EMILIANO COTELO:
El fracaso de la
ronda de Doha de la
Organización Mundial
de Comercio (OMC),
que se confirmó esta
semana, replantea un
tema crucial para el
futuro del país,
como lo es su
inserción
internacional. El
politólogo Oscar A.
Bottinelli, director
de Factum, analiza
este tema. El
título: “La
inserción
internacional de
Uruguay”.
***
Bienvenido, después
de dos semanas de
viaje.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Casi un mes, con un
picoteo que nos
permitió hacer un
análisis hace tres
semanas.
Cuando uno está
prácticamente un mes
fuera del país, se
guía por grandes
titulares en el
exterior y cuando
mira los grandes
titulares dice: en
Uruguay hay un solo
problema que es
quiénes son los
candidatos. Eso es
lo que aparece en
todos los medios de
comunicación, lo que
dicen los dirigentes
políticos, son los
grandes temas de
controversia.
Por otro lado,
cuando uno mira las
encuestas, la gente
está preocupada,
angustiada por
muchas cosas: la
inflación, la
seguridad pública,
temas personales. No
está angustiada por
que se definan ya,
cuanto antes, los
candidatos. Ahí hay
una especie de
divorcio entre la
gente y los
titulares.
Además hay temas,
como por ejemplo lo
de la ronda de Doha,
que no conmueven
demasiado a la gente
pero que son
estratégicos para el
país, y que un país
como Uruguay
resuelve solo con
políticas de Estado
(en el doble sentido
de políticas de
consenso entre las
grandes fuerzas
políticas, sociales,
empresariales) y
políticas con
continuidad, con una
línea en el tiempo.
EC - Quizás incluso
convenga explicar el
concepto. ¿Qué
quiere decir
“inserción
internacional”?
OAB - Un país
pertenece a un área
determinada –no
necesariamente desde
el punto de vista
geográfico– con la
cual se desenvuelven
sus grandes
intercambios. Lo
principal, lo que le
da aire, respiro a
un país son los
intercambios
comerciales, dónde
coloca sus
productos, a veces
dónde compra.
Siempre es más
difícil colocar que
comprar. Y se
relaciona también
con intercambios
sociales, culturales
y de otro tipo.
Cuando uno mira la
historia y habla con
historiadores,
encuentra que en
Uruguay durante el
último tercio del
siglo XIX, cuando se
construyó el Estado,
cuando pasó a ser
una entidad
claramente
independiente, y en
toda la primera
mitad del siglo XX,
no hubo un solo
debate sobre este
aspecto, por ningún
lado se dijo: “¿Qué
va a hacer
Uruguay?”. De alguna
manera venía dado
con el origen, como
país absolutamente
independiente creado
por el Tratado de
Río quedamos como
parte del Imperio
británico. Uruguay
colocaba todos los
productos, con más
facilidad si no
había crisis, con
muchísima más si
había demanda
extraordinaria como
durante las guerras,
con un poco más de
problemas si había
crisis como en los
treinta, pero el
Imperio británico
absorbía
absolutamente todo,
y esto fue así hasta
mediados de los
cincuenta y con la
carne siguió hasta
el cierre del
mercado […] en 1966.
Ahí el país quedó a
la deriva, se
encontró con un
problema que nunca
se había planteado.
Y le costó mucho
entender que debía
plantearse el
problema. Lo cierto
es que lo primero
que apareció fue la
integración
latinoamericana, un
tema que Uruguay
nunca había tomado
en cuenta, salvo
desde el ángulo
ideológico de alguna
corriente en los
años cincuenta, no
era un tema de la
izquierda tampoco.
En 1960 vino la
creación de la
Asociación
Latinoamericana de
Libre Comercio
(ALALC), la
predecesora de la
actual Asociación
Latinoamericana de
Integración (ALADI),
que se creó en 1980.
En la reforma
constitucional del
66, en el proyecto
que impulsó el
Partido Colorado –el
batllismo, con la 15
de Jorge Batlle y
Sanguinetti a la
cabeza– aparece por
primera vez el tema
de “la República
procurará la
integración social y
económica de los
estados
latinoamericanos”.
