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El dilema de la inserción internacional del país
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
El conflicto con Argentina por las plantas de celulosa ha
traído de la mano otro tema, que es el que hoy nos propone
analizar el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum:
“El dilema de la inserción internacional del país”.
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EC - ¿Por dónde empezamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero hagamos una puesta a punto. En estos últimos días ha
ocurrido lo siguiente: Uruguay va camino al restablecimiento
del frente interno –falta la reunión de Vázquez con los
líderes de los demás partidos, luego que las decisiones se
procesen en consulta y que se establezca finalmente una
política exterior que funcione como política de consenso.
Se ha fortalecido la figura del canciller –si el canciller
no está fortalecido no hay política exterior posible y
creíble desde afuera– y muchos analistas dentro y fuera del
país y actores dentro del país consideran que el daño a la
región por parte de Argentina ya está hecho. Primero ya con
el impago de los bonos –sobre todo en Italia y Japón, esa
deuda externa que dejó un tendal de gente que perdió su
dinero–. Y ahora el bloqueo a Uruguay, que la región se ve
como poco confiable y eso deja sus manchas.
Este es el cuadro. Uruguay necesita un frente unido y
empieza la reflexión a partir de las dudas que se han venido
generando desde hace largo tiempo, desde hace varios años,
pero acentuadas en el último año, en los últimos meses y
semanas, de si el Mercosur es realmente el futuro. Y si no
lo es, cuál es su lugar en el mundo, dónde y con quiénes.
EC - En general en nuestro país se ha ido extendiendo una
visión más bien pesimista del Mercosur.
OAB - Hay mucha coincidencia en el diagnóstico. Empezó con
la aplicación intermitente por parte de Brasil del libre
comercio, lo más típico ha sido el caso del arroz –a veces
con cosas tan insólitas como que un juez de un remoto lugar
de Rio Grande do Sul por razones sanitarias frenara toda la
entrada de una cosecha–, y más o menos lo mismo sucedió con
Argentina, donde lo más emblemático fue el tema de las
bicicletas. Y como elementos mucho más importantes, la falta
de convergencia macroeconómica. ¿De qué sirve hablar de toda
una serie de acuerdos de libre comercio y arancel externo
común si luego un país devalúa, como lo hizo Brasil en enero
de 1999 o Argentina, que devalúa, retiene todos los
depósitos bancarios y viene toda la debacle que comienza en
diciembre de 2001? En tres años pasa lo de Brasil y lo de
Argentina. Es decir que el funcionamiento común de un
mercado común es muy difícil.
Esto ha llevado una señal hacia el exterior: Uruguay no
puede ser Dinamarca ni Bélgica. No puede ser el país en el
cual se radiquen inversiones para vender dentro de esa unión
económica, como pasa con países chicos que pueden ser
depositarios de todo o una parte de un proceso industrial
para vender en el conjunto de la Unión Europea. Aquí se vio
que, ya sea por razones monetarias o de barreras
fronterizas, no es confiable invertir en Uruguay para vender
a Brasil y Argentina. Esta es la peor señal que el Mercosur
ha dado sobre su funcionamiento con relación a Uruguay.
Pero por otro lado también ha renacido una bilateralidad en
las relaciones argentino-brasileñas, en la que se llega
hasta a tomar medidas de salvaguardia por parte de uno de
los países en defensa de su competitividad con relación al
otro; lo cual está marcando que ya no está funcionando el
mercado común.
Y por último este conflicto llamado “de las papeleras”, no
sólo el bloqueo de los puentes, por un lado, como un tema
grave porque lo primero de cualquier asociación comercial es
la libre circulación de mercadería, sino el no
funcionamiento de las instituciones del Mercosur para
resolver el conflicto y el lavado de manos de Brasil e
incluso de un miembro asociado con el Mercosur, Chile. Y de
paso, también España se ha lavado las manos, en el mejor de
los casos; lo que lleva a otra pregunta: ¿para qué sirven
estas pomposas cumbres iberoamericanas con su naciente
burocracia, con el propio Enrique Iglesias a la cabeza, que
parece que poco favor le ha hecho a Uruguay en este tema?
EC - Pero el Mercosur, desde que empieza a diseñarse, tiene
apenas 15 años. Y la vida independiente de nuestro país es
de más de un siglo, un siglo y tres cuartos. Entonces, ¿cuál
era nuestra inserción internacional antes?
