EMILIANO COTELO:
¿Cuánta gente va a
votar en las
elecciones del 28 de
junio? ¿Son
verdaderamente
elecciones internas
de los partidos?
¿Votan sólo los
activistas de un
partido, o vota la
gente en general?
Estas preguntas son
las que dan pie al
análisis de hoy, del
politólogo Oscar A.
Bottinelli, director
de Factum.
El título que nos
propone: “Entre
elecciones internas
y elecciones
generales”.
***
EC - ¿Por qué este
tema? ¿Por dónde
viene?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Hay una discusión en
las estrategias de
campaña de las
distintas
candidaturas y
grupos políticos, de
los distintos
dirigentes, sobre a
quién hay que
dirigirse en estas
elecciones. Es
decir, si es una
elección donde van a
votar solo los
blancos como hueso
de bagual, los
frenteamplistas de
comité, o es una
elección donde van a
votar más o menos
todas las categorías
de ciudadanos en
relación a las
adhesiones políticas
y por lo tanto es
una elección en la
que los discursos no
varían demasiado de
los que corresponden
a una elección
nacional.
Entonces, el tema es
que hay una cifra
para situar porque…
EC – ...¿Cifra de
antecedentes?
OB – Cifras de cómo
se puede componer o
se compone el
electorado de las
elecciones del 28 de
junio. En las
elecciones
nacionales pasadas
-las de octubre de
2004- votaron
2.230.000 personas.
En estas elecciones
que nosotros
llamamos
preliminares, un
poquito menos de la
mitad: 1.073.000.
Acá viene una
primera pregunta;
votó exactamente el
48,5% de los que
votaron en octubre,
¿la mitad del país
es activista de los
partidos políticos?
La verdad es que
sería una tasa
extraordinaria en el
mundo, ferozmente
extraordinaria.
Cuando buscamos
otros datos,
nosotros nos
encontramos que, por
ejemplo, en las
elecciones de
afiliados del FA
votaron 214.000.
¿Cuántos votarán el
próximo 28 de junio?
Hoy es muy difícil
saberlo, porque
entre otras cosas,
todavía no están
definidas las
candidaturas.
EC – Y ese es un
factor muy
importante, claro.
OB – Claro, una cosa
es que haya una
competencia estelar,
como se veía hasta
hace diez días:
Astori-Mujica de un
lado, Lacalle-Larrañaga
de otro, más la
competencia del
Partido Colorado,
que hacía que por
todos lados hubiera
un fenomenal
atractivo para ir a
votar el 28 de
junio. Otra es que
haya, como ocurrió
en el 2004, un solo
partido grande
importante
definiendo la
candidatura y el
otro no, donde va a
haber un segmento
importante de la
sociedad en que para
ir a votar un
candidato ya
definido, no va.
La última Encuesta
Nacional Factum -con
el escenario de que
se van a definir
todas las
candidaturas- dice
que va el 52%
seguro. Por ahora es
un poquito más alto
que en períodos
anteriores, pero
también venía una
expectativa mucho
más alta que en
elecciones
anteriores.
EC – ¿Y hay alguna
diferenciación por
edad, por nivel
socio-económico?
OB – Esto es lo
interesante: no hay
demasiadas
diferencias ni por
edad, ni por nivel
socio-económico, ni
por nivel educativo,
ni sexo, salvo que
van un poquito más
los jóvenes que los
mayores, pero con
poquito énfasis nada
más. Los más mayores
-voto voluntario,
invierno-, se
retraen un poquito,
los más jóvenes
siempre tienen un
poco más de
entusiasmo en la
participación.
El corte más claro
que se ve es que los
más interesados en
política van en
mayor proporción que
los que dicen que no
tienen interés en
política.
EC – Eso es lógico
¿no?
OB – Sí pero resulta
que de los que les
interesa la política
va el 60%, y de los
que dicen que la
política no les
interesa va el 40% a
votar; es una
proporción
elevadísima.
Recordemos que los
interesados en
política hoy en
Uruguay son el 54%
del país, es un país
altamente
politizado. Los no
interesados, o más o
menos interesados,
en conjunto son el
46%. Los no
interesados
propiamente son el
35%. Es decir, más
de la mitad está
interesado en
política, a un
poquito más de un
tercio no le
interesa la
política.
Lo otro importante
es que la proporción
de gente de un
determinado partido
que va a votar es
más o menos
parecida. Esto es
interesante, no es
que tienen -por
ahora- mayor énfasis
en ir a votar los de
un partido que los
de otro. Esto va a
cambiar si hay
competencia reñida
en un partido y no
hay competencia en
otro.
EC – ¿Qué se
entiende por
activista, por
militante?
