JUAN ANDRÉS
ELHORDOY:
EL miércoles, a esta
hora, El Espectador,
Deloitte y Factum
organizamos en el
Radisson Montevideo
la segunda jornada
del ciclo “Los
presidenciables cara
a cara con los
empresarios”.
Allí, Luis Alberto
Lacalle y Jorge
Larrañaga expusieron
ante diplomáticos y
más de 300
empresarios los
puntos centrales de
la propuesta del
Partido Nacional (PN).
El 7 de agosto había
sido el turno de la
dupla presidencial
del Frente Amplio
(FA).
Hoy, el politólogo
Oscar A. Bottinelli,
director de Factum,
nos presenta algunos
puntos sobre lo
expuesto por la
dupla
Lacalle-Larrañaga.
***
JAE – ¿Por dónde
empezamos?
OSCAR A. BOTTINELLI:
Coincidió que la
presentación oficial
del programa del PN
fuese al día
siguiente de esta
presentación en el
ciclo organizado por
El Espectador,
Factum y Deloitte,
lo cual implica que
fue precisamente el
primer gran examen
que dio ante los
ojos atentos de
diplomáticos y
empresarios allí
presentes así como
de la audiencia de
radio El Espectador.
Además de hacer el
análisis de lo
expuesto surge la
inevitable
comparación de las
dos fórmulas que
disputan la
titularidad del
Ejecutivo: Mujica-Astori
y Lacalle-Larrañaga.
El 28 de junio el PN
sorprendió con el
primer lugar en la
votación, es verdad
que no por haber
incrementado su
votación sino por la
magra votación del
FA, pero lo
aprovechó muy bien
con un gran discurso
de Luis Alberto
Lacalle, un gran
discurso de Jorge
Larrañaga, la
consolidación de la
fórmula y un gran
festejo que le dio
al PN una ventaja
inicial hacia el 25
de octubre. Luego se
observó –fue motivo
de un análisis
nuestro– un PN que
empezó a apagarse, a
aparecer sin
estrategia, con una
sucesión de errores
que dio lugar a una
especie de silencio
en la campaña
electoral y a una
reaparición de la
fórmula ahora con
mucha potencia.
Lo que se observó es
precisamente que
esta presentación de
la fórmula en tanto
tal marcó que es
realmente una
fórmula, es decir
que son dos personas
que están en la
elaboración del
pensamiento hacia la
propuesta de
conducción del país.
Eso también se vio
con Mujica y Astori,
que habían salido de
esa idea de
confusión donde
Astori parecía en
determinado momento
más potente que el
candidato
presidencial pero en
la presentación
quedó claro que el
rol de presidente va
a ser de Mujica y
Astori el vice. Sin
embargo hay una
diferencia muy clara
en que aquí el ‘uno’
es muy ‘uno’, a
diferencia del FA
donde el ‘uno’ es
sólo un poco más que
el ‘dos’; en el FA
aparece más un juego
de dos mientras que
en el PN aparece muy
potenciada la figura
del candidato
presidencial, que
además como ex
presidente se
potencia bastante
solo.
Por otro lado, es
muy fuerte la forma
en que aparece
Larrañaga como el
hombre vinculado
esencialmente a los
temas que requieren
mayor sensibilidad,
temas más de tipo
social, que afectan
a la gente.
Larrañaga apareció
siendo el vocero de
esas propuestas.
De parte de Lacalle
hubo una clara
preocupación en todo
momento por remarcar
las ideas, los
aportes y la
presencia de
Larrañaga en el
equipo y en la
fórmula. Quizás esto
lleva como
contrapartida que
Lacalle no aparece
con la fuerza que
apareció en la
campaña hasta el 28
de junio. Se
potenció mucho más
de lo que se vio en
julio y gran parte
de agosto sin llegar
al nivel que tuvo
antes de esto o que
tuvo a lo largo de
su carrera política
en la que se le
reconoce como uno de
los políticos más
potentes de Uruguay,
hombre de ideas
claras -le guste o
no a cada uno sus
ideas- que tiene
rumbo, que tiene
estrategia. Ahora
apareció acercándose
a ese papel.
