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Segundo balance del segundo año de gobierno frenteamplista.
La herencia de los años duros.
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
Hoy termina el año civil hábil 2006, el segundo año civil de
gobierno frenteamplista. El viernes pasado, el politólogo
Oscar Bottinelli inició el balance de estos dos años
deteniéndose en el tema de la formalización laboral y la
gestión del Banco de Previsión Social. Hoy viene el segundo
capítulo de esta serie de balances, con el título: "La
herencia de los años duros".
***
EC - Estamos hablando de las violaciones a los Derechos
Humanos durante la dictadura.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Estamos hablando en general de los años duros. Luego vamos a
ver dónde nos centramos, porque los años duros en Uruguay
empiezan antes de la dictadura y se puede decir que terminan
con la dictadura.
El balance no va a ser del tipo cosas en las que le fue bien
y cosas en las que le fue mal al gobierno, sino que hemos
elegido cinco temas para desgranar.
Sobre los años duros, durante mucho tiempo se consideró en
Uruguay que el tema se había cerrado con la Ley de Amnistía
para quienes habían practicado la lucha armada o cometido
algún otro tipo de delito en período constitucional y con la
Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado
avalada por la ciudadanía. Hubo un sector de gente que no
consideró correcto el cierre del tema, que no se resignó a
ello, que empujó para abrir y se puede decir que el tema se
entreabrió durante la presidencia de Batlle y se abrió casi
del todo con la Presidencia de Vázquez.
En ambos casos, analizado desde el punto de vista de cada
época, se llegó mucho más allá de lo que en general esperaba
la mayoría de la gente y la gente informada. La Comisión
para la Paz, cuyo informe hoy se ve muy limitado a la luz de
pasos posteriores, en su momento excedió lo que se creía que
se podía avanzar en el tema. Y luego, con Tabaré Vázquez, se
ha llegado a la búsqueda de restos, a encontrar restos de
personas que se consideraban desaparecidas, con lo que queda
plenamente confirmada su muerte, como los casos de Chávez
Sosa y de Miranda.
Se llegó a la suspensión de los trabajos a fines de octubre
sin que se pudieran encontrar más datos o más restos.
Independientemente de que se había abierto una expectativa
mayor cuando empezaron a aparecer restos o algún fragmento
en cuanto a que se iba a avanzar mucho más, lo cierto es que
si vamos a 2004 (y ni hablar al 98) el avance estuvo más
allá de toda expectativa. En ese sentido ha sido un éxito
formidable del gobierno, de los que empujaron el tema.
A lo cual hay que agregar cómo se fue ampliando la
información, al punto de llegar a los informes de los
comandantes en jefe de cada una de las fuerzas que obtuvo el
presidente de la República, con datos que en algún caso no
coincidían exactamente con los de la Comisión para la Paz,
casos sobre los que no había datos y sí los había recogido
la Comisión para la Paz y casos en los que los datos
coincidían perfectamente. Estos informes implicaron un
avance muy grande, entre otros datos allí estuvo el primer
reconocimiento oficial de la existencia del "segundo vuelo";
aquel vuelo que trajo de Argentina a personas consideradas
desaparecidas y que habrían sido muertas en territorio
uruguayo.
EC - Además de la investigación sobre el destino de los
restos de los desaparecidos, hubo actuaciones judiciales y
varios procesamientos.
OAB – Exacto. Se avanzó en la faz judicial. Sin ninguna duda
en el sistema judicial, que a la salida de la dictadura tuvo
líneas interpretativas acordes con el pensamiento dominante
en la sociedad en aquel momento, en los años 2000, en el
siglo XXI, empieza a predominar una línea interpretativa
acorde con el pensamiento que comenzaba a perfilarse como
mayoritario en la sociedad.
Ahí tenemos la acción pionera de la fiscal Mirtha Guianze.
