EMILIANO COTELO:
¿Cuánto es el poder
del presidente de la
República? ¿Cuál es
el papel, en el
próximo gobierno, de
los precandidatos
que pierdan en
junio?
Estas dos preguntas
son la base del
análisis político
que hoy nos propone
Oscar A. Bottinelli,
director de Factum.
***
EC – ¿Por dónde
empezamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero vamos a
hacer una afirmación
que parece absurda y
no lo es: no se
elige un monarca
absoluto.
EC – Creo que lo
sabíamos.
OAB – Tengo dudas.
EC - ¿Por qué?
OAB – Recuerdo esto:
a los dos años de la
presidencia de
Batlle, entre el
primer y segundo
año, se registran
seis renuncias: un
ministro,
subsecretarios,
directores de entes
de servicios, y
todos decían: “el
problema es que
Batlle fue elegido
para hacer un
programa y no lo
dejan hacerlo”.
Ahora se oye muchas
veces decir “¿Y qué
va a hacer Mujica?”,
“¿Dónde va a ir
Larrañaga?”. La
verdad es que los
que preguntan eso
rara vez preguntan
sobre Astori y
Lacalle, les parece
que sobre ellos
tienen las cosas
claras; tienen claro
que Astori va a
hacer y que Lacalle
va a hacer. Es
decir, todo el
sistema político se
reduce a una única
persona que decide
por dónde viene el
país.
La verdad es que
muchos candidatos
cuando hablan
también dicen:
“Nosotros vamos a
hacer, vamos a
impulsar”. Esto se
junta con que cuando
el Poder Ejecutivo
va a enviar un
proyecto de ley al
Parlamento, por
ejemplo que
modifique las
asignaciones
familiares, el
periodismo dice: “Se
van a modificar las
asignaciones
familiares y lo
decidió el
presidente”, como
que las leyes las
hace el presidente.
EC – Sí, es cierto,
hay veces que pueden
crearse esas
sensaciones.
OAB – Esto va de la
mano del supuesto
que en el país hay
una única elección,
de un único cargo,
cuyas potestades
entonces son
asimilables a una
monarquía absoluta.
Así se pierde la
alta complejidad y
sofisticación del
sistema político
uruguayo, que no es
único; es similar en
su estructura y su
funcionamiento a
muchos sistemas
europeos como el de
Bélgica, Dinamarca,
Luxemburgo, Noruega,
Países Bajos, Suecia
y especialmente
Italia, por lo menos
hasta hace tres años
cuando todavía era
el sistema del mundo
más parecido al
uruguayo.
EC – ¿Cómo se
relaciona esa
complejidad del
sistema que tú
estabas enfatizando
con las elecciones y
en particular con
las elecciones del
28 de junio?
OAB – El sistema
uruguayo se
caracteriza por la
existencia de un
importante número de
corrientes políticas
con representación
parlamentaria que
terminan conformadas
en cuatro partidos,
pero en la
actualidad pueden
identificarse 13
corrientes sentadas
en el Parlamento.
Siete en el Frente
Amplio, dos en el
Partido Nacional,
tres en el Partido
Colorado y la del
Partido
Independiente, más
algunos diputados
que, como pasa
siempre al final de
legislatura, se
independizan de sus
corrientes.
EC – Así que son 13
corrientes en total,
por lo menos.
OAB – 13 corrientes
en total. El
gobierno, entendido
como Poder
Ejecutivo, no es
unipersonal; el
Poder Ejecutivo es
el presidente de la
República con los
ministros. Ha habido
algunos presidentes,
este es uno de
ellos, que hablan
como si los
ministros fueran sus
secretarios, incluso
dicen: “Yo decidí” y
“Yo ordené”; el
ministro es un co-decisor
del presidente, el
Consejo de Ministros
manda más que el
presidente.
El Parlamento tiene
un papel sustantivo,
no se pueden nombrar
los entes autónomos
sin venia del
Senado. Hay muchos
otros cargos que los
nombra directamente
el Parlamento. Las
leyes pasan todas
por el Parlamento. Y
especialmente el
presupuesto no lo
hace el ministro de
Economía, lo propone
el Poder Ejecutivo.
El gabinete responde
a la mayoría
parlamentaria, que
muchas veces es una
coalición: puede ser
una coalición de
corrientes, un
partido compuesto en
varias corrientes o
a veces una
coalición de más de
un partido.
El problema es que
este gobierno ha
sido la excepción.
