EMILIANO COTELO:
El fallo de la
Suprema Corte de
Justicia que declaró
inconstitucional el
IRPF a las
pasividades, la
reacción del
oficialismo y la
controversia
política generada
son el tema del
análisis de hoy del
politólogo Oscar A.
Bottinelli, director
de Factum. El
título: "Entre el
IRPF, la política y
la justicia".
Es un tema
inevitable hoy.
***
OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, y tiene muchas
aristas.
EC - ¿Por dónde
empezamos?
OAB - Ante todo, es
la primera gran
victoria que logran
los partidos
tradicionales sobre
el gobierno. No la
primera propiamente
dicha, porque hubo
otras de menor
entidad desde el
punto de vista de la
opinión pública –no
digo desde el punto
de vista del país–,
como el tema del
fiscal de Corte, en
el que el gobierno
finalmente tuvo que
ceder. Y algunas
otras que podemos
considerar grandes,
pero estamos
hablando de errores
propios del gobierno
que le han costado
caro a nivel de
opinión pública,
pero no por acción
de la oposición sino
autogoles.
En cambio esta fue
una derrota armada y
preparada por la
oposición, que
consideramos que ha
sido acentuada por
el gobierno, porque
con más de un mes
para prever cómo
reaccionar ante el
fallo de la Corte,
que se veía venir,
reaccionó como con
sorpresa. Demostró
enojo, falta de
calma y ha sido muy
errático en los
anuncios: primero
anunció que habría
que suprimir un
montón de planes,
después dijo que no,
que los planes se
iban a cumplir, pero
que no se iba a
poder ajustar la
franja inferior del
IRPF de salarios,
aunque después se
dijo que eso no se
iba a ver afectado.
Incluso, al
principio, Tabaré
Vázquez manejó la
posibilidad de
derogar de inmediato
el IRPF a las
pasividades y
sacarse el tema de
encima. Después esta
línea se abandonó,
no se sabe si por
voluntad propia o
porque fue muy
firme, muy dura, muy
tajante la posición
del ministro de
Economía y el equipo
económico de
mantenerse duros y
embestir.
En política hay un
consejo que dice que
cuando uno ve que se
le viene un tema
encima que no puede
dominar y que le va
a costar, tiene que
procurar sacárselo
de encima cuanto
antes. De repente,
el gobierno se lo
podía haber sacado
de encima antes del
fallo de la Suprema
Corte o podía haber
esperado el fallo
para tener el motivo
formal pero con todo
ya anunciado para
mandar el proyecto
de ley al Parlamento
el mismo día.
El gobierno no supo
prever esta derrota.
Y digo derrota
porque los partidos
tradicionales
actuaron con una
acción política
sostenida, decidida,
para darle un buen
golpe al gobierno
por este lado.
EC - Ese es un
ángulo. ¿Qué otro
podemos ver? Por
ejemplo, ¿cómo
observas la decisión
de la Suprema Corte?
OAB - Yo no soy
analista de temas
jurídicos, no soy
jurista, pero desde
el punto de vista
político y de la
opinión pública, es
importante analizar
que en el régimen
uruguayo la Suprema
Corte actúa en
materia
constitucional
puntualmente. No es
el caso de Estados
Unidos, donde las
leyes se derogan y
caen
definitivamente,
sino que la Suprema
Corte de Justicia es
un órgano de cinco
miembros, con una
integración que
cambia
permanentemente
porque los miembros
tienen diez años
como tope de
ejercicio, pero
además a los 70 años
de edad se tienen
que retirar, lo que
hace que muchos no
lleguen a los diez
años. Entonces, no
podemos saber si a
fin de mes, dentro
de dos meses o de
tres meses la
composición va a
tener el mismo
criterio que tiene
hoy.
En segundo lugar,
Uruguay se maneja
con el caso
concreto. Una
persona pide la
inconstitucionalidad
por vía de acción o
de un juicio y la
Suprema Corte emite
el fallo sobre ese
caso, que no es
válido para todos
los demás que sean
similares o iguales.
