EMILIANO COTELO:
Entre el proceso
fundacional del
Frente Amplio (FA)
en 1970 y 1971 y el
día de hoy, no sólo
han transcurrido
casi cuatro décadas
sino que se han
producido cambios
sustantivos en su
naturaleza política
desde el punto de
vista de su
concepción
estructural.
Este es el llamado
de atención que hace
el politólogo Oscar
A. Bottinelli,
director de Factum,
que nos propone como
título para su
análisis de hoy:
“Los problemas
inéditos que afronta
el FA”.
***
EC – ¿Por dónde es
que vamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar,
diferenciemos lo
siguiente: un
partido puede ir
cambiando
ideológicamente sus
postulados, sus
programas, en forma
más profunda menos
profunda. Otro tema
son los cambios que
produce en su
concepción de
partido, en relación
a sí mismo, en
relación al
gobierno, en
relación a sus
afiliados o a su
electorado, es decir
lo que tiene que ver
con la estructura, y
por supuesto de esto
se deriva lo que
tiene que ver con
definición de
candidaturas, y la
forma de
presentación en una
campaña electoral; a
esto nos referimos.
¿Cuáles fueron los
elementos centrales
de la definición del
papel de partido
desde que surgió el
FA que se
mantuvieron hasta la
década de los 80? El
FA era un partido
con autoridad
central -autoridad
central en el
sentido no sólo
formal sino que las
decisiones surgían
de esa autoridad-;
con un liderazgo
común -liderazgo en
el sentido no sólo
de un referente sino
que ese liderazgo
impulsaba las
decisiones- y, en
forma más individual
o más colectiva,
esas decisiones son
las que tomaba el
conjunto; y
claramente el
mandato imperativo:
cuando el FA decidía
ir para un lado todo
el FA iba para ese
lado, aún los que
estaban en
discrepancia y en
minoría.
Un segundo aspecto
es que el partido es
uno y no una
coalición o suma
accidental de
fracciones. Esto no
tiene nada que ver
con que el FA surge
como una federación
o una alianza de
distintos grupos
políticos, sino en
el funcionamiento
político. Es decir,
no una coalición
accidental de
fracciones como ha
pasado, por ejemplo,
en algunas etapas de
los partidos
tradicionales, que
uno puede estar en
el gobierno otro en
la oposición, otro
mitad en el gobierno
y mitad en la
oposición, sino
donde las fracciones
se mueven como parte
de un todo jugando
adentro y el que
decide es ese todo.
Un tema claro era la
concepción de que la
estructura del
partido, la
estructura del FA,
tenía como un
objetivo sustancial
la acción política
permanente. Es
decir, que la
convocatoria que
hacía la estructura
a la gente y su
propio
funcionamiento no
era para ponerse en
marcha en instancias
electorales sino
para estar
discutiendo
debatiendo y tomando
decisiones a lo
largo de los cinco
años de la acción de
gobierno.
Yo diría que la
frase es esta: “el
partido decide
internamente qué es
lo mejor para el
partido o para lo
que el partido
representa”. La
convocatoria no es
hacia fuera sino
hacia adentro, es su
estructura, son sus
afiliados los que
deciden. Este fue un
concepto bastante
dominante en el FA y
en toda la
izquierda, el
partido elige su
propuesta electoral,
vale decir, a través
de esa estructura de
sus autoridades sale
cómo se va a
presentar a
elecciones lo cual
implica cuáles y
quiénes son los
candidatos.
Y por otro lado, un
concepto de que sus
miembros están
subordinados al
interés general del
partido. Si el
partido político
dice “usted debe ir
a tal candidatura”,
se limita el derecho
de la persona a
aceptar o no aceptar
esa candidatura,
dice “bueno, yo soy
del partido, el
partido quiere que
vaya ahí, ahí voy”.
EC – Así que
entonces esas eran
las grandes
características del
papel del partido
desde que surge el
FA hasta la década
de los 80, y después
hubo cambios.
OB – En estos
cambios siempre es
muy difícil decir
que cambió tal día o
tal fecha, son
cambios que se van
procesando
gradualmente, pero
hasta la década de
los 80 -yo diría
hasta que vienen las
elecciones en 1989-
no hay duda de que
el FA sigue
manteniendo estas
características.
EC – ¿Y qué
modificaciones se
producen después?
OB – Las
modificaciones son
bastante
importantes. La
primera: hay un
cambio crucial en la
relación
partido-gobierno.
Del concepto básico
que establece que el
partido manda al
gobierno se pasó a
la autonomía del
gobierno respecto al
partido. Este es un
fenómeno muy común
en el Partido
Colorado y algo en
los períodos del
Partido Nacional. El
FA, sin mucha
discusión, tuvo una
cierta disociación
entre lo que hacía
en la intendencia y
lo que seguía
proclamando. Tan
adelante como 1997
Tabaré Vázquez
vuelve a proclamar
el concepto de que
el partido es el que
toma las decisiones
en relación al
gobierno -estando
obviamente ese
partido en el
gobierno- y, sin
embargo, desde que
asume el FA la
Intendencia de
Montevideo, se
consideraba que las
decisiones de la
intendencia eran
autónomas y que el
papel del FA era
respaldarlas y
mandatar solamente a
los ediles.
