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Una
interpelación con múltiples hechos y señales
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
La semana pasada las negociaciones comerciales con Estados
Unidos fueron el eje central de la reunión que el presidente
Tabaré Vázquez mantuvo el lunes con los líderes de la
oposición y fue también el motivo de la interpelación que el
martes llevó adelante el senador Jorge Larrañaga a los
ministros Reinaldo Gargano y Danilo Astori. A propósito de
estos hechos, de estos dos acontecimientos que pautaron esa
semana corta de cuatro días, el politólogo Oscar Bottinelli,
director de Factum, nos propone hoy: “Una interpelación con
múltiples hechos y señales”.
***
Oscar, ¿por dónde empezamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero hay un hecho que hay que destacar, que fue la
transmisión en directo de la interpelación por Televisión
Nacional, lo que vulgarmente llamamos Canal 5, que es como
se ve en Montevideo por televisión abierta. En Uruguay
carecemos de una visión directa del Parlamento uruguayo,
porque por la televisión por cable vemos con mucha
frecuencia sesiones del Senado de la Cámara de Diputados de
Argentina, sesiones muy importantes de España, Italia,
Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, de los
parlamentos regionales de Galicia y País Vasco, a veces de
Chile y de México, pero resulta que de Uruguay no vemos
nunca, salvo flashes que pasan los informativos.
Esto de tener una transmisión en directo realmente fue una
cosa muy interesante. Recordemos que a la salida de la
dictadura fue frecuente, por lo menos durante dos o tres
años, que las radios trasmitieran en directo las sesiones
muy importantes, que hubo muchas en aquel momento. Hay una
carencia, no se puede seguir el Parlamento en directo en
Uruguay ni por radio, ni por la televisión por cable, que
podría haber un cable para cada cámara, ni por Internet,
como se pueden seguir las sesiones de muchos parlamentos.
EC - Cada tanto reaparece un viejo proyecto para que el
propio Poder Legislativo tenga sus señales de televisión,
pero no se concreta.
OAB - Por lo menos hay muchos parlamentos que uno puede
seguir en directo por Internet. Hay un tema interesante, la
forma de funcionamiento del Parlamento uruguayo está muy
lejos de un formato televisivo. Si observamos que en Italia
en general habla el jefe de bancada o el líder político del
grupo, del partido, del sector, y habla en 10 minutos, uno
en dos horas tiene diez o doce intervenciones. Aquí en dos
horas hemos llegado a tener una y un poquito, entonces es
muy poquito el interés de la gente en seguirlo.
EC – Hay que disponer de mucho tiempo...
OAB - En España, por ejemplo, que todos los años tenemos en
Televisión Española el debate en que el presidente del
gobierno hace el análisis del estado del reino, aparte de un
informe que durará unos 20 minutos y otro tanto del jefe de
la oposición, después tenemos un picado de a 5 minutos del
jefe de la oposición y jefe de gobierno que es muy
interesante. En una hora o en hora y media uno tuvo un
panorama general con intervención de los otros partidos. Es
un tema que el Parlamento, si esto se trasmite directamente
en forma habitual, tendría que ir adaptando el régimen de
funcionamiento como lo han hecho en otras partes del mundo.
No en Argentina, que vemos en la televisión que son
discursos de una hora, como acá, o de media hora.
EC - Volviendo a la interpelación en sí, fue una
interpelación que no tuvo como tema exclusivamente las
negociaciones comerciales con Estados Unidos, fue una
discusión bastante más amplia que abarcó la política
exterior en general.
OAB - Digamos que fue una interpelación con dos ejes que se
fueron alternando en las intervención, la política exterior
en general de Uruguay y las negociaciones comerciales con
Estados Unidos.
Quiero comentar que me resultó una interpelación realmente
interesante, profunda, muy rica, en las intervenciones de la
oposición y del gobierno.
