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Como Argentina ve el conflicto celulósico, según se percibe
desde Uruguay
Oscar A.
Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
JOSÉ IRAZÁBAL:
El conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de
planta de celulosa sobre el río Uruguay presenta muchas
características de teléfono descompuesto, las partes no se
entienden entre sí. El politólogo Oscar A. Bottinelli,
director de Factum, nos propone analizar uno de los ángulos
de este teléfono descompuesto. El título: “Cómo Argentina ve
el conflicto celulósico, según se percibe desde Uruguay”.
***
Oscar, ¿por dónde comenzamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Por un lado tenemos las tres puntas del teléfono
descompuesto, que son Argentina, Uruguay y España, por la
forma como falló en su mediación. El otro teléfono
descompuesto es que el conflicto no es por una planta de
celulosa sino por dos plantas, una de las cuales quedó por
el camino, fue una prenda del conflicto la desaparición del
proyecto Celulosa de M’bopicuá, de ENCE.
Hay un tema esencial, que ni Argentina entendió a Uruguay ni
Uruguay entendió a Argentina. Entender no quiere decir creer
que el otro tiene razón, sino estudiar por qué y cómo se
mueve cada uno. Ambos cometieron un error que es muy
frecuente en la política, mucho más frecuente de lo debido
en la diplomacia y también bastante frecuente en la vida,
que es analizar al otro de acuerdo con los valores, la
cultura, la forma de ser y de pensar de uno mismo, del
propio carácter y temperamento. Eso lleva a no analizar bien
al otro por creer que piensa y razona como uno.
A la confusión de ambos gobiernos del Plata se agregó una
confusión muy usual desde fuera, en la zona y aquí mismo,
considerar que Argentina y Uruguay son países con mucha
semejanza en sus orígenes poblacionales y en su cultura,
olvidando que sus valores, conductas y procedimientos son
sustancialmente diferentes y en muchos aspectos opuestos.
Cada uno creyó que el otro veía igual, sentía igual y
actuaba con los mismos propósitos e intereses, lo que
obviamente no fue así. Esto es independiente de quién tenga
razón, es independiente de los temas de fondo.
Vamos a ver cómo un analista desde Uruguay percibe o cree
percibir cómo Argentina ve a Uruguay o cómo siente que se
mueve.
JI - ¿Cuáles son los principales elementos que tú ves en la
posición argentina?
OAB - Primero hay que ver algunos elementos sustantivos de
la sociedad argentina, con independencia de este conflicto.
Son elementos que tuvieron que ver con la forma como se
desarrolló el conflicto.
El primer tema es la creencia en el derecho y en los jueces.
En Argentina –no lo digo ni como defecto ni como virtud,
sino como un dato– no hay una creencia muy fuerte,
internalizada, en la norma jurídica, y mucho menos en los
jueces. Basta ver los informativos, leer los diarios para
ver que permanentemente se está acusando a los jueces de
corrupción, los gobiernos sacan y ponen jueces a su
arbitrio, y terminan ganando los juicios según los jueces
que pusieron. Y la no creencia en el derecho tiene como
contrapartida la creencia en la fuerza, permanentemente hay
violencia verbal y a veces violencia física. Un informativo
argentino es una sucesión de violencias, piquetes, gente
gritando, gente apedreando, gente golpeando ollas y
cacerolas. A tal punto va esta creencia en la fuerza que a
dos años de elegido un presidente, en una crisis muy grande,
la solución fue echarlo con la gente en la calle. Había
movimientos organizados detrás para provocar el
derrocamiento del presidente De la Rúa, pero la idea es “si
no me gusta lo saco”, no es “fue elegido y hay que
respetarlo”.
Es una forma de creer en la justicia por mano propia. Se ve
en el conflicto celulósico, “vamos a ir a La Haya, pero
mientras vamos a bloquear el puente o los puentes”. Es la
idea de que si yo soy acreedor de una persona, voy al juez
para tratar de cobrarle, pero mientras le cierro la puerta
de la casa y no la dejo salir para obligarla a pagarme.
Después el juez decidirá o no, pero mientras tanto sigo mis
procedimientos. Esto es una forma cotidiana de vida, no digo
de todos los argentinos, pero es una forma de ser. A esto
hay que quitarle toda connotación ética, no es un tema de
quién es mejor y quién es peor sino de cómo se es. Los
argentinos ven la forma de actuar de Uruguay como muy
pacata, muy tímida, como que no se sabe defender.
El argentino cree que en la negociación nunca hay empate, si
uno gana es porque el otro pierde, en general cuesta
entender la transacción.
En la medida que las cosas se hacen con mucha fuerza desde
dentro se ve la razonabilidad como señal de debilidad.
Entonces todas las veces que Uruguay dijo “vamos a buscar un
entendimiento”, se entendió como que estaba dando marcha
atrás, entonces vino un mayor envión argentino. Cada vez que
Uruguay dio marcha atrás en algo, en lugar de buscar un
acuerdo vino un envión argentino.
Lo otro es la idea de que las cosas se defienden y se
proyectan porque hay un incentivo de por medio, para usar la
palabra que utilizó el gobernador Busti. Si un presidente se
juega por algo es porque algo va a ganar con eso.
