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Uruguay se encuentra enfrentado a una disyuntiva histórica:
definir su inserción internacional
Oscar A.
Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
ANDRÉS GIL:
Desde vísperas de Navidad el politólogo Oscar A. Bottinelli,
director de Factum, desgrana cinco temas a título de balance
del segundo año de gobierno del Frente Amplio.
Hoy nos plantea que, más allá del conflicto con Argentina y
de los problemas comerciales y políticos con Brasil, Uruguay
se encuentra enfrentado a una disyuntiva histórica: definir
su inserción internacional.
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OSCAR A. BOTTINELLI:
Un tema clave, que sin duda va a ser este año y en años
sucesivos un gran tema de debate nacional –es un tema del
oficialismo, del sistema político y del país–, es definir
cuál es, cuál pretende ser la inserción internacional del
país.
Es un tema que Uruguay discutió poco en su historia en la
medida que, más allá del gusto o no gusto, hasta mediados de
los años sesenta, se puede decir hasta 1966, su inserción
internacional entendida como colocación de productos estaba
asegurada por el Imperio Británico. Esa fue la realidad,
Uruguay se despreocupó mucho del tema. Luego empieza un gran
vacío, que quizás no se debate demasiado, hasta que aparece,
con la restauración democrática, la política de
relacionamiento con Argentina y con Brasil, que fue muy
intensa en la primera administración de Sanguinetti, y luego
ya en el gobierno Lacalle el gran impulso para la
conformación del Mercosur. Era aprovechar un gran impulso
bilateral entre Argentina y Brasil, triangulizarlo, sumar a
Paraguay y crear el Mercado Común del Sur.
Ahí pareció resuelta la inserción internacional de Uruguay,
se veía el Mercosur con un gran optimismo, como un proceso
paralelo, en espejo, con la Unión Europea, más acelerado. La
idea era arrancar no sólo con un área de libre comercio sino
con una unión aduanera para luego pasar a una unión
económica e incluso –un tema que se está discutiendo mucho–
en los discursos en torno al Tratado de Asunción había
muchas pistas que apuntaban a una asociación política de los
países que formaban el Mercosur.
Esto se complementa pocos años después, cuando al terminar
1995 Julio María Sanguinetti como presidente pro témpore del
Mercosur y Felipe González como presidente pro témpore de la
Unión Europea firman el acuerdo que parecía la creación de
la primera gran área de libre comercio del mundo.
Uruguay veía al Mercosur como la posibilidad de que se
instalara determinado tipo de industria de alta tecnología
que requiriera mano de obra muy calificada para vender a la
totalidad del bloque, lo cual le daría un gran espacio para
el desarrollo.
Pero ocurre por un lado que el Mercosur no funciona con esa
facilidad, fue muy clara la intermitencia en la entrada de
productos, incluso de productos primarios, como el arroz a
Brasil, dos por tres afectado por órdenes de jueces de baja
categoría de distritos de Río Grande del Sur que interrumpen
la entrada de camiones, y la interrupción del ingreso de
bicicletas armadas en Uruguay a Argentina. Se vio entonces
que Uruguay no aparecía como un lugar atractivo para que
grandes inversiones se instalasen aquí con la finalidad de
vender al Mercosur, era mucho más seguro instalarse en
Brasil o en Argentina que hacerlo en Uruguay.
Luego viene la devaluación brasileña de enero de 1999, que
marca la debilidad de un Mercosur en el que no habían
funcionado las convergencias macroeconómicas, después vino
la crisis argentina y finalmente esta situación con por un
lado Argentina en lo que Uruguay entiende como hostigamiento
por la recepción de inversiones, una política que desde el
lado uruguayo se ve como pretendiendo ahuyentar inversiones,
aceptada por el gobierno argentino, con largos períodos de
cortes de puentes, particularmente el puente General San
Martín. Y por otro lado Brasil mismo en una actitud muy
prescindente en este conflicto y en general sin ejercer un
gran liderazgo en el Mercosur.
El dilema de discutir la inserción internacional de Uruguay
ahora parte de una concepción que parece bastante unánime en
el país: como ha funcionado hasta ahora el proyecto de
Mercosur, ha fracasado, está en falencia o no cubre las
expectativas.
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A partir de aquí surgen dos grandes posturas que atraviesan
al oficialismo. Por un lado la postura de decir “este
Mercosur es igual nuestro proyecto, el proyecto de Uruguay;
hay que reformularlo, hay que hacer que funcione”. Entra un
tema que se debatió poco en Uruguay, si convenía o no la
ampliación del Mercosur.
