JUAN ANDRÉS
ELHORDOY:
¿Cuántos corren esta
carrera presidencial
a 100 días de las
elecciones de
octubre? ¿A quiénes
se dirigen los
candidatos? Estas
son algunas
preguntas, son el
centro del análisis
político que nos
propone para hoy el
politólogo Oscar A.
Bottinelli, director
de Factum.
Esto tiene que ver
con el comienzo de
la campaña electoral
en esta segunda
etapa del ciclo
nacional 2009.
***
JAE – ¿Cómo ves el
arranque?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Bueno, sobre la
primera pregunta del
título alguien puede
decir: “¿Pero, cómo
cuántos corren esta
carrera? Hay cinco
partidos por lo
tanto habrá cinco
candidatos a
presidente y cinco a
vice, son 10”.
¿El Frente Amplio
(FA) cuántos
candidatos tiene?
Parecería que dos.
Sin embargo, si
vemos lo que pasó
esta semana se
perfila que el FA va
a hacer campaña con
tres, es decir, va a
hacer campaña el
candidato a
presidente, José
Mujica, el candidato
a vicepresidente,
Danilo Astori, y el
propio presidente de
la República que ya
ha tenido dos
intervenciones de
clara presencia en
la campaña
electoral.
Obviamente esto ya
provoca el alarido
de la oposición que
lo acusa de estar
caminando por la
cornisa desde el
punto de vista
constitucional. Esa
es toda una
discusión jurídica,
sin dudas es
importante la norma
y la tradición
uruguaya de que los
presidentes de la
República se
abstengan de tener
una participación
activa, aún en
defensa del
gobierno, en la
campaña electoral.
JAE – Sí, esa idea
del pretil la
comentábamos con
Emiliano esta semana
a raíz de uno de los
actos que tú aludís,
el que tiene que ver
con la presencia de
Vázquez ante
empresarios
argentinos,
vinculado al clima
de inversiones que
se ha generado en
este gobierno y la
comparación con
otro. Pero en
realidad si uno
analiza
estrictamente el
discurso no hubo
ninguna alusión
político-partidaria
sino más bien a una
realidad ¿no?
OAB – Todo depende
de cuál sea la forma
de interpretar. Si
se va al pie de la
letra diciendo “yo
no participo de un
acto público de
masas” es una cosa;
si se dice que el
presidente debe
tratar de no incidir
en la campaña
electoral desde la
presidencia, es
decir una
interpretación lata,
es otra.
En general Vázquez
es un hombre que en
materia de reglas de
juego siempre ha
jugado muy fuerte,
en el límite del
‘fair play’.
Recordemos el
plebiscito
constitucional de
1996, los niveles de
dureza, las
argumentaciones que
manejaba. Es un
estilo que además le
dio un gran
resultado, gran
parte de su llegada
al gobierno es
producto de ir
capitalizando ese
estilo muy fuerte y
muy confrontador.
Por otro lado
aparece como algo
singular que diga
que el gobierno no
debe mezclarse con
la campaña electoral
y que quienes van a
ser candidatos y,
sobre todo, sean
cabezas de lista
deben renunciar al
gabinete, y luego
empiece a hacer
discursos que aunque
no diga “vote a tal”
inciden en la
campaña.
Lo que importa es el
dato: Vázquez está
en campaña. ¿Por
qué? Lo hemos
analizado en varios
espacios. El 28 de
junio fue un gran
golpe para el FA,
por quedar detrás
del Partido Nacional
(PN), porque Mujica
queda detrás de
Lacalle en 50.000
votos, porque Astori
queda más de 30.000
votos detrás de
Larrañaga, porque no
resuelve
rápidamente, ni
bien, la fórmula
presidencial, tarda
nueve días, con idas
venidas, sin que
hubiera habido un
saludo entre el
candidato ganador y
el segundo. Sin duda
esto generó una gran
preocupación en el
FA, hay un gran
malestar entre los
frenteamplistas, en
la propia estructura
y sintió, ahora sí,
definitivamente, que
la continuidad del
gobierno está en
riesgo. Por lo tanto
tiene que apostar
todo y eso incluye
el peso de Tabaré
Vázquez.
Aquí tenemos varias
cosas. Primero,
cuánto es este peso
es muy difícil de
cuantificar. Por un
lado tenemos un
indicador que es
aproximadamente el
60%; grosso modo,
seis de cada 10
personas en este
país aprueban la
gestión de Tabaré
Vázquez. Este es un
dato sin duda
estimulante, no hay
presidente que haya
terminado o se
acerque a terminar
el gobierno con un
nivel tan elevado de
aprobación.