Asimismo se presentó
con un compacto
grupo de asesores
económicos, compacto
además en el sentido
de que no aparecen
diferencias
significativas desde
el punto de vista
programático, con
Gustavo Licandro,
Fanny Trilesinsky,
José Luis Puig,
Andrés Pieroni,
Washington Ribeiro,
que es mano derecha
de Larrañaga desde
la elección
anterior, y Javier
De Haedo, que
después de haber
sido un hombre
importante en el
gobierno de Lacalle
aparece desde el
comienzo de este año
como un asesor de
Larrañaga.
JAE – Está claro que
en esta jornada, tal
como ocurrió el 7 de
agosto, el enfoque
está más concentrado
en lo económico.
Justamente interesa
aquí ver tu punto de
vista desde el
ángulo del análisis
político. ¿Qué fue
lo más positivo de
la presentación de
Lacalle y Larrañaga?
OAB – Yo creo que
los elementos
fundamentales, los
objetivos
perseguidos por los
exponentes y
logrados fueron
varios. Primero,
estuvo con mucha
claridad la idea de
ser los candidatos
-o el candidato
presidencial,
Lacalle- de la anti
demagogia. Esa
posición de en lugar
de edulcorar,
alertar en un tono
de relativa alarma
sobre los riesgos
fiscales, la
situación de las
cuentas públicas, la
necesidad de que el
próximo gobierno
–sea cual sea–
apriete el cinturón.
Segundo, ¿por qué se
llega a esta
situación? Ahí
Lacalle disparó
contra la gestión de
Astori, en cierto
modo contra la
solvencia o la
prudencia de la
gestión de Astori,
ya que consideró que
pese a que había
estallado la crisis
internacional el ex
ministro de Economía
no tomó medidas de
restricción del
gasto comprometido,
que podría haberse
restringido porque
había un gasto
eventual que no
tenía necesariamente
por qué gastarse;
que no hubo una
política de ahorro
prudente para cuando
se terminara el
período de bonanza.
Fue bastante duro en
ese sentido, lo que
motivó la feroz
réplica de Astori
del jueves, con un
nivel de ataque y un
tono muy extraño en
las campañas
electorales de
Uruguay. Uno está
acostumbrado a verlo
en España, donde las
campañas electorales
son muy duras, o en
América Latina, pero
en Uruguay realmente
hay que rastrear
mucho antes de
encontrar un
integrante de una
fórmula presidencial
que emplee esos
calificativos contra
el candidato
presidencial rival.
JAE – Sí, recordemos
que Astori calificó
de “ignorantes e
ineptos” a Lacalle y
Larrañaga por sus
comentarios sobre la
evolución de la
deuda bruta. Esto
motivó la respuesta
de Lacalle quien
dijo que no va a
bajar el nivel de la
campaña y que no
contesta insultos.
OAB – Sí, eso es
realmente
sorprendente porque
no es la imagen que
el público que sigue
a Astori tiene de
él, y no es normal
en la campaña
electoral del
Uruguay. Esto creo
que se explica
porque Astori revela
una baja tolerancia
para admitir
cuestionamientos a
su capacidad o a su
gestión.
Los otros temas: la
relación
Lacalle-Larrañaga,
que trataron de
mostrar una relación
sólida,
colaborativa, hasta
con un elemento
anecdótico en la
cantidad de veces
que Larrañaga le
sopló al oído cosas
para complementar a
Lacalle. El papel de
la Vicepresidencia
de la República, que
es un tema que
nosotros hemos
puesto bastante
interés en los
análisis de los
últimos tiempos, y
que Larrañaga define
diciendo “Yo no voy
a ser el primer
ministro”, al estilo
Astori, y tampoco
ese papel al estilo
Tarigo, que es el
que emerge de la
Constitución, es
decir el presidente
del Parlamento que
suple al presidente
cuando tiene que
hacerlo pero que no
se entromete nunca
en el Poder
Ejecutivo salvo
cuando tiene que
suplir. Aquí aparece
un modelo que
Lacalle dice es el
que aplicó con
Gonzalo Aguirre, en
el que el
vicepresidente de la
República participa
en las sesiones del
Consejo de Ministros
cuando se discuten
las grandes leyes.