EC - ¿Por qué?
OAB – Primero,
porque el partido
llega con una
mayoría absoluta,
cosa que no ocurría
en Uruguay desde la
elección de 1966.
Segundo, porque es
el primer partido
que llega con un
liderazgo
monolítico, mayoría
absoluta de un
partido que tiene un
líder por encima de
todo el partido, al
cual le habían dado
poderes
prácticamente
ilimitados cuando el
Frente Amplio
resolvió antes de
las elecciones darle
carta blanca al
presidente para
nombrar y sustituir
los cargos,
particularmente los
ministros. Es decir,
eliminó la
negociación, eliminó
el diálogo. Hubo un
sentimiento acrítico
de los
parlamentarios y aún
de los ministros en
las grandes cosas.
Era Vázquez el que
decidía, no el
colectivo, se
personalizó el
gobierno en niveles
que hacía mucho el
país no conocía.
EC – ¿O sea que en
este período hemos
tenido una especie
de monarquía
absoluta?
OAB – En este
período sí, muy
pocas veces limitado
pero en general sí.
Ocurre que esto duró
fundamentalmente los
primeros cuatro años
de gobierno y hoy es
un gobierno que está
girando con una
rueda autónoma del
funcionamiento
político partidario.
EC – ¿Y cómo va a
ser el juego del
liderazgos en el
próximo gobierno?
Porque por ahí
venían tus
preguntas.
OAB – Exacto. Lo
primero es
identificar cómo han
sido los liderazgos
en los partidos
tradicionales que
conformaron los
gobiernos hasta hace
poco más de cuatro
años. En general,
los partidos
tradicionales -y por
eso yo decía que
esta es la única vez
que hay un liderazgo
monolítico- tuvieron
líderes de parte de
los partidos.
Generalmente el
presidente de la
República era el
líder de la mayoría
del partido más
votado o del partido
que tenía la mayoría
absoluta en el
Parlamento, pero era
el líder de la
mayoría de ese
partido, no de todo
el partido, y por lo
menos había otro
líder de la minoría
y a veces algún otro
espacio. Entonces el
presidente de la
República, líder de
la mayoría de su
partido, debía tener
una actitud de
negociación y de
diálogo con el resto
de su partido, o si
no gobernar en
minoría como ocurrió
en la última mitad
del último gobierno
de Luis Batlle o
como ocurrió en el
segundo gobierno
blanco, que creó
innumerables
problemas en la
gobernabilidad.
El otro camino es lo
que ocurrió en los
cuatro gobiernos
anteriores al actual
-es decir, en todos
los que hubo desde
la restauración
institucional
previos al actual-,
en el que se
conformaron
coaliciones de
partidos o
entendimientos de
partidos, y por lo
tanto ya eran
líderes de mayoría y
minoría de un
partido con líderes
de mayoría y minoría
de otro.
¿Cómo ha sido la
historia del Frente
Amplio? Primero tuvo
en el general
Seregni lo que
cuesta definir si
realmente fue un
líder o un primus
inter pares, es
decir, alguien que
estaba por encima de
los demás en un
papel en parte
moderador, de
conciliación y en
parte de arbitraje.
Luego vino el
período Vázquez, un
período de una
conducción más de
tipo caudillesco, de
poco diálogo y sobre
todo de resolución
en solitario, que es
lo que conformó este
liderazgo absoluto
monolítico de estos
años de gobierno que
fue una excepción a
la norma de
gobiernos uruguayos.
¿Cómo vienen los
liderazgos en el
Frente Amplio para
el próximo gobierno?
Viene el esquema de
los partidos
tradicionales: va a
haber un líder que
va a ser el líder de
la mayoría del
Frente Amplio, sea
Mujica sea Astori,
lo que no quiere
decir que vaya a
actuar
sectorialmente y
esto no hay que
confundirlo.
EC – En estos días
Mujica ha anunciado
que se va del
Movimiento de
Participación
Popular (MPP), que
va a salir
formalmente del MPP,
¿eso cómo juega en
el esquema que estás
planteando?
OAB – Bueno, claro,
pero eso no quiere
decir que los demás
lo acepten como
líder. La aceptación
del liderazgo no es
la ocupación de un
cargo formal, el
liderazgo es un acto
afectivo, sicológico,
de decir “Yo sigo a
tal, lo que él dice
me está marcando el
camino”. No es un
tema de decir “Yo
gano y los demás me
reconocen como
líder”, no, lo
reconocen como el
que tiene más poder
y más gente atrás.
