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El delicado momento del presidente de la República
Oscar A.
Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
Hoy el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum,
toma cuatro hechos para analizar la situación de fuerza o
debilidad del presidente de la República: el Día del Nunca
Más, su decisión de no intentar la reelección, la creciente
contestación de los movimientos sociales y el trámite que
acaba de tener la Rendición de Cuentas. El título: “El
delicado momento del presidente de la República”.
***
Oscar...
OSCAR A. BOTTINELLI:
Empezamos recordando marzo. En marzo, a raíz de lo ocurrido
en el verano, particularmente en el plano internacional, la
forma como se fue manejando el diferendo con Argentina, la
visita de Lula, la visita de Bush, apareció Tabaré Vázquez
en la cúspide de la gestión. Eso era consenso entre
analistas, también entre actores políticos y en la opinión
pública había tenido un formidable repunte.
En junio se da una especie de contracara de marzo. Aparece
bastante lejos de ese estado, con evidentes signos de
debilidad y una muy fuerte caída de la popularidad del
presidente. Marcamos cuatro hechos apuntan a esto: el manejo
del nunca más, el anuncio del no a la reelección, la
contestación de los movimientos sociales y los hechos
protagonizados, sobre todo en la Cámara de Diputados, en la
Rendición de Cuentas.
EC - Vamos a ver cada uno de ellos.
OAB - Empezamos por el nunca más. Este gobierno alcanzó
éxitos inimaginables en la investigación de los hechos
sobrevivientes a la dictadura, los hechos oscuros, las
responsabilidades emergentes, se llegó adonde no se creía
poder llegar, la aparición de restos que confirman la muerte
de desaparecidos, el informe de los comandantes,
particularmente el de la Fuerza Aérea... Llegó mucho más
allá de lo que se esperaba, mucho más allá que la Comisión
para la Paz, así como el gobierno anterior con la Comisión
para la Paz había llegado a niveles de investigación que no
se imaginaba que se pudieran alcanzar en este país.
Esto a lo que llegó este gobierno se complementa con que el
clima que fue cambiando en el país llevó a un cambio
importante en el sistema judicial ya desde el gobierno
anterior y el sistema judicial en este período hace un
conjunto de procesamientos por violación a los Derechos
Humanos, algo también inimaginable.
Sin embargo, todo esto no apareció capitalizado como un
verdadero éxito del gobierno, sino que cada avance de
Vázquez ha tenido frenos, críticas, en algún momento
analizamos que falta salir a la opinión pública, decir cuál
es el camino, dónde se quiere parar, señalar el lugar y el
momento.
En diciembre el presidente dio un paso en ese sentido cuando
habló de crear el Día del Nunca Más. Fue muy controvertido
el hecho de unirlo con el 19 de junio, y luego empezaron las
críticas y las vacilaciones, distintas interpretaciones que
el propio presidente le daba al nunca más. Se habló de un 19
de junio casi apoteósico, con grandes desfiles, en el que se
iba a celebrar el nunca más de todo, y eso fue llevando al
riesgo de que el presidente terminara solo poniendo una
ofrenda floral.
Ahí se concatenó una serie de hechos que impidieron esa
soledad el 19 de junio. Fue fundamental el anuncio del no a
la reelección, inmediatamente las principales fuerzas de la
oposición reaccionaron dándole apoyo al presidente en esa
nueva interpretación más abarcativa del nunca más, y el 19
de junio terminó con el presidente acumulando un mayor éxito
para buena parte de la población, aunque, obviamente,
contestado por otros. Para empezar con el acto del Obelisco
de la izquierda más combativa, pero también con un acto
alternativo organizado por los movimientos sociales en la
Explanada Municipal.
EC - Pasamos al segundo de los hechos que querías destacar
hoy, el pronunciamiento del propio Vázquez señalando que no
va por la reelección.
OAB - El no ir por la reelección notoriamente le ha quitado
mucho poder, entra en la segunda mitad de un período que se
sabe que no va a continuar. Aquí hay que ver la diferencia
con un Sanguinetti y un Lacalle, que se sabía que iban a
continuar al frente de sus respectivos partidos, que
aspiraban (ninguno de los dos lo obtuvo inmediatamente) la
secretaría general del Partido Colorado y la presidencia del
Partido Nacional, cosa que obtuvieron un período después. A
nadie se le ocurría que se retiraban a pescar.
