EMILIANO COTELO:
El viernes pasado el
politólogo Oscar A.
Bottinelli, director
de Factum, analizó
en este espacio las
señales dificultosas
para el Frente
Amplio que había
dejado el Congreso
de fin de año. A ese
análisis hay que
sumar ahora lo que
implica el nuevo no
del presidente de la
República, Tabaré
Vázquez, al planteo
reeleccionista, que
empuja a un nuevo
escenario electoral
para la izquierda.
El título: “Tabaré
Vázquez y un nuevo
no al planteo
reeleccionista”.
***
Oscar, empezamos
hablando de estos
debates sobre
reelección que cada
tanto se dan en
nuestro país y que
últimamente se
habían vuelto muy
intensos.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, yo me pongo en
el lugar de un
observador
extranjero que mira
la región desde
lejos. Dirá: Lula
dudó si se
presentaba, Kirchner
también, y al final
dijo que no. Pero
hay una pequeña
diferencia: en
Argentina y en
Brasil la
Constitución prevé
la reelección del
presidente, por lo
tanto es una duda
política o personal.
Aquí es directamente
plantear cambiar el
esquema
institucional del
país, no definir una
candidatura. En la
izquierda se
planteaba la
conveniencia o
inconveniencia de
una candidatura, no
de lo que implicaba
embarcarse en una
reforma
constitucional, con
las consecuencias no
solo de
procedimientos, sino
políticas. Porque
cada vez que se
reforma la
Constitución se
reforma el marco
máximo de reglas
políticas y las
cosas tiemblan un
poco.
Además había en
torno a esto, sobre
todo si el camino
que se pensaba usar
–que era una de los
factibles– era el
plebiscito
simultáneo con las
elecciones, hay toda
una controversia
jurídica –más bien
jurídico-política,
porque en general
las objeciones a que
sea constitucional
son muy
controversiales y
además los
sostenedores de
estas tesis no han
sido en general muy
coherentes– y
política.
La base está en algo
exótico que tiene la
Constitución
uruguaya desde el
año 34, que fue
recorrido por todos
los partidos –no hay
un partido que no
haya recorrido este
camino–, que es la
posibilidad de
presentar un
proyecto de reforma
constitucional y que
se voten
simultáneamente
candidaturas por dos
regímenes, por el
régimen vigente y
por el proyectado.
Se hizo cuando
Uruguay tenía
presidencia y se
postulaba un
colegiado, en el año
46, o una
presidencia elegida
sin lemas, sin
partidos, y al
revés, cuando había
colegiado para
volver a tener
presidencia. Hubo
cinco plebiscitos al
respecto. Y después
la reelección.
Que se voten
candidaturas dobles
le quita
transparencia a una
elección. En 1966 se
decía: “Vote Gestido-Pacheco”,
y en el régimen
vigente no había ni
presidente ni vice,
sino una lista al
Consejo Nacional de
Gobierno, que
encabezaba el doctor
Augusto Legnani, ni
Gestido ni Pacheco.
Lo mismo pasaba con
Gallinal-Ceballos y
con Etchegoyen-Ortiz.
Son campañas
electorales
complicadas, la
gente vota por una
cosa pero es otra y
en el medio hay un
plebiscito que
determina qué mitad
de todo lo que vota
vale y qué mitad no.
Es un camino que en
sí mismo ensucia la
calidad de una
democracia, pero que
todos los partidos
han practicado desde
1946 a 1971.
***
EC - ¿Cómo venía el
Frente Amplio, qué
estaba pasando en el
Frente Amplio cuando
Vázquez tomó la
decisión que
comunicó ayer?
OAB - Recordemos que
la vez anterior que
expresó su no a la
reelección fue
cuando consideraba
que no había logrado
los resultados que
esperaba y de donde
los esperaba como
respuesta al nunca
más. Y ahora lo hace
cuando aparecen
señales de debilidad
del Frente Amplio en
su Congreso, cuando
aparece una encuesta
que da al Frente
Amplio en caída,
aunque sí le da
repunte al
presidente. Acá hubo
lecturas apresuradas
o interesadas en el
sentido de que estos
demostrarían que sin
una reelección al
Frente le iría mal.
La idea
reeleccionista
empezó apenas se
estrenaba el
gobierno, en el
momento del auge,
con mucho
apresuramiento, y
apareció desde
arriba, fue el
hermano del
presidente el que
lanzó la idea.
EC - El
prosecretario, Jorge
Vázquez.
OAB - Prosecretario,
confidente, el
hombre de mayor
confianza política y
personal que tiene
el presidente en el
gobierno. El tema
es: el hermano lanzó
la idea, el
presidente dejó que
la idea predominara
largo tiempo y dijo
que no; luego la
idea volvió a
predominar y volvió
a decir que no. La
señal es: ¿este es
el no definitivo,
como dijo? Porque
también lo había
dicho el 19 de
junio. Fue gente muy
cercana al
presidente la que
agitó el tema, sobre
todo
periodísticamente,
en un mes en el que
es muy fácil
conseguir noticias
políticas, porque no
hay. Se apelotonaron
todas esta semana,
tenemos lo del
Partido Nacional,
que da para un largo
análisis, con la
proclamación de
Lacalle, y ahora
esto de la
reelección.
El tema es que esta
situación deja dos
escenarios, el del
Frente Amplio y el
del presidente.