OAB - A veces nos cuesta darnos cuenta por qué aparece este
tema. Primero tuvimos una etapa de proto-país o proto-
Estado, de ir creándose un país o un Estado. Recordemos que
en diciembre de 1828 fue cuando lo que en aquel momento se
llamó el Estado de Montevideo adquirió personería jurídica
internacional, después del Tratado Preliminar de Paz.
De ahí hasta el fin de la guerra de la Triple Alianza hubo
un Estado con poca personalidad, donde los problemas
políticos de los vecinos se nos mezclaban. Los problemas
internos y externos se mezclaban y se terminó en la Triple
Alianza.
Desde el fin de la guerra de la Triple Alianza hubo todo un
proceso de modernización económica del país y de una
inserción internacional que fue calificada por el
historiador Eric Hobsbawm como de dominio honorario del
Imperio Británico, colocando a Uruguay y a Argentina en la
misma situación de Canadá o de Australia y Nueva Zelanda;
como parte del Imperio Británico, por lo menos desde el
punto de vista económico, lo cual ocurrió hasta mediados de
los años cincuenta del siglo XX. Es decir por tres cuartos
de siglo como mínimo, un poco más, y cuyo último estertor se
puede marcar en 1966, cuando se cierran mercados a la carne.
Si algo faltaba, pocos años después, cuando la crisis del
petróleo del 73, se cierra el ingreso de carnes a toda la
Comunidad Económica Europea (CCE).
Pero Uruguay tenía resuelta su inserción internacional con
el funcionamiento en la órbita del Imperio Británico y la
libra esterlina. Eso llevó a que, desde el último tercio del
siglo XIX hasta pasada la primera mitad del siglo XX, jamás
se viera como un problema la inserción internacional de
Uruguay. Buena o mala, gustara o no, estaba dada.
Ahí empezó la etapa de la búsqueda de un lugar en el mundo,
que empezó en aquel momento. El gobierno de Lacalle y el
canciller Gros ven la posibilidad de generar un espacio
regional cuando Argentina y Brasil están buscando una
complementación bilateral, con un Paraguay que emergía de un
largo período de dictadura. Logra conformarse el Mercosur y
pareció que el momento más cerrado, más sellado de esta
inserción internacional se daba poco después, en diciembre
de 1995, con la declaración de Sanguinetti y Felipe
González, presidentes pro témpore de sus respectivos
bloques, el Mercosur y la Unión Europea, de que se iba hacia
la constitución de la primera macro- zona del mundo entre la
Unión Europea –aquella unión de los 15– y el Mercosur.
***
EC - Es interesante refrescar todos esos antecedentes. Sobre
todo para preguntarte qué caminos o visiones hay respecto de
cuál puede la inserción internacional del país de ahora en
más.
OAB - A esta altura en el país hay una cierta coincidencia
en que el Mercosur, así como está, no funciona y no tiene
mucho futuro. Se abren tres grandes caminos y hay gente que
opta por uno o por otro y gente que cree que hay que
recorrer todos a ver cuál anda.
Un camino sería buscar una especie de refundación del
Mercosur, la recreación del afecto societatis. Pero una vez
comenzada esta idea, por lo menos en el sentido de su
espíritu, luego viene: ¿con quiénes? ¿estos cuatro más
Venezuela? ¿o más Chile? ¿o más los demás países andinos? ¿o
más México? ¿Cuál es el Mercosur?, ¿un Mercosur de cuatro,
de cinco, de seis, de ocho, de 10, de 11? Ese es un primer
gran tema.
Otro camino es el de quienes dan por desahuciado al Mercosur,
que dicen “esto ya no anda” y que hay que abrir lo que se ha
llamado en los últimos tiempos una vía chilena. No
refiriéndose al modelo económico interno de Chile sino a
cómo se ha posicionado hacia fuera, como un país
independiente que ha buscado todos los nichos y tratados
internacionales que le han servido. Esta vía independiente a
Uruguay le significa necesariamente la búsqueda de tratados
individuales –entre los cuales aparece como básico en este
momento uno con Estados Unidos–. O pasar a ser miembro
asociado con el Mercosur, es decir pasar de miembro pleno a
asociado, que es el estatus que tienen Chile, Bolivia y con
algún detalle diferente Venezuela: no perder determinadas
ventajas del Mercosur pero no quedar atado a un bloque que
no está sirviendo.