Lo increíble es que se creó toda una expectativa en torno a
la reelección notoriamente desde arriba, a los dos meses de
gobierno, en medio del gran entusiasmo por el gobierno,
hasta de soberbia, es el hermano del presidente, su
confidente, su hombre de mayor confianza quien lanza la idea
de la reelección, que luego permanentemente fue alimentada
por distintos dirigentes políticos. Esto llevó al presidente
a un brete y a tener que salir a anunciar que no iría por la
reelección. Una reelección que no está planteada
constitucionalmente y que no tendría por qué haber anunciado
si no se hubiera creado el problema. En definitiva los que
rodean al presidente le crearon una trampa al llevarlo a una
actitud que le produce una debilidad.
En México, en la época del PRI se decía que el presidente
terminaba su mandato cuando hacía el “destape”, cuando
designaba al sucesor. En ese momento el poder se transfería
al sucesor, pese a que asumía un año después. Acá ocurrió un
poco el efecto destape: “no es Vázquez”. Y empezó la corrida
hacia los posibles sucesores o candidatos a la sucesión.
EC - Vamos al tercer punto de tu lista.
OAB - Los movimientos sociales más “oficialistas” (no estoy
incluyendo ni los grupos más contestatarios ni a los
sindicatos que ya desde el comienzo del gobierno plantearon
actitudes más duras) empezaron a ubicarse en una actitud
cada vez más contestataria y presionadora del gobierno, que
se expresó, por ejemplo, en los actos alternativos del 19 de
junio. El discurso de los movimientos sociales,
particularmente el del movimiento sindical, marca una línea
cada vez más dura o más fuerte con relación a un gobierno al
que consideraban como propio, que habían contribuido a
gestar y que, ya sea en el Parlamento o en equipos de
gobierno, tienen a mucha gente salida de sus filas. En este
momento hay una distancia entre el presidente y el
movimiento sindical, que también ayuda a rebajar la base
política del presidente.
EC - Pasamos al trámite de la Rendición de Cuentas.
OAB - El trámite de la Rendición de Cuentas marca problemas
un poco más fuertes, no solo del presidente sino del
gobierno. La Rendición de Cuentas es elaborada por el
Ministerio de Economía y va al Consejo de Ministros, que la
envía al Parlamento. En el Consejo de Ministros no aparecen
votaciones divididas, no aparece una fenomenal controversia,
aparecen discusiones, pero luego de haber avalado y firmado
el mensaje de rendición al Parlamento algunos ministros
aparecen hablando fuera del ámbito orgánico de discrepancias
con esa rendición de cuentas. Se ha hablado de las virtudes
y los defectos de que estuvieran todos o casi todos los
líderes políticos (algunos no están) en el Consejo de
Ministros, pero resulta que esos líderes políticos al firmar
la Rendición de Cuentas comprometen a su grupo político (ese
es el sentido de que estén en el Consejo de Ministros), pero
luego los parlamentarios siguen otro camino en algo que no
pareció un desafío a sus propios líderes sino a la
conducción del gobierno. Y el presidente de la República no
decide, dice “lo resuelven los parlamentarios”, en un juego
político de dejar grupos del Frente contra el equipo
económico pero que lo deja un poco retirado de un tema
clave.
Desde el punto de la solución se puede decir que salió bien,
el Frente logró un entendimiento, logró el objetivo de más
recursos para la enseñanza contra el recorte de otro tipo de
recursos, pero dio una sensación de un tira y afloje
demasiado público en el que el presidente ni siquiera
arbitró, como había hecho hasta el presente. Normalmente no
marcaba el camino pero terminaba arbitrando. Y esta vez ni
siquiera arbitró.
EC - A partir de este repaso, ¿cuáles son tus conclusiones?
OAB - La conclusión es que el presidente entra en la segunda
mitad de su mandato, ha sido muy fluctuante en la forma de
ejercer el poder y es muy claro que está llegando el momento
de algún acto, algún gesto fuerte que restablezca en
plenitud su mando y su poder. Esto es esencial para la
conducción de un gobierno cuando por un lado las
discrepancias están aflorando con mucha fuerza, todo el
debate de la reforma tributaria y los impactos sobre la
opinión pública están generando mucho nerviosismo, pero
sobre todo cuando empieza a desatarse una carrera por la
sucesión y el presidente de la República tiene que evitar
que todo esto afecte al gobierno.
Vázquez ya ha demostrado en varias oportunidades una gran
capacidad de mando cuando lo ha ejercido. Ese mando tiene
que estar asociado con marcar con absoluta claridad rumbos,
los que sea, de acuerdo con sus ideas, con sus objetivos,
que no van a ser compartidos por todo el país, pero el
presidente tiene que decir “la solución para tal punto (por
ejemplo para el nunca más) es tal”, o para el presupuesto
“es cual”. Ahí es donde se juntan la capacidad de conducción
y la capacidad de mando, que es lo que hace a un liderazgo.
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