|
Las claves de la gestión de
Romano Prodi
Conversación con Renato Mannheimer
y Oscar A. Bottinelli
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
En Italia, las elecciones parlamentarias del mes de abril
resultaron increíblemente parejas, las más reñidas de los
últimos 50 años.
La centroizquierda, liderada por Romano Prodi, quedó “cabeza
a cabeza” con la centroderecha del primer ministro saliente,
Silvio Berlusconi. Y, siguiendo esa moda de casi empates que
se ha venido dando en varios países, el resultado quedó
pendiente del escrutinio final y estuvo sometido a todo tipo
de polémicas y apelaciones.
Estaba en juego si Berlusconi continuaba o no en el poder,
después de una segunda gestión, de cinco años, muy polémica
en lo interno y en lo internacional. Por eso, durante varios
días la incertidumbre sobre el recuento mantuvo en vilo a
Italia y a buena parte del mundo.
Pero acá en el Río de la Plata había un segundo motivo para
permanecer atentos a ese resultado. Es que la campaña
electoral había sido muy intensa entre los italianos
residentes en el exterior, que por primera vez votaban a sus
propios legisladores. Y, curiosamente, fue la asignación de
esas bancas en el Senado la que terminó dándole la mayoría a
La Unión, de Prodi, una diferencia mínima que le permitió
asumir como primer ministro.
De todos modos, los analistas se preguntaron de inmediato en
qué medida la centroizquierda podría efectivamente gobernar,
con tan escaso margen en el Congreso y con la población
literalmente dividida en dos.
Seis meses después de la asunción de Prodi, les proponemos
averiguar qué responde a esas y otras preguntas Renato
Mannheimer, uno de los más prestigiosos politólogos y
encuestadores italianos.
Mannheimer es profesor titular de la Universidad Bicocca de
Milán, presidente del Instituto para los Estudios sobre la
Opinión Pública y además se desempeña como columnista en
prensa, radio y televisión. Por ejemplo, escribe en Corriere
della Sera y participa en el programa Porta a Porta de RAI
TV.
Aprovechando que Mannheimer estuvo en Montevideo invitado
por Factum, desarrollamos con él una entrevista en la que
también interviene, como comentarista, Oscar A. Bottinelli.
***
Profesor Mannheimer, las elecciones de abril le dieron a la
centroizquierda la mayoría parlamentaria y eso le permitió a
Romano Prodi retornar al gobierno. Sin embargo, la votación
en las urnas fue ajustadísima: L'Unione, de Prodi, superó a
la Casa de la Libertad, de Silvio Berlusconi, por menos de
una décima de punto porcentual: 49,80% frente a 49,73%.
Le propongo empezar examinando ese último dato. Il Cavaliere
-como le dicen a Berlusconi- no votó tan mal como se preveía
durante la campaña electoral. ¿Qué explicación tiene usted?
¿Cómo se entiende que, pese a todas las denuncias de
corrupción que pesan en su contra, Berlusconi haya
conseguido el apoyo de la mitad de los italianos?
RENATO MANNHEIMER:
En Italia, como quizás también en Uruguay, cada candidato
intenta conquistar un grupo, un sector, un target de
población. Berlusconi siempre hizo una campaña electoral
dirigida a un sector de población que quiere enriquecerse,
que sueña con crecer, menos impuestos más libertad. A
grandes rasgos es el 40 por ciento de la población, clase
media, también clase baja, clases populares, pero que desea
volverse rica individualmente. Apostaba mucho a la
individualidad, a la capacidad individual.
A estas personas las condenas de Berlusconi poco interesan.
Lo que les interesa es lo que Berlusconi puede dar. Si se
pregunta en los sondeos si el “conflicto de intereses” (como
se dice en Italia) es algo importante, entre los electores
de Berlusconi importa muy poco, es de las cosas de menor
importancia. Contrariamente, entre los electores de
centroizquierda esto es muy, muy importante.
Pero además... a Berlusconi se lo acusa de tener muchos
intereses, y se destaca que él fue simultáneamente
presidente del Consejo y jefe del más grande órgano de
comunicaciones. Esto se percibe como muy grave en algunos
países pero en Italia cada quien tiene un pequeño conflicto
de intereses: el auxiliar de servicio del liceo también
vende libros, el académico -y yo soy profesor de la
Universidad- hace también algunas otras cosas, etcétera.
