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El Partido Socialista: entre la integración y la
confrontación
Oscar A. Bottinelli.
Versión corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
El politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos
propone hoy analizar: “El Partido
Socialista: entre la integración y la confrontación”.
***
Oscar, ¿por dónde empezamos? ¿Por la encuesta de la que se
habló tanto en estos días?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Empecemos por esa llamada encuesta, sobre la que cual aquí
en En Perspectiva salió una entrevista a Eduardo Fernández
días pasados. Lo primero que hay que aclarar es que esto que
se difundió no es una encuesta de opinión pública; las
encuestas de opinión pública son aquéllas efectivamente
representativas de una muestra estadística seleccionada con
modalidad científica.
Esto es otra cosa, es otra técnica. Son más bien entrevistas
con informantes calificados, elites de opinión, militantes
frenteamplistas; además, de una zona del país, no de todo el
país. Son herramientas que se usan para obtener elementos
más cualitativos, para buscar los pro, los contra, virtudes,
defectos, en este caso del Partido Socialista; son
herramientas auxiliares de análisis, pero no son encuestas y
por lo tanto no producen resultados que se consideren
representativos de la opinión pública ni de una opinión
pública determinada, y menos que menos se pueden extraer
porcentajes, como en algunos caso se extrajeron.
Pero lo que importa es ir a lo de fondo.
EC - ¿Desde cuándo viene esta situación en el Partido
Socialista?
OAB - El Partido Socialista viene con un largo conflicto en
esta etapa posterior a la dictadura, conflicto que emerge
después de las elecciones de 1994 entre dos grandes
espacios: uno más afín al Partido Socialista tradicional,
más clásico, siguiendo la conducción del entonces secretario
general Reinaldo Gargano, y otra opuesta - que en algún
momento se llamó de renovadores - que en parte podría
identificarse con un seguimiento directo a Tabaré Vázquez.
Esto produce hechos importantes en estos años 2000. Al
comenzar los años 2000, una vez que renuncia Reinaldo
Gargano a la Secretaría General, por un año y medio el cargo
de secretario general queda en manos de Ernesto Laguarda,
quien reflejó en ese momento - o convergió en su figura -
toda la oposición a Gargano. Este interregno terminó en el
congreso siguiente, donde hay un triunfo muy nítido de la
conducción Gargano.
Y hacia el congreso del año pasado se expresan tres
corrientes: la que sigue a Gargano y a Mónica Xavier y
postula a Mónica Xavier como secretaria general del partido,
la corriente seguidora de Manuel Laguarda y una tercera
corriente que podríamos llamar tabarecista pura expresada en
la candidatura de Eduardo Fernández. La corriente Laguarda y
la corriente Eduardo Fernández se presentaron juntas en una
lista o nómina que se llamaba “Acuerdo”; en ese acuerdo
quedaba estipulado que la Secretaría General se disputaba a
su vez entre Laguarda y Eduardo Fernández, correspondía al
que tuviera más respaldo de los dos. Del congreso emerge un
Comité Central primero prácticamente dividido mitad y mitad
entre esas dos partes (la de Gargano-Xavier y la de Laguarda-Fernández)
y dentro de la parte Laguarda-Fernández con prevalencia del
grupo Laguarda sobre el de Eduardo Fernández. Se puede decir
que en ese Comité Central de cada diez miembros quedaron
cinco de Gargano-Xavier, tres de Laguarda y dos de Eduardo
Fernández. Había un voto de más de la parte Gargano-Xavier
que del acuerdo Laguarda-Fernández. Pero es miembro, electo
por el grupo Gargano-Xavier, cambia su voto y define que no
fuera electa Mónica Xavier. Y del otro lado, por razones que
no vienen al caso en este análisis, Laguarda retira su
candidatura y queda la candidatura de Eduardo Fernández como
la única candidatura oponente a la de Mónica Xavier; Eduardo
Fernández triunfa y es elegido secretario general por un
voto.
Los pasos inmediatos a esta elección que se siguen en el
Partido Socialista van camino a lo que podemos llamar la
integración del partido, la confluencia en un secretariado
donde hay mitad del lado Gargano-Xavier y mitad del otro; y
en esta otra parte (Laguarda-Fernández) a su vez son mitad y
mitad cada corriente, es decir, en total un cuarto del
secretariado cada uno. El Comité Ejecutivo se compone igual.
En resumen, las corrientes quedan equilibradas. Y los cargos
clave también se equilibran: Gargano es elegido presidente
por unanimidad del partido, Eduardo Fernández ya había sido
elegido secretario general, la senadora Mónica Xavier (la
candidata perdidosa a secretaria general) pasa a representar
al Partido Socialista o a la 90 en las reuniones de cabezas
de lista del Frente Amplio (es decir no va como cabeza el
secretario general del partido sino la senadora Xavier),
Manuel Laguarda asume la Secretaría de Relaciones
Internacionales y José Nunes, un hombre brazo derecho de
Gargano, como secretario de Organización.
EC - Tú decías que después del congreso del año pasado el
Partido Socialista iba a una integración. ¿Cómo se entienden
entonces los episodios de los últimos meses?
