EMILIANO COTELO:
Esta semana se ha
hablado mucho de la
decisión del árbitro
Líber Prudente de
suspender el partido
Nacional-Villa
Española el domingo
a la hora exacta
fijada para el
encuentro porque el
equipo de Nacional
no se encontraba
pronto para jugar.
Hoy el politólogo
Oscar A. Bottinelli,
director de Factum,
toma ese tema para
su comentario al
final de la semana,
no para hablar de
fútbol sino para
mirarlo más allá del
fútbol. Es más, el
título que propone
es: “No es una
discusión sobre
fútbol, es una
discusión sobre el
país”.
***
EC – Hacemos una
pausa en el ciclo
que habías iniciado
hace un par de
semanas.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Exacto, iniciamos un
ciclo diciendo que
era sobre los
actores políticos en
el segundo ciclo
electoral del siglo
XXI, pero que no
iban a ser
consecutivos
precisamente para
poder ir mechando
temas de actualidad.
EC – Y este es,
justamente, un tema
de candente
actualidad.
OAB – Es un tema en
el cual se ha
hablado muchísimo
sobre fútbol, pero
nosotros en eso
obviamente, somos
meramente
espectadores del
fútbol. Entonces, el
tema es qué se
manifestó con esa
decisión, y más que
con la decisión, con
la polémica
posterior que es lo
importante.
Empecemos hablando
del reloj. En
Uruguay o en el
mundo, en relación
al reloj y los
horiarios, se puede
decir que hay dos
posturas extremas.
Una es la alemana o
británica, en la
cual si uno dice
15:30, quiere decir
el momento que cae
en el minuto 29 con
59 segundos y marca
el sexagésimo
segundo y el cambio
del minuto. O la
mexicana o caribeña,
en la cual si uno
dice 15:30 quiere
decir que nunca
antes de esa hora y
de ahí en adelante,
en algún momento,
algo se va a hacer o
alguien se va a
encontrar.
Esos son más o menos
los dos criterios, y
como decía un amigo
caribeño, cuando uno
viaja en América
hacia el Sur, el
reloj empieza a ser
algo más que un
adorno.
En este episodio y
en la discusión del
tema se han visto
tres grandes
conductas que están
accesoriamente
relacionadas con la
puntualidad (o al
menos no
exclusivamente),
pero sí relacionadas
con el cumplimiento
de las reglas. Esto
no quiere decir que
ninguna de las
posturas sea la
correcta, porque
cada cual la
sostiene en función
de que esa es la
visión correcta del
mundo.
EC – ¿Cuáles son
esas tres conductas?
OAB – Una es la
concepción de que
las reglas están
para ser cumplidas y
quien debe
cumplirlas (todo
ciudadano), o quien
tiene que hacerlas
cumplir (un árbitro
de fútbol, un
magistrado judicial,
un agente de
tránsito, el que
sea), lisa y
llanamente se sujeta
a ellas. Es decir,
las reglas se
cumplen porque
existen como reglas,
como normas, como
leyes.
La otra postura
extrema sostiene que
hay normas de la
costumbre, normas
consuetudinarias que
están por encima de
las reglas escritas
y que se imponen
sobre ellas. Es muy
habitual decir “lo
que se acostumbra es
tal cosa” o “eso es
por tal otra”. Pero
lo que hay que hacer
es decir “explíqueme
por qué le parece
que está bien
cumplir la ley”; hay
que argumentar que
la ley se cumple no
porque esté escrita,
sino porque a la
persona le parece
bien, porque tiene
sentido común,
porque es lógico
aplicarla y que más
bien hay una
costumbre que es
mejor que la ley.
En la tercer gran
conducta (dentro de
las posturas
intermedias) se han
visto dos tipos de
expresiones no
necesariamente
contradictorias y
hasta combinadas.
Una es cuando se
dice que se va a
aplicar tolerancia
cero, lo cual
sugiere que a
alguien le dicen
“deténgase o lo
mato” y ya le
disparó. De allí
surge algo brutal.
Entonces si se dice
que “la tolerancia
cero se aplica en
todo terreno y en
todo lugar”, lo que
quiere decir es que
si se va a aplicar
la ley, se aplican a
rajatabla todas; y
si no se van a
aplicar todas a
rajatabla, entonces
no se aplica
ninguna.
La otra que se ha
visto, que se ha
desarrollado mucho
más en estos días,
es la que dice que
cuando alguien va a
aplicar una regla
debe valorar qué
efectos tiene, debe
actuar con sentido
común. Esta
concepción considera
que hay un sentido
común (no escrito,
inferido, que emerge
de la cultura de la
sociedad) que
determina que ante
cada situación quien
debe cumplir una
norma o quien debe
hacerla cumplir
valora cuánto de la
norma es correcto
cumplir, cuánto no,
y en qué momento. Es
decir hay un “common
sense”, como si
estuviéramos en el
derecho sajón, que
se superpone con la
regla y hasta puede
estar por encima.
