Las cuatro reformas centrales del
gobierno y la reforma del Estado
Oscar A.
Bottinelli.
Versión no corregida por
el expositor
EMILIANO COTELO:
Esta fue una semana de hechos
políticos importantes, algunos de
mayor resonancia y otros de menor
destaque, pero quizás con tanto o
mayor impacto estratégico. Uno de
ellos fue la conferencia del
director de la Oficina de
Planeamiento y Presupuesto (OPP),
Enrique Rubio, en el almuerzo
mensual de la Asociación de
Dirigentes de Marketing (ADM).
El politólogo Oscar A. Bottinelli,
director de Factum, analiza los
anuncios realizados por el director
de OPP. El título que nos propone:
"Las cuatro reformas centrales del
gobierno y la reforma del Estado".
EC - ¿Por dónde empezamos?
***
OSCAR A. BOTTINELLI:
Hay una cosa que sorprende: cómo ADM
logró posicionar estos almuerzos
mensuales como el lugar que en
Europa ocupan los parlamentos, el
lugar donde van los ministros a
hacer los grandes anuncios. Aquí se
hacen en un almuerzo ante
empresarios, dirigentes de
marketing, no en el Parlamento.
Además cuando se dice "director de
la OPP" parece que se habla del
director de una oficina cualquiera,
no de un individuo que es un
ministro, aunque no tenga título de
ministro.
Todo gobierno tiene algunos pocos
elementos (cuatro, cinco, seis) que
son el eje de su transcurso en el
quinquenio. Este gobierno tuvo una
nave insignia de coyuntura que fue
el Plan de Emergencia, que nació muy
mal, a los tumbos, con muchos
borradores, y terminó con un gran
afinamiento, desplegándose en
multiplicidad de planes de segundo
orden, con muy buenos resultados.
Hay un reconocimiento unánime en ese
sentido.
Y aparte de la coyuntura hay un
programa de reformas, lo que Rubio
centró como las cuatro reformas del
Estado, y las ubicó como un proceso
de los grandes vectores de este
gobierno: la reforma de la
educación, que se ha desarrollado
sobre todo en la parte de recursos,
el Plan Ceibal y ahora la
estructuración del sistema y
gobierno de la enseñanza; la reforma
de la salud, que está en marcha; la
reforma tributaria, que fue la más
polémica, y la reforma del Estado.
EC - La reforma del Estado hace
tiempo que está en el tapete, hace
varios gobiernos que aparece en la
discusión política.
OAB - Hay un problema ahí, porque
cuando se habla de reforma
tributaria, el concepto puede ser
más amplio o más acotado, pero se
tiene idea de a qué apunta. En
cambio, cuando se habla de reforma
del Estado hay que ver qué abarca,
puede haber muchas líneas de reforma
del Estado, hay que ver qué parte
del Estado se quiere reformar.
Este gobierno traza una línea, hay
un proyecto de ley –que analizamos
el año pasado– que apunta a la
descentralización a través de la
creación de un tercer nivel de
gobierno. En Uruguay está el
gobierno nacional, están los
gobiernos departamentales y se
crearían gobiernos locales, lo que
técnicamente son los municipios
propiamente dichos, las comunas, o
las alcaldías, como les llama esta
administración.
El gobierno y el director de la OPP
han dicho que este concepto rescata
la tradición artiguista, aunque en
realidad, más que un elemento
distintivo de la tradición
artiguista es un elemento que marcó
toda la tradición española e indiana
española, y la tradición latina en
general, el pequeño gobierno local.
EC - ¿Ese es el eje básico de la
reforma del Estado que impulsa este
gobierno?
OAB – No, es una línea básica de la
reforma que impulsa el gobierno, que
ya está en discusión como proyecto
de ley. Pero hay otro conjunto de
líneas, que vamos a pensar a partir
de la visión del ciudadano común...
EC – ...un conjunto de líneas que
surgen en la cabeza de la gente
cuando se habla de reforma del
Estado.
OAB - Exacto, y que impulsa este
gobierno.
En general cuando se habla de
reforma del Estado, se piensa en el
costo del Estado. Recordemos
aquellos pegotines que se ponen en
los autos, que cada tanto aparecen,
que decían: "Bajar el costo del
Estado ya"; es decir, reforma del
Estado = costo del Estado. En
segundo lugar, la gente piensa en la
burocracia, entendiendo por
burocracia los funcionarios
públicos, cuántos son, cómo
trabajan. Y en tercer lugar, la
burocracia en el sentido de trámite,
papeleo, esperas.
Cuando la gente habla de "el Estado"
en un sentido negativo, de cosas que
hay que cambiar, por lo tanto en un
sentido de reforma, piensa en estas
tres líneas.
Sobre estos tres temas que marcan
líneas del gobierno, primero hubo
una definición muy importante, que a
muchos puede haber gustado y a otros
no, que es que el costo global del
Estado se va a mantener como está
con relación al Producto Interno
Bruto (PIB). Vale decir, si el
producto sube, como está ocurriendo,
sube el costo del Estado.
Pero lo que se plantea es que el
costo global del Estado no implique
ineficiencia, que atienda planes,
necesidades y que se realice con
eficiencia. El camino no está en
bajar el costo del Estado, sino en
usarlo bien, y en que no cambie la
relación entre costo del Estado y
PBI del país.