Berlusconi tiene un enorme conflicto de intereses pero casi
todos tienen un pequeño conflicto, entonces no se percibe
tanto como algo inmoral.
En definitiva, los intereses de cada uno están primero que
el conflicto de intereses.
Por último, en Italia muy frecuentemente la justicia se
considera como algo partidario, es decir, los jueces acusan
más a aquellos que les resultan antipáticos, pertenecientes
a otro sector político. Entonces es necesario decir que es
verdad que Berlusconi hizo muchas cosas ilegales, pero es
verdad también que algunos jueces -y yo los conozco bien-
prefieren cargar las tintas sobre él más que sobre alguien
de izquierda.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Se da una cosa muy interesante que en Uruguay hemos visto.
La posición sobre un tema es posterior a la importancia que
se le dé. Por ejemplo, corrupción: “Estoy terriblemente en
contra de la corrupción, voto al que combata la corrupción”,
pero antes decidí que la corrupción es uno de los dos o tres
puntos más importantes o el más importante. El otro dice:
“No me importa si es corrupto”, “¿A usted le preocupa la
corrupción?”, “No, me importan el trabajo, los sueldos”.
Primero se define la importancia del tema, entonces aquel a
quien ese tema no le importa va a votar de un lado, y aquel
a quien le importa ya está del otro lado. El tema en sí
mismo no convence a nadie.
EC - ¿Cómo le está yendo a Prodi como primer ministro siete
meses después de las elecciones? Se lo pregunto porque a
partir de aquel casi empate electoral los analistas temían
que Italia quedara presa de una especie de ingobernabilidad.
¿Pasó algo de eso?
RM - Más o menos. Italia tiene un sistema electoral muy
extraño, malo, equivocado, que llevó a aplicar un fuerte
premio de mayoría a una de las dos cámaras, la de Diputados,
y a no aplicar el premio de mayoría a la otra, el Senado. Es
así que Prodi tiene una gran mayoría en una cámara pero no
la tiene en la otra. La diferencia es de pocos senadores,
entre los cuales están aquéllos elegidos en el exterior,
también en Sudamérica, que son determinantes. Esto explica
de alguna manera la ingobernabilidad.
Un segundo factor de ingobernabilidad es que el lema que
Prodi dirige, el conjunto de partidos, es muy amplio, más
amplio que el Frente Amplio (FA) de Uruguay: abarca desde
católicos moderados a comunistas ortodoxos. Entonces para
Prodi es muy difícil gobernar. La ventaja de Prodi es que
también su oposición, la centroderecha, está muy dividida en
la interna, entonces no hay una verdadera, fuerte oposición.
Se critica mucho lo que Prodi está haciendo o, mejor dicho,
lo que no está haciendo. Por el momento quienes votaron a
Prodi, la centroizquierda, están un poco desilusionados
porque él no logra concretar inmediatamente lo prometido en
la campaña electoral. Hay desilusión pero no hay, o no hay
todavía, una fuerte oposición, justamente porque la
oposición está muy dividida. No obstante el año próximo
Prodi tendrá que afrontar un problema que en Italia es
urgente e importante, el de las jubilaciones. Y en tal tema
se anunciaron posiciones diferentes, opuestas entre sí,
entonces tendrá un momento de dificultad.
Prodi mismo declaró, hablando con Rodríguez Zapatero, que él
se queda en el poder porque no hay otra alternativa, porque
Berlusconi no tiene en este momento la fuerza, la capacidad,
las personas suficientes para ser una alternativa. Por lo
tanto, por ahora no hay alternativa a Prodi. Es muy difícil
que los parlamentarios actuales piensen en nuevas
elecciones, son parlamentarios desde hace pocos meses y
todos tienen el mayor interés en quedarse por lo menos un
poco, incluso por la jubilación, que es algo importante para
todos (no digo que lo piensen pero psicológicamente es
difícil). Algunos están ya pensando en alternativas de
centro, en tomar un poco de la centroizquierda, un poco de
la centroderecha y hacer un gobierno de centro. Pero es una
perspectiva muy lejana. Por esto Prodi se queda en el poder,
aun con dificultades, porque no hay en este momento en
Italia ninguna alternativa que siquiera se proponga para
sustituir a Prodi.
