EC – Qué es esto de
la fase preliminar?
***
OAB – Lo necesario
para que arranque
una campaña
electoral que estén
más o menos
definidas las
candidaturas o la
arquitectura de la
oferta electoral.
Más o menos hay una
arquitectura
primaria que queda
definida la semana
que viene: el
Partido Nacional ya
tiene tres
candidatos o
precandidatos
presidenciales con
Jorge Larrañaga,
Luis Alberto Lacalle
y Carmelo Vidalín;
el Partido Colorado
la semana que viene
seguramente queda
con Luis Antonio
Hierro, José Amorín
y Pedro
Bordaberry...
EC – ...también está
Martín Aguirrezabala
compitiendo desde la
15.
OAB – Sí, y puede
que haya algún
candidato más. Tengo
la percepción de que
la de Martín
Aguirrezabala no es
una candidatura que
tenga en este
momento un gran
soporte, y
formalmente tampoco
se ha producido el
retiro de la
candidatura de
Abdala. Pero
indicaría que,
sustancialmente, se
va camino a estos
tres candidatos.
Como pasa en toda
competencia de tres,
siempre queda la
duda sobre si se
llega con tres o con
dos... siempre los
juegos de tres son
los más complicados.
Y en el Frente
Amplio, a esta
altura, aparece
bastante fuerte que
se va por la
candidatura de
Astori o por la de
Mujica; una tercera
candidatura no está
descartada, pero
cada vez es más
difícil. Y el saber
que por ahí anda la
cosa, ya presenta
cierta arquitectura
electoral del
Frente, aunque
tampoco se sabe si
esto se resuelve
plenamente por
consenso, en el
Congreso o por algún
método de compulsa
interna.
EC – Allí está
planteada a grandes
rasgos lo que tu
defines como la
arquitectura
primaria.
OAB – Exacto.
Y por parte del
Partido
Independiente,
además, todo indica
que va a repetir la
presentación de la
elección pasada.
Esto cierra el
cuadro de los
partidos que hoy
tienen
representación
parlamentaria.
EC – Ahora ¿a dónde
vamos con el título
de hoy de “los
objetos subjetivos
que desnivelan la
competencia
electoral”?
OAB – Primero
aclaremos que toda
competencia
electoral es una
lucha global de
partidos, es una
lucha específica de
personas por
candidaturas, por
cargos políticos y
por lugares en
candidaturas –o
posiciones
electorales–. Y
esto, que es una
competencia, tiene
su dureza; de hecho,
la carrera política
es mucho más dura
que otras. Por
ejemplo, cuando
alguien está
haciendo una carrera
de docencia
universitaria y es
grado 3 (profesor
adjunto), puede
lograr o no ascender
a grado 4 (profesor
agregado), pero si
no asciende sigue
como grado 3. En
cambio, en política
cada cinco años la
gente puede
ascender, quedar
igual o quedar
absolutamente
afuera. Y donde se
haya dedicado
íntegramente a la
política, también
puede quedar en una
situación
complicada, hasta
desde el punto de
vista económico del
mantenimiento de su
ingreso mensual, sin
contar además que
muchas veces un
político puede
quedar endeudado
tras una campaña
electoral.
EC – Desde ese punto
de vista sí, esta
carrera es una
carrera dura...
OAB – La carrera
política es muy dura
y esa dureza se
traslada en que la
lucha por las
posiciones, que se
hace una única vez
cada cinco años, le
da un nivel de
dureza mucho mayor
que en otros tipos
de carrera donde hoy
hay un concurso para
esto, mañana
ascienden en tal
lado o pasado hacen
contrataciones en
tal otro.
EC – Ahora, si es
dura en general la
carrera política
también tiene una
dureza particular la
carrera política
interna en un
partido.
OAB – Hay un famoso
dicho que dice que
salvo en el nivel
presidencial (los
candidatos únicos de
cada partido, el
nivel más alto), uno
dice “el del otro
partido es un
competidor, pero el
de mi partido es el
adversario y el de
mi sector es el
enemigo”. En última
instancia, el otro
es el enemigo en el
plano más teórico,
en el plano del
macro escenario,
pero el que se está
disputando el lugar
en la lista es el
que tengo sentado al
lado.