EC - Esos son los dos caminos básicos.
OAB - Y hay un tercero intermedio, de los que dicen que lo
mejor es desensillar hasta que aclare, que puede incluir la
posibilidad de dejar de ser miembro pleno por un tiempo, que
no se apliquen las condiciones exigentes, por ejemplo el
arancel externo común y se pase a tener la misma situación
de Chile y los demás. Como miembro asociado tendría un poco
más de libertad y vería si el camino es el Mercosur o es
moverse independientemente, o es un poco de cada cosa.
EC - ¿Y cuáles son las dificultades, por lo menos las más
significativas, para tomar una decisión entre esas opciones?
OAB - La del Mercosur no depende de la voluntad de uno.
Obviamente, cuando uno construye una sociedad, si no hay
voluntad de los demás, por lo menos voluntad en la misma
línea que uno quiere, si no coinciden los deseos y las
prospectivas, no va a funcionar. El tema es: ¿Argentina
quiere realmente un Mercosur como quiere, le interesa y le
sirve a Uruguay? ¿Brasil quiere un Mercosur de esas
características? ¿Tienen otros proyectos? ¿Esos proyectos
son diferentes de este tipo de Mercosur? Ese es el problema.
Con respecto a la vía independiente los problemas también
son complicados. Primero, al interior del país hay una
cierta ideologización en el encare de los problemas
internacionales. Cuando se ve la apuesta a la región como un
tema ideológico sí o sí, se ve como un gran fracaso que no
haya una integración regional. Y la inversa, están quienes
han combatido la integración regional desde un ángulo
también ideológico. La dimensión ideológica es un poco
peligrosa para manejarse con realismo en los caminos que hay
por delante, que exigen una fuerte `real politik´ en las
relaciones internacionales.
Hacia afuera los problemas están dados en la fragilidad del
país, que es muy pequeño, que tiene una dimensión muy
reducida en población y en peso económico, lo cual en
general no es demasiado atractivo. Tendría que tener una
oferta comercial que incluyera algunos productos muy
interesantes, como ha logrado tener Chile, que incluso logró
una marca en el mundo.
En cuanto a los problemas con Estados Unidos, sin duda este
gobierno en particular tiene un discurso contradictorio
respecto de Estados Unidos en lo público, en cosas dichas
desde los más altos niveles; pero mucho más contradictorio
si se toman en cuenta actos y dichos privados y dichos
públicos. Por otro lado, ¿cuál puede ser el interés de
Estados Unidos en hacer un acuerdo de libre comercio con
Uruguay? Uruguay a Estados Unidos le da muy poco, por la
dimensión de su mercado. Uno de los mayores problemas es que
el interés que puede tener Estados Unidos no es tanto
económico sino político y estaría en buscar una asociación
con un país que ayude a un cierto debilitamiento del
Mercosur, particularmente del poderío de Brasil y de
Argentina, con quienes está enfrentado.
Hay problemas con China. No es fácil encontrar en Uruguay
productos que le sirvan a China, en grandes cantidades; y a
la inversa, según analizan algunos, una apertura muy fuerte
a la producción china puede resultar peligrosa.
El tema con la Unión Europea daría para todo un análisis.
Pero uno de los problemas básicos es que Europa está
prefiriendo en este momento negociar con regiones y no con
países, más allá de que hizo un tratado de libre comercio
con Chile.
EC - ¿Qué conclusiones dejamos?
OAB - Hay necesidad de abrir un gran debate nacional frío,
desapasionado, sin anteojeras ideológicas, sin juegos
políticos internos, sin poner por delante las simpatías o
antipatías por países. Tiene que ser un debate de todo el
país, de todos sus partidos, de los actores sociales,
económicos, académicos...Porque lo que está en juego no es
qué hace el gobierno de Vázquez ni del Frente Amplio en la
inserción internacional del país, sino qué hace Uruguay en
una inserción internacional con características de etapa
histórica, que va a determinar su futuro por muchísimo
tiempo –así como la anterior duró casi un siglo–. Eso es lo
que está planteado.
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