JOSÉ IRAZÁBAL:
Hace poco más de un
mes –el 13 de
diciembre pasado– se
llevó a cabo el
Congreso del Frente
Amplio; órgano
integrado casi en su
totalidad por
delegados de sus
comités de base.
Este Congreso no
logró consenso para
elegir un nuevo
presidente del
Frente Amplio y
postergó la decisión
para abril.
El politólogo Oscar
Bottinelli, director
de Factum, propone
analizar las señales
que dejó ese
Congreso; señales
preocupantes para la
fuerza política
oficialista.
***
JI - Hace poco más
de un mes terminó el
Congreso del Frente
Amplio, que dejó una
serie de señales que
es muy importante
que el Frente Amplio
analice y procese.
Porque según cómo
las elabore, le irá
mejor o peor a la
hora de resolver
algunos temas clave;
sobre todo la
candidatura
presidencial. Y
previamente, la
Presidencia del
Frente Amplio, que
deberá dirimirse en
la continuación de
este Congreso, en
abril de este año.
Ante todo hay que
ver que el Frente
Amplio tiene tres
escenarios distintos
para resolver las
políticas o para
dirimir las
contiendas internas,
con tres
correlaciones
distintas de
fuerzas.
Un escenario es la
bancada
parlamentaria o el
peso electoral que
han tenido los
distintos sectores
políticos, que más o
menos se
correlacionan,
aunque no
exactamente.
Un segundo escenario
son las autoridades
permanentes: el
Plenario Nacional y
la Mesa Política. El
Plenario se elige
así: una mitad por
listas entre los
sectores políticos y
la otra mitad son
los delegados de
base, que son
elegidos por
distritos, por
circunscripciones,
se votan
uninominalmente, de
a una persona por
vez. El elector
tiene varios
votos... Tantos como
cargos haya para
elegir en los
distintos distritos.
Esto da una
correlación muy
distinta de la de la
bancada
parlamentaria o la
electoral. Porque la
correlación
electoral es
producto de un
millón y cuarto de
personas que votaron
al Frente Amplio en
las elecciones
nacionales y esto es
producto de lo que
votó la gente en las
elecciones internas
del Frente Amplio,
de adherentes del
Frente Amplio, en
noviembre de 2006.
Aquí hay grupos que
tienen una mayor
participación que en
las elecciones
nacionales, porque
tienen electorados
más fieles, más
militantes. Grupos
que, porque tienen
electorados más de
opinión, aparecen
sub-representados
con relación a las
elecciones
nacionales.
Por otro lado, en la
elección de
delegados de base,
votaron alrededor de
230.000 personas.
Delegados de base,
un poco más de la
mitad de esa cifra.
Este ya es un voto
mucho más militante,
porque se vota a
gente que en general
no es de exposición
pública, no es
demasiado conocida y
por lo tanto las
correas de
transmisión de votar
a fulano o a mengano
o el conocimiento
por la actividad
militante es muy
fuerte.
El Congreso es un
órgano propiamente
militante. Los
delegados son
elegidos con
antelación en los
comités de base. Es
un espacio militante
reducido el que
elige el Congreso.
Este juego de tres
tipos de
correlaciones de
fuerza (uno que
expresa la
militancia pura,
otro que expresa al
sector más activo o
más fuerte del
Frente Amplio y otro
que expresa al
electorado en
general) crea
tensiones
significativas y
hace que los ámbitos
de resolución sean
más o menos
favorables a unos y
otros grupos, según
sea el ámbito en el
que se decida.
Por otra parte, el
escenario del
Congreso importa más
como lugar de juego
de posiciones y de
contraposición de
fuerzas que como
lugar de
resoluciones. El
Congreso del Frente
Amplio tiene muy
pocas posibilidades
de resolver. Elige
los candidatos a
presidente y a
vicepresidente de la
República y al
presidente del
Frente Amplio y
aprueba el programa.
En los tres casos
tiene que aceptar o
rechazar lo que
propone el Plenario
Nacional. En todos
los demás temas
formula
recomendaciones.
Pero tiene un efecto
simbólico muy
grande;
independientemente
de la obligatoriedad
de las resoluciones.
El Congreso quedó
marcado como tema
central por la
elección de
presidente del
Frente Amplio, que
no se pudo hacer, lo
que implicó la
continuidad de
Brovetto hasta el
mes de abril.
Aquí se marcó por
tres elementos muy
importantes.
