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Las dificultades de una solución definitiva al tema de los
derechos humanos
Oscar A.
Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
ANDRÉS GIL:
El martes 19 de junio fue el día de los distintos actos
referidos a distintas interpretaciones del “nunca más”. A
propósito de ello, el politólogo Oscar Bottinelli, director
de Factum, nos propone analizar: “Las dificultades de una
solución definitiva al tema de los derechos humanos”.
***
AG - ¿Por dónde arrancarías?
OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar vamos a ver de qué se habla cuando se habla
de derechos humanos. Estamos hablando específicamente de las
muertes, desapariciones, detenciones o privaciones de
libertad, de los vejámenes físicos o psíquicos a personas
ocurridos en el tiempo de la dictadura o previamente a ella.
De eso estamos hablando, porque el tema es muy vasto y tiene
muchas aristas.
Segundo, proponemos salir de lo episódico para ir a lo
estratégico del tema, aunque lo episódico (lo del “nunca
más”, lo del 19 de junio) da para un análisis en sí mismo,
en particular sobre la diferente reacción de los actores
políticos que indican muchas visiones diferenciadas del país
a la interna tanto de los partidos como de los sectores.
En Uruguay tuvimos una transición de las que
politológicamente se consideran acordadas o pactadas. Se dio
por cerrado el tema, el fin de la transición, el 16 de abril
de 1989, cuando el referéndum de la ley de caducidad de la
pretensión punitiva del Estado. Esto está escrito en todos
los libros que hablan de la transición en Uruguay, de las
transiciones en el Cono Sur, escritos por uruguayos, por
gente del Cono Sur o por politólogos de otros países.
Recuerdo que Eleuterio Fernández Huidobro, por ejemplo,
dijo: “el pueblo dio una orden y se acata”, cuando se
resolvió lo que en términos prácticos implicaba una
amnistía.
AG - Pero años después se dio una reapertura del tema.
OAB - Exacto, hubo por un lado un grupo de gente desde el
ángulo social, desde el ángulo político, de familiares, que
mantuvo viva la llama del combate por la reapertura del
tema, y al final lo logró. Al despuntar los años 2000 el
tema se reabrió. El presidente Batlle fue un factor muy
importante desde el poder para reabrir eso que venían
reclamado los sectores combativos. Batlle lo reabrió
creyendo que a través de la Comisión para la Paz y de nuevas
investigaciones se iba a lograr la paz definitiva. Se creyó
que el informe de la comisión podía cerrar el tema, pero
sobre el fin de la comisión se vio que el tema no se
cerraba.
Lo curioso es que quedó una asignatura pendiente, que en ese
período tampoco se llenó, que era el estudio de por qué se
había llegado a lo que se llegó en materia de derechos
humanos o de democracia. Las democracias no caen porque un
buen día la gente se despierta y siente que ha dejado de
creer en ella, sino que su caída es producto de muchos
factores erosionantes de distinto signo y de diferente
intensidad. Eso no se estudió.
Por ahí salió Mujica hace poco y en varias oportunidades
diciendo “habrá que esperar a que estemos todos muertos”,
una forma de decir que recién ahí se cerrará el tema. Sin
embargo estamos viendo que en los sectores más combativos,
que más se oponen a cerrar el tema, hay muchísimos jóvenes
que no tuvieron que ver directamente con los hechos de la
época ni los padecieron. Por otra parte, en Italia se vio
hace dos años, cuando los 60 años de la caída del fin de
todo el período fascista, que los hijos y los nietos de un
lado y del otro debatían con la misma pasión que podían
haber debatido los protagonistas. Es decir, el paso del
tiempo no asegura el cierre.
Si vamos al fondo, vemos una cosa. Por un lado hay una
oposición de diagnóstico, hay una oposición clara sobre cómo
se entiende que fueron los hechos, hay quienes consideran
que hubo exclusivamente un terrorismo de Estado, quienes
consideran que hubo dos violencias y que la violencia contra
el Estado fue previa a la violencia estatal, y quienes
consideran que hubo dos violencias que quisieron usar a la
mayoría de la población que no estaba de un lado ni del
otro.
También hay una oposición de valores y legitimidades. Hay
quienes consideran, como lo hizo el célebre penalista
español Jiménez de Asúa hace 70 años, que hay una diferencia
entre el delito de Estado y la violencia de particulares, y
mucho más cuando los particulares lo hacen con un afán de
progreso, consideran que uno es más grave que el otro. Esto
se nota cuando se analizan las diferencias que hay entre los
que valoran de una manera y de otra.
AG - Tú decís que sin un diagnóstico de consenso es difícil
pensar una solución.
OAB - No digo que sea necesario un diagnóstico de consenso,
pero partimos de la base de que no va a haber consenso en el
diagnóstico ni en los valores, por lo tanto va a ser muy
difícil encontrar una solución que tenga apoyo unánime
porque se parte de valoraciones distintas.
Como elemento de fondo hay una oposición entre dos grandes
líneas estratégicas.
Hay una línea estratégica que considera que no hay futuro
sin memoria, que es imprescindible perpetuar la memoria
colectiva, que es imprescindible investigar todo lo que ha
ocurrido y no cerrar los acontecimientos.