Este concepto de
autonomía del
gobierno llegó a un
extremo cuando
Tabaré Vázquez hace
poco salió a marcar
que no hay un
cogobierno, diciendo
como que acá
gobierna el gobierno
y no la fuerza
política, lo cual es
una tesis muy
razonable muy
lógica, como también
es lógica la otra,
son concepciones
diferentes.
Lo importante es
señalar que esto
implicó un giro de
180 grados y
aproximó al FA en lo
que había sido la
praxis tradicional
de los partidos en
relación al
gobierno.
Quedó acá el tema en
relación al
Parlamento, porque
ahí sí siguió la
idea de que es el FA
el que debe mandar a
la bancada
parlamentaria lo
cual se fue
debilitando a lo
largo de estos años
de gobierno con
mucha claridad. El
concepto de acción
política permanente
del FA, en que la
estructura política
está permanentemente
actuando y tomando
las decisiones,
queda debilitado
después de que
ocurren las otras
dos cosas. Si el
partido ya no está
conectado
directamente con el
gobierno, la acción
política permanente
podrá existir o no
pero ya no para
tomar decisiones de
gobierno.
Lo mismo desde el
punto de vista del
tema electoral, en
la medida que se va
debilitando el
concepto de
funcionamiento
central.
El otro cambio
quizás importante es
que los sectores ya
empiezan a
autonomizarse en su
forma de acción
hacia fuera. En este
gobierno, en la vida
parlamentaria algún
sector decía “yo
está ley no la
voto”. Después eso
se agrandó un poco
más, aunque siguió
predominando en el
FA la idea de que el
Frente tenía que
votar
monolíticamente pero
uno diría
“sujetado”, es
decir, ya en el
borde de que los
sectores pretendan
una acción propia.
Esto ya le pasó al
FA en los procesos
que caminaron hacia
la escisión de la 99
y el PDC en el año
89, pero producida
esa ruptura el FA
había vuelto a la
concepción más
central.
Y lo otro que se ve
es que los miembros
actúan en función de
sus propios
cálculos, sus
propias estrategias
o de lo que definen
por sí mismos y el
interés general del
partido pasa a un
nivel un poco menor.
EC – ¿Y qué pasó por
el lado de la
estructura de
fracciones del FA?
OB – Acá lo que se
observa es que este
es un proceso
general del Uruguay,
en otro momento
haremos un análisis.
Aquí lo que aparece
muy fuerte es que de
aquellas fracciones
que en el Uruguay
han ido
desapareciendo
-pensemos en el
Movimiento Nacional
de Rocha como una
fracción muy
importante-, de tipo
permanente y
despersonalizadas
-despersonalizada en
el sentido de que no
iban atrás de un
gran caudillo sino
en una conjunción
colectiva con una
adhesión más
institucional-, de
ese tipo que marcaba
más bien la
estructura de toda
la izquierda y del
FA, se ha ido
pasando -y lo
estamos viendo en el
proceso de
reagrupamiento de
estas semanas y de
estos días- que ya
empiezan a formarse
grandes corrientes y
grandes
agrupamientos más
puntuales -puntuales
en el sentido del
período quinquenal
que marca los ciclos
o las etapas
políticas-, y que
estas corrientes de
agrupamiento
empiezan a formarse,
igual que en los
partidos
tradicionales, en
torno a un
candidato. Es decir
que las candidaturas
provocan –esto ha
sido muy claro en el
Partido Nacional y
en el Partido
Colorado– que cada
cinco años se
produzcan
alineamientos y
realineamientos en
función de
candidaturas. Esto
empieza a verse en
el FA e incluso -no
digo que ocurra- los
juegos de
candidaturas
empiezan a
comprometer la
propia existencia de
los grupos
políticos, por lo
menos como grupo
unido o como grupo
monolítico. Los
temas de candidatura
empiezan a corroer
la unidad en algún
grupo político, y
esto afecta
fundamentalmente al
FA.
Esto no tiene nada
que ver con el
concepto de fondo,
que el FA pasó de
ser una federación
de partidos
políticos y grupos
políticos
independientes a ser
sociológicamente un
partido, donde el
electorado se siente
directamente
frenteamplista,
adhiere a una
simbología, se
siente parte del
partido, se siente
frenteamplista, ese
es otro fenómeno.
Acá estamos sabiendo
como se expresa eso
desde el punto de
vista de la
estructura y desde
el punto de vista de
los funcionamientos
políticos. El FA ha
entrado en un juego
mucho más abierto
internamente, donde
las instancias
electorales y las
candidaturas
empiezan -como no
había sido
anteriormente- a
impactar en su
propia estructura,
en su propia forma
de alinearse, de
conformarse y
rearmarse corrientes
internas, en la
gente o en los
grupos.
EC – Este es uno de
los tantos cambios
que lo ha ido
acercando a los
partidos
tradicionales en
cuanto a su
funcionamiento.
OB – Exacto, lo que
en Uruguay se llama
-en un sentido muy
peculiar de la
palabra- la
“tradicionalización”
del FA, pero
tradicionalización
no referido a
tradiciones sino
referido a formas de
praxis políticas
similares a la de
los partidos
tradicionales.