OAB - Todas las señales que dio el Partido Socialista fueron
de buscar la confluencia de las corrientes, un equilibrio de
cabezas con la descripción que acabo de hacer, y de ahí en
adelante, hasta hoy, las declaraciones públicas y las
decisiones formales del Partido Socialista han sido de un
partido unido, sin fisuras y que respalda, entre otras
cosas, al presidente de la República, que respalda
monolíticamente a su presidente, el canciller Reinaldo
Gargano, respalda a toda su conducción y a todos sus
ministros. Esta es la faz formal, pública, que está
cumpliendo el propósito de la integración.
Pero tú planteabas una pregunta que es clave, ¿por qué esto?
Porque hay una línea de filtraciones sobre conflictividad
interna en el Partido Socialista, línea de filtraciones que
se arrastra desde el mismo diciembre de 1994: permanentes
filtraciones a la prensa sobre conflictos internos, sobre
planteos internos, sobre problemas, que se han agudizado en
el correr de este año.
EC - Y que han llevado incluso a la renuncia y la
desafiliación de Sara López, hasta este momento encargada de
Comunicaciones del Partido Socialista.
OAB - Esto aparece como un elemento anecdótico, pero muchas
cabezas han ido quedando en esta confrontación del 94 a la
fecha. Este año ha habido un particular combate a la figura
de Reinaldo Gargano, no necesariamente desde dentro del
Partido Socialista, pero sí de figuras muy próximas al
presidente de la República. Una, que analizamos muy
extensamente en su momento, cuando se hace filtrar a la
prensa que el canciller es desplazado de todas las
negociaciones con Argentina, que él no había tenido nada que
ver con el acuerdo del 11 de marzo entre Vázquez y Kirchner
que se realizó en Santiago de Chile; es curiosamente un
primer embate contra Gargano que, por el fracaso de esa
línea, de esa búsqueda de acuerdo con Argentina, termina en
que se le devuelve al canciller la conducción de las
relaciones con Argentina y termina fortalecido.
Hay un segundo misil muy cercano, que tampoco sale del
Partido Socialista, más bien de otro sector político que
busca estar muy cerca del presidente, con declaraciones
expresas de que en “este país las opiniones del canciller de
la República tienen cero importancia y que eso debe ser
asumido en toda su amplitud”.
EC - Eso lo dijo Esteban Valenti aquí en una de las
tertulias.
OAB - Exacto, más otras declaraciones en el diario El País
del domingo del ministro Roíz, todo lo cual fue un
boomerang, porque motivan una declaración unánime del Comité
Ejecutivo del Partido Socialista de respaldo a Gargano, una
resolución similar de la bancada de legisladores socialistas
que va a su despacho a expresarle solidaridad, e incluso un
apoyo del Partido Comunista, más coincidencias con la línea
que expresaba Gargano de otros sectores, en particular del
mayoritario del Frente Amplio, que es el Movimiento de
Participación Popular.
Y ahora viene esta otra filtración, un tercer misil, que es
la filtración de esta encuesta que no fue encuesta, que
parecería bastante claro que tiene la intención de tratar de
hacer caer, desgastar o afectar la imagen de Gargano.
EC - La noticia que se publicó a través de Búsqueda a partir
de esas fuentes socialistas decía que Gargano “tiene una
mala imagen y debe abandonar por voluntad propia su cargo en
el gobierno, concluye la encuesta, etcétera”.
OAB - Esto termina con que el Comité Central del Partido
Socialista - ya no el Comité Ejecutivo sino la máxima
autoridad permanente - por unanimidad respalda a Gargano y a
los demás ministros, y se anuncia que Gargano encabezará la
lista del Partido Socialista y de la 90 en las elecciones
internas del Frente Amplio del 12 de noviembre.
Lo increíble que se da, en este año de permanentes ataques
al canciller, que la forma en que se ha realizado todo,
terminan en un fortalecimiento de la figura atacada, lo
cual, independientemente de que el canciller esté bien o
mal, estén bien o mal los ataques, quién tenga razón y quién
no, es claro que esto es como vivir tirando al arco, errar
los goles y hacerse goles en contra.
Más allá de estudios cualitativos, Gargano hoy en la opinión
pública frenteamplista tiene un apoyo de 46% y una
desaprobación del 14%, es decir, es una figura que no tiene
en el frenteamplismo una debilidad que permita ataques con
facilidad de esta naturaleza.
Lo importante es que en un Partido Socialista que ha hecho
una búsqueda de consensos en sus declaraciones, de buscar
una línea política convergente, de tratar de amortiguar las
disidencias que pueda haber entre el presidente de la
República y el canciller, que ha buscado expresar todas sus
corrientes y matices en la conducción partidaria, da una
imagen hacia afuera donde lo que trasciende es el juego
confrontacional: aparece un Partido Socialista en permanente
lucha. Y, además, desde el propio partido se trata de
desgastar a las propias figuras que el partido tiene que
robustecer o, si considera que no son robustecibles o no le
gustan, cambiarlas. Esto es un grave riesgo para el Partido
Socialista. Y ahora tiene la instancia del 12 de noviembre,
que puede ser una prueba de fuego en la que puede salir
victorioso, fortalecido, o no. Estos episodios implican dar,
justo cuando se acercan estas elecciones, otra vez la imagen
de un partido desgarrado, dividido, con juegos internos, con
gente que tiene que renunciar a los cargos, lo que es una
actitud muy dual cuando hacia dentro, en lo formal, se ha
tratado de expresar exactamente lo contrario. En ese sentido
hay un dilema en el Partido Socialista entre la integración
y la confrontación, cuya resolución va a decidir en los
próximos meses el destino del partido.
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