Por otro lado vimos
que la propuesta de
reforma
constitucional para
su reelección
fracasó en términos
muy crudos, obtuvo
sólo el apoyo de 1
de cada 20 electores
lo cual está
marcando que hay una
disonancia entre ese
nivel de aprobación
y la gente
espontáneamente
saliendo a pedir una
reelección del
presidente.
JAE – Aparece como
una contradicción,
¿no?
OAB – Quizás no es
contradicción, el
tema es que no
necesariamente la
aprobación de una
gestión significa
que se está
dispuesto a votar a
esa persona. Si uno
le pregunta a los
frenteamplistas a
quién prefier eentre
todas las personas
que pueden ocupar
ahora o han ocupado
la Presidencia de la
República, 4 dicen
Tabaré Vázquez, 3
dicen Mujica y 2
dicen Astori. Es
decir, los
frenteamplistas en
su mayoría no
estaban prefiriendo
a Vázquez por encima
de los candidatos
actuales ni siquiera
por el hecho de que
Vázquez no pudiera
ser reelegido, lo
que está implicando
que tampoco va de la
mano que los del
partido del
presidente estén de
acuerdo en votarlo
mayoritariamente.
Otra cosa es si más
allá de estar de
acuerdo en votarlo
se esté de acuerdo
en que haya
reelección.
Son varios escalones
que marcan un
degradé donde no es
claro hasta dónde
llega el poderío de
Tabaré.
Probablemente la
salida a escena de
él tenga un gran
elemento positivo
para el Frente y un
elemento de duda. El
elemento positivo es
que Tabaré Vázquez
tiene un apoyo, un
entusiasmo de la
gente, puede tratar
de que esa gente que
ya adhería al Frente
quede convocada
hacia el Frente, se
mueva, hable, trate
de revertir este
estado anímico. Lo
dudoso es que hay
mucha gente que
estaba dispuesta a
votar al FA porque
estaba en una línea
discrepante con
Tabaré Vázquez y
veía a Mujica como
un desafiante del
liderazgo de Tabaré
Vázquez.
Entonces, en la
medida que aparezca
Tabaré Vázquez en
escena con esta
fuerza y el FA haga
una campaña centrada
en defender la
actuación del
gobierno y no como
había planteado
originalmente Mujica
más proyectada hacia
el futuro, puede
ocurrir que quien no
quiere a los
partidos
tradicionales o
quiere a Mujica pero
no a este gobierno
dude de votarlo.
JAE – ¿Y en este
escenario cómo ves a
Astori?
OAB – La reaparición
de Astori se ha
hecho mediante un
estilo, un lenguaje
diferente a lo que
venía siendo su
perfil, a la imagen
que había construido
sobre todo en los
últimos 10 a 15
años. Sin duda está
surgiendo un Astori
fuertemente
confrontador,
extremadamente duro,
con algunas
expresiones que
dejan dudas sobre si
no comienza a
correrse más hacia
la izquierda que
hacia el centro, y
esto puede crear una
gran contradicción:
“Somos los buenos
contra los malos,
cuidado que no
vuelvan los malos”.
Pero, por otro lado,
estos discursos
siempre tienen un
gran riesgo:
entusiasman a los
partidarios, ese
entusiasmo de los
partidarios puede
reavivar la dureza
del discurso pero no
se sabe si eso caerá
bien al que está
dudando a quién
votar, porque en
definitiva la
campaña electoral se
dirige a ellos.
JAE – ¿Y en el PN
qué pasa?
OAB – El PN hizo
bien todos los
deberes desde la
noche del 28 de
junio: resolvió
rápidamente la
fórmula, hubo un
gesto de gran
señorío de Larrañaga
que de alguna manera
se puede decir
limpia esa imagen
hostil, agresiva que
había tenido el
último mes antes de
las elecciones.
Pero cuando arranca
ya propiamente la
campaña electoral lo
que se observa es
que los discursos
del PN están
dirigiéndose mucho
más a los ya
convencidos, a los
que no tienen dudas
de que van a votar a
los partidos
tradicionales.
Acá hay que tener
algo claro: el PN
puede o no querer
captarle votos al
PC, y el PC puede
querer crecer
captándole votos al
PN. Desde el punto
de la decisión macro
del país, que es si
continúa el FA o si
gana el PN, los
votos que se
traspasen entre el
PN y el PC no son
relevantes, la suma
total sigue siendo
la misma. Lo que
define es lo que
ambos partidos
tradicionales le
capten al FA o el FA
le capte a ambos
partidos
tradicionales o
vuelque indecisos.
Entonces un discurso
hacia los ya
convencidos no
implica un discurso
de crecimiento o de
potencialidad de
crecimiento en
términos de campaña
electoral.
Uno de los temas que
tiene el PN es
identificar quiénes
son los indecisos.