OAB - Dos comentarios. El primero es una comparación entre
L’Unione y el FA. A mi juicio hay dos diferencias
fundamentales dentro de una gran proximidad. L’Unione tiene
como grupo más moderado a la Unione Democratici per l’Europa
(UDEUR), de Mastella, que en Uruguay estaría dentro de un
partido tradicional, está mucho más a la derecha que los
grupos más moderados de izquierda, y hacia la izquierda
dentro de Rifondazione Comunista o del Verdi hay personas o
grupos que en Uruguay estarían entre los sectores de
izquierda que quedaron fuera del Parlamento, más próximos a
la Corriente de Izquierda, por ejemplo. El FA no tiene ni
una izquierda tan contestataria como tiene L’Unione, ni un
grupo además muy ligado a la Iglesia, muy confesional y por
otro lado moderado como la UDEUR.
Y lo segundo es que Tabaré Vázquez construyó un liderazgo
durante un largo período, 15 años, a partir de una fuerza
política que fue creando una identidad propia como el FA o
el frenteamplismo, mientras que L’Unione es una coalición
como puede haber sido el FA en 1971 y quizás la figura de
Prodi es más parecida a la del Seregni del comienzo del
Frente que a la de Vázquez. Hoy Vázquez tiene autoridad por
sí solo, no porque los grupos hayan confluido en él para
dirigir el gobierno. En cambio Prodi, más allá de su
capacidad y de su fuerza, no tiene un soporte electoral
realmente propio. Ésas son las dos diferencias.
RM - Quizás pueda agregar algo referente a la diferencia que
hay entre Uruguay e Italia. La principal acusación que se le
hace actualmente a Prodi es haber perdido el espíritu
reformador, de no proponer un objetivo, una esperanza, un
fin a los italianos que lo votaron. Hace 10 años Prodi
estuvo en el gobierno y pidió sacrificios a los italianos
con un objetivo: entrar en la era euro que parecía ser la
gran oportunidad para Italia, y los italianos aceptaron
gustosamente los sacrificios para lograrlo. Ahora todos los
comentaristas dicen que Prodi está pidiendo sacrificios con
la nueva ley tributaria que estamos discutiendo -como
también ustedes la están discutiendo-, impuestos, esas
cosas, pero sin un objetivo.
EC - Me cuesta entender cómo el gobierno de Prodi se puede
haber desgastado tanto en tan poco tiempo, estamos hablando
de seis meses de gestión.
RM - Todos los analistas que hacemos sondeos concordamos en
que ninguno de nosotros vio nunca en su vida profesional un
descenso de popularidad tan veloz. Prodi respondió diciendo,
primero, que no había otra alternativa, y segundo, que si
Moisés le hubiese prestado importancia a su popularidad no
habría cruzado el mar Rojo. Y eso en parte es verdad y en
parte no, porque Moisés había propuesto un objetivo, la
Tierra Prometida, y Prodi no. Esta es una crítica que se le
ha hecho a su comparación. Él es absolutamente consciente
del descenso de su popularidad, está buscando un mar Rojo,
una tierra prometida o un euro que proponer, pero por ahora
no lo encontró y ése es su verdadero problema. Berlusconi
había propuesto una tierra prometida (es decir, menos
impuestos) aunque después no logró alcanzarla. Prodi tiene
esta dificultad de movilizar, de proponer un cambio, una
tierra prometida, algo.
OAB - Además esta fuerte caída de popularidad se da en un
momento en que la situación económica del mundo y de Italia
es sustancialmente mejor que la que tuvo Berlusconi a lo
largo de sus cinco años. Esto agrava su caída de
popularidad, porque es un momento de crecimiento económico,
no de caída.
EC - ¿No se nota en nada el cambio de gobierno? O en todo
caso, ¿en qué se nota que ahora hay un gobierno de
centroizquierda?
RM - En estos pocos meses se han aprobado dos leyes
importantes. Una es la que dispone la liberalización de
algunos servicios, por ejemplo el taxi. Contra esa ley hubo
una reacción muy violenta de los taxistas y el debate
continúa aún. Quizás no logró su objetivo, quizás sí; hay
opiniones encontradas. La segunda es la ley tributaria con
redistribución de impuestos, es decir que los ricos pagarían
más impuestos y los pobres menos. Esto se discute todavía y
la ley aún no ha sido aplicada. Por lo tanto, por ahora en
la vida de los ciudadanos no se ha percibido el efecto del
gobierno de izquierda. Y eso es precisamente una de las
quejas de su electorado. Prodi responde que se necesita
tiempo, que tiene todavía cinco años para gobernar, no seis
meses, y que oportunamente se verán los efectos de su
gestión. Estaremos observando.