Me recordaba la frase de Drew Pearson, un célebre periodista
norteamericano que en un libro titulado “El presidente”
hacía decir a su personaje: “En este país, las cosas buenas
siempre se hacen por malas razones”. Por ahí van algunas de
las visiones de Argentina, cree que Uruguay actúa así en la
defensa de las papeleras.
JI - ¿Y cuáles te parecen los elementos a destacar con
respecto a las relaciones con Uruguay y con Tabaré Vázquez?
OAB - Hay varias cosas a tener en cuenta.
Primero, en Argentina se sigue sintiendo que este territorio
es “la provincia que perdimos”. Por lo tanto hay una visión
de que se tiene más derecho sobre lo que ocurre en Uruguay
que sobre lo que ocurre en otros lados. Hace poco el
almirante Oscar Lebel decía: imaginemos qué habría pasado
con un piquete que cerrara el puente Paso de los
Libres-Uruguayana, con Brasil, cuánto habría tardado Brasil
en mover la división de tanques de Santa María y cuánto
habría durado el puente cerrado. Hay un tema de fuerza, un
tema de que Uruguay es débil y de que es algo que le
pertenece a Argentina.
Segundo, Tabaré Vázquez había dado señales públicas sobre
los emprendimientos celulósicos en forma negativa. Digo
públicas porque en privado dio otras señales, por ejemplo a
ENCE le había dado señales favorables, pero en público en la
campaña electoral había dado señales negativas. Además hay
muchos testimonios y mucha información de que a Kirchner en
particular le había dado señales muy negativas sobre la
planta de celulosa y su idea de que las iba a frenar. A
posteriori vinieron las justificaciones.
De ahí la incomprensión de Kirchner y de los argentinos del
empecinamiento de Tabaré Vázquez, el invocar que Uruguay
tenía tratados de inversiones y que había que respetarlos se
veía del lado argentino como un pretexto. Argentina
consideró que no había que pagar la deuda y no la pagó,
entonces por qué Uruguay tiene que pagar los tratados de
inversiones si se había comprometido con Argentina a no
dejar continuar los emprendimientos.
Ahí empieza la duda: o este presidente es débil –que da la
impresión de que es lo que se piensa en el entorno de
Kirchner– o, como dijo Busti, tiene algo ahí, recibe
incentivos.
Además Kirchner siente que Vázquez le debe mucho, hubo
muchos pedidos de ayuda en la campaña electoral, hubo muchas
señales del gobierno argentino de apoyo a Tabaré Vázquez: la
cena del empresariado en el Alvear contribuyendo fuerte a
Tabaré Vázquez, el papel de López Mena en el apoyo a
Vázquez, un hombre también vinculado con el gobierno
argentino, las facilidades para venir a votar.
Además Kirchner tiene la visión –que en Uruguay tienen
equivocadamente algunos periodistas– de que Vázquez ganó por
apenas 10.000 votos. Por 10.000 votos no hubo balotaje, pero
ya tenía 52 diputados, 16 senadores y 70.000 votos de
diferencia sobre todos los demás partidos sumados, no había
forma de que Frente Amplio perdiera. Pero el sistema
uruguayo es un poco complicado y Kirchner tiene esa visión
de que ganó por apenas 10.000 votos.
A eso se agrega la visión de los “20.000 votos llegados
desde Argentina”, lo que también es una exageración, porque
las cifras dan que al final el voto argentino no llegó a la
mitad de esto, por lo tanto no fue decisivo ni siquiera para
el balotaje.
Sumando todo esto, la idea es: “en la provincia que perdimos
hay un presidente para cuya elección fui decisivo... ¿qué
pasa?”
JI - ¿Cuáles son para ti los elementos centrales del
conflicto específico?
OAB - Hay algunos elementos significativos.
En Argentina es muy claro que Kirchner y también fuerzas de
oposición manejaron este conflicto como un tema de política
interna. Incluso uno tiene la sensación de que Kirchner
cuando dijo las palabras que provocaron el estallido final
de Vázquez y esa llamada de celular para habilitar Botnia no
estaba pensando en Vázquez, ni en el rey de España, ni en
Uruguay sino en los ambientalistas o piqueteros de
Gualeguaychú que tenía enfrente, estaba pensando en su
imagen al retirarse de la presidencia. Habló para Argentina
dentro de Argentina, no se situó en un contexto
internacional, pensando en los réditos internos. Esto se
agrava porque Kirchner es un muy buen manejador de poder
fuerte, de poder prepotente, pero en el fondo su experiencia
es de gobernador de una provincia muy pequeña y muy lejana,
no tiene una gran inexperiencia del mundo, lo que conoce es
la política interna, no la política exterior.
Entonces ve a Tabaré Vázquez como un gobernador de
provincia, al cual ayudó a elegir y que resulta que le
desobedece. Su experiencia es que a todo gobernador,
intendente o lo que fuere que se le puso enfrente lo
atropelló. Y esa idea de que cada vez que Uruguay negociaba
se lo veía débil, por lo tanto había desobediencia, había
debilidad. Esto estuvo muy presente en la visión argentina
del entorno que tenía poderes de decisión sobre el tema.
JI - ¿Alguna otra cosa?
OAB - Habrá que ver cómo Uruguay vio a Argentina, cómo ha
actuado en este conflicto y el tema de la mediación, cuán
oportuna o inoportuna fue, qué tan bien o qué tan mal se
manejó, cuánto ayudó y cuánto no ayudó.
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