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Los
derechos humanos y la transición política
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
JOSÉ IRAZÁBAL:
Un hecho trascendente de la historia de la transición desde
la dictadura es el pedido de procesamiento de un grupo de
militares por operativos realizados en ese período y fuera
del país. A propósito de estos hechos, el politólogo Oscar
Bottinelli, director de Factum, analiza: “Los derechos
humanos y la transición política”.
***
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero siempre conviene refrescar la historia, en este caso
la historia reciente, para entender el presente, sobre todo
entender la validez y la fuerza que tiene lo que está
ocurriendo hoy. La transición de la dictadura empieza en
algún momento entre 1980 y 1984 y se dio por terminada –y
esto fue una valoración académica y analítica unánime– en
1989 con el referéndum sobre la ley de caducidad. Luego
viene una reapertura del debate, que como toda reapertura
tiene una serie de focos poco audibles que luego van
teniendo cada vez más sonoridad. La transición no había
terminado, quizás se puedan marcar como momentos las marchas
del 20 de mayo, sobre todo hacia fines de los años ochenta,
o ya el episodio Gelman y la actitud de Batlle al asumir y
entre 1999 y 2000.
La salida de la dictadura es un tema muy complejo para
analizar pero lo importante es que en ese momento hay un
famoso tema: qué hacer con el tema llamado “derechos
humanos”. Que eran varios temas, según quién lo planteara y
desde dónde. Por un lado los delitos cometidos por
funcionarios del Estado, sean civiles, militares o policías,
como detenciones ilegales, torturas, lesiones o muertes; por
otro lado delitos cometidos por particulares, guerrilleros,
principalmente tupamaros, como secuestros, lesiones,
torturas o muertes; otro ángulo son los delitos cometidos
por particulares no violatorios de derechos humanos pero que
habían dado lugar a procesamientos, a prisiones; y la
prisión de particulares por hechos no considerados delitos
ni violatorios de derechos en tiempos constitucionales, que
eran delito a partir de la situación de facto. Estos son los
puntos de arranque de qué hay que hacer.
JI - A partir de esa situación, ¿qué soluciones se buscaron,
o más exactamente qué posturas encontramos a la salida de la
dictadura?
OAB - Había un conjunto de premisas no necesariamente
compartidas por todos, pero si no había liberación de los
presos el país no tenía una salida pacífica aceptada, y por
otro lado el reconocimiento de que era una salida pactada,
acordada –cuando digo acordada no me refiero a que hubiera
un pacto explícito sino a la clasificación del tipo de
salida, no es el propio régimen que otorga la salida ni el
régimen era derrocado por la fuerza, sino que entre la
oposición al régimen y el régimen había una forma acordada
de salida. Esto dejaba un poder militar con mucha fuerza, no
es que quedara intacto pero tampoco destruido.
Podemos clasificar las posturas y sus respectivos escollos
groseramente en cuatro grandes grupos. Una era la búsqueda
de una amnistía total, que incluso muchos aconsejaban como
el momento oportuno diciendo “en un momento de estos, cuando
todavía no hay una salida, cuando todavía hay una dictadura,
cuando se quiere salir de ella y quienes están en la
oposición todavía no adquirieron fuerza de gobierno o de
actividad institucional, entonces quizás es el momento para
decir que se amnistía absolutamente todo, lo de una parte,
lo de la otra y lo de una tercera”. Esto tuvo muchos
escollos.
Segunda postura. En ese momento los militares estaban en una
posición de sentir que no necesitaban amnistía, que no
habían hecho nada por lo cual ser amnistiados. El poder que
sentían que tenían les daba esa idea de invulnerabilidad.
Tercera postura. El Partido Colorado (PC) había puesto un
límite muy grande a las amnistías particulares, no aceptaba
la amnistía por delitos de sangre y coincidía con los
militares en la no necesidad de amnistiar a los funcionarios
del Estado, básicamente militares pero también policías.
Cuarta postura. En la izquierda había muchas corrientes,
muchos estados de ánimo de no reciprocidad, que reclamaban
una amnistía total hacia los perseguidos sin distinción de
lo que hubieran hecho pero no podía extenderse hacia el otro
campo. Había grandes pintadas en Montevideo “Por una
amnistía general, irrestricta y no recíproca”, que
claramente partían de la no aceptación de amnistía a
militares y particularmente a policías, lo cual se refuerza
cuando hay una salida, hay elecciones, se instalan las
instituciones y nadie pidió o exigió esa amnistía como
contrapartida de la salida.
JI - Repasemos los primeros pasos que se logró dar.
OAB - Los primeros pasos que se dieron –mencionamos algunos
de concreción de normas y otros políticos– fueron los
siguientes.
Amnistía para todos los perseguidos por la dictadura, ya sea
por delitos de opinión, que no son delitos en tiempo
constitucional, ya sea por delitos reconocidos en la
Constitución, ya sea para algunos que habían participado en
secuestros, tratos o lesiones pero que no habían llegado al
delito de sangre, es decir no había habido muerte. Pero a
las personas que se consideraban incursas en delitos de
sangre en la ley de marzo de 1985 no se las amnistía sino
que, con una oposición muy fuerte del PC desde 1984, a la
cual finalmente se suma el Partido Nacional (PN), van a ser
liberadas, se van a revisar los expedientes, se confirma la
sentencia –en algunos casos no– y se hace un cómputo a
título reparatorio por el trato recibido de tres días de
prisión por cada uno efectivamente cumplido, con lo cual
todos excedían los máximos posibles y se liberaban.
