EMILIANO COTELO:
Hace pocos días,
cuando anunció los
cambios en el
gabinete, el
presidente de la
República, Tabaré
Vázquez, estableció
una distinción entre
el gobierno por un
lado y la fuerza
política por otro.
Por eso hoy, para
continuar con su
mini-ciclo de
análisis sobre la
renovación
ministerial, el
politólogo Oscar
Bottinelli, director
de Factum, nos
propone como título:
“La renovación del
gabinete y el papel
del partido político
oficialista”.
***
EC - Estamos
hablando de un tema
que supongo que en
Ciencia Política no
es nuevo.
Seguramente es un
clásico...
OSCAR A. BOTTINELLI:
Es un viejo tema, es
muy clásico, sobre
todo en países como
los europeos y como
Uruguay, de larga
tradición de
partidos políticos
fuertes, de
elecciones, de
gobiernos surgidos
de la competencia
política abierta. Y
aunque parezca un
tema teórico, está
muy aterrizado. Es
el gran debate
interno que tiene el
Frente Amplio, y se
cruzan nada menos
que la definición de
la Presidencia de la
fuerza política y el
congreso de abril.
EC - La relación
entre gobierno y
partido político.
Ese es el tema...
OAB - Exacto. Si
vamos a nuestra
historia moderna,
José Batlle y
Ordóñez, el fundador
del Batllismo, es
recordado (en el
plano de la
estructura política)
sobre todo por su
impulso al
colegiado, un
gobierno sin
presidente de la
República, con un
Consejo Nacional de
nueve miembros. La
idea de Batlle
estaba asociada con
que él también fue
el constructor de un
partido moderno, con
el esquema de los
partidos
socialdemócratas que
estaban surgiendo en
Europa, muy vivo,
muy militante, con
muchas
estructuras... Un
modelo de gobierno
en que la conducción
estratégica y el
mando superior
estaban en el
partido –algunos
pueden decir que
estaba en él, que
estaba al frente del
partido y no en el
gobierno–, que iba a
tener miembros
rotativos, no
reelegibles,
etcétera. Pero
planteaba una
relación –es uno de
los esquemas
clásicos–: el
partido es el que
tiene el mando
estratégico y el
gobierno la
conducción táctica.
El partido se ocupa
de lo profundo y el
gobierno de lo
cotidiano. Es un
modelo.
EC - Pero hay varios
otros posibles...
OAB - Por ejemplo,
el gobierno gobierna
y decide y el
partido más bien
controla y, en todo
caso, no manda pero
llama la atención.
Otro modelo –que no
es un tema de
estructura teórica
sino un tema de
praxis– es el que se
da cuando el
gobierno está en
manos de un líder;
un líder no sólo en
el sentido del
estilo de Tabaré
Vázquez (de ser la
figura popular y que
recoge votos) sino
el individuo que
está permanentemente
ejerciendo una
conducción y la hace
en el plano del
gobierno y de la
estructura
partidaria. No hay
contradicción ni se
plantea mucho qué
hace el partido y
qué hace el gobierno
porque hay un
vértice común y
generalmente no sólo
hay un líder sino
todo un staff que
dirige gobierno y
partido.
Otro modelo, que
puede ser el del
Frente Amplio, es el
del partido
parlamentario: el
partido se ocupa de
lo que ocurre en el
Parlamento y los
parlamentarios de lo
que ocurre en el
partido. El gobierno
es visto como algo
un poco autónomo o
extraño. Hay una
interacción de
juegos políticos, de
aceptar, de
rechazar, de
negociar entre la
faz
político-partidaria
centrada en el
Parlamento y la faz
gubernativa.
Otro modelo, también
muy clásico, es
aquel en que el
gobierno es visto
como lo dominante y
el partido como la
polea de transmisión
desde el gobierno.
Se encarga de la
propaganda, de la
movilización.
Otro caso distinto
pero parecido es
aquel en que el
partido es visto
como algo muy
estratégico, muy de
largo plazo. Como el
que adoctrina, el
que traza las
grandes líneas
ideológicas, convoca
a la gente para
adoptar valores y
modelos de país y de
sociedad, y el
gobierno es un
producto de ese
partido pero más en
el plano de lo
inmediato, de los
tiempos históricos
presentes.
Por último está la
concepción del
partido como una
maquinaria
electoral, algo que
existe y desaparece
en las contiendas
electorales, para
aportar un soporte a
candidaturas para
ocupar los cargos
políticos.
Aquí no se agota
todo. Es una línea
de elementos que
pueden estar
planteados cuando se
debate qué se quiere
que sea el Frente
Amplio en relación
con el gobierno.
EC - Pero además del
debate sobre cuál es
la relación entre
gobierno y partido
político, en el caso
uruguayo en este
momento y con el
Frente Amplio se da
el debate sobre qué
tipo de partido
político es ese
partido oficialista.
OAB - Claro, si es
un partido de elite,
el partido clásico
de figuras que en
general ocupan
cargos de gobierno y
Parlamento y punto,
o un partido de
cuadros, con una
estructura de
distintos niveles,
con cuadros
políticos
permanentemente
actuantes. Si es un
partido que se mueve
en las grandes masas
o un partido que se
mueve básicamente a
través de la
opinión. Se habla de
partido de masas
cuando se requiere a
las masas
movilizadas y de
opinión cuando se lo
ve pasivo, formando
su opinión por la
lectura, escuchando
o escuchando y
mirando, con la
opinión que llega a
la gente a través de
los medios de
comunicación.