El ingreso de Venezuela fue muy imperfecto. Es un país que
tiene una economía muy protegida, que no tiene libertad de
mercados, que tiene cupos de importaciones y de
exportaciones, por lo tanto está en muy malas condiciones
para funcionar en un área de libre comercio, pero no se
discutió demasiado esto, se discutió más si convenía o no el
ingreso de Venezuela. En el trasfondo la discusión fue casi
“me gusta Chávez o no me gusta Chávez”. Faltó la discusión
previa, no la dio casi nadie en el sistema político, ni en
el oficialismo ni en la oposición, discutir si debe o no
ampliarse el Mercosur, no importando de quién se esté
hablando, si va a ser Venezuela o quien sea. Y una vez
llegados a la conclusión de que era conveniente ampliarlo,
ver cuándo y después con quién.
Se empezó discutiendo sólo el ingreso de Venezuela, las
bondades o las maldades que podía tener el presidente Chávez
y las ventajas o las desventajas que sigue teniendo
Venezuela.
Pero aun con discrepancias sobre la ampliación del Mercosur,
hay un bloque muy claro en el oficialismo a favor de
mantener la adhesión al Mercosur, no debilitarlo, tratar de
fortalecerlo y jugar con Argentina, con Brasil, con Paraguay
y con Venezuela a los efectos de tratar de que vuelva a sus
proyectos originales.
Entre los que apuestan al Mercosur hay dos proyectos
distintos, los que consideran que es un proyecto que
comienza y termina en lo comercial o en lo económico, y
quienes consideran que va mucho más allá y llega a lo
político. Incluso dentro del oficialismo ha aparecido una
línea que se está expresando en términos prácticos de
avanzar más en el Mercosur político que en el Mercosur
económico. Se considera que el ingreso de Venezuela es más
político que económico.
La creación del Parlamento del Mercosur se ve como un avance
en el Mercosur político. La idea básica es que si se avanza
en el Mercosur político, en una unión política, en una
asociación o un progreso de alianza política, se puede luego
destrabar los problemas que impiden el avance del Mercosur
económico o del Mercosur comercial.
La otra postura, opuesta al fortalecimiento del Mercosur o
que deja en un segundo plano al Mercosur, es decir que
Uruguay tiene que buscar otro camino. Ese camino
esencialmente se vio a través del tratado de libre comercio
(TLC) con Estados Unidos –porque estaba a mano–, poder abrir
más TLC, posicionarse como Chile en el plano internacional.
Esto no tiene nada que ver con el modelo interno chileno,
que a veces se confunde cuando se habla del tema. Una cosa
es el modelo externo y otra el interno, que no
necesariamente tienen que estar siempre conectados.
Un país que no se ha integrado a ningún bloque, a ninguna
región y que ha logrado tratados comerciales con buena parte
del mundo, con Estados Unidos, con la Unión Europea, con el
Mercosur, es un miembro asociado del Mercosur que disfruta
ciertas ventajas del relacionamiento con el Mercosur sin
tener la limitante de la pertenencia.
Este es el otro camino, que ha encabezado en el oficialismo
el ministro de Economía, con gran apoyo del ministro de
Industria, pero a nivel de liderazgo político de Danilo
Astori. Así como la línea mercosuriana más fuerte ha tenido
en primer lugar al ministro de Relaciones Exteriores,
Reinaldo Gargano. En Gargano y Astori se han personalizado
las dos posturas dentro del oficialismo.
En la oposición en general tiende a predominar una línea un
poco más escéptica con relación al Mercosur, sin perjuicio
de que hay muchos matices entre los que tienen una línea que
plantea la necesidad de abandonar el Mercosur y los que
consideran que Uruguay debe explorar caminos, por ejemplo el
TLC con Estados Unidos, sin que eso implique necesariamente
una desvinculación final del Mercosur.
Lo cierto es que este es un gran debate pendiente, un debate
que tiene que dar el oficialismo y que se está dando más por
vía de los hechos. A lo largo de 2006 se dio en torno a sí o
no al TLC con Estados Unidos, en el fondo era una discusión
sobre toda la inserción internacional del país que
finalmente el presidente de la República laudó por el lado
del fortalecimiento del Mercosur y –al menos no de
inmediato– no al TLC con Estados Unidos. Tiene que darse un
debate nacional, no se está discutiendo a fondo entre
gobierno y oposición ni públicamente algo que es una
definición del país no sólo por 2007, no sólo por este
período de gobierno sino por mucho tiempo en adelante.
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