JUAN ANDRÉS
ELHORDOY:
El martes pasado se
desarrolló la cuarta
entrega del ciclo
“Los presidenciables
cara a cara con los
empresarios”,
organizado por radio
El Espectador,
Deloitte y Factum.
Ese día Pablo Mieres
e Iván Posada -
candidatos a
presidente y
vicepresidente de la
República por el
Partido
Independiente -
expusieron sus
propuestas y
explicaron las
razones por las que
convocan a los
uruguayos a
votarlos. El
politólogo Oscar
Bottinelli, director
de Factum, nos
presenta algunos
apuntes sobre lo
expuesto por la
dupla Mieres-Posada.
El título: El gran
examen del Partido
Independiente.
***
¿Qué destacarías?
OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar, el
Partido
Independiente (PI)
tiene serias
dificultades de
posicionamiento
político. Un partido
que está con un
diputado, que está
peleando por
aumentar la
representación
parlamentaria e
ingresar al Senado,
tiene dificultades
en un país donde
desde 1996 se creó
una mentalidad que
ha hiper
presidencializado
las elecciones, se
ha olvidado del
Parlamento, se ha
perdido el
matizamiento que
había en el sistema
político uruguayo y
la gente piensa
exclusivamente en el
voto a presidente de
la República. En ese
sentido, el PI tiene
una gran claridad
estratégica, por lo
menos tiene muy
claro cuáles son las
dificultades y cómo
enfrentarlas -otra
cosa es que tenga
éxito-: tratar de
convencer a la gente
de que el presidente
de la República, en
última instancia, se
elige el 29 de
noviembre y que es
decisivo para el
gobierno, incluso
para que el propio
presidente pueda
gobernar, que haya
mayorías
parlamentarias.
Desde ese punto de
vista es central la
elección del
Parlamento y por eso
se ubica tratando de
que la gente piense
en el Parlamento.
Y además despejar
algunas dudas que
fueron muy
importantes. La
primera es que se
generaron muchas
dudas sobre dónde se
ubicaba el PI cuando
se dan encuestas,
porque habitualmente
la gran mayoría de
los medios de
comunicación tiende
a poner al Frente
Amplio (FA) de un
lado y confrontando
con el FA la suma
del Partido Nacional
(PN), Partido
Colorado (PC) y PI.
El PI ya había dado
una señal en ese
sentido -que
nosotros manejamos
hace tres semanas en
El Espectador- y
ahora lo dijo en
forma contundente: “los
votos del PI no se
suman a otros, no se
suman a nadie, ni al
FA ni a los partidos
tradicionales”.
Con esto además
adelanta su postura
en relación al
balotaje, en donde
el partido no se va
a pronunciar, ni
tampoco ninguno de
sus dirigentes, sin
duda en alusión a
que 10 años atrás el
Nuevo Espacio –al
cual ellos
pertenecían– no se
pronunció en el
balotaje pero Rafael
Michelini sí dio su
apoyo a Tabaré
Vázquez, lo cual
empañó esa especie
de equidistancia del
Nuevo Espacio. En
cambio, ahora dicen
que ningún dirigente
se va a pronunciar,
e Iván Posada dice “los
votos del PI son
votos orejanos”,
votos que no tienen
marca.
JAE – ¿Y en este
escenario cómo
piensa el PI
posicionarse en el
próximo gobierno?
OAB – Acá hay una
serie de elementos
salientes de la
exposición de Pablo
Mieres e Iván
Posada, que uno
diría que más que
como una fórmula
presidencial
aparecieron como una
fórmula
parlamentaria, es
decir el candidato a
encabezar la lista a
la Cámara de
Senadores y el
candidato a
encabezar la lista a
la Cámara de
Representantes por
Montevideo. El PI
plantea con claridad
que de los cuatro
escenarios posibles
que hay de la
elección, en dos de
ellos es decisivo.
