EMILIANO COTELO:
El Frente Amplio va
camino a una
competencia entre
Danilo Astori y José
Mujica por la
candidatura
presidencial.
Hoy, el politólogo
Oscar A. Bottinelli,
director de Factum,
analiza justamente
esa competencia y
los distintos
elementos de fondo,
de contraposición de
estilos y posiciones
en el partido de
gobierno. El título:
“Algo más que la
diferencia entre la
campera y el traje
con corbata”.
***
EC - ¿Empezamos
hablando de esta
competencia
electoral y cómo se
la ve?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, en principio
hablemos un poco más
en general, de las
formas en que muchas
veces se presenta la
campaña electoral,
que tiende a vérsela
como una especie de
vuelta ciclista.
Parecería que lo que
importa es quién va
adelante, quién va
atrás, qué
porcentaje llevan,
lo cual a lo largo
de los meses puede
ser bastante
aburridor y tiende a
no dársele
relevancia a los
temas de fondo, a
qué es lo que
realmente está
expresando cada uno;
a veces se va a la
anécdota menor y no
a los temas de
fondo.
En general se exhibe
la idea de una lucha
entre personas por
un único cargo, como
un juego de
ambiciones
personales. En esto
hay que hacer dos
precisiones: cuando
uno habla de la
campaña electoral,
una cosa es la parte
final de la campaña
electoral, o la
parte de la campaña
electoral
propiamente dicha,
que es en la que
estamos inmersos ya
desde hace por lo
menos un par de
semanas con los
abandonos de sus
respectivas
funciones de Astori
y Larrañaga. Pero en
realidad el proceso
de toma de
decisiones de la
gente es un proceso
absolutamente
continuo, donde la
gente está todo el
tiempo -digamos los
cinco años de una
etapa más los cinco
años de otra-
observando a los
partidos, observando
a la gente y
formando posición
sobre ello. En
última instancia, la
campaña electoral
termina dirigida
hacia una minoría
que es la que no ha
formado la decisión.
Otra cosa importante
que hay que tener en
cuenta es que la
gente puede que no
tenga conocimiento a
fondo del programa
de un partido, del
programa de un
candidato. Uno diría
que muchas veces ni
siquiera los propios
allegados tienen el
conocimiento, o a
veces el partido
elabora un programa
y el propio
candidato ni
siquiera lo conoce a
fondo.
Pero si por programa
entendemos más que
programa lo que es
la visión global que
tiene alguien -un
partido, un sector
político, un
candidato- sobre la
vida, sobre la
sociedad, sobre cómo
le gustaría que
fuesen las cosas, yo
diría que hay una
evaluación muy
directa, una empatía
muy fuerte entre el
segmento del
electorado que sigue
a un partido, que
sigue a un sector,
que sigue a un
candidato y ese
partido, ese sector
o ese candidato.
Y los estilos
personales es un
tema muy importante,
no es solamente un
problema de
estética, no es
solamente un
problema de moda.
Quiérase o no los
estilos -pero no
sólo la vestimenta-
las posturas
corporales, el
lenguaje que se usa,
son formas de
expresar esa
ubicación que se
tiene en la vida, en
la sociedad.
EC – ¿Por ahí viene
el título que habías
elegido para hoy?
OB – Claro, acá
viene el título
porque a veces se lo
ve como un tema
meramente de estilos
en el sentido más
superficial del tema
y no en el sentido
más profundo que
esto significa. Cada
uno está exhibiendo
maneras distintas de
ver las cosas o de
situarse ante las
cosas. En general la
gente, todos -no
estoy hablando sólo
de los políticos-
somos mucho más
transparentes de lo
que creemos.
Exhibimos lo que
pensamos, lo que
somos, lo que
hacemos, nuestras
virtudes y nuestros
defectos, mucho más
de lo que creemos.
En resumen, una idea
que yo tengo muy
firme: la gente en
general cuando elige
el voto sabe muy
bien lo que elige,
aunque uno diga que
no tiene mucha idea
de cómo va a ser el
futuro económico del
país dentro de dos
años, cómo van a
estar las finanzas,
o qué propone un
partido sobre un
tema específico;
pero tiene
exactamente idea de
hacia donde vota.
EC – ¿Entonces tú
vas a hablar ahora
de lo que hay detrás
de la campera por un
lado y el traje y la
corbata por otro?