Si analizamos el
perfil más
ideológico, más de
valores de los
indecisos, en gran
medida es gente que
votó al FA o nuevos
votantes que se
forman en hogares
que votaron al FA,
porque si ninguna
persona que votó al
FA se va del Frente
o duda de votarlo,
el FA tiene que
aumentar los votos
en relación a la
elección pasada y
estaríamos sin
ninguna
incertidumbre. Por
lo tanto, el
discurso va dirigido
a alguien que los ha
visto con malos ojos
en algún momento,
que no le han
gustado los partidos
tradicionales, y a
veces más de una
vez. Entonces es un
grupo de gente cuyas
ideologías no son
extremas, son muy
medidas en términos
de estar en lo que
uno llama el
‘meridiano’ del
pensamiento del
Uruguay.
JAE – ¿Cómo sería
ese pensamiento?
OAB – Antes digamos
esto: en ese papel
se posicionó
Larrañaga sobre todo
el año pasado, y en
ese papel es cuando
Larrañaga llegó a
estar en las
encuestas por encima
de los candidatos,
empatando con Mujica
y ganándole a Astori
a nivel de
escenarios binarios,
lo que algunos
llaman ‘simulación
de balotaje’ que no
es estrictamente lo
mismo. Luego hay una
serie de hechos que
alejan un poco a
Larrañaga de este
centro -lo pueden
‘derechizar’ dicho
en términos muy
simplistas- y le
hacen perder un poco
el meridiano. Pero
era ese discurso de
Larrañaga el que
convocaba a esos
sectores medios y no
los discursos
volcados a posturas
más fuertes.
¿Dónde está ese
pensamiento medio
del Uruguay? Los
estudios que hicimos
en el primer
semestre de este año
-que además vienen
del año pasado y de
estudios de fondo
que hicimos en 2005-
ratifican que el
uruguayo sigue
estando en el
meridiano de lo que
se conoce como el
‘welfare state’, es
decir el estado de
bienestar. Esto
implica
necesariamente un
Estado fuerte,
protector, que
asegure muchos
servicios sociales,
que tenga una
importante
intervención en la
economía. En este
sentido, un discurso
que se acerque
extremadamente al
libre mercado sale
del meridiano del
país y sale del eje
de los indecisos.
También es un país
culturalmente
liberal, libre
pensador, y por lo
tanto lo que amenace
con tener una
impronta demasiado
intransigente, que
pueda ser vista como
demasiado
autoritaria –esto es
válido para
cualquier partido-,
también aleja a
estos indecisos.
Hoy se puede decir
que no hay ninguna
de las propuestas
que exactamente esté
encajando en el
perfil pleno de este
meridano del Uruguay
y de estos
indecisos. Las
propuestas están
corriendo más para
un lado o más para
el otro y que los
candidatos de los
dos partidos
principales estén
hablándole a los
propios convencidos
tiene el riesgo de
alejar a los
indecisos. En el
caso del PN además
es innecesario,
porque su gente
salió retemplada y
fortalecida del 28
de junio. El FA sí
va a necesitar una
etapa de hablarle a
los propios, porque
tiene que retemplar
a su gente que
adhiriendo al FA no
se sintió convocada,
no fue a votar, y
los que fueron a
votar luego quedaron
en un estado de
ánimo caído. Pero el
riesgo del Frente es
que en 100 días le
de el tiempo para
retemplar a su gente
y no alejar a los
indecisos en esa
prédica y mientras
hace eso dar el paso
e ir directamente a
hablarle a los
indecisos.
JAE – ¿Qué te parece
entonces en cuanto a
conclusiones? En
cuanto al mercado
electoral, por
ejemplo, ¿que
significan los
indecisos hoy?
OAB – A diferencia
de lo que se
esperaba hace más de
dos años esta es una
elección incierta, o
como se dice en
términos sajones una
elección abierta.
Sin embargo, más del
90% de los uruguayos
tiene decidido su
voto por lo menos en
grandes bloques: si
vota al FA o si vota
a los partidos
tradicionales.
Queda un 8% de
indecisos, quizás
menos todavía,
quizás sea sólo un
4, un 5, un 6 % si
contamos los que
votan en blanco y
anulado y los que
están decididos por
el Partido
Independiente.
Son relativamente
pocos, es 1 de cada
20 más o menos pero
son los que deciden
para dónde va a ir
el rumbo del país en
esta segunda década
del tercer milenio.
Y eso es lo curioso,
las grandes masas
están decididas, y
es a una pequeña
minoría a la cual va
a tener que
dirigirse el
discurso de todos;
porque esos, por su
indecisión, su
lejanía o su
volatilidad, son los
que van a terminar
decidiendo entre el
25 de octubre y el
29 de noviembre
quién va a ser el
presidente de la
República, quien va
a tener la mayoría
en las cámaras y más
o menos cuál va a
ser el énfasis en el
rumbo del país.