio y la Unión Cívica e iban discutiendo paso a paso los
temas sustanciales, que en aquel momento eran internos,
sobre todo los vinculados con la transición. El presidente
Lacalle, en ocasión del trámite de creación del Mercosur,
reunió ya no a los principales de cada partido sino de cada
sector, fueron reuniones de 11, 12, 13, 14 personas en
varias oportunidades.
Pero acá hubo una única reunión del presidente de la
República –porque no se reiteró– con los presidentes del
Frente Aamplio, del Partido Nacional, del Partido
Independiente y de la Unión Cívica, y el secretario general
del Partido Colorado, pero no para ir evaluando los pasos y
llegar a una solución, fuera la blanda, fuera la dura, fuera
la que fuere, con todo un país detrás, aquí la relación
gobierno-oposición no fue la de un consenso nacional
conducido colectivamente por todo el sistema político.
EC - Pero tú decías que había otras grietas que se escondían
detrás de ese frente interno que en principio mostraba
consenso.
OAB - Una grieta que apareció muy fuertemente en estos días
fueron las diferencias –que además aparecieron filtradas a
la prensa desde el propio entorno presidencial– entre la
cancillería y el entorno presidencial. Que haya diferencias
entre cancillería y entorno presidencial no es nuevo en
Uruguay ni en el mundo, durante casi todo el período pasado
se vio a la cancillería uruguaya en una línea y al
presidente de la República en una sintonía diferente.
EC - Sí, había diferencias Opertti-Batlle notorias.
OAB - Desde la ruptura de relaciones con Cuba hasta las
posiciones ante la guerra de Irak, para señalar dos casos
claros, eran dos visiones distintas. En Estados Unidos
cuando Kissinger era consejero del presidente Nixon eran muy
claras sus diferencias con el Departamento de Estado.
EC - ¿Cuál es la particularidad en este caso?
OAB - En este caso en particular es lo que ocurrió acá y en
este tema. ¿Qué ocurre? En un momento en que tiene que dar
una sensación de frente interno Uruguay expone ante el
adversario que existe esa diferencia en las líneas privadas.
EC - Aparentemente Argentina incluso llegó a plantear que no
quería que Gargano continuara participando en las
tratativas.
OAB - Exacto. Y hay una cosa que es muy importante marcar
–esta es una regla que se puede decir que es válida urbi et
orbe, por lo menos lo ha sido en los últimos 200 años–:
ningún país cambia, acepta cambiar ni se le pide el cambio
de un primer ministro o de un canciller, ni del embajador en
el o los países en conflicto o donde se dirimen los
conflictos, si no es para cambiar de posición. Cuando se
cambia es porque se quiere dar la señal de que se estaba acá
y se va a estar en una posición 180 grados distinta, si no
ni se cambia ni se insinúa el cambio, por más conformidad o
disconformidad que haya. Esta es una regla básica de
actuación, no es un tema de opiniones políticas, de estar a
favor o en contra de nada. Y acá falló esa regla cuando
Uruguay aceptó que le cuestionaran el canciller.
EC - El presidente Vázquez lo ha desmentido, pero ha
circulado con insistencia.
OAB - Sí, pero vamos por partes: todos los periodistas que
estuvieron en Santiago de Chile recibieron de personas del
entorno presidencial esta versión, que era difundida incluso
con euforia considerando que se había obtenido un gran
triunfo en esa reunión y que el canciller no llevaba parte
de ese triunfo.
Además el frente interno queda debilitado –esto es una cosa
que no se ha marcado en estos días– cuando la oposición pide
la renuncia del canciller, se pide desde el Partido
Nacional, la pide gente de la 15, la pide el principal
diputado del Foro Batllista; y cuando desde el entorno
presidencial la prensa recoge semana a semana rumores de
sustitución del canciller. Esto está debilitando claramente
el frente interno.
Además es curioso que la oposición, que en estos días se ha
manifestado unánime y acérrimamente a favor de la tesis que
podemos llamar dura, esté pidiendo la renuncia del
sostenedor dentro del gobierno de esa tesis dura. Aquí hay o
una gran contradicción en la oposición o, lo que es muy
probable, la misma se ha estado manejando con absoluta
desinformación con respecto a lo que estaba ocurriendo. Es
muy grave que la oposición, en medio de un conflicto
internacional, esté planteando elementos que dividen el
frente interno por falta de información. Hay que entender
que en un conflicto internacional las reglas son diferentes
de las del frente interno y que hay cosas que después se
podrán discutir, cuentas que se podrán cobrar cuando termine
el conflicto, pero no en medio del mismo, y mucho menos con
la cantidad de juegos chicos que han aparecido tanto en el
oficialismo como en la oposición.