La jurisprudencia no
es obligatoria, es
decir que si la
Suprema Corte un año
resuelve un tema de
una manera, 20 años
después no está
obligada a mantener
el criterio. Cada
vez falla como si
empezara de nuevo.
El problema es que
esto, que
judicialmente es
perfectamente
entendible, no es
fácil de entender
para la sociedad. Se
dijo antes que esto
era constitucional y
ahora es
inconstitucional,
¿por qué cambia?.
Cuando el sistema
judicial es puesto a
dirimir el conflicto
político se expone a
desgastes ante la
opinión pública, en
cierto modo sin
tener arte ni parte
en el juego
político.
EC – Ahora, ya hace
tiempo que
determinados
conflictos políticos
se llevan a los
estrados judiciales.
OAB - Sí, para
marcarlo con mucha
claridad, aunque ha
habido episodios
anteriores, se puede
decir que hace 12
años comenzó en
Uruguay una línea
del sistema político
de jugar la partida
política en la
cancha del Poder
Judicial,
trasladarla al Poder
Judicial. El 12 de
julio de 1996
hicimos un análisis
aquí En Perspectiva
que se tituló: "El
Poder Judicial,
política y ping
pong".
EC - Por lo menos
estamos hablando de
12 años.
OAB - Es un análisis
de hace 12 años
sobre hechos que ya
venían. Por un lado,
estaban los juicios
por difamación, algo
un poco insólito,
que los políticos y
los parlamentarios
empezaron a acusarse
de difamación y el
juez tenía que
decidir. Pero
básicamente en
materia penal, en
ilícitos se hacían
las denuncias ante
la justicia. No eran
las denuncias que se
hacían en los años
cuarenta, cincuenta,
sesenta, cuando el
Parlamento nombraba
una comisión
investigadora,
acumulaba elementos,
pruebas, desfilaban
testigos y al final
hacía un informe que
concluía que desde
el punto de vista
parlamentario había
delito y disponía el
pasaje a la
justicia. Aquí, a la
primera de cambio,
se tiraba el tema a
la justicia. Era un
efecto: "Fulano fue
acusado de", pero
después resultaba
absuelto. Entonces
se generaban oleadas
de ideas de
culpabilidad de
gente.
Además, cada vez que
sube una
administración lo
primero que hace es
ver cuántos
expedientes de la
administración
anterior puede tirar
a la justicia. Y
ahora se abre este
otro camino de juego
político en el
terreno judicial, el
de las
inconstitucionalidades.
EC - Después aparece
un debate sobre si
lo que es
constitucional es
justo y lo
inconstitucional es
malo.
OAB - Sí, este tema
ha aparecido en las
discusiones, en los
debates se dice:
"esta ley es
inconstitucional,
qué horror". Que es
inconstitucional
quiere decir que no
se puede hacer, no
quiere decir que sea
malo. Quizá alguien
podría decir: "es
inconstitucional,
qué barbaridad,
tenemos que ver si
todos estamos de
acuerdo en reformar
la Constitución
porque así no se
puede hacer". O sea,
respetar la
Constitución es lo
básico de nuestro
sistema
institucional, no
respetarla es
desestabilizar el
sistema, pero no
necesariamente algo
que sea
inconstitucional es
negativo. Por algo
en Uruguay se han
ido modificando las
constituciones para
incorporar o
modificar cosas.
Pero se ha llevado a
la opinión pública a
pensar que la
Suprema Corte, por
ejemplo en este
caso, no falla sobre
si el texto se
ajusta exactamente
al artículo tal o
cual de la
Constitución, sino
sobre si hizo bien o
mal el gobierno en
poner un impuesto a
los pasivos. El
fallo de la Suprema
Corte se termina
valorando como un
tema político.
EC - ¿Qué otras
lecturas se pueden
hacer de este tema,
que es tan amplio?
OAB - Decíamos que
la Suprema Corte
falla sobre el caso
concreto, que no
tiene jurisprudencia
obligatoria, que
cambia la
composición. Pero el
problema es que para
la gente la Suprema
Corte es un órgano,
un abstracto, "falla
la Suprema Corte" se
dice, y no el
ministro Juan, Pedro
o Diego.