Una mujer con una clara concepción político-judicial, que
abrió una línea política diferente en el Ministerio Público,
que lleva al procesamiento de Blanco a fines de 2002 y se
continúa en estos dos años en que se llega al procesamiento
de los militares y ahora a los dos tipos de procesamientos
de Juan María Bordaberry, más un nuevo procesamiento de Juan
Carlos Blanco. También se produce la exclusión de la Ley de
Caducidad en forma expresa de las muertes ocurridas en
Buenos Aires de Michelini, Gutiérrez Ruiz, Whitelaw y
Barredo.
Siempre quedan planteadas muchas discusiones. Por un lado,
el tema de la memoria histórica de la dictadura o la memoria
histórica de los años duros. El presidente de la República
firmó un decreto declarando al 19 de junio Día del Nunca
Más. El decreto tiene algunas cosas confusas, porque los
feriados surgen por ley. Y además establece que los festejos
de gobierno se hacen el 19 de junio pero se mantienen los
otros feriados. Y el visto está referido a los
detenidos-desaparecidos, lo cual da la percepción de que
está referido a que nunca más haya desapariciones.
EC - Pese a que el discurso que el propio presidente Vázquez
realizó ese día estuvo en sintonía con su discurso del 1 de
marzo del año pasado, en el que parecía hablar de un
concepto un poco más amplio...
OAB - Estuve leyendo detenidamente el decreto. De hecho se
ha generado en Uruguay lo que se puede llamar una memoria
reduccionista de todo ese período. Da la impresión de que si
uno pregunta qué fue lo que ocurrió en Uruguay durante la
dictadura, la respuesta es que hubo desaparecidos.
Recordemos que la Intendencia de Montevideo en la
administración Arana creó un gran memorial en el Cerro a los
desaparecidos. Hay algo que uno siente que genera
discrepancia. Puede entenderse que no se está valorando, del
lado de las víctimas de la dictadura, todo ese conjunto
grande que hubo, primero, de muertos no desaparecidos,
muertos cuyos cuerpos fueron entregados en su momento –no me
refiero a los muertos que se descubre que no eran
desaparecidos porque aparecen los cuerpos, sino a los que
murieron en cuarteles, en penales–, y todos los miles de
torturados, de presos, de demás perseguidos. E incluso
aparece, no del lado del gobierno sino al revés, de la otra
mitad del país –no olvidemos que este país tiene el
pensamiento dividido en mitades en muchos temas–, la
pregunta de si el "Nunca más" no debería comprender el nunca
más lanzarse a la lucha armada contra las instituciones
democráticas.
EC – Justamente. El momento en el que estamos en este asunto
que has elegido para tu análisis de hoy está muy cargado de
preguntas.
OAB – Exacto. Aparte de esta que estamos abordando. A
Uruguay le falta hacer –quizás todavía estamos muy lejos del
período de calma, hay juicios de por medio– la memoria
histórica de ese período que uno llama los años duros, que
comprende la dictadura, la predictadura y las acciones
guerrilleras.
La pregunta es hasta dónde quiere llegar el gobierno con
este tema. Generalmente, un acto como el del "Nunca más"
sugiere una pretensión de cerrar un tema. No digo que lo
diga, lo sugiere. Por otro lado, cuando se pregunta eso, la
respuesta es "no, de ninguna manera". Incluso es algo
confuso el decreto porque por un lado dice: "considerando
que corresponde tener por cumplido el mandato impuesto por
el artículo 4º", referido a la Ley de Caducidad en lo
referente a detenidos desaparecidos en territorio uruguayo,
sin perjuicio de la información complementaria, y en la
parte dispositiva dice: "declárase culminada la primera
etapa de las actuaciones dirigidas a la investigación de las
desapariciones forzadas perpetradas en el territorio
nacional". Da la impresión de que hay alguna vacilación ahí.
Se quiere cerrar pero no se quiere cerrar. ¿El gobierno
quiere frenar y no puede o no se atreve? ¿O es que no quiere
frenar y quiere seguir? Son preguntas difíciles de
contestar.
EC - ¿Hay más preguntas?
