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La crisis de comunicación en la familia gubernamental
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
La última semana y media ha estado marcada en lo político
por la amenaza de renuncia del ministro José Mujica, su
enfrentamiento con Astori y el largo cónclave del miércoles,
esa reunión especial del Consejo de Ministros en la
residencia presidencial de la avenida Suárez. A propósito de
este hecho, el politólogo Oscar Bottinelli, director de
Factum, nos propone como título para su análisis de hoy: “La
crisis de comunicación en la familia gubernamental”.
***
Oscar, ¿por dónde empezamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero ver que en la sesión del Consejo de Ministros del
miércoles, a diferencia de otras que estuvieron muy
centradas en un repaso de lo que estaba haciendo cada
ministro y a veces en tratar temas más administrativos,
surgieron a luz todas las controversias –endeudamiento,
tratado de libre comercio con Estados Unidos, salud,
educación–, aunque llamó la atención que no apareciera
–quizás por no ser controversial– el tema plantas de
celulosa y dicen que no se habló de apagones. Tengo la
percepción de que en el gobierno no hay conciencia de que
cuando empiezan los apagones –está demostrado– cae
fuertemente la popularidad del presidente y de los
gobiernos. Uno de los casos más significativos en ese
sentido fue el de Fernando Henrique Cardoso.
EC - Esos dos temas que figuraron mínimamente, plantas de
celulosa y crisis energética, en todo caso aparecieron
cuando el vicepresidente Nin Novoa, actuando como vocero,
dijo que el doctor Vázquez entendía que no era conveniente
realizar cambios en el gabinete por esta coyuntura, con esos
dos factores sobrevolando.
OAB - Pero no ha habido una discusión de alarma diciendo
“cuidado que si viene esto el barco se hunde”.
EC - Vayamos al tema que proponías.
OAB - Las varias cosas que han surgido en este proceso.
Primero, las diferencias ideológicas y de rumbo en el
gobierno, que quedaron muy claramente expuestas. Segundo,
los problemas concretos de la política económica y sus
efectos sobre el endeudamiento agropecuario y la política
agropecuaria, por un lado, pero también sobre la reforma de
la salud o las políticas de salud y la reforma educativa o
las políticas de educación. Y, tercero, los problemas de
comunicación.
Pero hagamos una precisión que hemos hecho muchísimas veces.
Se instaló durante largo tiempo la idea de que en el
gobierno hay dos bloques, uno moderado y uno radical, y un
presidente que oscila. En el tratamiento de los temas se
está demostrando con mucha claridad que hay por lo menos
siete corrientes, que son las grandes siete expresiones
electorales, más una octava corriente que se expresa en el
entorno presidencial. Y los conflictos, las controversias,
las definiciones de rumbo son el juego de estas corrientes
que se encuentran y se desencuentran según de qué se esté
hablando.
EC - ¿Y cómo ves estos problemas de comunicación a los que
aludías recién?
OAB - Estamos hablando de una incomunicación en el sentido
profundo, no de que alguien se olvide de avisarle algo a
otro. Es como cuando se dice que en una familia no hay
comunicación o que entre los socios de una empresa no hay
comunicación. Es mucho más que decir “se olvidó de dejarle
una nota”. Y no es un problema específico del gabinete, sino
un problema de todo el oficialismo.
EC - No estás hablando de comunicación hacia afuera, lo que
te preocupa es la comunicación hacia adentro.
OAB - No, comunicación como cuando se dice “esta pareja
tiene problemas de comunicación”, no es que no le funciona
el teléfono, es que uno y otro no logran entenderse,
comprenderse, trasmitir uno al otro lo que quiere y
compartir las decisiones o los caminos. Y esto no es un
problema específico del gabinete sino de todo el
oficialismo, estemos hablando del gabinete, del Parlamento,
de donde tenga que expresarse el oficialismo. Es un problema
mayor que el de comunicación en el sentido más clásico del
término, es un problema de compartir la elaboración y el
pensamiento, que está compartimentado, hay una elaboración
compartimentada del pensamiento y de la acción del gobierno,
en compartimentos estancos. Y es un problema de
funcionamiento del Frente Amplio (FA), del gobierno en el
sentido de mayoría legislativa incluida, un problema de
gabinete y de Presidencia. Es un problema muy grande y muy
abarcativo que estalló y hubo que dedicarle toda una sesión
del Consejo de Ministros.
EC - ¿Qué elementos concretos señalarías de esta
incomunicación?
OAB - En primer lugar algo que mencionamos al comenzar sobre
los temas tratados. La política económica está apareciendo
como un tema del equipo económico, pero hete aquí que esta
política económica repercute en el gasto, entonces afecta
las políticas o programas que quieren salud, educación,
vivienda, las políticas sociales en general, transporte,
inversiones en infraestructura o en seguridad pública.
Aparece que ha habido una especie de desigualdad en la toma
de decisiones en el gobierno con un equipo económico que
marca los límites y posibilidades de gestión de los demás.
Apareció la política económica como el equipo económico de
un lado y el resto de la política económica, lo que a veces
se llama la política productiva, el tema del agro,
industria, energía, por otro. Siempre se habla de lo
económico vinculado con lo macroeconómico, pero hay áreas
clave de la economía que tienen problemas de comunicación
con el equipo económico.
