JUAN ANDRÉS
ELHORDOY:
En esta campaña
electoral ha
aparecido un rol
destacado de los
candidatos
vicepresidenciales,
que en algún aspecto
igualan el peso del
candidato
presidencial.
En algunos casos
hasta parece que se
elegiría no un
presidente y un
vicepresidente de la
República sino dos
copresidentes.
El politólogo Oscar
A. Bottinelli,
director de Factum,
analiza cuál es el
papel del
vicepresidente de la
República.
***
JAE – ¿Cómo
arrancamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Efectivamente, en la
forma que se está
desarrollando la
campaña electoral,
se plantea la duda
de si se elige un
presidente o una
diarquía
presidencial, un
binomio. Es sin duda
la campaña electoral
en que los
candidatos a
vicepresidente
tienen el rol más
destacado.
La historia del
cargo de
vicepresidente es la
de una institución
relativamente nueva
en la vida del
Uruguay. Fue creada
en 1934 y se eligió
por la ciudadanía
por primera vez en
1938. Luego hubo dos
interrupciones: la
de los 15 años del
colegiado y la de
los casi 12 años de
gobierno de facto.
Hasta ahora fueron
elegidas 11 personas
para vicepresidente
de la República. De
esas 11, cuatro
ocuparon el cargo
brevemente, dos
porque rápidamente
pasaron a desempeñar
la Presidencia y dos
por cese del propio
cargo de
vicepresidente; Luis
Batlle a los cinco
meses de estar como
vicepresidente y
Jorge Pacheco Areco
a los nueve meses,
dejan el cargo
porque pasan a
ejercer la primera
magistratura, en
ambos casos por
muerte del titular:
Tomás Berreta y el
general Oscar
Gestido
respectivamente.
En 1952 Alfredo Brum
cesó como
vicepresidente de la
República por la
reforma
constitucional que
instauró el
colegiado y siguió
como presidente de
la Asamblea General
en el Senado. Jorge
Sapelli cesó cuando
el golpe de Estado,
ya que se negó a
plegarse al mismo y
a presidir el
Consejo de Estado
cuando llevaba 16
meses en el cargo.
Tenemos dos períodos
solamente de
experiencia de este
cargo. El primero de
todos desde 1938 al
47 con César
Charlone y Juan José
Guani, y el período
presente, el que
comienza con la
restauración
institucional, cinco
legislaturas en que
se eligieron cinco
vicepresidentes:
Enrique Tarigo,
Gonzalo Aguirre
Ramírez, Hugo
Batalla –que es el
único que no
contempló el período
por fallecimiento a
los tres años y
siete meses en el
cargo–, Luis Hierro
López y Rodolfo Nin
Novoa.
JAE – ¿Y entonces
cuál es la función
del vicepresidente
de la República en
nuestro ordenamiento
institucional?
OAB – Dividamos el
análisis en análisis
formal y lo que
podemos llamar
análisis sustantivo
y el político. Desde
el punto de vista
formal, el texto
constitucional hace
tan sólo dos
menciones al
vicepresidente de la
República. El
artículo 94,
hablando de la
Cámara de Senadores,
dice que “Será
integrada además con
el vicepresidente de
la República que
tendrá voz y voto y
ejercerá su
presidencia y la
Asamblea General”. Y
el artículo 150 dice
“Habrá un
vicepresidente que
en todos los casos
de vacancia temporal
o definitiva de la
presidencia deberá
desempeñarla con sus
mismas facultades y
atribuciones. Si la
vacancia fuese
definitiva, la
desempeñará hasta el
término del período
de gobierno”, y
luego repite que
“desempeñará la
presidencia de la
Asamblea General de
la Cámara de
Senadores”.
Es decir, la función
permanente del
vicepresidente de la
República es una
sola: presidente de
la rama alta del
Parlamento y del
Parlamento en su
conjunto, es la
cabeza del Poder
Legislativo, un
poder separado y al
menos igual o
superior al Poder
Ejecutivo, no es
miembro del Poder
Ejecutivo y
ordinariamente
–salvo cuando suple–
nada tiene que ver
con él.
Su otra función es
la de suplente del
presidente de la
República. Como
cualquier otro
suplente tiene las
atribuciones de
dicho cargo cuando
lo ocupa, pero en
esa oportunidad
queda separado de la
función
parlamentaria.
Entonces no hay
confusiones
jurídicas: el
vicepresidente de la
República es la
cabeza del Poder
Legislativo, no
integra el Poder
Ejecutivo, cuando
pasa a integrarlo
nada tiene que ver
con el Legislativo,
su relación con uno
u otro poder
entonces es
alternativa y nunca
simultánea.
JAE – Ahora, ¿en la
práctica qué pasa?
OAB – En principio
hay dos modelos: el
modelo de Charlone,
Guani, Batlle Berres,
Brum, Sapelli y en
este tiempo Tarigo,
Aguirre Ramírez,
Batalla, Hierro, que
se atiene al modelo
constitucional.