OB – Sí y mucho más
que eso, porque lo
definitiva lo que
importa aquí no es
sólo una
contraposición
Mujica-Astori, sino
unas diferencias en
el Frente Amplio;
diferencias de
valores, no
solamente
diferencias de cómo
aplicar una ley
determinada, que ya
vienen de antes pero
que se han visto en
estos cinco años.
EC – ¿Podemos
revisar entonces
cuáles son esas
diferencias? ¿Has
hecho un listado?
OB – Sí, primero
aclaremos una cosa.
Todo partido tiene
matices, y por lo
tanto no se mide en
“qué dividido está
el Frente”, o “lo
que pasa que el
Frente no es un
partido, es una
coalición”. Eso es
un simplismo que
revela poco
afinamiento de lo
que son los partidos
políticos en el
Uruguay.
En primer lugar, se
está viendo en el
Frente -se vió a lo
largo de estos años
en cómo encarar el
tema de la pobreza-
una diferencia sobre
el concepto del
valor del trabajo.
Es decir, entre la
vieja tesis de la
exaltación del
trabajo como algo en
sí mismo, donde ser
trabajador tenía una
virtud per se y el
hombre tenía que
buscar ser el mejor
trabajador, versus
la teoría de que el
hombre debe
defenderse en la
vida como pueda,
aplastado por la
sociedad, y que
tiene que elegir las
estrategias de vida,
sea trabajar, pedir
e incluso robar.
Hace poco un jerarca
de gobierno
consideró que hay
circunstancias que
ameritan robar.
Un segundo tema -que
es muy fuerte- tiene
dos facetas. Uno
entre la competencia
y el igualitarismo.
Se vió durante mucho
tiempo, en la
enseñanza por
ejemplo, que no se
podía estimular a
los maestros o a los
docentes si esos
estímulos no se
daban a todo el
personal de la
enseñanza incluyendo
al personal de
apoyo, al personal
de servicio y al
personal
administrativo,
porque se
consideraba que
todos eran iguales y
tenían los mismos
derechos o las
mismas necesidades.
Precisamente esto ha
ido cambiando en los
últimos aumentos
presupuestales que
se dieron dentro de
la Universidad de la
República. Hubo una
diferenciación entre
los docentes e
investigadores por
un lado y el
personal de apoyo
por otro.
Esta es una
discusión de cuánto
debe haber de
igualitarismo,
cuánto de
competencia, de
diferenciación, que
tiene que ver con
calidad o cantidad;
apostamos a algo
selectivo o
apostamos al
conjunto de la
gente.
En teoría -una vez
me lo decía Hugo
Cores- uno no puede
renunciar a la
utopía de lograr las
dos cosas. Lo que
ocurre es que en el
momento de gobierno
hay que renunciar
siempre al tomar la
decisión. En ese
momento hay que
privilegiar la
cantidad o la
calidad; privilegio
que la gente
compita, mejore,
haga las cosas mejor
o atiendo a todos
por igual porque
todos tienen iguales
necesidades. Este es
un gran debate que
tiene la izquierda
en el debe.
EC - ¿Qué otros hay?
OB – El tema que más
se ha debatido en lo
formal: la apertura
al mundo, la región,
la inserción
internacional del
país.
Otro tema tiene que
ver con la relación
de las clases
sociales, con lo
difuso que es el
tema. No conocemos
los límites de cada
categoría pero más o
menos tenemos idea
de qué hablamos
cuando hablamos de
los pobres, o cuando
hablamos de los
trabajadores, o
cuando hablamos de
la clase media, de
los empresarios o de
las multinacionales.
A quién apostar,
cómo apostar y con
qué fuerza, es un
gran debate. Sin
ninguna duda en la
izquierda no todos
piensan igual.
Es muy clara la
apuesta a las
multinacionales, a
la inversión, a las
empresas, que ha
formulado el equipo
económico que
condujo Astori. Es
muy fuerte la
apuesta a la pobreza
que hacen muchos
sectores del Frente
Amplio, o a los
trabajadores
entendidos como los
sectores
asalariados. También
se ha señalado
muchas veces - lo
que ha molestado a
mucha gente del
Frente- cómo la
clase media y el
empresariado pequeño
y mediano nacional
ha sido el menos
atendido por este
gobierno.
Precisamente el
discurso del nuevo
ministro de Economía
apunta a decir que
hay que poner el
foco en estos
sectores.