Y hay una cosa que
ha dejado perplejo a
medio país, más allá
de que es utilizado
políticamente: había
un impuesto a las
pasividades con otro
nombre, el Impuesto
a las Retribuciones
Personales (que
sustantivamente es
lo mismo que el
Impuesto a la Renta
de las Personas
Físicas en ese
aspecto), que era
constitucional en
los gobiernos
blancos y colorados,
pero en el gobierno
frenteamplista la
Suprema Corte dice
que es
inconstitucional.
Cuidado con esta
lectura, porque es
muy mala para la
Suprema Corte, para
el Poder Judicial. Y
no porque el Poder
Judicial esté
actuando bien o mal,
porque en lo
procedimental está
actuando bien. Podrá
discutirse si la
sentencia está bien
o mal hecha –es un
tema para juristas–,
pero lo cierto es
que se expone al
Poder Judicial a
este tipo de juicios
políticos porque a
mucha gente le
resulta inexplicable
que cambie la
constitucionalidad
de una cosa cuando
cambia el gobierno.
En verdad, del otro
lado también mucha
gente se sorprendió
de que hubiera
cambiado mucha
jurisprudencia de la
justicia penal a
partir de 2002,
cuando empezó a
cambiar el viento
político en Uruguay.
Estas cosas afectan
a la justicia.
Además no fue una
Suprema Corte que in
tótum se movió con
absoluta
impecabilidad, sino
que ya en febrero se
publicó cuál iba a
ser el fallo, empezó
a haber filtraciones
de lo que opinaba
uno y lo que opinaba
el otro, y después
hubo declaraciones
públicas de uno de
los ministros de la
Suprema Corte que
han sido
consideradas muy
desprolijas,
empezando por que
deslizaba críticas a
los otros miembros
de la propia Suprema
Corte.
Estos hechos se
inscriben en una
línea que tiene
tantos años como
esto de que el
sistema político
juega muchos de sus
partidos en el
sistema judicial,
que es la existencia
de actores del
sistema judicial,
sean magistrados
judiciales, del
Ministerio Público,
o sea fiscales, con
una creciente
exposición
mediática. No son
los jueces
tradicionales que
estaban en el
silencio de su
escritorio y emitían
sus dictámenes a
través de fallos, de
sentencias y
hablaban a través de
lo que decían sus
sentencias, sino que
anuncian
permanentemente lo
que van a hacer e
incluso polemizan.
En la medida que la
gente ve a los
ministros, a los
jueces, a los
fiscales polemizar,
los empieza a
considerar actores
políticos, que
también están en la
polémica política.
Esto es un cambio en
Uruguay, que en
general se puede
considerar peligroso
desde el punto de
vista de las
instituciones.
***
EC - ¿Algunas
conclusiones?
OAB - Hay una
conclusión
importante, que es
la siguiente: más
allá de que hoy [la
oposición] está
entusiasmadísima con
haber recurrido a la
justicia –el
oficialismo
obviamente no, pero
cuando era oposición
recurrió en 10 de
los 12 años
anteriores e hizo
más o menos lo
mismo–, el sistema
político debe pensar
que hay un problema
con esto que se
llama la
judicialización de
la política y la
politización de la
justicia.
En todos los países
donde el sistema
político ha
declinado sus
potestades de jugar
en la cancha
política y ha
trasladado las
decisiones al
sistema judicial,
donde el sistema
político ha llevado
a la magistratura a
juzgar hechos
políticos, la
institucionalidad ha
sufrido, e incluso
hay casos en que se
ha quebrantado.
Este es un cuidado
que desde hace 12
años hay que
advertir
permanentemente y no
existe la prudencia
del caso, ya que el
sistema político en
cada caso ve las
ganancias y las
pérdidas que cada
uno tiene en ese
momento, en vez de
ver la larga línea
que se está
trazando, de un
cierto
descaecimiento del
sistema político y
una contaminación
del sistema
judicial.