No es decisivo si el
FA tiene mayoría
absoluta, no es
decisivo si blancos
y colorados sumados
tienen mayoría
absoluta. Pero gane
Mujica sin mayoría
parlamentaria del
FA, o gane Lacalle
sin que pueda
conformar una
mayoría
parlamentaria con
los votos del PN y
del PC, en ambos
casos el PI es
decisivo, es la
“llave” del
Parlamento.
En ese sentido ellos
consideran muy
positivo que en
Uruguay no haya
mayoría absoluta, no
sólo para que no se
apliquen
automáticamente con
‘mano de yeso’ las
decisiones del
gobierno que pasan
por el Parlamento
sin que haya
posibilidad alguna
de modificación,
sino además para que
se restablezca el
peso del Parlamento,
el lugar de debate
en el sentido de que
las cosas vengan de
una manera, se
cambien y pueda
salir otra con
mayores
entendimientos y
mayores acuerdos;
defienden la
parlamentarización
como el sistema más
democrático.
Y consideran que lo
ideal es que el
próximo gobierno, a
partir de grandes
entendimientos, sea
una coalición a la
europea, con
equitativo poder de
decisión y
responsabilidades
plenas de todos los
socios, y no como se
ha estilado en
Uruguay donde ha
habido coaliciones
llamadas
“asimétricas” en que
gobierna el partido
del presidente y el
resto está sentado,
apoyando, lo que no
le da al gobierno la
fuerza suficiente
que sí tiene una
coalición donde
todas las partes se
sienten por igual
responsables de lo
que haga el
gobierno.
JAE – ¿Esto quiere
decir entonces que
el PI, en alguno de
los dos escenarios,
no estaría obligado
a aprobar todo lo
que el partido de
gobierno proponga?
OAB – La concepción
de una coalición a
la europea es que no
es el partido del
presidente el que
gobierna, gobierna
toda una coalición y
quien decide es la
coalición en su
conjunto, en un
entendimiento de
todos y donde
obviamente todos se
obligan a votar lo
que todos acuerdan,
pero no hay una
primacía de un
partido sobre otro.
JAE – Cuáles fueron
los elementos
medulares de
definición con
respecto a otros
partidos políticos?
OAB – En primer
lugar, el PI se
define como un
partido
social-demócrata,
por lo tanto está
clasificado en el
mundo como un
partido de
izquierda. Pero a su
vez, en Uruguay es
opositor a un
gobierno de
izquierda. Esto
lleva a cuáles son
las diferencias con
uno y otro bloque,
cuáles son las
diferencias con el
FA y ahí señalaron
varias cosas pero
nosotros rescatamos
cinco como las más
fuertes.
La primera es que el
FA no terminó de
dilucidar la
coexistencia de dos
visiones, entre una
visión que ellos
consideran más
moderna, que se
ubica dentro del
sistema capitalista,
y otra visión que
sigue pensando en
que se está en el
sistema capitalista
transitoriamente.
De la anterior
deriva la segunda
discrepancia, que
percibe en el Frente
una visión
predominante, o por
lo menos con mucha
fuerza, muy
estatista, que le da
al Estado un rol
demasiado fuerte
para la época en que
vivimos.
En tercer lugar
dijeron que el FA
sigue teniendo un
problema con la
democracia y
marcaron el caso de
Cuba: “Cuba
es una dictadura,
para nosotros las
dictaduras son
dictaduras sean de
izquierda o de
derecha y en eso el
FA no tiene una
posición clara,
incluyendo a Astori
que sigue sin marcar
esa distinción”.
Un cuarto elemento
es la discrepancia
con el peso que
tienen los
corporativismos
sobre el FA y sobre
un gobierno del FA.
