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Argentina: unas elecciones sin sorpresa pero con muchas
lecturas
Oscar A.
Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
Hace ya un largo tiempo que la política argentina, y en
particular las elecciones argentinas, son parte del análisis
político nacional, por el enorme impacto que la política del
vecino país produce sobre el nuestro. El politólogo Oscar
Bottinelli, director de Factum, nos propone analizar esos
comicios. El título: “Argentina: unas elecciones sin
sorpresa pero con muchas lecturas”.
***
EC - Comencemos repasando los resultados de las votaciones
del domingo...
OSCAR A. BOTTINELLI:
Son resultados oficiales provisorios, que tienen dos
limitaciones. Primero, que todavía el Ministerio del
Interior no ha acumulado el 100% de los datos. Segundo, que
se hace sobre la base de los telegramas recibidos y ahora
viene el proceso de revisión de actas.
Con estas dos salvedades, Cristina Fernández de Kirchner
está en el 44,92% (el decimal tiene su importancia
significativa), Elisa Carrió en el 22,95%, Roberto Lavagna
en el 16,88%, Alberto Rodríguez Saa en el 7,71%, y en el
entorno del 1,5% tenemos al cineasta Pino Solanas, a Jorge
Sobisch y a Ricardo López Murphy. Esto es sobre un total de
14 candidaturas.
La suma de Elisa Carrió, Lavagna y López Murphy da más de
41%, lo que habría dejado una elección muy peleada. Y no es
que uno sume porque sí, ni atribuyendo, “si se hubiera
sumado fulano con mengano, cómo habría cambiado” cuando eso
no está planteado. Acá estuvo planteado.
Elisa Carrió y López Murphy dos días antes de inscribir las
candidaturas todavía estaban negociando. Fue un error
garrafal de López Murphy, porque el acuerdo igual se hizo a
nivel del electorado. López Murphy se vació de electorado,
obtuvo un 1,45%. El electorado se fue masivamente con Elisa
Carrió. Si bien ideológicamente Elisa Carrió es una persona
más de centro-izquierda y Ricardo López Murphy es un liberal
económico muy fuerte, el acuerdo se planteaba en el eje de
la postura de ambos de que, de un lado estaba la corrupción,
el uso abusivo del poder, que a su criterio representaban
los Kirchner, y del otro lado estaban ellos, que
representaban la transparencia y el respeto al poder, a la
gente.
Y con Lavagna estuvieron conversando (pero ya cerradas las
candidaturas, poco antes de llegar a los comicios) de
provocar el retiro de dos de los tres que fueran atrás en
las encuestas. No hubo acuerdo. Entre otras cosas era muy
difícil saber quién iba atrás en las encuestas. En Argentina
hay muchas encuestas con resultados que difieren demasiado.
Hay siempre mucha discusión, correcta o incorrecta, sobre
las encuestas, y esto no se produjo. Que no se haya
producido es un dato que vamos a analizar. No era
irrelevante para el proceso final de la elección, porque
sumados habrían dado una elección bastante cercana.
Si además se agrega Rodríguez Saa –con quien era muy difícil
cualquier acuerdo y hubo muy pocos intentos–, una
candidatura opositora habría vencido con el 49%. Pero esto
está más en las especulaciones de lo deseable de analistas
opositores que lo que estuvo planteado en el terreno
político. E incluso habría que discutir si los votos eran o
no trasladables; cosa mucho más difícil.
EC - Sería bueno ubicar cuál es la lógica de las elecciones
argentinas.
OAB - Hemos visto muchos análisis (sobre todo en Uruguay)
que se saltean algunos elementos de la lógica argentina. Es
un sistema peculiar, que se da en algunos países del mundo
pero no responde ni a lo más extendido ni a la lógica más
clara.
Las lógicas más claras son la de mayoría relativa y la del
sistema de mayoría absoluta invariable a dos vueltas o
balotaje francés clásico. El sistema de mayoría relativa
pura fue el que hubo en Uruguay hasta las elecciones de
1994: el partido o el candidato o la fórmula o la lista más
votado resulta elegido, gana. Tiene una lógica muy clara:
hay que ganar, hay que ser el que tiene más votos. El
sistema de balotaje francés clásico, técnicamente sistema de
mayoría absoluta invariable a dos vueltas, es el que se
aplica en Uruguay desde 1999. Ahí, como mínimo, según de qué
sistema estemos hablando, el primero tiene que tener más
votos que todos los demás sumados. En Uruguay, es un poco
más estricto. Tiene que tener más votos que todos los demás
sumados, más los votos en blanco, más los votos anulados.
Pero como mínimo, como en el sistema francés, más votos que
todos los demás sumados.