Esto es bárbaro en una fase estable
o ascendente, pero ¿qué pasa si la
fase es descendente? Es decir, ¿si
baja el PBI, baja el costo del
Estado? La respuesta fue: "esperemos
que eso no suceda". Ahí queda alguna
duda, porque cuando se sube el costo
hay mucha elasticidad, pero es muy
duro bajar.
Un segundo tema trascendente que
tocó Rubio, relacionado con la
visión de burocracia de la gente en
cuanto a funcionarios, es la
inamovilidad de los funcionarios.
Este punto está ligado a muchos
temas. Primero el del Derecho
Público y Derecho Privado. Ahí se
manejaron dos definiciones
trascendentes: primero, el corazón
de las empresas públicas va a seguir
en el Derecho Público, va a haber
que avanzar mucho en la periferia de
las empresas hacia el Derecho
Privado. Pero esto no quiere decir
dejar el Derecho Público como está
en cuanto a lo engorroso, lo pesado,
lo dificultoso, sino que hay que
encarar su modificación y
modernización. Esto aparece como un
desafío interesante.
En cuanto a la inamovilidad, manejó
que no es el concepto que existe en
la cabeza de la gente –la idea de un
funcionario que va a estar de por
vida haciendo lo que quiera, trabaje
o no–, esa es no es la inamovilidad
que está consagrada a la
Constitución ni abarca a la
totalidad del Estado, es un tema a
remover. Se apunta a un Estado con
menos funcionarios, mejor pagos, más
capacitados, mejor seleccionados.
Y plantea un tema político
importante: para este gobierno la
reforma es trazar objetivos
diferentes con relación al Estado, a
sus empresas, aun con instrumentos
que la izquierda criticó en
gobiernos anteriores.
EC - ¿Por ejemplo?
OAB – Da la impresión de que, para
usar una palabra maldita –el propio
director de Planeamiento dijo "por
ese camino no vamos"–, determinadas
privatizaciones. La palabra
"privatización" se usa para arriba y
para abajo, para un fregado y un
secado, entonces hay que ver de qué
se habla exactamente. Seguramente se
refería a la asociación de empresas
públicas con privados, de tercerizar,
etcétera.
Lo central desde el punto de vista
político es que va a haber un nudo
en esta reforma que tiene que ver
con que se afectan intereses
corporativos, como cualquier reforma
del Estado, pero mucho más si va a
afectar la inamovilidad de los
funcionarios públicos, va a exigir
mayor rendimiento, mayor
capacitación. Se dijo que va a haber
un diálogo muy importante con los
actores sociales, va a haber una
línea de tensión y diálogo con
sindicatos para llevar esto adelante
y seguramente para terminar de
diseñarlo y aterrizarlo. Ahí va a
haber un nudo duro para llevar
adelante la reforma del Estado.
EC - ¿Qué otro punto destacas de la
exposición del profesor Rubio?
OAB - Lo que llama la "agenda
electrónica", la centralización y
eliminación de trámites, o sea
atacar la burocracia en cuanto a
trámites. Es un tema muy técnico, en
el que se va muy de a poco, y hay
que esperar a ver cómo se anuncia
cada cosa concreta. Los avances
informáticos en este país siempre
han ido acompañados de grandes
temores de sectores corporativos,
porque si algo se puede hacer por
internet no hay que atender el
mostrador y los puestos de trabajo
sobran, como pasó en el BPS, donde
no se pusieron cajeros automáticos
para el pago de pasividades por la
resistencia fenomenal del
funcionariado.
***
EC - ¿Cuáles son las conclusiones?
OAB - Es un proceso muy largo, en el
que un gobierno que larga los planes
no está en condiciones de exhibir
resultados. El tema es si exhibe
planes que la gente entiende que
apuntan a los resultados que espera.
Este va a ser un tema de confianza.
Hace 40 años que Uruguay emprende
reformas del Estado y se sigue
hablando del tema, lo que ha llevado
a cierto escepticismo; por otro
lado, 40 años durante los cuales se
reclaman reformas del Estado o "la
reforma" del Estado: y esto es la
necesidad de políticas de Estado
como políticas de continuidad, que
no cambien con cada gobierno. Y
también políticas de Estado en
cuanto a una apoyatura compartida, y
acá hay un nudo: tiene que haber una
coincidencia política en esta
reforma, y en general este gobierno
no ha tenido fluidez en buscar o
lograr –aunque no haya buscado–
acuerdos con la oposición y de todo
el sistema político.
Y hay un nudo central: una reforma
del Estado en este país requiere
soluciones con acuerdo y apoyo del
sector corporativo, los llamados
actores sociales. Sin esos apoyos
las reformas pueden ser muy
conflictivas, como se ve en la
Intendencia de Montevideo con
mínimas reformas, que no apuntan a
una reforma del Estado tan global
como la que se está planteando.
Es un gran desafío para el país, un
desafío de muy largo plazo, de
lustros y hasta décadas, que
solamente en la medida en que exhiba
planes muy visibles y con grandes
apoyaturas tendrá credibilidad,
porque resultados en este tema no
hay en uno, dos, tres ni cinco años.