Eso hace que la
competencia tenga
una dureza que no es
diferente al de
otros órdenes de la
vida, porque pueden
ser todos profesores
muy amigos entre
ellos, pero cuando
viene un concurso,
es uno o el otro; es
el que está al lado
o uno mismo el que
va a ganar, eso es
normal en la vida.
Hago esta
comparación porque a
veces la gente dice
“que horrible que es
la política”, pero
se olvidan que en
todos los órdenes de
la vida existen
competencias muy
duras y que en la
política no es más
duro el nivel de la
competencia, sino
los resultados en el
orden personal para
los que compiten.
EC – Yendo al caso
específico de la
competencia interna,
¿cuáles son los
riesgos?
OAB – El riesgo que
tiene toda
competencia interna
es que se salga de
determinados
parámetros, que el
nivel de competencia
interna sea de tal
magnitud que afecte
luego las
posibilidades del
partido o de los
candidatos hacia
fuera.
En Uruguay tenemos
dos casos muy
claros: en 1989, el
28 de mayo, cuando
no existía todavía
este esquema que
crea la Constitución
del 96, hubo una
elección que se
llamó Primarias
Batllistas y se hizo
para definir la
candidatura de uno
de los dos grandes
sectores del Partido
Colorado (lo que se
llamaba el Batllismo
Unido), entre Jorge
Batlle y Enrique
Tarigo. Fue una
elección interna
extremadamente dura,
una competencia que
prácticamente no
dejaba otra
posibilidad que una
victoria pírrica, en
la cual el ganador
ya había salido
deteriorado por toda
la argumentación que
había hecho el
contrario.
Jorge Batlle ganó
con una imagen de
una persona que
tenía muchas ideas
pero pocos planes,
bastante
descalificado en su
aterrizaje por parte
de Enrique Tarigo.
Esto mismo lo vimos
entre Barack Obama y
Hillary Clinton
ahora en Estados
Unidos y recordemos
la campaña interna
de 1999 en el
Partido Nacional
entre Juan Andrés
Ramírez y Luis
Alberto Lacalle.
Pero también hubo
otra no menos dura
entre Alvaro Ramos y
Alberto Volonté, en
la cual el Partido
Nacional quedó
destrozado por su
extrema dureza y
ferocidad. Ese es un
tema complicado que
tienen las
elecciones internas.
EC – ¿Y ahora cuáles
son los objetivos
fundamentales en
cada uno de los
partidos? ¿Qué
resumen puedes
hacer?
OAB – Lo que se
observa hoy, y estos
son los elementos
subjetivos que
pueden ser
desnivelantes en la
competencia
electoral, es que en
el Partido Nacional
–basta analizar
todas las
declaraciones
públicas– la gente
de Lacalle está
pensando
primordialmente en
ganar a Larrañaga;
la gente de
Larrañaga está
obsesionada con
ganarle a Lacalle y
la gente de Vidalín
está obsesionada
también en esta
competencia.
Se están manejando
argumentos en los
tres bloques que
hacen recordar algo
a la campaña interna
del año 99, es
decir, se están
insinuando cosas de
deterioro de la otra
candidatura, se
deslizan conceptos
para crear imágenes
negativas sobre el
otro candidato y no
de potenciación de
la propia solamente
–aunque lo hacen y
eso es lo que ayuda
a un partido a una
buena competencia–.
El Partido Nacional
ha iniciado un
camino que sin
llegar –yo creo que
no se va a llegar
nunca- a lo del 99,
se va a ir
aproximando al nivel
de dureza de ese año
y no a la forma
excelente que manejó
el Partido Nacional
en el 2004.
Y en el Partido
Colorado se empezó a
ver desde enero un
nivel de dureza, de
insinuaciones y
descalificaciones,
que también puede
hacer recordar la
elección interna o
primaria del 89 y no
a la forma impecable
que hizo en el 99,
diez años después. Y
precisamente, en el
99 el Partido
Colorado hizo una
elección impecable
porque se acordaba
de lo que había
ocurrido diez años
antes y el Partido
Nacional en el 2004
hizo una cosa
impecable porque
tenía conciencia de
cómo lo había
afectado la
competencia del 99.