Primero, no hubo
posibilidad de
acuerdo entre los
sectores políticos
más importantes
–hubo bloqueos
recíprocos– para
elegir al presidente
del Frente Amplio,
lo que requiere dos
tercios del
Congreso. Quizás
nunca el Frente
Amplio había
exhibido tan escasa
capacidad de
acuerdo. Por
supuesto tampoco la
hubo en 1988 y
principios de 1989,
pero allí se iba
directamente a una
ruptura con la
escisión de la 99 de
Hugo Batalla, el
Partido por el
Gobierno del Pueblo
y el Partido
Demócrata Cristiano.
Aquí no hay
escisiones a la
vista. El Frente
Amplio está en el
gobierno, es un
escenario distinto.
Sin embargo, fue muy
duro el juego de
fuerzas y la
imposibilidad de
romper esos
bloqueos.
Un segundo elemento
importante son los
límites que
aparecieron a la
imposición o al peso
del presidente de la
República. Tabaré
Vázquez no pudo
imponer sus
candidatos...
Sugirió un nombre,
sugirió otro. Pero
esos nombres no
lograron consenso,
no tuvieron
andamiento. Esto es
una señal muy
importante. Marca
que si no hay un
cambio de situación
significativo, el
presidente no
estaría en
condiciones de decir
“mi sucesor es tal”
sino que sería una
persona con cierta
autoridad que hace
proposiciones y
respalda candidatos,
pero sin poder
decisivo.
El tercer elemento
son los límites de
conducción de José
Mujica. Mujica jugó
de una forma
bastante parecida a
la que jugó con la
candidatura
municipal de
Montevideo, tratando
de imponer su
candidato. En aquel
caso pudo hacerlo
con Ricardo Ehrlich,
y ahora se jugó a
fondo, de una manera
muy dura, muy
inflexible. Puso
toda la carne en el
asador cuando tomó
la palabra, pensando
que con su carisma,
con su encanto al
hablar, iba a lograr
dar vuelta el
Congreso e imponer
la candidatura de
Constanza Moreira.
Pero no lo logró. La
candidatura ni
siquiera tuvo
mayoría absoluta.
Para ser elegida
requería dos
tercios, pero ni
siquiera llegó a la
mayoría absoluta. Si
hubiera obtenido el
respaldo de más de
la mitad del
Congreso podría
decirse que no se
impuso porque el
Frente tiene una
exigencia muy
elevada, pero ni
siquiera llegó a la
mayoría. Esto marca
un límite a los
juegos que pueda
hacer Mujica y el
MPP en su calidad de
primera fuerza, de
tener más o menos un
tercio del Frente
desde el punto de
vista electoral o
militante detrás.
Estas señales deben
ser muy bien
analizadas. Porque
para el Frente
Amplio la resolución
de la candidatura
presidencial a esta
altura es vital. El
escenario ya no es
el de marzo del año
pasado, cuando un
dirigente dijo que
el Frente, “aunque
ponga a una heladera
de candidato gana
igual”. En este
escenario, para
ganar, el Frente
Amplio tiene que
presentar buenas
candidaturas y
exhibir un gran
respaldo detrás de
esas candidaturas.
Y habrá que ver cuál
es el método: si va
a las elecciones
simultáneas de todos
los partidos en
junio del año que
viene a una disputa
en elección abierta
(entre dos, tres o
más candidatos) o si
sigue el
procedimiento de
buscar un consenso
para que el Congreso
proclame una fórmula
y no vaya a
competencia abierta
en el mes de junio.
Desde que existe el
nuevo sistema
electoral para la
Presidencia de la
República, el Frente
Amplio ha ido por
los dos caminos. En
1999, cuando las
elecciones fueron en
abril, no en junio,
hubo competencia
entre Tabaré
Vázquez, candidato
proclamado por el
Congreso, y Danilo
Astori, candidato
autorizado por el
Congreso a
presentarse a
competir. En junio
de 2004 no hubo otra
candidatura más que
la de Tabaré
Vázquez, que había
sido proclamada por
el Congreso. Danilo
Astori estaba
autorizado a
competir, pero
prefirió no hacerlo.
Queda abierta la
incógnita para 2009,
y además cómo se
llega: si va a haber
consensos en el
Congreso, si va a
ser alguno de los
dirigentes de mayor
peso, como Mujica o
Astori, o se buscan
candidatos
intermedios, como
Nin Novoa o Enrique
Rubio. En cualquiera
de los casos el
Frente Amplio tiene
que procesar muy
bien, y la señal
máxima la va a dar
en abril, cuando se
reanude el Congreso
y se vea si hay
capacidad de
entendimiento para
elegir un presidente
del Frente Amplio o
se modifican los
estatutos para ir a
otros procedimientos
más abiertos, más
competitivos y con
menos exigencia de
acuerdo y de
consenso.