No se tocó el tema de militares y policías en forma
concreta. Cuando el 1 de diciembre de 1986 en el Edificio
Independencia hay una reunión entre Sanguinetti, los
comandantes militares y los líderes políticos, hay una
especie de reconocimiento de que el Club Naval generó
efectos. El general Seregni dijo que estaba subyacente el
tema de que no iba a haber persecuciones, el presidente de
la Unión Cívica, Humberto Ciganda, dijo que estaba
sobrevolando. Estaba claro era que no iba a haber un
Nüremberg, los juicios contra los jerarcas nazis al final de
la Segunda Guerra Mundial, el Estado no iba a empezar a
levantar jurados, juicios, a condenar a diestra y siniestra,
pero el Frente Amplio (FA) había manifestado a través de
muchos dirigentes que esto implicaba que el Estado no iba a
hacer juicios masivos pero no impedía que a través de la
acción de los particulares operara la justicia. Ese fue el
sobreentendido que manejó el FA. Después del 1 de marzo de
1985 los particulares empiezan a formular denuncias y
acusaciones a la justicia militar y empieza a enredarse el
terreno, empieza a haber nerviosismo del lado del gobierno y
del lado de las Fuerzas Armadas, lo que lleva a que el Día
del Ejército, el 18 de mayo de 1986, el comandante en jefe,
el general Medina, haga un discurso en el que dice algo así
como si no habrá sido injusto o desequilibrado que se
hubiera hecho una amnistía en el 85 que no comprendió a
todos, lo cual estaba manifestando un gran cambio en el
ángulo militar, de haber dicho no necesitamos amnistía a
decir no hemos sido protegidos.
JI - Veamos cuáles fueron las posturas de los partidos y
líderes políticos, los caminos que se buscaron y a dónde se
llegó.
OAB - En ese período que arranca en la transición después de
las elecciones y con más fuerza después de la asunción del
nuevo gobierno y las nuevas instituciones entre el 15 de
febrero y el 1º de marzo del 85 podemos hacer el siguiente
resumen.
El PC estaba en una posición que podemos llamar de
hermetismo total. La tesis es el cambio en paz, la
pacificación del país requiere que se cierren los temas, sea
liberado todo el mundo, sea amnistiado todo el mundo,
dejemos todo esto atrás. Esa fue la posición básica que lo
llevó a una posición de dureza, de tratar de bloquear
cualquier otra iniciativa.
El general Seregni tuvo una actitud muy personal, con poco
respaldo en el FA. Sentía que tenía algún oído dentro de las
Fuerzas Armadas pero no logró que institucionalmente ni las
Fuerzas Armadas ni el gobierno aceptaran su solución. Tenía
la idea, combinando su condición de líder político y la de
militar, de que las Fuerzas Armadas debían autodepurarse, lo
veía a través de la renovación del Supremo Tribunal Militar,
con el nuevo Supremo Tribunal Militar iniciando un conjunto
de procesos a militares por delitos y afectación del
prestigio de las Fuerzas Armadas.
Hubo otras soluciones. El PN, en algún momento junto con la
99 de Batalla, pensaba en una ley que diera soluciones
limitadas vía Poder Judicial, por ejemplo que algunos
delitos muy graves fueran juzgados por tribunales de
apelaciones. Esto naufragó por falta de acuerdo político.
En general la mayoría de la izquierda, sobre todo
comunistas, sectores que hoy llamaríamos radicales, en una
línea muy intransigente. En un momento hubo un pedido de
búsqueda de soluciones con delegados de todos los partidos,
se reunían en el Edificio Independencia y realmente aguzaron
la imaginación en busca de entendimientos. Pero había
posturas muy fuertes entre un gobierno que quería una ley de
amnistía, un PN que no la quería y gente del PN y de
izquierda que quería algo. El algo implicó que en algún
momento se llegó a manejar la necesidad de sanciones
simbólicas a un conjunto de personas que fueran sentenciadas
por lo que ocurrió. Recuerdo que circuló una lista de doce
nombres, y por lo que recuerdo de memoria porque la tuve en
mis manos, los doce militares están en el proceso famoso. Se
los veía como los individuos que habían hecho cosas que las
Fuerzas Armadas en aquel momento podían llegar a aceptar.
JI - Ya estaban identificados y marcados en aquella época.
OAB - Estoy hablando de 1986, ya estaban marcados e
identificados, básicamente a través de muchos trabajos
realizados por organizaciones políticas y de derechos
humanos. Como es sabido, el gobierno caminaba hacia una ley
de amnistía, que por no ser aceptada por el PN deviene en la
conocida ley de caducidad de la pretensión punitiva del
Estado, con todos los cuestionamientos que ha habido incluso
desde el punto de vista técnico-jurídico, muchos penalistas
la han calificado muy duramente, han llegado a decir que es
un mamarracho jurídico, y esto lleva al referéndum del 16 de
abril de 1989, donde se votó por amarillo mantener la ley y
verde abrogar y en ese momento el tema se consideró
clausurado y se habló del fin de la transición. Pero luego
la transición tuvo una reapertura y estamos en casi en la
cúspide del tema.
JI - Quedan muchas puntas para seguir tocando sobre esto.
OAB - Sí, este es el primer enfoque, empezamos a refrescar
la historia reciente, cómo empezó a manejarse este tema, qué
posturas hubo. Queda hablar de la ley de caducidad en sí
misma, de la búsqueda de resquicios de la ley, había muchos
que querían reabrir el tema y no dejarlo cerrado, la
verdadera reapertura del tema, los avances que hubo en el
gobierno del presidente Batlle, porque aunque hoy se ven muy
limitados y algunos erróneos, fueron avances que permitieron
este nuevo paso con lo que hay que calificar como los
grandes y trascendentes avances en el período del presidente
Tabaré Vázquez.
Esto será el centro del análisis del próximo viernes, si no
hay alguna cosa urgente que nos desvíe la atención.
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