EC - Ese es un
detalle que quizás
muchos tienen
olvidado, está
expresamente dicho
en el texto del
artículo 6º…
OAB - …en el segundo
párrafo del artículo
6º. Y lo más curioso
que uno enseguida
piensa “esto debe
ser la izquierda”,
pero no, fueron
Jorge Batlle y
Sanguinetti, de ahí
surge el primer
envión
constitucionalista
del tema
latinoamericano.
Había habido algunos
enviones, pero sobre
todo de lo que en
aquel momento se
llamaba el “tercerismo”,
es decir los que no
estaban ni con
Occidente ni con el
mundo socialista.
Uruguay sigue en un
debate poco claro,
para un lado, para
otro, con distintos
imaginarios, hasta
que aparece el
Mercosur. Aquí ya
estamos hablando de
historia reciente.
El Mercosur
prácticamente fue un
golpe de timón que
dio Uruguay a algo
que iba rumbo a un
acuerdo bilateral
entre Argentina y
Brasil. En el
gobierno de Lacalle,
con el apoyo de
prácticamente todo
el país, con muy
pocas excepciones,
Uruguay pegó el
golpe de timón de
crear una zona que
después se vería qué
sería.
El imaginario
uruguayo fue
completamente
diverso del de
argentinos y
brasileños. En
Argentina y Brasil
la gente decía: “No,
mire, yo de temas
comerciales no me
ocupo”. En Uruguay
la sociedad entera
hablaba del Mercosur,
para nosotros se
creaba el
equivalente a la
Unión Europea, se
creaba el nuevo gran
macropaís. Íbamos a
estar insertos en
una región en la
cual nos íbamos a
desempeñar
libremente,
pretendíamos ser la
capital de esa
región, pretendíamos
que aquí se radicara
todo lo más
sofisticado, al
punto que ya en el
año 95 Uruguay
estampó en el
pasaporte la palabra
“Mercosur”, que
bastante
complicaciones les
ha dado a muchos
uruguayos al
atravesar alguna
frontera porque no
encontraban ese
país.
EC - Además se
observa al Mercosur
como el gran
catalizador de la
actividad económica
e incluso de
reformas económicas
que estaban
pendientes en el
país.
OAB - Exacto,
trascendía tanto lo
económico global que
al promediar los
noventa en este país
vino el auge de la
enseñanza del
portugués, los
colegios privados
empezaron a ofrecer
portugués en su
programa, empezaron
las academias. El
país entero apostó a
una gran ilusión.
Pero el Mercosur no
anduvo como Uruguay
creía, anduvo mucho
más a los tropiezos,
y hoy se nota en el
país una
generalizada
desilusión. Más bien
se discute si hay
que abandonar el
Mercosur, “esperemos
un poco, no es la
solución que
creíamos, pero
esperemos un poco”.
Otro dato. En
diciembre de 1995
–esto completa ese
fenomenal imaginario
uruguayo–, con
bombos y platillos
se firmó en Madrid
un acuerdo entre
Julio María
Sanguinetti y Felipe
González. Julio
María Sanguinetti no
solo el presidente
de Uruguay, sino que
era el presidente
pro témpore –el
presidente rotativo–
del Mercosur, y
Felipe González era
el presidente
rotativo de la Unión
Europea. Es decir
que Europa y el
Mercosur firmaban lo
que se tituló el
primer bloque
económico del mundo.
Eso fue en 1995…
EC - ¿Qué pasó hasta
ahora?
OAB - Se están por
cumplir 13 años. En
el ínterin Chile
hizo un tratado de
libre comercio (TLC)
con la Unión
Europea, pero el
Mercosur y la Unión
Europea siguen a los
tumbos, sin avanzar
siquiera en un
mínimo acuerdo
comercial. No en
formar un bloque,
una unión económica,
simplemente hacer un
TLC entre los dos
bloques. Es otra
desilusión, porque
el Mercosur era la
gran Unión Europea
nuestra, pero además
estaba la verdadera
Unión Europea en
nuestro futuro, de
la cual íbamos a ser
parte, como parte de
Mercosur-Unión
Europea.
EC - El propio
Mercosur no ha
funcionado bien.
OAB - Por eso digo,
por un lado estuvo
la desilusión del
Mercosur, la
desilusión mayor del
Mercosur como
escalón, como etapa.
EC - Esas
dificultades
internas pesaron
fuerte en la
imposibilidad del
acuerdo con la Unión
Europea.