Pero
fundamentalmente lo
que quedó claro, y
Larrañaga lo
explicita además, es
que piensa ser no el
primer ministro o el
jefe de gobierno o
el gran ejecutor,
que parecería ser el
rol que desde la
óptica de Larrañaga
cumpliría Astori,
sino el gran
zurcidor y el puente
entre el Poder
Ejecutivo y el Poder
Legislativo, el
gobierno y el
Parlamento.
Fue un poco confusa
la definición
teórica que dio
Lacalle sobre la
participación en los
entes porque dijo
“va a haber que
esperar la
composición del
Parlamento” cuando
lo que se le
preguntó es si
consideraba que la
oposición ahora
debía participar en
los entes, cosa a lo
que él se negó en su
anterior gobierno;
salvo el primero
gobierno de
Sanguinetti, que fue
excepcional porque
se dio la
restauración
institucional y
estuvo todo el
sistema político,
desde que está esta
Constitución la
oposición nunca
participó. Ahí dijo
que él veía al FA en
los entes autónomos,
es decir, la
respuesta política
fue bastante clara.
JAE – ¿Cuáles dirías
que fueron las
limitaciones o los
grandes riesgos que
surgieron de esta
exposición de
Lacalle y Larrañaga?
OAB – Yo diría que
fueron básicamente
dos. Primero el tema
tributario, el tema
del IRPF. Lacalle
busca una mayor
identificación con
la clase media, al
revés de lo que
ocurrió con la
presentación del FA
donde Astori empezó
a discutir la
definición de clase
media y salió
hablando de lo que
no se denomina
popularmente clase
media, con lo cual
no envió ningún
mensaje. En cambio
acá los mensajes sí
trataron de ser muy
claros para esa
clase media de altos
funcionarios, de
profesionales, de
pequeños empresarios
con el tema del
IRPF. Pero luego, de
alguna manera su
mensaje queda
neutralizado al
decir que un
gobierno no puede
dejar de recaudar
600 millones de
dólares -que es lo
que produce el IRPF-
y que por lo tanto a
medida que se vayan
equilibrando las
cuentas habrá que ir
haciendo
modificaciones,
incluyendo
deducciones, bajando
tasas. No queda un
eje nítido en la
campaña electoral
donde si alguien
acepta el IRPF debe
votar al FA y si
quiere que el IRPF
desaparezca mañana,
vote al PN. Este eje
quedó un poco
diluido, quedó la
idea de que el IRPF
será un poco más
suave con el PN, y a
mi juicio es un
mensaje riesgoso que
le quita fuerza al
ataque al IRPF del
FA.
Lo otro está
relacionado al
manejo de algunos
temas que en los
estudios de opinión
pública hemos visto
que despiertan poca
adhesión en los
uruguayos y en
cambio generan muy
alta polémica, como
por ejemplo el de la
energía nuclear. Ya
lo plantearon Tabaré
Vázquez y Daniel
Martínez y en su
momento se vio que
pese a que Vázquez
influye mucho sobre
un segmento de
opinión pública es
un tema que levanta
escozores en el
Uruguay y que
planteado como un
eje de campaña
parecería riesgoso
en la medida que no
es de amplia
aceptación.
JAE – En el marco de
este ciclo “Los
presidenciables cara
a cara con los
empresarios” ya
aparecieron las dos
fórmulas que
disputan con chances
la Presidencia y
Vicepresidencia de
la República:
Mujica-Astori y
Lacalle-Larrañaga.
¿Qué comparaciones
surgen desde el
ángulo político tras
la presencia de
ambas fórmulas?
OAB – Primero, una
gran coincidencia en
la necesidad de
políticas de Estado,
en el tono de las
dos fórmulas está la
idea de que llegó la
hora de ponerse de
acuerdo. Es muy
interesante una
referencia que hizo
Larrañaga cuando
dijo: “Si nosotros
le pedimos a cuatro
o cinco grandes
referentes de los
distintos partidos
que escriban en un
papel en forma
anónima ideas de
solución a los
grandes problemas,
sin firma, es
probable que haya un
gran acuerdo en casi
todo”. Y Lacalle
agregó: “Sí, el
problema está en la
firma”, como que
luego, cuando el
dirigente político
siente la
responsabilidad de
comprometerse
públicamente le
cuesta ese
acercamiento por el
miedo a si la gente
lo seguirá o no.