El concepto tradicional de equipo económico siempre abarcó
Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Ministerio de
Economía (MEF), Banco República, Banco Central (BCU), pero
se ha visto un reduccionismo, ya es explícito que el
director de la OPP no integra el equipo económico, “estoy
excluido –dice–, no sé cómo se elaboró la reforma
tributaria, no sé qué contiene ni por qué”. Y se nota que el
presidente del BCU tampoco aparece ahora con la frecuencia
que aparecía un año atrás con relación al equipo de gobierno
como tal. Se ha reducido mucho el equipo económico al
vértice del MEF, al edificio de Hacienda, digamos.
Y hay además incomunicación con el Parlamento, donde es
notorio el crecimiento de una gran disconformidad entre los
legisladores, particularmente en los diputados, pero se ha
visto en estos días algunos senadores expresar incomodidades
muy fuertes, por ejemplo con la reforma tributaria, diciendo
que no se discutió antes, que no participaron en la
discusión de los objetivos, de los instrumentos, que viene
hecha y van a discutir a partir de cero. O en el tema de la
despenalización del aborto, en relación al cual el
presidente toma una posición diferente de la tradicional de
la fuerza política y el debate comienza a posteriori en el
nivel parlamentario o en el nivel de la fuerza política, sin
que previamente se haya elaborado.
Hay una disconformidad que se traduce en que los
legisladores están esperando que el Poder Ejecutivo mande
iniciativas, se les constriñe a no presentarlas por sí
mismos y en general se enteran bastante tarde de lo que está
pensando y resolviendo el gobierno.
EC - ¿Entonces? ¿Cuáles son tus conclusiones luego de este
diagnóstico?
OAB - En primer lugar, este es un hecho grave y preocupante,
porque un gobierno tiene un límite dentro del cual puede
funcionar en estas condiciones. Tendría que ser, como se
dice vulgarmente, gente que juegue “de memoria”, pero eso
requeriría un equipo compacto, cosa muy difícil en un
gobierno con mayoría parlamentaria porque siempre,
necesariamente –no es una patología–, tiene que haber un
arco de distintas formas de pensar, distintas formas de ver
el país dentro de la idea matriz de una mayoría, e incluso
defendiendo distintos segmentos de la sociedad y distintos
intereses.
Pero además vemos que la izquierda, este gobierno, ha habido
–basta recordar el discurso en la explanada del Palacio
Legislativo del 1 de marzo– una permanente referencia a
crear comisiones, convocar al diálogo, la izquierda en la
intendencia y ahora en el gobierno ha sido muy proclive a
crear comisión para esto, comisión para lo otro, convocar
partes, discutir, dialogar, convocar al diálogo. Para sí
misma ha montado estructuras muy complejas, como la del FA,
con organismos muy numerosos, de muchos escalones, y todo
eso termina en resoluciones en solitario y en compartimentos
estancos. Quizás por el exceso de ideas, de diálogo y de
participación se termina yendo al otro extremo: cada cual
está resolviendo en solitario en su compartimento.
EC - ¿Cómo ves la transformación del rol del Consejo de
Ministros que se anunció esta semana?
OAB - Parecería un primer paso de los pasos que está
necesitando urgentemente el gobierno, porque el Consejo de
Ministros ya no puede ser un lugar donde los ministros se
informan qué están pensando los otros ministros, a veces en
temas menores, baladíes, tiene que ser un lugar donde se va
a discutir la política económica, que si se va a negociar un
acuerdo comercial con Estados Unidos se empiece a discutir
ahí dentro y no que surjan ya no uno de los miembros del
gabinete sino el director de la OPP diciendo “no sé qué es
lo que se está negociando”, o legisladores líderes de grupos
políticos –porque no todos los grupos tienen sus líderes
ahí– que no están informados sobre lo que está pasando.
EC - Ahora se va a reservar un espacio de dos horas para la
discusión política.
OAB - Sí. Da la impresión de que igual puede resultar
insuficiente, cuando hay diferencias hay que reservar el
tiempo necesario para discutir hasta que haya un consenso o
una primacía de una propuesta. Pero falta resolver muchos
temas, falta resolver cómo superar –esto es un problema de
procedimientos y de roles personales– la toma de decisiones
en compartimentos estancos, que es una cosa que ha
caracterizado a este gobierno, cada uno es dueño de un
ministerio o de un área y hace allí lo que le parece sin
consultar demasiado a los demás.
Requiere, por supuesto, un cambio en el rol del presidente
de la República, que tiene que tener un rol mucho más activo
y decisor en temas más cotidianos y de marcación de rumbo,
convenciendo a todos los demás de que ese es el rumbo
correcto. Un cambio en la relación con el Poder Legislativo
en general, pero en particular con la mayoría oficialista,
que tiene que participar en la elaboración de la política; y
con la estructura del FA, en algún lado tiene que ser, o en
la estructura del Frente o en las bancadas, donde se
procesen las grandes discusiones y se tomen las decisiones,
o por lo menos el proceso de convencimiento a todos del
rumbo que se está adoptando.
Más allá del tema particular de Mujica con el endeudamiento
agropecuario, con la Federación Rural, y si sale bien o mal
de este proceso en función de la jugada que hicieron el
Partido Nacional y Larrañaga con relación a este tema, que
acotó mucho el juego de Mujica, más allá de todo eso lo que
estalló fue un problema de fondo del gobierno que quedó
larvado primero por toda la luna de miel del primer año
calendario y luego por el conflicto con Argentina. La baja
de decibeles del conflicto con Argentina ha exhibido la
cantidad de temas sin resolver, algunos de fondo como la
forma de funcionamiento del gobierno, que han estallado y
llegado al primer plano.
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