OAB - Sí, pesaron
dos cosas: una,
obviamente, mal
puede hacer el
Mercosur un acuerdo
hacia fuera si no
funciona hacia
dentro; dos, hubo un
petardeo de acá y de
allá, se puede decir
que Brasil y Francia
fueron socios en
impedir toda
posibilidad de
avance. Brasil ponía
condiciones
absolutamente
inaceptables para
los europeos y
Francia ponía
condiciones
absolutamente
inaceptables para el
Mercosur. Fue una
carrera por quién
lograba petardear
más la posibilidad
de un acuerdo.
Entonces, aunque
hubiera funcionado
el Mercosur, no
había una voluntad
integradora hacia la
Unión Europea de
Brasil ni de Francia
hacia el Mercosur.
Luego, prácticamente
desde la crisis de
2002, apareció la
idea del país a la
deriva, el país que
tiene que ver qué
hace. Esa gran
discusión tuvo como
momento central el
año 2006, cuando el
gobierno uruguayo
tuvo que optar por
sí o no a negociar
un TLC con Estados
Unidos.
EC - Pero ¿por qué
el tema queda
replanteado ahora
después del fracaso
de la ronda de Doha
de la OMC?
OAB – De alguna
manera existía la
idea, con mayor o
menor optimismo, de
que no la inserción
internacional de
Uruguay, pero muchos
problemas se podían
solucionar, muchos
problemas de asfixia
urgente del país, en
la ronda de Doha de
la OMC. Esto viene
de la antigua
organización, que se
llamaba GATT, cuya
última ronda fue
nada menos que la
ronda Uruguay, que
empezó en el año 86
y que terminó con la
creación de la OMC.
La ronda de Doha,
que comenzó en 2001,
aspiraba, para 2013,
avanzar hacia una
liberalización de
todo el comercio
mundial.
Pero se vio que no
solo existe un
problema entre
países industriales
y países productores
de alimentos y de
productos agrícolas,
en cuanto a quién
quiere proteger qué,
sino que entre los
países productores
de alimentos y de
los países agrícolas
también hay
discrepancias. La
India fue de los que
petardearon que se
pudiera avanzar en
la liberalización de
productos agrícolas,
porque quería que
hubiera
liberalización para
que la India
vendiera, pero no
quería tener que
comprar.
La liberalización
del comercio va para
muy largo.
EC - ¿Qué
alternativas nos
quedan?
OAB - Por un lado,
está la postura que
fue la línea oficial
de este gobierno en
2005, 2006, 2007,
muy visible en el
discurso de la
cancillería, y
apoyada totalmente
desde la Presidencia
de la República –es
falso hablar de una
dicotomía
Presidencia-cancillería;
había dicotomía
cancillería-equipo
económico–. El
discurso era:
América Latina pasa
por un momento único
en la historia, con
una gran comunidad
ideológica de la
gran mayoría de sus
gobiernos, esa
oportunidad
histórica no se debe
desaprovechar, se
debe caminar hacia
la más fuerte unión
regional.
Otra línea,
encabezada por el
equipo económico, se
podría llamar el
modelo chileno, ese
modelo de un Chile
medio a la deriva,
medio independiente,
que tiene TLC con la
humanidad.
EC - Tratados de
libre comercio con
distintos países del
mundo o con regiones
del mundo, una
multiplicación de
tratados de libre
comercio.
OAB – Exacto. Tiene
con Estados Unidos,
con la Unión
Europea, está
avanzando con Asia.
Según esta línea,
hay que seguir el
camino de Chile. Fue
la señal que
pretendió dar Tabaré
Vázquez en su primer
viaje por Asia, en
las relaciones que
busca con Japón, con
China, con la India,
con Vietnam.
Por otro lado
aparece un tercer
camino, el camino
incierto hacia
Estados Unidos;
Uruguay estaba
“hacemos un TLC con
Estados Unidos, no
lo hacemos”. Fue el
único caso, que yo
recuerde, en que
Estados Unidos
impulsó el acuerdo y
el país convocado
dijo que no;
normalmente es al
revés, los países
buscan el acuerdo
con Estados Unidos y
Estados Unidos dice
que no. Batlle buscó
el acuerdo con
Estados Unidos y no
logró eco.