En una lista que
estoy haciendo -un
poco desordenada, no
es que se buscó
hacer toda una tesis
sobre el tema- hay
aspectos políticos
importantes. Uno es
la democracia; si se
adhiere a la
democracia en la
forma más clásica,
en la forma que se
llama democracia
liberal, de la
democracia política,
o se considera que
la verdadera
democracia va por
formas distintas.
Que el uso más
intensivo es la
democracia directa,
es decir, los
plebiscitos, los
referéndums, o lo
que se ha llamado la
democracia
participativa que en
general es una
expresión que no
tiene una única
forma de
estructuración, ni
es muy claro a qué
se está refiriendo,
porque a veces se
habla de democracia
participativa
hablando de
conceptos
diferentes.
Pero sin ninguna
duda lo que es claro
es que hablar de
democracia
participativa,
democracia directa,
o democracia
representativa con
elementos directos,
es hablar de cosas
diferentes. Es
hablar del papel de
los partidos
políticos, de cuál
papel se le asigna a
los partidos, cuál
se le asigna a las
fuerzas sociales -
en particular al
sindicalismo - y
cuáles a -lo que ha
tenido mucho auge en
los últimos tiempos,
sobre todo en los
discursos políticos
e ideológicos- la
sociedad civil.
EC – ¿Completamos
una lista de
diferencias que se
dan dentro del
Frente Amplio y que
están detrás de la
elección de un
candidato también?
OB – Completando la
lista uno diría que
está el papel del
Estado y del
mercado, el papel de
la libertad
individual, el
privilegiar el
consenso sobre los
valores medios de la
sociedad y
considerar que lo
que salga de esto no
debe tener demasiado
recibo, o el derecho
al disenso aunque
sea extremo y choque
contra los valores
medios de la
sociedad.
El tema que sigue
presente es si lo
que se está buscando
es el cambio de una
misma sociedad o una
revolución que
cambie la sociedad
en sí misma.
E incluso ha
aparecido
últimamente el valor
de la laicidad en el
sentido clásico,
sobre la religión y
el valor de la
religión, que este
gobierno ha tenido
algunas
manifestaciones
diferentes a la que
ha sido la postura
clásica del Frente
Amplio.
EC – ¿Alcanza con un
acuerdo sobre el
programa?
OB – Lo decía un
dirigente que ha
ocupado cargos muy
altos en el Frente y
en la representación
nacional: el Frente
Amplio ha sido
maestro en los
consensos
manuscritos, es
decir, en lograr
textos que estén
redactados de tal
manera que después
cada cual sigue
pensando lo mismo.
Pero además aunque
el programa pueda
estar relativamente
claro, siempre hay
una distancia entre
el programa y el
aterrizaje del
programa.
Si analizamos esta
gestión de gobierno
podrá discutirse
cuánto no se cumplió
el programa en
algunos temas, pero
notoriamente lo más
importante que hizo
este gobierno en
materia de educación
-que fue el programa
que se le llamó Plan
Ceibal, el de One
Laptop Per Child
(una computadora por
niño)- no estaba ni
imaginad en el
programa, no surgió
de los cuadros
técnicos. La reforma
educativa en otros
aspectos casi no ha
avanzado. Y la
reforma tributaria
que terminó
impulsando el
gobierno, fue
elaborada por
técnicos no
frentistas y no
tenía mucho que ver
con lo que se había
concebido en el
propio Frente Amplio
en su programa.
También están los
silencios del
programa. Un tema
clave en este país,
polémico, como el
aborto, no aparece
propiamente en el
programa con la
claridad que implica
una definición. A
unos le parece que
está claro pero
otros dicen “no,
esto quiere decir
otra cosa”.
El tema final, es
que más allá del
acuerdo sobre el
programa -que se ha
hablado mucho-,
siempre termina
importando en el
programa efectivo
que un gobierno
realiza, quién va a
ser el presidente
-porque el papel del
presidente puede ser
muy fuerte-, cuál va
a ser el juego de
fuerzas en el
Parlamento. En
general, pero en
particular en la
izquierda, cuál es
el juego de las
distintas fuerzas en
la calle, en la
movilización
popular, en la
movilización social
y en otros centros
de poder, en el cual
no es nada menor el
sindicalismo en
general y algunos
sindicatos en
particular.
Del juego de todas
estas fuerzas en
sentido físico, es
que realmente surge
para dónde va un
programa.