Y hay una segunda línea, claramente expresada en su momento
por el anterior presidente checo, Václav Havel (uno de los
hombres más perseguidos y duros combatientes del régimen
comunista en su país), que dijo “no hay que permitir que la
historia nos impida construir el futuro”. Es decir, que
considera que la construcción del futuro es un tema mucho
más fuerte que la revisión del pasado.
Son dos visiones muy diferentes que pueden encontrar puntos
en común pero que parten de puntos de vista diferentes: para
una es fundamental dejar el pasado atrás lo más rápido
posible para dirigirse al futuro, y para la otra no hay
futuro sin la memoria colectiva, sin la investigación del
pasado, si las responsabilidades del pasado no quedan
absolutamente esclarecidas.
AG - ¿Cómo podemos aterrizar todo esto en el caso puntual de
Uruguay, en los logros que ha tenido Vázquez y las
contradicciones del presidente a la hora de convocar, por
ejemplo, este Día del Nunca Más?
OAB - El problema mayor que vemos es que el presidente
Vázquez ha querido un cierre del tema pero nunca ha
expresado cómo. Esto ha sido claro desde que Batlle habló de
la Comisión para la Paz, por un lado apoyó la Comisión para
la Paz pero no fue contundente a la hora de apoyar el
informe, en la campaña electoral jugó con muchas posturas
que daban lugar a equívocos en la gente, y ya en el gobierno
impulsó una línea que ha tenido grandes logros.
Por ejemplo, la aparición de restos, quizás muchos menos de
los que se pensaba, y algunos que se pensaba que era posible
encontrar no se encontraron, pero fue un avance sustancial
con respecto a lo ocurrido antes, incluyendo a la Comisión
para la Paz.
Los documentos de los comandantes, particularmente el
documento de la Fuerza Aérea, que esclareció cosas muy
significativas y abrió nuevas interrogantes. Hubo avances
muy grandes en la exploración del pasado y Vázquez puede
exhibir que demostró que no era cierto que se había llegado
al fin de las investigaciones sino que se podía ir mucho más
allá de lo que había ido hasta ese momento.
El problema es que Vázquez tiene un estilo de ensayo y
error, un estilo que se aplica mucho en la ciencia aplicada,
de ir ensayando un camino, buscando llegar al error, cambiar
de camino, ensayar por ahí. Esto se mezcla con un péndulo
que Vázquez ha practicado siempre en la conducción política,
una oscilación desde una postura hacia otra, lo cual hace
que en cada momento siempre haya alguien que se siente
plenamente identificado con él. El tema es que en la mezcla
de ensayo y error y péndulo ha faltado que el presidente
diera un mensaje claro de hacia dónde quiere que el país
vaya en este tema, cómo quiere que el tema se termine, a qué
conclusiones quiere que se llegue ni cuándo quiere que se
cierre. Sigue faltando un acto de liderazgo en el sentido de
conducción, de marcar hacia dónde el presidente quiere
llevar al país, osciló desde el todos somos culpables a una
posición muy dura, y desde diciembre, cuando empezó a hablar
del “nunca más”, hubo muchísimas interpretaciones
contradictorias.
Por otra parte, el cierre de este tema o el definir hasta
donde se quiera llegar va a tener costos para cualquier
gobierno, para cualquier país y para cualquier sociedad.
Deben evaluarse los costos y asumirse, y evaluar cuáles son
los costos que son asumibles para que el tema se defina
hacia la posición de unos, otros u otros.
La duda que surge del 19 de junio es: ¿es esta la posición
final del presidente?, ¿va a ser esto lo que va a
comprometer todo su peso y todo su prestigio para convencer
al país todo, a la totalidad de la sociedad, de la necesidad
de este resultado que está expresando el acto del 19 de
junio en plaza Independencia? No estoy diciendo que esté
bien o mal lo que el presidente hizo el 19 de junio, lo
fundamental es que el gobierno como tal definitivamente se
comprometa en un camino y siga coherentemente en ese camino
asumiendo todos los costos que tenga que asumir hasta lograr
el resultado.
AG - Seguramente, si nos dejamos llevar por los
antecedentes, si hacemos una especie de inferencia, la
respuesta a esas preguntas es difícil de encontrar, por las
contradicciones, por la prueba de ensayo y error.
OAB - Tendríamos dos cosas, ya más de una vez hemos visto al
presidente en actos muy fuertes hacia un lado y luego
desandar el camino. Lo que ha sido muy inteligente y le ha
dado un extraordinario resultado. Pero por otro lado el
presidente está dando señales (como las ha dado en otros
temas) de que cuando entra en un camino, después de haber
ensayado varias veces, es el definitivo.
Hay que esperar, hay que ver los pasos futuros que dé el
presidente de la República en las próximas semanas y en los
próximos meses para ver hacia dónde vamos. Y, sobre todo, si
decidió asumir los costos que inevitablemente va a tener que
asumir, porque mientras no se asuman los costos por parte
del presidente, por parte del gobierno, por parte de todo el
sistema político y de toda la sociedad, va a ser muy difícil
darle un cierre a este tema, cualquiera sea el tipo de
cierre de los muy diferentes y opuestos que puede haber.
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