Y ahora empieza la
búsqueda de las
tercerizaciones, ver
cómo con el tratado
de libre comercio
que Uruguay tiene
con Chile le puede
permitir, a su vez,
a través del tratado
de libre comercio
que Chile tiene con
Estados Unidos,
mediante
complementación de
producción, hacer un
canal de comercio
con Estados Unidos.
EC - Y la
posibilidad de
ingresar al NAFTA
(Tratado de Libre
Comercio de América
del Norte, TLCAN; en
inglés North
American Free Trade
Agreement, NAFTA)
por la vía del TLC
que Uruguay tiene
con México.
OAB - Exactamente;
el objetivo es
Estados Unidos. Al
NAFTA Uruguay ya
ingresa en la parte
México, pero el
NAFTA es México,
Estados Unidos y
Canadá. Ahora se
quiere ingresar al
resto del NAFTA, a
Estados Unidos y a
Canadá, sobre todo a
Estados Unidos, de
la misma forma.
EC - Has hablado de
tres caminos
posibles.
OAB - Ha quedado en
un segundo plano el
tema Unión Europea.
El tema acuerdo con
la Unión Europea
aparece muy poco,
mencionado muy
lateralmente. El
equipo económico no
lo ha tenido como
una prioridad. Más
allá de dificultades
que haya del lado de
la Unión Europea,
quizás la dificultad
mayor ha sido que a
la Unión Europea,
que hasta ahora
viene con la línea
de pregonar acuerdos
bloque a bloque, no
le gusta negociar
con países sueltos
que pertenezcan a
bloques. Negoció con
Chile porque Chile
nunca perteneció a
ningún bloque, pero
no juega a desgranar
o romper un bloque
regional ya
existente. Esto es
un problema para
Uruguay, además de
los problemas
propios de una
negociación, de los
problemas
específicos,
concretos que pueda
tener cualquier
acuerdo. Pero
tampoco se ha notado
ningún esfuerzo de
Uruguay hacia la
Unión Europea, que
en la segunda mitad
de los noventa había
aparecido como
elemento muy fuerte
en la política
exterior.
EC – Entonces; sigue
pendiente la
inserción
internacional de
Uruguay, una
definición.
OAB - Varias cosas
siguen pendientes.
En primer lugar, más
que pendiente lo que
aparece como una
gran necesidad:
Uruguay necesita un
gran debate
nacional, un gran
flujo de ideas, de
intercambio de
posiciones, de
búsqueda de acuerdos
de todo el país. Una
definición de largo
plazo, que cada día
es más urgente.
Sobre todo, Uruguay
no puede dar señales
contradictorias como
en años anteriores,
en particular en el
año 2006, con
respecto al TLC con
Estados Unidos, con
respecto al Mercosur.
EC - ¿Será tema de
campaña electoral?
OAB - Nos quedan
algunas preguntas,
por ejemplo si va a
ser un tema de
campaña electoral.
Puede ser un tema de
campaña electoral
sin que sea tema de
controversia entre
los partidos, puede
ser que los
distintos partidos,
candidatos y
fracciones vayan
posicionándose ante
el electorado con
perspectivas de
futuro, diciendo
“este partido está
pensando cómo debe
ser el futuro del
país y plantea tal
cosa”, y de repente
los planteos
coinciden. Puede ser
un tema de debate en
la precampaña, antes
de la campaña. Pero
debate no como
discusión, debate en
el sentido de
“hablemos de”,
busquemos un
consenso nacional.
Otra pregunta es si
el Frente Amplio no
necesita un debate
muy a fondo de este
tema. Lo necesita
todo el país, lo
necesitan todos los
partidos, pero en
particular el Frente
Amplio, que es el
que más ha exhibido
-sobre todo durante
este gobierno-
líneas diferentes,
con objetivos
finales diferentes e
incluso puntos de
partida diferentes
sobre cuál debe ser
la inserción
internacional del
país. Para un país
chico como Uruguay,
que, pese a todos
los bloques y
organismos que
integra y acuerdos
que tiene, es un
país relativamente
aislado, por
dimensión y por
situación, la
inserción
internacional es un
tema de primerísima
importancia que debe
debatir, Uruguay
debe trazar una
línea, es de los
temas que no pueden
quedar subsumidos en
la polémica de
cuáles son las
candidaturas o cómo
va la carrera
electoral.