***
EC - El tercer ángulo que tú planteabas eran algunas
secuelas que dejan estos sucesos.
OAB - A cuenta de mayor cantidad, vamos a señalar algunas
cosas.
Independientemente de cómo termine el conflicto –porque no
se sabe cómo va a seguir en estos días–, ha habido señales
muy nítidas de zigzagueo en política exterior. Y hay que
entender que una cosa es cómo juegan las potencias y otra
cómo lo hacen los países pequeños. Una potencia puede tener
zigzagueos e incluso debilidades en el frente interno;
incluso países que no son potencias pero que tienen cierto
poder pueden jugar zigzagueos deliberados para desorientar a
otros actores del tablero, pero teniendo muy claro el
objetivo, no zigzagueando mientras se busca el objetivo.
Pero un país pequeño necesita la fortaleza por un lado de la
unidad y por otro de la claridad en hacia dónde va y qué
pasos da. Esto debilitó y mucho a Uruguay esta semana, y en
política exterior, que se mueve en torno a gente
especializada, más lejos de la opinión pública, las cosas se
anotan, quedan y se valoran.
Segundo, las señales contradictorias que han aparecido con
respecto a la inserción internacional de Uruguay, cuando se
abrió un debate ante el escepticismo con respecto al
Mercosur, sobre si mantener el Mercosur, profundizarlo,
debilitarlo o abrir otros canales de inserción
internacional. Fueron muy fuertes las contradicciones esta
semana ya que en medio de esto aparece la apertura de
negociaciones comerciales con Estados Unidos, las reuniones
con Bush y la negación categórica de que en la agenda o en
el pensamiento del gobierno esté un tratado de libre
comercio.
EC - ¿Tú dices que esas señales pueden tener impacto en
estas tratativas en particular con Estados Unidos?
OAB - Sí, cuando uno empieza negociaciones tiene que dar
señales claras de hacia dónde va y lo que quiere. La otra
parte no va a dar señales –esto daría para un análisis mucho
más largo–, no va a dar pasos que pueden no interesarle
demasiado si no sabe exactamente hacia dónde va su
contraparte. Si recibe estas señales públicas de la máxima
autoridad, piensa: “Esta gente no está ni pensando en un
tratado de libre comercio, tomemos nota de eso, digan lo que
digan otros ministros o el equipo económico”.
EC - ¿Otras secuelas que puedas mencionar hoy?
OAB - Hay un tema importante que es el debilitamiento que
puede producirse en la confianza en el presidente, por un
lado por parte de otros actores, tanto políticos como
sociales, como a largo plazo de la opinión pública. Esto no
quiere decir que la semana que viene haya una caída en la
imagen o en la aprobación del presidente, no es así que se
mueve. Pero ante hechos que puedan impactar directamente en
la gente, que tengan que ver con empleo, con ingresos, con
otra cosa más directamente ligada con la vida personal, el
presidente ya no tendrá la fuerza que tenía hace una semana,
aparece un poquito debilitado en la medida que esa confianza
plena que el país le estaba otorgando se desarmó un poco con
los desacomodos a partir del sábado. Se sigue manteniendo
una carencia política en materia comunicacional del gobierno
y se generó un desgaste no sólo por la sorpresa que fue para
el país lo del sábado pasado (11 de marzo), sino como
consecuencia de la sucesión de declaraciones contradictorias
desde distintos ámbitos del oficialismo para intentar
cambiar la interpretación o corregir lo ocurrido el sábado
en Santiago de Chile. Sobre todo esa idea de pretender
trasladar la culpa diciendo que se interpretaron mal las
palabras, que por otra parte fueron muy claras y las vio
todo el mundo directamente. Es decir, ha quedado una serie
de secuelas que no van a tener efecto inmediato, por ejemplo
en las encuestas, pero que son cosas que erosionan,
debilitan y aparecen cuando hay otros factores internos y
fuertes que molestan o incomodan a la gente.
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