Sin embargo, hoy da
la sensación que los
dos no están
teniendo presente
eso y están con una
obsesión por el
triunfo interno, que
puede ser
deteriorante para
ambos partidos.
Y en el Frente
Amplio no es que
jueguen con mayor
fair play, ni que no
les importe los
cargos, no hay
ninguna diferencia
en eso; están todos
muy preocupados por
los cargos, muy
preocupados por la
competencia interna,
pero lo que se
trasluce en todos
los actos de los
dirigentes es que el
Frente Amplio hay
una obsesión por
conservar el
gobierno. Y esa es
una diferencia,
cuando uno está
obsesionado por
conservar el poder y
del otro lado se
está obsesionado por
la competencia
interna, aparece un
desnivel, porque
para ganar lo
primero que hay que
hacer es querer
ganar y demostrar
que se quiere hacer
eso, que se está
preocupado por
conservar el poder y
conservar el
gobierno.
EC – Ahora ¿en estas
internas tu dices
que se juega gran
parte del voto hacia
octubre y noviembre?
OAB – Exacto. El 25
de octubre tenemos
la elección general,
se elige el
Parlamento, es la
elección de la
competencia de
candidato
presidencial en el
centro de los
partidos y podría
haber –el 29 de
noviembre– un
balotaje. Existe una
idea por ahí como
que el 28 de junio
lo único que hay son
elecciones internas,
por lo tanto no
importa la imagen
que se dé para
afuera, porque el
mensaje es que en
junio sólo van a
votar a “los blancos
convencidos los
blancos, los blancos
como hueso de
bagual” o “los
colorados como
sangre de toro”,
porque el resto de
la gente no se
preocupa.
Esto es algo que se
observa y se ha
dicho públicamente,
y si analizamos
(esta ya es la
tercera vez que
Uruguay sigue este
procedimiento):
participa mucho más
gente que sólo los
fanáticos de una
divisa política en
las elecciones de
junio, muchos más.
EC – Sí, pese a que
el voto no es
obligatorio.
OAB – No es
obligatorio y vota
el 50% del
electorado que vive
en el país, esa es
la realidad. Vota el
46% del padrón, que
es un poco más del
50% de los que viven
en Uruguay (el
padrón tiene como un
9% de personas que
viven fuera del
país). Es una
concurrencia
relativamente alta,
ese 50% es mucho más
que la gente
fanática de un
partido político.
Pero además todo el
resto del país está
observando una
campaña electoral,
no va a votar el 28
de junio pero está
observando, y las
campañas electorales
no son un tema de
“yo me decido el
último día”. El
último día puede
terminar de decantar
un voto, pero
absolutamente todos
los días la gente va
recibiendo imágenes
que sedimentan al
interior de la
persona y eso va
moldeando las
preferencias, los
rechazos y las
opciones de voto.
Hay que tener en
cuenta que el
proceso de adhesión
o rechazo del voto
es algo que se
construye a lo largo
del tiempo, uno
diría “granito a
granito”, día a día
y hora a hora.
Lo que se haga por
ganar una elección
interna va a generar
también una imagen
de –lo que puedo
llamar– la elección
externa y esto, que
fue muy claro porque
no estamos solo
hablando de Estados
Unidos, se vio en
Uruguay en el 89, en
el 99 y existe el
riesgo de que vuelva
a verse en el 2009.
Parecería una
especie de pérdida
de norte o
enfermedad que
ocurre en algún lado
en este país cada
diez años.
En este momento el
Frente Amplio está
planteando la
campaña de una forma
que puede nivelar a
su favor, en caso de
que en los partidos
tradicionales no
surjan los frenos de
advertencia
necesarios para
darse cuenta que si
incursionan por los
caminos que los
llevaron a malos
resultados décadas
atrás, podrían
llevarlos nuevamente
a un resultado no
muy feliz.