EMILIANO COTELO:
El martes falleció
el ex presidente
argentino Raúl
Alfonsín, el padre
de la transición en
el país vecino.
Hoy, el politólogo
Oscar A. Bottinelli,
director de Factum,
toma esta noticia,
no tanto para un
análisis sino para
recordar un
episodio. Un
episodio ocurrido la
noche en que se
conoció el asesinato
de Zelmar Michelini.
***
EC – ¿Cambiamos la
tónica hoy?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Yo creo que en
Uruguay en materia
política nos estamos
volviendo un poco
provincianos y no
miramos tanto al
mundo como
deberíamos mirar, al
revés de lo que
ocurre en materia
económica que se
mira muchísimo al
mundo.
Esto no es un
análisis, es más
bien un testimonio
personal de una
vivencia de hace
casi 33 años, en
Buenos Aires, que
tiene un corolario
de toda una visión
histórica.
EC – ¿Cómo
empezamos?
OAB – Ocurrió una
fría y brumosa noche
del sábado 22 de
mayo del 76. Esa
noche aparecieron
los cuerpos de
Zelmar Michelini y
el “Toba” (Héctor)
Gutiérrez Ruíz en un
auto abandonado en
la entonces esquina
–hoy pasa por encima
una autopista- de
Perito Moreno y
Directorio, en
Capital Federal.
Recuerdo que
estábamos en la casa
del Toba, con
Wilison Ferreira,
Juan Raúl
(Ferreira), Oscar
López Balestra y por
radio nos enteramos
de la noticia.
Ya se venían
haciendo gestiones,
vinieron gestiones
posteriores, hubo
una intervención
importante de
Federico Fasano
buscando donde
estaban los cuerpos,
hizo el
reconocimiento, todo
un gesto que lo
obligó a irse al
exilio a México.
Zelmar vivía en el
Hotel Liberty desde
su exilio y vivía
también con él
Zelmar Michelini
hijo -alias Chicho-
un periodista luego
radicado en París.
Esa noche, después
de haber estado en
el hotel Liberty con
Wilson, Juan Raúl y
toda otra gente,
quedamos Chicho y yo
y cae Raúl Alfonsín
acompañado del
ingeniero Roulet,
muy amigo de Zelmar
quien también tenía
una relación
importante con
Alfonsín. Además, en
esos días después
del secuestro
–ocurrido el martes
18– había
intervenido en
algunas gestiones el
estudio de Raúl
Alfonsín, y un
abogado socio de
Alfonsín estuvo
haciendo gestiones y
averiguaciones.
En esa noche, ya
madrugada, del 23,
durante esas
conversaciones que
se producen, además
del impacto de la
tragedia en sí misma
del asesinato de
Zelmar y del Toba,
Alfonsín vislumbró
en ese hecho un
futuro muy negro
para lo que venía o
estaba ya viniendo
en Argentina.
Y con esa pasión que
teníamos todos los
exiliados, que
siempre empezábamos
a hablar sobre “cómo
termina esto, de
aquí cómo se sale”
-y recién se
entraba-, Alfonsín
hace una comparación
con Grecia. Conviene
recordar además que
Alfonsín en ese
momento era el líder
de la minoría dentro
de la Unión Cívica
Radical, el poderoso
segundo partido de
Argentina. El líder
era Ricardo Balbín,
él encabezaba el
Movimiento
Renovación y Cambio
que se había alzado
como una propuesta
más juvenil en busca
de una renovación
más izquierdizante
incluso de la
conducción de
Alfonsín.
Esto viene a cuento
por lo siguiente: en
Grecia, en el verano
boreal del 74, es
decir un poco menos
de dos años antes,
la dictadura de los
coroneles, que ya
llevaba su buen
tiempo, invade
Chipre. Chipre, un
territorio que desde
una óptica griega y
desde la óptica de
algunos
greco-chipriotas era
una parte de Grecia,
tenían que unirse
–mediante lo que se
llamaba la
“enosis”–. Los
coroneles griegos,
en una situación
difícil en ese
momento de la
dictadura con
grandes protestas
estudiantiles, con
un malestar
generalizado,
invaden Chipre.
Derrocan al
presidente
greco-chipriota
izquierdizante el
Arzobispo Macario
III, proclaman la “enosis”,
viene la réplica de
Turquía que
reclamaba Chipre
también, y la
derrota militar de
Grecia. Es el fin de
la dictadura de los
coroneles; ninguna
dictadura militar
resiste la derrota
en el plano militar.
Esto termina con el
llamado de los
coroneles a
Constantino
Karamanlis, el líder
del Partido de
centro-derecha, que
había sido un par de
años antes de la
dictadura el primer
ministro de Grecia.
EC – ¿Por qué
aparecía ese tema?
¿Por qué aparecía
Grecia en esa
conversación en esas
circunstancias tan
particulares?