EC - ¿Qué importancia le asigna usted al cambio de
posicionamiento internacional que vino con el gobierno
Prodi, abandonando el “americanismo” de Berlusconi y pasando
al europeísmo, con su consecuencia en particular en cuanto a
la ubicación de Italia junto a Estados Unidos en la invasión
de Irak y en el proceso posterior de “estabilización” de ese
país?
RM - Este es otro tema muy importante. El nuevo gobierno, y
en particular el ministro de Relaciones Exteriores, Mássimo
D’Alema, potenció muchísimo una iniciativa autónoma
italiana. Esto llevó a grandes debates, por ejemplo sobre
Irak, pero más aun sobre el cambio de posición en Medio
Oriente, en el conflicto entre Israel y Palestina. Algunos
afirman que D’Alema se acercó demasiado a los palestinos,
así como en el pasado Berlusconi estaba mucho más cerca de
Israel. Esto provocó contrastes y perplejidades. Pero el
hecho de que Italia haya tenido un rol tan fuerte por sí
misma, por propia iniciativa en el plano internacional se
percibió en modo muy positivo. Los italianos están contentos
de que Italia tenga un rol propio, aun cuando una gran
mayoría no aprueba la política llevada a cabo por D’Alema.
Pero el hecho de que se haga política, que Italia ocupe un
lugar tan importante -aparentemente, no sabemos cuánto va a
durar- en el plano internacional suscitó consenso. Quizás
esta sea la actividad del gobierno que ha suscitado mayor
aprobación. Pero el consenso no se da sobre la política en
sí misma sino sobre el hecho de hacer política.
OAB - Por un lado, lo que está ocurriendo en Europa visto
desde aquí es algo complicado, los países que pendulan en la
política exterior, ya pasó con España, pasa con Italia,
independientemente de cuál sea la orientación de esa
política.
Por otro lado, no hay dudas de que para Uruguay el hecho de
que Italia empiece a jugar un rol relevante entre los
grandes -Italia integra el Grupo de los Ocho, por ejemplo-
puede ser importante por ciertos lazos que hay no sólo entre
Italia y Uruguay en general sino entre el actual gobierno
italiano y el actual gobierno uruguayo, en particular a
partir de que hay un notorio debilitamiento de las
relaciones con España. Entonces que Italia juegue un papel
de potencia a Uruguay le puede servir en este momento.
EC - ¿A qué se debió la pérdida de protagonismo de Italia en
el concierto internacional que se dio en el pasado reciente?
RM - Antes del gobierno de centroizquierda, con el gobierno
de centroderecha, Italia estaba muy alineada, siempre y en
todos los casos, con Estados Unidos. Italia no tuvo nunca un
rol internacional destacado después de la guerra, estuvo
siempre muy cerca -más o menos en los distintos períodos- de
Estados Unidos. Estados Unidos aportó a la liberación de la
nación del fascismo y esto creó un vínculo muy intenso. Hoy
ese vínculo permanece pero hay una actitud de mayor
independencia.
Creo que también hay un poco de rivalidad con España. Italia
siempre estuvo delante de España desde el punto de vista de
la economía, de la innovación, del bienestar, pero en los
últimos diez años España avanzó mucho y está por superarla
en economía. Los españoles están muy contentos, no es
todavía el momento pero están por; y los italianos están un
poco sorprendidos. Simultáneamente España superó a Italia en
iniciativa en el mundo internacional, a nivel internacional
se habla un poco más de Zapatero que de Prodi como
iniciativa, sea para bien o para mal. Tal vez el hecho de
ver que España se compromete tanto y nos supera y supera a
Italia haya llevado al gobierno italiano a reaccionar un
poco. No es casualidad que Prodi haya ido a hablar con
Zapatero hace algunas semanas.
OAB - Esto que comenzó a perfilarse en 1991, la Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, sin duda es
una estrategia de largo plazo de España de disputarle a
Estados Unidos la influencia sobre América Latina y
reconstruir el mundo de habla española bajo su liderazgo.
Italia, en cambio, tiene una gran ventaja histórica en su
ubicación en la Unión Europea y la Comunidad Europea, pero
no tiene la posibilidad de reconstruir un imperio, como sí
tiene España. Quizás algunos de los elementos de reacción de
Italia puedan estar en esa búsqueda de nexos con la
comunidad que tiene en el mundo, uno de los cuales puede ser
el voto del exterior.