Desde el punto de
vista del Frente
Amplio, los nuevos
dilemas son ahora de
dos tipos, tiene que
definir el
candidato, si de
verdad este es el
último paso, y será
el último paso si la
próxima vez que
alguien hable
Vázquez dice:
“Señor, usted sabe
que yo ya dije que
no, ¿para qué agita
mi candidatura?”. El
no será definitivo
cuando ocurra eso,
cuando no haya más
proyectos, más
ideas, más
comunicados a los
medios, cuando no
haya más versiones
periodísticas y si
las hay si en todos
los casos Vázquez o
su oficina salen a
trancar fuerte.
Si es así, el Frente
tiene que definir su
candidato. Pero el
Frente tiene un
problema distinto
del que tienen los
partidos
tradicionales: no
tiene resuelto de
forma definitiva y
clara cómo se define
el candidato. Los
partidos
tradicionales saben
que es mediante el
procedimiento que
prevé la
Constitución, las
elecciones mal
llamadas internas,
las elecciones
preliminares de
junio. Para el
Frente, ¿es ese
camino?, ¿es el
consenso?, ¿es el
Congreso? Por ahora
el Frente dice que
el Congreso define
el candidato
oficial, pero que en
junio se pueden
presentar otros y se
vota. Es el camino
que hizo en 1999 y
en 2004, en 1999
fueron Vázquez y
Astori y en 2004 el
candidato oficial
fue Vázquez y ni
Astori ni ningún
otro se presentó.
Pero tiene que
definirse todo eso,
tiene que
resolverse. Es un
problema adicional.
Y se tiene que
definir la
presidencia del
Frente Amplio, el
Congreso de
diciembre postergó
la decisión para
abril. Va a ser una
instancia para ver
claramente qué
capacidades tiene el
Frente Amplio de
lograr consenso en
torno a personas,
que es mucho más
difícil que lograr
consenso en torno a
temas.
El otro escenario es
el del presidente.
El presidente está
en una etapa que se
puede llamar de dos
maneras, algunos
politólogos la han
mencionado como la
etapa de
desempoderamiento,
cuando un presidente
empieza a perder
poder objetivamente,
por su situación
institucional,
porque se termina su
mandato y se empieza
a pensar en su
sucesión. En México
en la época del
Partido
Revolucionario
Institucional como
partido hegemónico
se decía que cuando
el presidente de la
República anunciaba
el candidato en
realidad estaba
decidiendo “me va a
suceder fulano”, era
un acto casi
monárquico de
designación de
sucesión al que se
le llamaba el
destape. En el
momento de destapar
el nombre del
sucesor el
presidente ya le
empieza a transferir
el poder, ya la
gente empieza a
mirar al sucesor y
no al que está en el
cargo. Es un
problema.
EC - Se ha dicho que
este problema estaba
en las
preocupaciones de
algunos de los
ministros que
salieron a impulsar
la reelección.
OAB - Todo gobierno
tiene este problema.
La diferencia es que
en general los
presidentes no
perdían mucho poder,
caso Sanguinetti,
caso Lacalle. Cuando
terminaba la
elección estos
señores iban para la
casa pero iban a
seguir mandando,
iban a seguir
teniendo peso en sus
partidos políticos,
por lo tanto la
Presidencia de la
República no era su
único atributo de
poder. Pero a
Vázquez no se lo ve
como un conductor
político que vaya a
volver a presidir al
Frente Amplio y que
desde su casa vuelva
a mandar, que vaya a
tratar de influir
cotidianamente en el
próximo gobierno. Se
lo ve como un
individuo que podrá
influir en grandes
temas, su palabra
sin duda va a
influir si el
próximo gobierno es
del Frente Amplio,
pero aunque no lo
sea, pero en grandes
temas, no va a estar
todos los días,
mañana, tarde y
noche, recibiendo
gente, haciendo
planteos.
Además Tabaré
exhibió alguna
debilidad desde el
momento en que
mencionó dos nombres
para presidente del
Frente Amplio y le
dijeron que no. Si
eligió bien o mal
los nombres puede
ser un tema, alguna
gente lo discute, si
el procedimiento y
la forma de plantear
los nombres fueron
los correctos, pero
planteó dos nombres
y le dijeron que no.
Esto marca que
efectivamente hay un
poder acotado. Sin
ninguna duda el
presidente en este
tramo final, que no
es ni más ni menos
que de dos años
completos de
gobierno, uno de
gobierno puro y uno
de gobierno mezclado
con elecciones,
tendrá que tomar
medidas de poder
–que en general
cuando ha querido en
general lo ha
logrado–, recambios
ministeriales,
decisiones, pero
desde un hombre que
dice: “Aquí está
sentado el poder, no
crean que porque no
hay reelección el
poder se trasladó a
otro lado”. Va a
tener que cabalgar,
con o sin impulso
reeleccionista, la
campaña electoral a
la interna del
Frente comienza
abiertamente este
año, y no solo –esta
es la diferencia con
los gobiernos
anteriores– en el
plano político sino
también en el plano
sindical. Cuando se
juegue el tema
consejos de salarios
grupos sindicales
van a jugar durezas
o no durezas en
función de cómo se
planten con relación
a las elecciones.
Todo esto es lo que
ahora hay que
esperar de Vázquez.
Ya dijo que no a la
reelección,
claramente por ahí
puede tener un
debilitamiento, pero
el presidente tiene
necesidad de estar
fuerte para ejercer
bien el gobierno, va
a tener que dar
señales que digan
que el poder sigue
estando donde está.