OB - La visión de
Alfonsín sobre la
salida en Argentina
era algo parecido,
era la réplica de
Grecia. Primero la
necesidad de la
paciencia, de
oponerse a la
dictadura, de
resistirla, de no
ceder a ella,
sabiendo que esto
iba a llevar su
tiempo, pero que esa
larga espera
implicaba la
inevitable caída de
la dictadura
militar. Recuerdo
una frase de
Alfonsín: “Y ahí
ocurrirá como en
Grecia, tendrán que
llamar a Karamanlis
y el Karamanlis será
Balbín”.
Quizás aquella noche
Alfonsín no pudo
prefigurar -o quizás
sí lo intuyó- que la
caída de los
militares argentinos
iba a ser mucho más
parecida de lo
imaginable a la
caída de los
militares griegos,
precisamente por un
acto militar de
invasión en un
territorio reclamado
como propio o de un
territorio propio
-como se quiera
llamar- y que con
eso, como acto
desesperado de
sostenimiento de
poder creando un
fervor patriótico,
sobrevendría la
derrota militar y la
caída de la
dictadura.
Realmente es difícil
que Alfonsín hubiera
prefigurado
exactamente esto,
pero algo
prefiguraba cuando
traía el ejemplo de
Grecia para señalar
el futuro argentino.
Lo que seguramente
no pudo intuir fue
que cuando esa
dictadura cayera
Balbín ya estuviese
muerto y el
Karamanlis, aunque
no en la forma de
Grecia –no fue
llamado por lo
militares sino que
ganó en una
elección– fuese el
propio Raúl Alfonsín,
el hombre de la
transición.
Yo, que era joven en
aquel momento, fui
impactado por esa
idea de que las
cosas tienen su
tiempo, que hay una
espera que no
implica hacer ningún
tipo de concesiones
y que muchos de los
golpes militares,
más tarde o más
temprano, tienen en
sí mismo la semilla
de la derrota porque
en algún momento
hacen cosas
desesperadas para
conservar un poder
que ya no se
sostiene por sí
solo. Además, lo
importante de
conservar una fuerza
política y un
liderazgo moral para
poder estar prontos
al relevo y a la
transición, que le
tocó precisamente
hacer cuando creía
que lo iba hacer a
quien él combatía
dentro de su partido
pero entendiendo que
en ese momento podía
ser una necesidad
histórica.
***
EC – Pero aquel no
fue tu único
encuentro con
Alfonsín supongo.
OAB – No, tuve
varios pero los dos
importantes creo que
fueron ese y otro
episodio, un segundo
relato, cuando nos
tocó con Alberto
Couriel y Germán
Wettstein acompañar
al general (Líber)
Seregni a una cena
que Alfonsín le
ofreció en la
residencia de
Olivos; Alfonsín
estaba acompañado de
los entonces
ministros de
Relaciones
Exteriores, Dante
Caputo, y de
Interior, Tróccoli,
y del líder de la
mayoría senatorial
del bloque de
senadores de la
Unión Cívica
Radical.
EC – ¿Estamos
hablando de qué año?
OAB – Esto fue en
agosto de 1984
cuando Alfonsín ya
era presidente de la
nación, por eso fue
en la residencia de
Olivos. Él había
invitado a (Julio
María) Sanguinetti,
había invitado a
(Alberto) Zumarán, a
Seregni, es decir a
las tres grandes
figuras -Wilson
Ferreira estaba
detenido- y en ese
momento obviamente
no era aquel
luchador del
desierto sino el
presidente, un
hombre muy sensible,
abrumado por las
dificultades de su
país y de su pueblo.
A lo largo de la
cena nos volcó todas
sus dudas, sus
tribulaciones, sus
angustias por el
futuro de Argentina.
Efectivamente,
cuando uno recuerda
esa cena, la
transición de
Alfonsín fue un
éxito pero con
muchos elementos
controversiales
porque el Ejército,
que había caído
derrotado ante las
fuerzas Británicas
en Las Malvinas, no
habían entregado
completamente todo
sus resortes de
poder -hubo
episodios durante su
presidencia-, y
además lo carcomió
la situación
económica.
Recordemos que hubo
que adelantar las
elecciones y
Alfonsín no llegó a
terminar el mandato
en tiempo y forma,
sino que lo acortó
en aproximadamente
un semestre.
Uno también
prefiguraba en
aquella cena esas
dificultades, con un
hombre sintiendo
realmente el peso
sobre sus hombros de
la dificultad
argentina.
***
EC – ¿Hacemos una
pausa la semana
próxima con esto del
descanso de Turismo
y nos reencontramos
dentro de quince
días?
OAB – Perfectamente,
dentro de quince
días, volviendo al
territorio uruguayo
ya en el arranque de
la segunda etapa o
etapa final de la
campaña electoral
hacia la primera de
las tres elecciones
de 2009.