OAB - El "Nunca más". ¿A qué?, ¿la forma restrictiva del
"Nunca más" del decreto?, ¿la forma más abierta del "Nunca
más" del discurso del presidente de la República?
Hay una pregunta más genérica, ¿existe algún punto de freno
que logre pleno consenso en el país, que diga hasta acá se
llegó, ya se investigó todo lo que había que hacer y el tema
se cerró? ¿O siempre va a haber - en mayor grado, en menor
grado, más cantidad de gente, menos cantidad de gente- quien
diga esto no se puede admitir, que hay que seguir para
adelante?
Por otra parte, ¿qué pasó con la investigación del "segundo
vuelo", que fue uno de los elementos más detonantes del
informe de los comandantes? Esa investigación no está
terminada.
¿Qué pasa con otras muertes y desapariciones? ¿Se van a
seguir investigando muertes, se dan por investigadas? Vimos
los procesamientos de Bordaberry, en los que hubo dos
nombres cuya muerte no correspondía a su período sino que
habían sido posteriores. Me viene a la memoria una persona
con la que estuve muy vinculado, Julio Castro, fundador del
semanario Marcha, cuya muerte ocurrió el 3 de agosto del 77,
en lo que coinciden el informe de la Comisión para la Paz y
el informe de los comandantes. Su desaparición y muerte
detectada, ¿se van a investigar?
La nueva interpretación de la Ley de Caducidad lleva a que
se juzgue a civiles y mandos. Pero independientemente de
juicios, las investigaciones con una finalidad de memoria
histórica, ¿se cierran? ¿O se puede seguir investigando
hasta conocer exactamente todo lo que ocurrió, cómo ocurrió?
Porque el tema no se reduce a lo judicial. Tiene que ver con
lo histórico. La Ley de Caducidad cierra la caducidad
judicial, penal, no la caducidad histórica.
E incluso ha habido cuestionamientos a lo que se ha llamado
exclusiones parciales de la Ley de Caducidad. Porque el
Poder Ejecutivo abre la puerta –fue un cambio radical del
presidente Vázquez respecto de los gobiernos anteriores, que
habían sostenido la línea de que todo quedaba incluido en la
Ley de Caducidad–, este gobierno hace un giro y dice "esto
no está incluido, está excluido, por lo tanto puede
judicializarse". Pero ¿no hay más casos para excluir? Es una
pregunta que está haciendo mucha gente.
Como conclusión, tenemos por un lado avances realmente
formidables, que sin duda empiezan en el gobierno anterior.
Hoy quizás se vea que algunos avances durante el gobierno de
Batlle no fueron tales o que el informe de la Comisión para
la Paz dejó cosas desprolijas. Pero en ese momento se
consideró que el avance había sido formidable, que se había
llegado a niveles de información a los que no se pensaba que
se iba a llegar. Cada cosa debe ser analizada en su momento
histórico. Y este gobierno avanzó a niveles que quizás no se
había imaginado que se podía llegar; sobre todo sin gran
conmoción. Eso es lo significativo. Una cosa es que haya
disconformidades para un lado y para el otro, los que dicen
que se fue demasiado lejos y los que dicen que hay que ir
más rápido, pero lo cierto es que se llegó hasta donde se
llegó sin que en el país hubiera nada en riesgo por todo
este tipo de cosas. Puede discutirse si no se dedica
demasiado tiempo al pasado en lugar de dedicarlo al futuro,
puede haber muchas discusiones, pero no se puede decir que
se ha comprometido la vida institucional del país. No está
comprometida en nada con todo esto. Es un avance
excepcional.
Quedan todas esas interrogantes, esas dudas, esas
disconformidades de un lado y del otro. Dudas de hasta dónde
piensa llegar el gobierno, qué va a pasar con la memoria
histórica, cuál es el alcance del nunca más, cuáles son las
respuestas a muchas preguntas sobre lo que ocurrió en
aquellos años, qué impulso puede haber desde el gobierno
para que esas investigaciones continúen y se llegue a datos
mucho más precisos sobre lo que pasó en ese período, la
dictadura y antes de la dictadura.
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