OB – En las
elecciones de
afiliados del FA
-que no se puede
decir que todos los
que fueron ahí eran
gente que uno
calificaría de
militantista, sino
una persona que
tiene un nivel de
adhesión como para
que una vez, cada un
montón de años, ir a
un comité de base a
votar- fueron
214.000, el 19% del
total de votantes
que había tenido el
Frente. Es decir, 1
de cada 5 votantes
del Frente va a una
elección de comité
de base. Menos de la
mitad de esto
votaron a delegados
de base, lo cual ya
implica ser más
militante, tener
alguna mayor sobre
militantes a nivel
de base a los cuales
ir a votar.
Decir que 1 de cada
5 es un activista es
una medición muy
generosa, pero aún
así, es la quinta
parte del total del
electorado
frentemplista. Por
lo tanto, si del
Frente votaron en
octubre pasado
1.130.000, si va a
votar la quinta
parte en las
internas de comité
de base resulta que
la distancia que
tenemos es enorme.
Los que van a ir a
votar en junio
serían en principio
dos veces y media
más que los que
votaron en las
elecciones de comité
de base. Si todos
los que van a
elecciones de comité
de base decimos que
son activistas, hay
una vez y media más
que esos que no son
activistas, que no
se acercan a un
comité de base hace
cinco años, que
están lejísimos de
la calidad de
activistas, aunque
sí pueden ser muy
interesados en
política.
En los partidos
tradicionales el
análisis es el
mismo. En el mejor
de los casos tienen
el mismo activismo y
militantismo que el
FA, probablemente un
poco menos.
Quizá el Partido
Colorado tiene un
activismo muy alto,
porque al estar muy
bajo en votos lo que
le queda es un
núcleo muy duro.
El Partido Nacional
está un momento muy
efervescente, pero
no va a superar al
FA.
El resumen es que 6
de cada 10 personas
que votan en junio
no son activistas de
un partido, no se
relacionan con el
partido a través de
comités de base, ni
de clubes, ni de
militantes, ni de
dirigentes, ni de
caudillos.
EC – ¿Y eso qué
consecuencias tiene
para contestar la
pregunta que tú
dejabas puesta ahí
al principio del
análisis, esa
pregunta que se
hacen los estrategas
de las campañas
sobre a quién hay
que dirigirse con el
mensaje?
OB – Lo que hay que
ver entonces es que
en general ese
discurso que
llamamos internista
-de conmover los
aspectos como
“defendamos al
partido”, “logremos
que nuestro partido
logre tal cosa”, es
decir, el
sentimiento de
defensa de una
colectividad como
elemento en sí mismo
y no tanto de los
problemas del país,
o el de tensar las
fibras emocionales
de la gente- llega a
menos de la mitad
del electorado que
concurre el 28 de
junio a las
elecciones. Llega
por supuesto a un
segmento importante,
podría llegar hasta
a los cuatro décimos
de los que van el 28
de junio,
probablemente a
menos porque estamos
manejando una forma
muy generosa de
contar la calidad de
activistas.
Hay seis décimos que
más bien [les
llegan] los temas
nacionales, los
temas sociales, o
los temas
personales, o cómo
ve o le gustaría que
fuera el país, o la
situación, el mundo,
temas específicos de
educación, de salud,
que lo van a definir
más en quién le
gustaría que fuera
el candidato, sobre
todo acá que se va a
definir la
candidatura
presidencial de cada
partido.
Sin embargo esto
está dividido. Hay
estrategias y sobre
todo en los niveles
medios de dirigentes
se tiene una visión
de que acá hay que
dirigirse a los más
firmes, a los que
tienen para decirlo
vulgarmente “la
camiseta puesta todo
el tiempo”. Y este
es un tema dudoso
porque estamos
viendo que hay mucha
gente que no se guía
por esos parámetros
y vota el 28 de
junio, entre otras
cosas porque no son
elecciones internas,
son elecciones
generales donde
participa todo el
electorado. Y además
si se diese -ahora
parecería que está
cambiando el viento-
que compitieran
Astori-Mujica y
Lacalle-Larrañaga,
no hay que creer que
la gente va a tener
un proceso de
razonamiento del
tipo: “primero
decido el Partido
Nacional y luego,
ahí adentro, elijo
entre Lacalle y
Larrañaga”, sino que
mucha gente va a
estar pensando “me
gusta Astori, me
gusta Lacalle, me
gusta Larrañaga, me
gusta Mujica”.
Es casi como cuando
había doble voto
simultáneo. Por lo
tanto hay mucha
gente que va a ir el
28 de junio porque
tiene un fuerte
interés por
participar en
política, y donde
haya candidaturas y
competencias fuertes
en todos los
partidos, puede
estar dudando entre
votar a uno de un
partido y a otro de
otro partido.
Esta es la
aproximación que
queríamos hacer para
situar los problemas
de estrategia y de
naturaleza que va a
haber respecto a la
elección del 28 de
junio.