En materia de política exterior de Uruguay hubo varios
planteos. Fue muy interesante, muy fuerte el del ex
presidente Sanguinetti, que ayudó a sacar la hojarasca. En
torno a la Cancillería hace un año y pico que se viene
debatiendo si Gargano es gruñón o no es gruñón, si gusta o
no gusta... Realmente la esencia de la polémica quedaba
oculta en anécdotas. Y fue a dos ejes centrales realmente de
diferencias políticas entre gobierno y oposición, una en lo
que es un cambio histórico de Uruguay. Este gobierno tiene
una línea política en relación al Estado de Israel, al
conflicto en Medio Oriente y a los países árabes diferente
de la posición histórica de Uruguay desde 1948 a la fecha.
Es un cambio muy importante que no llegó a debatirse en
profundidad pero que quedó claramente planteado en la
interpelación, y que es una posición de gobierno. Es muy
difícil manejarlo como un tema personal y exclusivo del
canciller, más allá de que tiene un énfasis claro en la
línea que está siguiendo el nuevo gobierno.
Y un segundo tema que ya había aparecido con mucha fuerza en
el planteo del interpelante Larrañaga, que marca como una
segunda gran diferencia el ex presidente Sanguinetti, el
senador Sanguinetti, es el rol que Uruguay le asigna a
Venezuela en las negociaciones bilaterales y en el juego
político en la región.
No se planteó en ningún momento de la interpelación lo que
se sabe, lo que se comenta, es un tercer eje polémico sobre
la Cancillería, que es la política en relación al personal,
al Servicio Exterior, porque es sabido, lo tratamos en un
análisis hace un tiempo, que el Foro Batllista (FB) se
siente agredido en los manejos de personal, de destinos que
hace la Cancillería. Se sabe que el gobierno considera que
ha ido desarmando un manejo privilegiado, un dominio del FB
sobre nuestro Servicio Exterior.
EC - El tema apareció en el debate, pero no tuvo el
despliegue que pudo haber tenido.
OAB - Apareció muy lateral, no quedó como los otros dos
temas, como un eje central de la polémica.
***
EC - ¿Qué es lo que más destacas de lo ocurrido la semana
pasada en relación con las negociaciones con Estados Unidos?
OAB - En las negociaciones para la búsqueda de un acuerdo
comercial lo primero creo que ayudó a clarificar, aunque he
visto que las confusiones siguen por parte de actores
políticos, empresarios, sociales, analistas, que requiere
mirar con mucho más atención el tema porque se está viendo:
o hay un tratado de libre comercio (TLC) como el de Chile o
no hay nada, o a cualquier negociación con Estados Unidos se
la ve como un TLC, y se ve que hay muchísimos matices
posibles, muchos caminos posibles en la negociación.
EC - Tú escribiste sobre ese tema en particular ayer en el
diario El Observador.
OAB - Reiteradamente, cada tanto, en el diario o aquí,
siempre llevo una línea de hacer hincapié en la necesidad de
dar matices, el mundo no es en blanco y negro, hay que ver
los muchos matices que tienen los problemas. Y no sé por qué
tanto el tratado de inversiones con Estados Unidos el año
pasado como este se han visto muy en blanco y negro. Y
también ha habido mucho de confundir deseos con realidades,
la menor punta que veían hacia un acuerdo con Estados Unidos
muchos partidarios de un TLC, ya veían que el gobierno iba
para ahí. Y en todos estos temas es necesario afinar mucho,
recibimos una carta del embajador Gros precisamente
coincidiendo con nuestro análisis anterior sobre cuál es rol
del presidente, los ministros y del Consejo de Ministros,
porque también Uruguay en ese otro tema está en una
simplificación muy grande con el concepto de los ministros
fusible y un presidente, como si fuera un régimen
presidencial. El riesgo de ir a la simplificación
dicotómica, o el TLC con Estados Unidos o Uruguay no vende
un gramo de carne.
EC - Sobre la interpelación, ¿cuál fue, para ti, el
principal efecto que tuvo?