Hay muchas
coincidencias por
parte de las dos
fórmulas en la
necesidad de
establecer límites
en materia de
política fiscal, en
el peso del Estado
sobre el país, en
materia de
inversiones, de
educación, de salud
y de empleo, en el
cual Lacalle usa
mucho la fórmula
“más y mejor
empleo”, con lo que
trata de marcar una
diferencia con el FA
diciendo que el tema
no es sólo
cuantitativo sino
cualitativo,
cuestión en que el
FA, sin negarlo, no
pone el énfasis que
pone Lacalle.
Sobre el rol del
vicepresidente,
claramente hay un
vicepresidente que
va a ser integrante
del gobierno en el
caso del FA, número
dos del gobierno,
una especie de co
presidente. En el
caso del PN se ve un
vice más fuera del
gobierno, como un
puente entre
gobierno y
Parlamento, como un
gran zurcidor de
apoyos al gobierno
dentro del
Parlamento y del
sistema político. No
hay que olvidarse
que cuando se habla
de Parlamento no son
sólo legisladores en
cuanto hacedores de
leyes sino también
partidos políticos;
en el Parlamento se
expresa el apoyo o
el desafecto de los
partidos políticos
hacia el gobierno y
las medidas del
gobierno.
Después aparece
claramente una
diferencia de
énfasis, de
sensibilidades, de
resultantes de los
vectores de cada
partido. El PN, si
bien busca acentuar
las aristas y
posturas más
centristas -como en
definitiva busca la
gran mayoría de los
partidos en Uruguay-
aparece como un
partido con énfasis
en aspectos de
mercado, de
competencia, de
calidad, así como el
FA ha hecho mucho
énfasis en aspectos
más de tipo
igualitarista. En
general -usando los
términos de la Unión
Europea-, el FA
implica una
sensibilidad que
entra en lo que se
llama del centro a
la izquierda, y el
PN en el centro a la
derecha, que son
elementos culturales
diferentes, pero que
no implica que haya
una confusión ni de
roles, ni de
papeles, ni de
estilo ni de
sensibilidades.
***
JAE – ¿Conclusiones?
OAB – Las
conclusiones están
referidas al ciclo;
ha terminado la
primera parte del
ciclo referida a las
fórmulas que pueden
ejercer la
presidencia de la
República.
Ahora viene la
segunda parte, con
dos partidos que van
a ser muy
importantes, porque
a veces en Uruguay
se pierde de vista
que esto no es un
régimen presidencial
absoluto, que es un
régimen con grandes
tintes
parlamentarios, y
por lo tanto la
conformación de
mayorías
parlamentarias así
como el papel de los
otros partidos en un
eventual balotaje es
relevante. Uruguay
va camino a un
escenario donde
puede ser muy
importante el rol
del Partido Colorado
(PC) y del Partido
Independiente (PI).
Para empezar no hay
gobierno del PN si
no conforma una
mayoría con el PC,
es notorio que por
sí solo no tiene
posibilidades, esto
lo reconoció el
propio candidato
presidencial Lacalle
el miércoles en el
Radisson.
Y el PI puede
cumplir un papel
fundamental como
bisagra, como eje,
en un equilibrio
entre el FA y los
partidos
tradicionales.
Por lo tanto viene
la segunda parte del
ciclo, con partidos
que pueden ser muy
importantes y
decisivos no sólo
desde el punto de
vista electoral si
hay balotaje, sino
después, en la
conformación y el
sostenimiento del
gobierno y en la
influencia en los
acuerdos para
conformar mayorías
parlamentarias.
Así que el 7 de
setiembre vamos a
tener a la fórmula
Pedro Bordaberry-Hugo
De León, y después,
en torno al 22 de
setiembre, a la
fórmula Pablo Mieres-Iván
Posada del Partido
Independiente.