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Una semana de fuertes señales
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
Estos últimos días ha ocurrido una serie de hechos de alta
significación, desde el cambio de comandante en jefe del
Ejército hasta la declaración de esencialidad de servicios
en el transporte de carga. “Una semana de fuertes señales”,
ese es el título que nos propone hoy el politólogo Oscar
Bottinelli, director de Factum.
***
Oscar, si te ponés a hacer un resumen de los hechos de los
últimos días, se nos va la mañana.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Es para un libro.
EC - Qué días tan intensos, qué semana tan fuerte.
OAB - Fue una semana muy fuerte, cada tema da para un
análisis muy particularizado. Surgen señales fuertes,
importa salir de las anécdotas y ver esas señales de los
últimos ocho días.
Sin duda la primera es un gobierno y un presidente que
mandan. Dos acciones que tomó el presidente de la República,
la de relevar al comandante en jefe del Ejército y la de
declarar la esencialidad de algunos servicios de transporte,
corresponden a un presidente que juega muy fuerte. Pueden
discutirse muchas cosas sobre esto, para empezar los niveles
oscuros que hay detrás de la publicación de la reunión del
comandante en jefe del Ejército con el presidente
Sanguinetti, por qué alguien quiso publicarla para provocar
un hecho político. Era un asado en la casa del comandante
con otros dos generales y un ex ministro de Defensa, no
estaban a medianoche en un lugar oscuro para que nadie los
viera.
Puede discutirse por qué el presidente optó por este camino
fulminante. Si hubiera estado en Montevideo en vez de en
Cabo Polonio tal vez podría haber hablado primero con el
comandante, podría haber calibrado bien sus intenciones e
incluso podría haber jugado a que estaba enterado de las
reuniones y de ese modo podría haber desactivado el juego
que implicó la publicación, porque el juego fue difundir la
reunión.
Lo claro es que no dejó pasar el acontecimiento, jugó
fuerte. En el caso del Ejército habrá que ver más adelante
con mucho detenimiento los costos para el presidente de lo
que hizo, pero también lo que obtuvo en la medida que siguió
jugando fuerte después al nombrar al último de la cola como
nuevo comandante en jefe.
Este primer acontecimiento se vio favorecido porque los
transportistas de carga jugaron con mucha premura,
prácticamente iniciaron el conflicto como primera medida
grande diciendo que la propuesta del gobierno no era mala
sino insuficiente, con una paralización general por tiempo
indeterminado, con bloqueo de puntos como el acceso al
puerto y a la planta de combustibles, lo cual era un
despropósito si se tiene en cuenta la distancia entre los
reclamos y lo que proponía el gobierno. Tomaron un tipo de
medidas que normalmente se toma cuando se está ante un
gobierno con el cual no se tiene ningún punto de contacto.
Eso sin duda favoreció que apenas el presidente jugara
fuerte y recurriera al decreto de esencialidad rápidamente
se desactivara el paro.
EC - Tanto en el episodio del comandante en jefe como en el
paro de los transportistas de carga la señal es que hay un
gobierno que manda.
OAB - Un gobierno que manda, un presidente que manda y dos
ministros que aparecen muy fuertes, Azucena Berrutti y
Víctor Rossi. De paso recordamos que hace cerca de un año en
un análisis que hicimos de figuras del gobierno señalamos a
Rossi como un ministro que estaba deliberadamente en
silencio y dijimos que a fines del año siguiente
–refiriéndonos a este año– iba a aparecer fuerte en escena,
y apareció.
EC - ¿Qué otras señales dejan estos días?
OAB - El perfil “obrerista” del gobierno. Mucha gente, sobre
todo de la oposición y del mundo empresario está viendo que
el gobierno no tiene exactamente la misma vara cuando se
trata de conflictos sindicales que cuando se trata de
conflictos de gremios empresariales. Concretamente, no le
pareció esencial asegurar el abastecimiento de leche y que
no se derramara leche, y sí le resultó esencial que pudiera
haber otras cosas en peligro por un paro del gremio de los
transportistas de carga. Esto es señalado por muchos y es
así. Es un gobierno que mira a los sindicatos de
trabajadores y a los gremios empresarios con diferente
distancia, sin ninguna duda tiene una actitud más cercana,
más comprensiva o más tolerante con los sindicatos de
trabajadores que con los gremios empresarios. Es una
importante definición que hace el gobierno.
EC - Seguimos con las señales, pasamos a la oposición. ¿Qué
notaste de ese lado?
OAB - Una oposición que comienza a existir. Si algo veníamos
diciendo era que el gobierno tenía toda la controversia
dentro, que no tenía una oposición exitosa, una oposición
que le creara dificultades. Acá existió oposición. Primero
apareció contrariedad en el plano corporativo, en el gremio
del transporte y en el gremio de taxis brevemente, jugando
fuerte. Y en las últimas semanas empieza a existir una
oposición política que está golpeando fuerte dentro del
normal juego gobierno-oposición. Habíamos olvidado que los
gobiernos siempre tienen enfrente una oposición.