En la lógica del balotaje, la división de la oposición puede
ser importante o no, según los efectos psicológicos que
genere en la campaña electoral y sobre el electorado –“acá
están todos peleados”, “acá están todos divididos”–. Pero,
en principio, desde el punto de vista matemático, no habría
sido tan perjudicial, con estos mismos números, en un
sistema como el uruguayo o el francés, en un balotaje
Cristina Fernández-Elisa Carrió. Con el de elecciones
relativas el imaginario del balotaje no está presente. El
problema que hubo en Argentina es que la propia mentalidad
con que se manejaban las dirigencias políticas e incluso los
mensajes y las expectativas que anunciaban daban la
impresión de que no tenían claro en qué sistema se estaban
moviendo.
EC - ¿Por qué?
OAB - Por ejemplo, había dos datos bastante claros. Uno, que
Cristina Fernández iba a andar entre el 40% y el 45%. Era
extraordinariamente difícil que bajara del 40%. Eso era
compartido por toda persona más o menos sensata. Un gran
opositor podría tener la esperanza de que no llegara al 40%,
pero una cosa es la esperanza, como quien tiene la esperanza
de ganar la lotería, y otra cosa son probabilidades ciertas.
Sin embargo, se veía a la oposición decir “creemos que va a
haber balotaje”, “puede haber”, “esperemos el balotaje”.
Pero para esperar el balotaje tendrían que haber jugado
dentro de las reglas. Primero, el 45% no es una barrera tan
difícil para el ganador con relación a la mayoría absoluta.
Y si tiene la mayoría absoluta se terminó el partido. Es
verdad que una fórmula que puede perder en un balotaje
clásico, porque puede tener la mayoría del país en contra,
puede ganar la elección, porque la barrera está por debajo
de la mayoría absoluta. Esta es una diferencia sustancial,
no meramente un juego de decir “gano por aproximación”. Se
gana sin tener la mayoría del país a favor y eventualmente
incluso en contra.
Pero el tema es que hay una segunda cláusula, que es la
misma que hay en las elecciones internas nuestras dentro de
cada partido, que superando el 40% y teniendo 10 puntos de
diferencia con el segundo, se gana. Aquí, si puede haber un
segundo cerca del primero, es vital. Por lo tanto, una
oposición que se divide es una oposición que sabe que no va
a jugar. Salvo en esos sueños del tipo “voy a remontar
todo”. En el juego de probabilidades, la oposición por un
lado concebía expectativas de que hubiera balotaje y por
otro lado jugó todo lo posible para asegurarle a Cristina
Fernández que no iba a haber balotaje, salvo que votara mal
y estuviera por debajo del 40%. La oposición no jugó de
acuerdo con las reglas de la lógica argentina para forzar un
balotaje. Porque que Cristina Fernández era la primera en
votos en la primera vuelta es un dato que estaba fuera de
discusión de todo analista serio, pero que ganara en la
segunda vuelta era una incógnita. Y la oposición no supo
jugar esta carta que podía tener a su favor. No quiere decir
que habría ganado, pero habría tenido un terreno más
favorable si lograba una segunda vuelta y no hizo nada por
ello. Este es un dato muy importante de estas elecciones.
***
OAB - Es interesante ver dos grandes lecturas del resultado.
Primero, cómo fue desde el punto de vista del resultado
ciudadano. Acabamos de ver los porcentajes de voto: los
Kirchner no llegaban a la mayoría absoluta, con lo cual no
quedan demasiado fortalecidos a nivel de opinión pública
como para decir que hay una clara mayoría del país. Es una
fuerza muy fuerte desde el punto de vista electoral pero
todos los que no los quieren pueden ser tantos o más. Esto
es un dato de cifras globales.
Pero en segundo lugar, Argentina tiene 24 distritos, las 23
provincias, más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Recordemos que la ciudad de Buenos Aires, también llamada
Capital Federal, no integra ni tiene nada que ver con la
provincia de Buenos Aires, cosa que en Uruguay se confunde
habitualmente.
EC - Se podría hacer la distinción entre bonaerenses para
los de la provincia de Buenos Aires y porteños para los de
la ciudad de Buenos Aires.
OAB – Exacto. Pero en Uruguay se cree que porteño se dice
despectivamente y bonaerense como una expresión de salón.
Son dos gentilicios diferentes.
En la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández obtiene
el 46%, más o menos el resultado nacional, pero no en los
tres distritos más importantes del país después de la
provincia de Buenos Aires. En Santa Fe sale primera. Le gana
a Elisa Carrió por un punto y poco. Obtiene el 35%. Y en
Córdoba y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires obtiene el
24% y además no gana. En Córdoba gana Lavagna y en Capital
Federal Elisa Carrió.