El otro modelo
podemos llamarle
‘modelo de Nin
Novoa’, a quien se
le ve participando
en el Consejo de
Ministros, sentado
al lado del
presidente en el
lugar número dos del
Consejo de
Ministros, que es un
órgano que él no
integra. Por lo
tanto no integra
alternativamente el
Poder Legislativo y
el Ejecutivo según
el presidente esté
de licencia o de
viaje, sino que
aparece como
integrando
simultáneamente los
dos poderes, y en lo
que es un cambio en
el diseño
institucional el
número uno del Poder
Legislativo aparece
como número dos del
Ejecutivo a la vez,
lo cual da una
imagen de subsumir
el Parlamento al
Poder Ejecutivo.
Hay un precedente,
el de Pacheco Areco,
que estableció su
despacho en la casa
de gobierno -en
aquel momento la
única casa de
gobierno era la de
la Plaza
Independencia- y ahí
claramente se sentía
integrando los dos
poderes a la vez.
¿Qué se anuncia
ahora? Sobre Astori
lo analizamos el
viernes pasado, se
observa mucha
confusión porque da
la impresión de que
sería un
cogobernante, es
decir el modelo de
Nin Novoa pero
acentuado.
Sobre Larrañaga sólo
tenemos las
declaraciones sobre
que no habrá un uno
y un dos, es decir,
la idea de una
diarquía, de un
binomio, pero lo
averiguaremos el
próximo miércoles en
la jornada en el
Radisson en la que
va a estar la
fórmula
Lacalle-Larrañaga y
que va a ser
trasmitida en
directo por El
Espectador.
JAE – Exactamente.
Pero por ejemplo
¿Enrique Tarigo no
tuvo nada que ver
con el primer
gobierno de
Sanguinetti?
OAB – Acá hay que
hacer la distinción
entre lo
institucional y lo
político. Porque
institucionalmente
tampoco tuvieron
nada que ver en el
primer gobierno de
Sanguinetti Wilson
Ferreira Aldunate ni
el general Líber
Seregni ni Humberto
Ciganda Barnech,
presidentes
respectivamente del
Partido Nacional,
del Frente Amplio y
de la Unión Cívica.
Pero Tarigo fue,
además de presidente
del Senado, la
cabeza del Partido
Colorado, su
secretario general.
Sanguinetti se
reunía con la cabeza
de los cuatro
partidos
parlamentarios:
Tarigo, Ferreira
Aldunate, Seregni y
Ciganda Barnech; no
era el
vicepresidente en
una reunión en el
Poder Ejecutivo,
sino los líderes de
los partidos
políticos con el
jefe de Estado y de
Gobierno, el
presidente de la
República.
No es lo mismo el
rol político de una
persona que además
es vicepresidente de
la República que el
rol institucional o
jurídico. Entonces
una cosa es que
Astori y Larrañaga
participen en las
decisiones políticas
de un gobierno como
parlamentarios o
como cabeza de sus
partidos o como
líderes de sus
fracciones, y otra
cosa es que
institucionalmente
participen en el
Poder Ejecutivo y
sean el número dos
ordinario en el
funcionamiento común
y corriente del
Poder Ejecutivo, son
dos cosas
completamente
diferentes.
El modelo actual es
más sugestivo aún
porque Nin Novoa no
actúa como cabeza
del Frente Amplio,
que es Jorge
Brovetto. Además no
cabe que el
presidente del
Frente Amplio esté
en la reunión del
Consejo de
Ministros; al
Consejo de Ministros
van sus miembros, si
no tendrían que ir
todos los partidos.
Tampoco es cabeza de
la primera o de la
segunda fracción
política del
oficialismo. Por
ejemplo, en este
momento Larrañaga y
Astori -si sus
partidos ganaran y
se mantienen estas
situaciones
internas- serían las
cabezas de la
segunda fracción del
oficialismo. Nin
Novoa encabeza un
sector de menor
porte, lo cual hace
que el tema ya
adquiera un relieve
más de diseño
institucional que de
manejo político.
JAE – ¿Y qué implica
este cambio de
práctica?
OAB – Es sin duda un
cambio
constitucional, no
en lo formal -el
texto de la
Constitución sigue
igual- pero sí en lo
fáctico. En la
terminología
constitucional
italiana se dice “No
hay modificación de
la Constitución
formal pero sí hay
modificación de la
Constitución
material”, es decir
de la sustantiva,
del diseño
institucional que
juega en la
práctica.
Es un cambio más en
dos modificaciones
que se han ido dando
en el contenido y en
la sustancia de las
instituciones
políticas en los
últimos tiempos. Uno
es la acentuación
del rol del Poder
Ejecutivo y de la
figura presidencial;
el otro es la
minusvaloración del
Parlamento, que es
un elemento para un
análisis en sí
mismo. Como elemento
demostrativo pueden
darse dos: desde la
restauración
institucional no es
el lugar que eligen
los líderes
políticos para hacer
sus anuncios
trascendentes; los
anuncios
trascendentes ahora
se hacen más bien en
eventos como el de
ADM o
acontecimientos como
el que organizamos
Deloitte, El
Espectador y Factum
en el Radisson, pero
no en el Parlamento,
como fue por ejemplo
el surgimiento de la
figura presidencial
de Wilson Ferreira a
través de planteos
realizados en el
Senado y en la
Asamblea General. Y
el segundo elemento
es que no se sientan
todos los líderes
políticos en el
Parlamento -que era
lo normal antes del
golpe de Estado-, lo
normal era que se
sentaran en el
Senado, en algún
caso algún líder se
sentaba en la Cámara
de Diputados.