Es un ejercicio
interesante salir
del fútbol,
olvidarse de
Nacional, de Villa
Española, del Parque
Central, del
árbitro; olvidarse
de que se tomó la
decisión en un
partido de fútbol,
de que se trataba de
un acto deportivo. Y
entonces, si se
observa con
detenimiento el
tema, cuando se
escuche a la gente
uno pensará que no
están hablando de
fútbol, que están
hablando de otro
tipo de cosas; se
podrá ver que emerge
la existencia de
corrientes muy
fuertes y diferentes
en la sociedad
uruguaya, todas de
mucho peso sobre la
visión del valor de
la ley y del valor
del cumplimiento de
la ley.
Cuando se observa a
cada uno se ve que
todos tienen cosas
en común: todo el
mundo dice que hay
que cumplir la ley;
todo el mundo dice
que hay que tener
sentido común; todo
el mundo dice que
hay que observar las
consecuencias de
cumplir o dejar de
cumplir la ley. Pero
como ocurre siempre,
llega el momento en
el que hay que
elegir: o se cumple
o no se cumple la
ley, porque si
alguien dice que la
hora es 15:30 y
pasan cinco minutos,
ya no la cumplió. O
prevalece la ley o
prevalece ese
sentido común, o lo
uno o lo otro.
Pero ese sentido
común además tiene
un problema, que es
que no está
expresamente
definido y que
implica que se
supone que todo el
mundo tiene claro
cuáles son esas
normas
consuetudinarias.
El ejercicio que le
propongo a la
audiencia es que se
siga olvidando que
esto era un partido
de fútbol, que se
siga olvidando del
tema del deporte,
los puntos perdidos
y traslade la
observación a la
política. Entonces,
verá que hay actores
políticos
clasificables en
cada una de las
categorías. Si se
observan los
discursos, la
actuación, lo que
dicen o cuando
protestan, hay
actores políticos
que pueden ser
políticos
propiamente dichos,
sindicales,
empresarios y
actores que tienen
que ver con el juego
del poder y están
los que ponen la ley
por encima de todo
con absoluta rigidez
esa categoría se
observa con nitidez.
Está la categoría en
la que consideran
que todo debe ser
flexible, que todo
debe adaptarse, que
en el fondo las
normas se hacen
sobre la marcha y se
cumplen y no se
cumplen y que cuando
alguien apunta “ahí
dice tal cosa”, lo
miran como diciendo
“¿éste de qué
planeta vino que
está invocando que
se cumpla una ley?”.
Hay otra tercer
conducta que también
se puede observar y
en la cual se pueden
reconocer actores
que en un caso
apelan a la ley y en
otro apelan al
sentido común, es
muy frecuente esto.
Y también aparecen
los que predican que
está bien la
tolerancia cero (los
que mencioné en
relación al deporte,
pero aparecen en la
política o en la
sociedad), que dicen
que está bien si se
aplica en todos los
casos y sin ninguna
excepción, pero que
si no se aplica en
todos los casos,
entonces la
tolerancia debe ser
infinita, es decir
que la ley debe ser
absolutamente
elástica.
El tema fundamental
que es el sentido de
esta reflexión y de
la proposición de
este ejercicio es
que la actitud en
estos temas no es
una actitud puntual
sobre algo baladí,
sino que es una de
las más profundas
definiciones
conceptuales o
ideológicas que
puede haber. Y esto
es muy importante en
una sociedad en la
que no se habla
mucho de este tema,
y que está muy llena
de matices. Aquí no
hay un criterio
dominante como sí
existe en otras
sociedades, no es
una sociedad
acostumbrada al
cumplimiento rígido
de la ley; uno diría
que en Uruguay hay
una permanente
oscilación en el
pensamiento
dominante entre
apelar a que las
reglas, los
contratos o la
palabra empeñada se
cumplan y por otro
lado apelar a que
todo es flexible, a
que las cosas se
pueden cumplir o no
según exista o no un
sentido común y
según cual sea el
sentido común.
Este acontecimiento
que parte del fútbol
es el que nos ha
llamado a la
reflexión y lo
importante es
empezar a mirar a
los actores
políticos, a los
actores sociales, a
los actores
empresariales, a
todo el que actúa
entorno al poder y
ver cuál es su
relación con el
cumplimiento de la
regla, con la
rigidez, con la
tolerancia, con el
sentido común y es
un tema muy profundo
para un país.