Pero eso implica que
va a haber un líder
de la minoría, sea
Astori si gana
Mujica, sea Mujica
si gana Astori, y
además va a quedar
un espacio
intermedio
representado hoy por
Marcos Carámbula con
la Vertiente
Artiguista, con el
grupo de Víctor
Rossi y otros
elementos que lo
siguen.
Entonces ahí va a
haber un juego donde
la mayoría, que por
ejemplo podría
expresar Mujica,
está además
integrada por el
grupo que tiene a
Mujica líder, que es
el Espacio 609, y
por otro lado por la
1001, que tiene como
elemento troncal al
Partido Comunista,
que apoya la
candidatura de
Mujica pero que
Mujica no es su
líder directo.
En el caso de Astori,
si bien se está
generando un
liderazgo de Astori
por fuera de
Asamblea Uruguay,
tiene una figura
referente que es
Rafael Michelini. Y
en particular los
socialistas adhieren
a Astori pero no son
de Astori, apoyan la
candidatura de
Astori pero Astori
no es el líder del
Partido Socialista
ni de los
socialistas.
Todo esto implica
que para el próximo
gobierno está la
visualización de un
funcionamiento del
gobierno que va a
ser, si gana el
Frente Amplio,
similar a lo que
ocurriría si gana el
Partido Nacional. La
única diferencia es
que el Partido
Nacional -que es
obvio que no gana
con mayoría
absoluta, si gana-
va a requerir una
coalición con otro,
básicamente con el
Partido Colorado, y
ahí los
entendimientos y el
diálogo van a ser
dentro del Partido
Nacional y hacia el
Partido Colorado.
Pero gane quien
gane, lo que es
absolutamente claro
es que va a haber
juegos mucho más
abiertos de diálogo
y de negociación
hasta para la
integración del
propio gabinete. No
va a ser el juego de
un presidente que en
solitario –como
ocurrió hace un año-
anuncia quiénes
salen y quiénes
entran, sino que
consultará antes las
salidas y las
entradas para
mantener los apoyos
parlamentarios y
mantener la cohesión
de una mayoría
detrás del gobierno.
Consultará incluso
los grandes
lineamientos
presupuestales y
grandes lineamientos
de las leyes para
que se aprueben en
el Parlamento o que
estas leyes se
reelaboren en el
Parlamento.
En este gobierno
algo de esto hubo en
la medida que el
presidente de la
República no jugó en
todos los temas con
liderazgo absoluto.
En el tema del
presupuesto dejó al
ministro de
Economía, o al
equipo económico,
elaborarlo, apoyó
algunos
lineamientos, impuso
otros, y dejó que
otros se negociaran
en el Parlamento; no
en todo el
Parlamento, dentro
la mayoría, dentro
del Frente Amplio.
Lo mismo ocurrió con
la reforma
tributaria; entre la
reforma tributaria
que manda el equipo
económico y la
reforma tributaria
que sale hay unas
cuantas
modificaciones
significativas que
se negocian en el
Parlamento dentro
del Frente Amplio.
Pero fue una
negociación acotada
que no alcanzó por
ejemplo al diseño
del gabinete, nunca
se sentaron los
líderes de las
distintas corrientes
del Frente Amplio a
discutir cómo se
armaba el gabinete;
era un manejo
unipersonal del
presidente de la
República buscando
equilibrios,
buscando que todos
se sintieran
representados,
contemplando
reclamos, pero fue
un juego más
unipersonal.
Esto es lo que
tenemos que
entender: que quien
gane el 28 de junio
en cada partido es
un candidato a
liderar la mayoría
del partido; eso le
va a dar mucha
fuerza, va a tener
una fuerza mucho
mayor que su propia
expresión electoral
porque va a influir
sobre el resto de su
propio partido.
Luego uno de los dos
que gane –el que
gane en el Frente
Amplio y el que gane
en el Partido
Nacional– será el
próximo presidente
de la República.
Pero, ¿qué va a
hacer? En primer
lugar va a hacer lo
que todo su partido
en conjunto apoye, y
a veces también lo
que pueda necesitar
de diálogo y
entendimientos con
la oposición, sobre
todo si viene, como
parecería, un
período recesivo, de
crisis, donde se
requiere un mayor
clima de diálogo
dentro del sistema
político y dentro
del país.