EC - ¿Y cómo está la economía italiana?
La economía italiana por un lado va bien, pero por otro
tiene algunos problemas. Uno, en los últimos diez años se ha
profundizado la diferenciación social, el 40 por ciento de
las personas que están bien está siempre mejor y el 60 por
ciento que está mal está peor. Dos, el aparato público está
absolutamente desorganizado, con déficit, tenemos la deuda
pública más alta de Europa, con un poco de corrupción,
etcétera. Y esta situación del aparato público nos lleva al
tercer punto, que hay una enorme evasión fiscal, no todos
pagan todos los impuestos, mejor dicho: quizás nadie paga
todos los impuestos. Eso forma parte de la cultura.
Berlusconi sostuvo una vez que es justo no pagar los
impuestos y con esa posición consiguió muchos consensos.
Y todo esto lleva a una presión fiscal muy alta, tal vez el
doble que en Uruguay, más que en Estados Unidos, y esto
frena un poco la economía.
La economía italiana en sí misma está bastante bien, aunque
le falta un poco de capacidad de innovación y está
particularmente fraccionada, hay muchas pequeñas empresas y
para una pequeña empresa es muy difícil afrontar la gran
competencia internacional.
EC - La alternancia de partidos que se ha dado en el
gobierno de Italia en los últimos años, ¿puede ser una causa
del deterioro fiscal que usted mencionaba?
RM - Sí, especialmente porque quizás dada su poca duración,
los gobiernos no supieron hacer políticas económicas
adecuadas. Ningún gobierno trabajó intensamente para reducir
la deuda pública; ningún gobierno trabajó intensamente para
disminuir la presión fiscal haciendo pagar los impuestos a
todos; ningún gobierno trabajó intensamente para dotar a
Italia de infraestructuras, nuevas carreteras, nuevas redes
ferroviarias, estamos detenidos veinte años atrás. Tal vez
no lo hicieron porque sabían que iban a durar poco o tal vez
porque duraban poco y estas cosas requieren un largo
período. El resultado es que la política llevada a cabo por
los gobiernos tanto de derecha como de izquierda no produjo
efectos y ahora nos encontramos en una situación muy
difícil. Las empresas italianas trabajan, ganan, pero no hay
suficientes carreteras, redes ferroviarias, un sistema
fiscal que ayude etcétera.
EC - ¿Qué perspectivas hay de salir adelante? Veía hace poco
una nota en The Finantial Times que calificaba a Italia como
“el gran enfermo de Europa”. En los últimos quince años la
economía de Italia ha sido la que más lentamente ha avanzado
dentro del viejo continente, en el caso del año 2005 con un
crecimiento cero. ¿Ahora qué puede ocurrir, teniendo en
cuenta este tablero político tan complejo que usted
describía al principio?
RM - Sí, las previsiones de The Economist, por ejemplo, son
muy negativas. The Economist prevé que el crecimiento será
aun más escaso y que el gobierno Prodi caerá no más allá de
2007. En Italia es muy difícil prever el futuro. Previsiones
negativas ha habido siempre en estos años... y además, como
dicen los italianos, “siempre nos las arreglamos”. Yo no soy
capaz de hacer previsiones. Por cierto, todas las personas
sensatas, los estudiosos, son muy pesimistas porque es
probable que el gobierno Prodi no logre hacer una verdadera
reforma fiscal o de las jubilaciones y es probable que haya
una caída ulterior. Pero, como dicen los italianos, la
crisis del Imperio Romano duró alrededor de 200 años, 150
años... entonces ¡serán problemas de nuestros nietos o
bisnietos dentro de 100 años! ...Mientras tanto vivimos
bien.
***
EC - ¿Qué evaluación hace usted, cómo se está observando en
Italia la incorporación de parlamentarios representantes de
la ciudadanía italiana en el exterior? ¿Cómo fue esa
experiencia?
RM - Ha sido una experiencia muy interesante. Durante muchos
años se propusieron en Italia leyes para dar el voto a los
ciudadanos en el exterior. Y ahora que se lo concretó, el
resultado fue distinto del que se pensó.
Por un lado se vaticinaba una participación muy escasa y
ocurrió lo contrario: en muchos países la colonia italiana
tuvo una participación más elevada que la que se dio en
algunas regiones del territorio italiano. Hubo una fuerte
movilización por parte de los italianos en el exterior.