EC - ¿Cómo quedó la relación gobierno-oposición?
OAB - Da la impresión de que así como todos olvidamos que
hay una oposición y cada vez que hacemos un análisis
político hablamos del gobierno y nada más que del gobierno,
de las distintas tendencias y las contradicciones dentro del
oficialismo y cómo luego resuelve los problemas, también el
gobierno olvidó que debe existir una oposición y ha
reaccionado con una fenomenal crispación. Fue una jugada muy
fuerte en el plano corporativo pero reaccionó con criterios
del tipo “¡qué horror lo que está pasando en el país!” ante
reacciones fuertes de la oposición. El gobierno queda
descolocado, juzgando como absolutamente ilegítimo todo tipo
de acto de protesta que no surja de la propia izquierda.
EC - Si miramos al movimiento sindical, ¿qué señales sacaste
de ese lado?
OAB - Hubo un cambio significativo: el movimiento sindical
uruguayo asume una postura oficialista explícita. Hay que
ser muy claro en el uso de los términos porque a veces la
palabra oficialismo se interpreta como que el gobierno
maneja cual titiritero a los sindicatos, que les da órdenes,
o como que los sindicatos hacen seguidismo del gobierno. Esa
sería una lectura simplista o muy reducida de la palabra
oficialismo. Cuando hablamos de oficialismo –las
declaraciones de muchos dirigentes han sido muy claras al
respecto– tenemos que ubicarlo en estos términos: en los
hechos normales los sindicatos van a seguir teniendo con el
gobierno la misma relación que han tenido desde el 1 de
marzo del año pasado hasta ahora, va a haber los mismos
problemas, sobre todo en los sindicatos del Estado, de la
enseñanza y otros que tengan que ver con la acción o las
decisiones estatales. Pero cuando los sindicatos consideran
que el gobierno tiene ciertas debilidades, cuando hay una
oposición que a su juicio traspasa determinados límites,
cuando consideran que hay determinados riesgos desde el
punto de vista de la fortaleza del gobierno, van a salir
fuerte a defenderlo con todo su peso. En este sentido los
sindicatos han dado un paso inequívoco de definirse como
oficialistas, como parte en un conflicto gobierno-oposición
cuando la situación pasa determinados límites.
EC - ¿Cómo viste la teoría de la conspiración que ha estado
en discusión todos estos días?
OAB - Primero que nada hay que tener en cuenta que más allá
de que pueda ser jugada con una finalidad estratégica, de
juego político, de amedrentar a la oposición, lo importante
es tener en cuenta que en muchos sectores del gobierno, de
la izquierda, particularmente en dirigentes sindicales, hay
la convicción de que existe una conspiración contra el
gobierno. Para algunos se trata incluso de una conspiración
internacional, Sanguinetti y Fernando Henrique Cardoso
prácticamente elaborando planes en conjunto. Esa convicción
existe en mucha gente de izquierda.
En general en los gobiernos siempre hay, en mayor o en menor
medida, gente que tiene la teoría de que del otro lado están
conspirando y esa conspiración siempre tiene un director al
cual se trata de identificar, sea un país extranjero, un
dirigente político nacional o algún grupo de gente en algún
lado. Pero el gobierno llega a la convicción de que todo lo
que le puede ocurrir en contra se debe a conspiraciones
cuando los hechos vienen de fuera de la izquierda. Porque
también se podría haber dicho que había una conspiración
para desestabilizar al gobierno cuando había una suma de
conflictos que estaba dificultando mucho el accionar del
gobierno, desde Dancotex en adelante, ahora el conflicto de
Conaprole, sin embargo la conspiración se ve cuando es gente
del otro lado de la barrera según esa visión dicotómica.
La teoría de la conspiración refuerza la visión dicotómica,
de un país dividido en dos, y cuando se tiene esa visión
dicotómica no se escapa a decir que los buenos están de un
lado y los malos del otro. Esta forma, de mantenerse, lleva
a la crispación del país, a romper lazos entre gobierno y
oposición. En general parecería que a este gobierno a la
larga eso no le sirve. Hay gobiernos a los cuales la
dicotomía buenos contra malos les sirve, como fue el caso
del gobierno de Pacheco Areco, pero parecería que a este
gobierno no le es funcional jugar de una forma dicotómica y
confrontacional. Las dirigencias políticas tienen que
evaluar cuánto les conviene y cuánto no y analizar con mucho
detenimiento cuánto hay de real y cuánto de temores fuertes
que no coinciden exactamente con la sucesión de hechos.
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