Si uno analiza los cuatro principales distritos del país, en
tres de ellos le fue mal a Cristina Fernández. Este es un
dato. Si uno analiza las ciudades importantes, las
metrópolis, pierde o vota mal en Capital Federal, Córdoba,
Rosario, La Plata –la capital de la provincia de Buenos
Aires. Gana y vota muy bien en la provincia pero pierde en
la capital. Y vota mal –esto es tradicional del peronismo
igual que en Capital Federal– en Mar del Plata. Hay una
Argentina superurbana, metropolitana, que tiene un
comportamiento político diverso del resto del país. Es un
dato importante y que deben atender muy bien los Kirchner. Y
atenderlo con más refinamiento el jefe de Gabinete, que
después de la elección salió a echar un insulto a los
porteños.
Esta es la lectura del resultado electoral.
EC - Tú propones hacer una distinción entre representación
ciudadana y poder obtenido.
OAB – Exacto. Hablé del respaldo ciudadano. Ahora vamos a
jugar con los matices, vamos a hablar de la diferencia entre
respaldo y representación. En Uruguay son lo mismo. Estamos
acostumbrados a un sistema de proporcionalidad pura, si uno
obtiene el 30% de los votos va a andar en el 30% de las
bancas. Pero en Argentina no es así. La Cámara de Diputados
se renueva por mitades. Por lo tanto, de los 257, 127 venían
de la elección y continúan. Y de los 72 senadores, 48 venían
de la elección anterior y de la otra, porque el Senado se
renueva por tercios. Además, el Senado se rige por distrito.
El que gana se lleva el senador. Por lo tanto importan lo
mismo la Capital Federal, la provincia de Buenos Aires o
Tierra del Fuego. Y en la Cámara de Diputados hay una
relativa proporcionalidad, pero distrito por distrito,
provincia por provincia. Por lo cual, en lo global, el que
gana muchos distritos y sobre todo puede tener bancas en los
distritos importantes se sobre- representa.
EC - Entonces, teniendo en cuenta los cargos de legisladores
que no cambiaban ahora y el resultado de los que sí se
renovaban, ¿cuál es la mayoría de los Kirchner en el
Congreso?
OAB - El resultado es muy bueno en la Cámara de
Representantes, que tiene 257 miembros y por lo tanto la
mayoría está en 129. Tenía 111 diputados y ahora tiene 136
propios, además de un plus de 24 aliados con los que puede
contar. La diferencia es que con los aliados contaba y más o
menos negociando se acercaba a la mayoría. Y ahora tiene
mayoría propia. Por lo tanto a los aliados más les vale no
negociar y plegarse a apoyar siempre o pelearse, pero no
tienen poder de negociación.
En el Senado tenía 40 de 72 y ahora tiene 47. Por una banca
no tiene los dos tercios. Esto le da un poder muy grande en
el Congreso, sobre todo con esta costumbre argentina de que
el Congreso le otorga poderes al presidente para emitir
decretos de necesidad y urgencia. Es prácticamente gobernar
desde el Poder Ejecutivo y casi sin límites, teniendo
mayoría en las cámaras. Se puede entender como cheques en
blanco al gobierno.
A esto hay que agregarle que en Argentina hay un poder casi
absoluto de la Casa Rosada, si es que poder se asocia con
tener un gran aparato político, con jugar con el poder del
Estado desde el punto de vista del dinero, de cargos, con
toda la fuerza de que mucha gente es capaz, sobre todo en el
peronismo. Si se sabe jugar bien y se tiene el aparato para
jugar bien, esos aparatos políticos funcionan como correa de
transmisión desde el gobierno hacia la gente.
Es decir, la lectura del poder de Cristina Fernández de
Kirchner, o de los Kirchner, es muy diferente de la lectura
del respaldo propiamente electoral o ciudadano. De un lado
uno puede decir que ganó, sin mucho énfasis. Pero del otro
lado tiene un poder muy fuerte, por lo menos por los dos
años que vienen por delante o por los cuatro, según tomemos
todo el período presidencial o los dos años que quedan hasta
las próximas elecciones legislativas, hacia octubre de 2009.
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EC - ¿Qué podemos decir sobre las relaciones con Uruguay?
OAB - Voy a plantear dos temas para desarrollar más
adelante. Uno es que desde hace mucho tiempo venimos con
señales equívocas. Cuando parece que las cosas van bien no
se concretan y cuando parece que van mal, no terminan tan
mal como parecía. Hay que esperar a ver qué señales van
dando el presidente Néstor Kirchner en lo que le queda de
mandato hasta el 10 de diciembre y la presidenta electa,
Cristina Fernández, que ha dado señales distensivas, con
algunas declaraciones. Y qué pasa a partir del 10 de
diciembre. Con el hecho clave del encuentro Vázquez-Kirchner
en la Cumbre Iberoamericana. Hay que esperar esas señales y
decantar todo esto para poder atisbar qué va a pasar en las
relaciones.
Lo otro es que muchos economistas temen que después del 10
de diciembre empiecen a producirse algunos ajustes en
Argentina, que según unos pueden repercutir más y según
otros no van a repercutir en absoluto sobre nuestra
economía.
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