Por otra parte, se creyó que esos votantes del exterior eran
pocos, pero con la ley de ciudadanía italiana resulta que
son muy numerosos y serán cada vez más. Aquí en Uruguay
probablemente son italianos todos los uruguayos, o
casi...¿quién no tiene un bisabuelo italiano? Entonces todo
Uruguay será importante para las elecciones italianas.
En este caso fue mucho más importante porque dada la
dificultad del nuevo sistema electoral, que llevó a mayorías
muy débiles, en el Senado el voto de los elegidos en el
exterior fue determinante. Se pensaba -lo pensaban también
los que propusieron el voto exterior- que los italianos en
el exterior serían más de centroderecha y no fue así. Los
italianos en el exterior fueron un poco más, no mucho más
pero un poco más, de centroizquierda. Podemos afirmar que el
conjunto de los italianos en el exterior es más de
centroizquierda que los italianos en Italia. Esto llevó a
que en el Senado italiano el voto de los italianos en el
exterior sea hoy el factor que sostiene al gobierno Prodi;
de algún modo podemos decir que los uruguayos son el
principal apoyo de Prodi.
Seguramente en las próximas elecciones los partidos les
prestarán mucho más atención a los italianos en el exterior,
porque con este sistema electoral tan complicado, los
representantes del exterior terminan siendo muy, muy
importantes.
OAB - En el caso uruguayo es un tema muy importante por dos
vías. Primero, porque en Uruguay se votó, hubo una
intensísima campaña electoral por radio, por televisión, en
la vía pública, y Uruguay registró la tasa más alta de
participación en las elecciones italianas.
Segundo, porque Uruguay está discutiendo -quizás en este
momento esté un poco soterrado pero está planteado por la
mayoría- el voto en el exterior. Y aquí hay dos lecciones
que me resultan muy importantes. La primera más que una
lección es un hecho: en Italia el voto en el exterior era
visto como un tema de derecha, en Uruguay es visto como una
cosa de izquierda; en Italia lo impulsaba la derecha y lo
resistía la izquierda, en Uruguay lo impulsa la izquierda y
lo resiste la derecha. Por lo tanto el tema no es demasiado
ideológico, por lo menos no en función de las grandes
ideologías universales. La derecha en Italia, además del
concepto de italianidad, del concepto de l’Italia in tutto
il mondo, había hecho el cálculo de que le convenía el voto
en el exterior; la izquierda uruguaya, además del concepto
de la patria peregrina como dice el presidente de la
República, también hace el cálculo de que le conviene. La
primera lección es que, por lo menos en Italia, el cálculo
falló, el que creyó que creaba un instrumento que lo
favorecería terminó perjudicado. En el caso italiano es
gravísimo, con las bancas asignadas en Italia el gobierno
estaba en minoría, ganó la Cámara de Diputados pero perdió
el Senado y fue gracias al exterior que obtuvo la mayoría
también en el Senado. Es una buena elección para los que
creen que están haciendo leyes a su favor.
EC - La última pregunta apunta a salir de Italia y ver un
poco más en general esta serie de elecciones de los últimos
años que han mostrado resultados muy parejos. El de Italia,
que es el que estábamos tomando como base ahora, pero antes
el de España, el caso de Alemania e incluso el de Estados
Unidos con dos elecciones muy parejas, y el de México
también. ¿Qué le dicen a usted esos resultados? ¿Se puede
hablar de un fenómeno mundial de equilibrios, de empates
políticos? Es cierto que también hay excepciones a esta
aparente regla, podemos mencionar ejemplos diferentes, ¿pero
qué le dice esta serie a usted?
RM - Es un fenómeno muy interesante que será necesario
estudiar en profundidad. Desde el punto de vista italiano,
pero teniendo presentes otros estados, es producto del
enlentecimiento, de la erosión, de la disminución de las
fuertes pertenencias ideológicas, de los lazos ideológicos
tradicionales y del aumento de la parte de la población que
decide a último momento no sólo a quién votar sino incluso
si votar o no. Y esta cuota de población, que en muchos
casos elige de modo casual, resulta a medias, como si fuese
un proceso estadístico. Naturalmente esta es una
interpretación muy veloz y superficial, habría que
profundizar más, pero la verificación de tantos casos en el
mundo obliga a pensar que tal vez el enlentecimiento de las
ideologías que se registró en todo el mundo y el crecimiento
de un electorado de medio que elige cada vez, que no está
unido de por vida a una parte o a la otra, pueden llevar a
una división a la mitad.
|