EC - ¿Qué dice la
historia del Frente
Amplio sobre qué
tipo de partido es?
Ha ido cambiando.
OAB - Cuando nace el
Frente Amplio,
recogiendo la
tradición sobre todo
de los partidos de
izquierda, por un
lado se veía como un
partido de masas y
estructurado, de
cuadros y masas. Por
otro lado se veía
distinto de los
partidos
tradicionales –no
quiere decir que los
partidos
tradicionales fueran
estrictamente eso,
sino que el Frente,
la izquierda los
veía de ese modo–,
de los que decía
cosas como: “Son
maquinarias
electorales, no
tienen militancia
permanente, en
cambio el Frente
Amplio se propone
ser –y está en su
declaración
constitutiva– una
herramienta de
participación con
una acción política
permanente, tanto en
la actual oposición
como en el
gobierno”.
Y efectivamente, era
el lugar donde se
tomaban las
decisiones. Ya no
hablemos de un
período totalmente
opositor: durante la
transición de la
dictadura a la
democracia el Frente
Amplio tuvo que
tomar decisiones de
gobierno en un
sentido muy
profundo. Por
ejemplo, ir o no a
negociar con las
Fuerzas Armadas,
hacer o no el
entendimiento del
Club Naval,
participar o no en
los entes autónomos,
elegir las personas
que iban a ocupar
los cargos. Todo eso
se discutía en el
Plenario Nacional, o
se discutía primero
entre los
dirigentes, Seregni
y los líderes
sectoriales, y
después en el
Plenario, en la
fuerza política. Y
luego la fuerza
política tenía una
estructura que
dirigía a los
directores de los
entes, que era lo
único que tenía en
la administración.
EC - ¿Cambió algo
cuando el Frente
Amplio asumió la
Intendencia de
Montevideo?
OAB - Hubo un cambio
conceptual de fondo.
Si bien
inicialmente, en lo
formal, los nombres
del primer gabinete
pasaron por la Mesa
Política y fueron
aprobados, no hubo
un proceso de
elaboración
colectiva. Fue más
un proceso de un
intendente que
piensa en los
nombres, los
conversa con
dirigentes políticos
y los pasa por la
Mesa Política, donde
no hubo un solo
rechiste.
Luego, en el resto
del período de
Tabaré Vázquez, los
dos períodos de
Arana y el de
Ehrlich, la
estructura política
no participó para
nada ni en las
designaciones ni en
las tomas de
decisión. Más bien
pasó a ser el lugar
al que se recurría
para pedir apoyo
cuando las papas
quemaban. Ya se le
asignaba otro papel.
Y con la Presidencia
de la República
ocurre lo mismo. Hay
una cosa
interesante: se
discute el
vaciamiento del
Frente Amplio... Ese
Frente que tiene
toda una estructura
altamente compleja,
un congreso, un
Plenario Nacional
numeroso, una Mesa
Política numerosa,
que se caracteriza
por tener muchísimas
reuniones, lo que a
veces se califica,
despectivamente o
no, como “reunionismo”.
Se reúne un órgano,
otro, otro, pero de
algo tan importante
como el gabinete los
dirigentes
prácticamente se
enteran por la
prensa. El
presidente lo
resuelve per se y en
solitario. Lo que no
está mal en sí
mismo. Traza un
modelo determinado
de relación entre
partido y gobierno.
EC - Y ahora, con
estos anuncios de
febrero y marzo de
2008 del presidente
realizados al
momento de renovar
el gabinete, ¿adónde
apunta la relación
entre el gobierno y
el partido Frente
Amplio?
OAB - Se abren
muchas
interrogantes. Es
claro que en lo
inmediato apunta a
que es un gobierno
fuertemente
personalizado, que
discutirá en el
ámbito del partido
básicamente los
temas que requieran
apoyo legislativo.
Por lo tanto, lo que
va a discutir son
los votos en el
Parlamento y los
acuerdos para que
esos votos estén. Es
otro tipo de
relación que decir
que el gobierno está
gobernando con el
partido.
Pero también va a
tener que ver cómo
el Frente Amplio se
ve a sí mismo, para
lo cual no es menor
cómo decida el tema
de la Presidencia
del Frente Amplio,
ya sea vista como el
presidente o como
otra fórmula que se
maneja, que es un
presidente con
algunos “vice”,
conformando una
conducción más
colectiva, una
presidencia más
colectiva, un
colegiado.
Si se produce el
relanzamiento de la
estructura y tiene
algún sentido de
participación en
decisiones,
seguramente esa
estructura va a
tener una relación
muy fuerte con la
acción del
Parlamento, pero
probablemente sea
muy débil en cuanto
a toma de decisiones
respecto del Poder
Ejecutivo. Y
probablemente, la
forma como se vaya
procesando esta
discusión en el
Frente Amplio, como
vaya decantando, no
sólo hacia abril
sino en estos dos
años que vienen por
delante, marque cómo
va a ser la
concepción de la
fuerza política con
relación a un futuro
gobierno, en el caso
de que el Frente
Amplio revalide la
tenencia del
gobierno.
Pero después de esta
experiencia y de las
experiencias
municipales, por la
vía de la discusión
abierta, clara,
explícita, o por la
vía de los hechos,
este tema va a
seguir decantando y
va a seguir siendo
de enorme
trascendencia.