OAB - Para mí el principal efecto es que partimos de un
gobierno que se inicia dividido. Es muy claro en la
declaración de Tabaré Vázquez, oficial, que dice que a
partir de las diferencias del gobierno nadie podía hablar,
salvo el presidente, y vemos que la propia interpelación
lleva al gobierno a la necesidad de acelerar la discusión
interna para encontrar puntos comunes. Claramente hay un
cambio del ministro de Economía, en Punta Cala habló
específicamente de un TLC, en la interpelación no usó esa
palabra en ningún momento, y además empezó a poner énfasis
en cosas que no ponía tanto énfasis, como el reconocimiento
de puntos de temas sensibles en la negociación con Estados
Unidos y la importancia de la pertenencia a la región.
El ministro de Relaciones Exteriores, por otro lado, hizo
mucho énfasis en la región, clarificó más de lo que venía
haciendo la importancia de la profundización comercial con
Estados Unidos. Estos matices que puso cada uno acercaron
mucho las posiciones, al punto que permitieron en la
interpelación que el gobierno presentara una posición
prácticamente única, aunque con matices. Claramente hay una
mayor decepción de Astori respecto del Mercosur, una mayor
apuesta al Mercosur por parte de Gargano, hay una mayor
confianza en Estados Unidos del ministro de Economía y una
mayor desconfianza del ministro de Relaciones Exteriores, y
eso probablemente pese en el momento de la concreción de las
negociaciones. Pero ya al gobierno hoy se lo ve con mucho
más claridad.
EC - Finalmente, ¿qué es lo que ves tú? ¿Qué es lo que se
viene, o hacia dónde se va en esta discusión?
OAB - Lo primero que quedó claro es que hay que esperar al
mes de octubre. Más allá de que pueda discutirse exactamente
qué es negociación y cuándo empieza, la negociación como
toma y daca va a empezar recién en las próximas semanas,
hasta ahora se estuvo preparando los distintos elementos en
los cuales van a venir los planteos de cada una de las
partes y donde vendrán las transacciones y cada uno dirá “a
partir de acá ya no aflojo más”, o “en esto sí”. Ahí se verá
realmente cuánto se acerca o no a un TLC.
Lo que parece claro es –que fue lo más claro de la
interpelación– que no va a haber un TLC de formato clásico
como el de Chile, eso parece absolutamente claro; tampoco se
va a usar la palabra “tratado de libre comercio”, y no es
menor si se usan o no las palabras, las palabras definen las
cosas. Parecería claro que va a estar más cerca o más lejos
de un TLC clásico en dos puntas, si se va a crear una zona
de libre comercio o no, o hay un montón de productos que van
y vienen; y segundo, cuál va a ser el principio general del
tratado, si el principio general es que va a haber libre
comercio en todo excepto en determinados tipos de productos,
de mercaderías, de bienes, de servicios, o si el principio
general es el otro: “va a haber comercio en estas listas
específicas o en estos rubros”. Si no hay ningún principio
general no hay nada que se parezca a un TLC, va a haber
tratado de profundización comercial, un acuerdo, y si
tenemos un principio general que es libre comercio todo o
con excepciones -muchas o pocas- estamos muy cerca o casi es
un TLC.
Hay que esperar al mes de octubre para ver realmente por
dónde va a ir el gobierno en relación a Estados Unidos.
Lo otro que parece bastante claro es que el gobierno tiene
un propósito de evitar lo que signifique rupturas o cambios
de status en relación al Mercosur, es decir que la
negociación con Estados Unidos la va a ir acompasando con
negociaciones, como toda negociación, con elementos de
fuerza y elementos de convencimiento, al interior del
Mercosur para compatibilizar una profundización comercial
con Estados Unidos con la permanencia en el bloque regional,
y negociar muchas cosas dentro del bloque regional, del
Mercosur.
Creo que estas son las lecciones más importantes que
surgieron de la semana pasada, y particularmente de la
interpelación.
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