Y en quinto lugar la
discrepancia con el
FA y con el gobierno
en el tema del
Impuesto a la Renta
de las Personas
Físicas (IRPF), y
ahí jugaron con
ironía diciendo que
están de acuerdo con
el proyecto del IRPF
que presentó el FA
en 1999 -que no es
el que aprobó este
gobierno- que
establecía un mínimo
no imponible que hoy
estaría casi en los
25.000 pesos y que
sumando hijos podría
llegar a casi
40.000,
prácticamente el
doble de los mínimos
no imponibles del
impuesto que puso
este gobierno. Por
lo tanto están de
acuerdo no en algo
que hizo el gobierno
del Frente sino en
lo que dijo el FA
cuando no era
gobierno.
En cuanto a las
diferencias con los
partidos
tradicionales
marcaron dos muy
fuertes. Uno desde
el punto de vista
conceptual, de
modelo de gestión de
país o modelo
económico,
socio-económico, con
un excesivo
mercadismo, un
excesivo rol
asignado al mercado
por sí sólo. Y una
segunda diferencia
tiene que ver con
las formas
tradicionales de
hacer política,
donde pusieron
énfasis en el tema
del clientelismo y
se basaron en el
eslogan del PI
“Cambiá la
política”.
Luego en general
marcaron la
importancia de
defender al
ciudadano de a pie,
el que no se expresa
ni a través del
corporativismo ni
del clientelismo.
JAE – Y con respecto
al actual gobierno
¿qué comparte y en
qué discrepa el PI?
OAB – Es importante
marcar que el tono
general que tuvo la
exposición fue de
valorar con mucha
fuerza lo que
comparte con el
gobierno, no
presentarlo como una
concesión sino como
un acuerdo pleno, y
marcar con mucha
fuerza la
discrepancia. Sin
duda tienen interés
en marcar que son un
partido equidistante
de los partidos
tradicionales y del
FA.
En ese sentido, en
el compartir,
marcaron con mucha
fuerza el Plan
Ceibal, más allá de
señalar las
deficiencias que
tuvo y sobre todo
hacer hincapié en
que el Plan Ceibal
no surge como una
propuesta de la
enseñanza y desde la
enseñanza sino que
surge desde el
presidente de la
República
instrumentada por el
LATU e impuesta a la
enseñanza.
Defendió muchísimo
la forma en que este
gobierno llevó
adelante la
promoción de
inversiones y
algunos manejos
económicos como por
ejemplo el reciente
endeudamiento que
acaba de hacer el
gobierno –por 500
millones de dólares-
del que considera
que se hizo en la
forma y el momento
oportuno.
En cuanto a las
discrepancias ya
marcamos lo del
IRPF. También estuvo
el tema del
asistencialismo, las
políticas sociales
sin exigir
contrapartida; para
el PI, el gobierno
ha llevado al
desestímulo del
trabajo y del valor
del trabajo.
Una cosa muy
importante que
cuestionaron fue la
calidad del gasto,
por ejemplo haber
triplicado el gasto
en educación sin
absolutamente ningún
resultado. Es decir
que no importa que
se gaste más si la
calidad del gasto no
acompaña ese monto,
y eso lo consideran
más despilfarro que
inversión.
Y lo que señalan
como la gran
faltante en política
económica es el no
haber hecho
políticas
contracíclicas, lo
que expone al país a
tener que retraer su
crecimiento, retraer
los gastos del
Estado cuando se
retrae el ciclo
económico.
JAE – Y con respecto
a los elementos
centrales de la
propuesta, ¿qué es
lo que piensa el PI?
¿Qué busca este
sector político para
el país?
OAB – Marca tres
grandes objetivos.
Primero, la
recuperación del
bienestar social
perdido, haciendo
referencia al
Uruguay poderoso de
hace 50, 60 años
cuando era uno de
los países más ricos
del mundo per
cápita. En segundo
lugar, lograr un
proceso de
crecimiento
económico no atado a
los vaivenes del
ciclo económico. Y
el tercer objetivo
es que el Estado
deje de ser una
piedra en el zapato
y comience a ser un
factor favorecedor
del desarrollo. Eso
lo resumen en un
concepto:
“evaluación por
resultados”, que el
Estado deje de ser
un lugar donde el
dinero se gasta
pagando sueldos sin
que los resultados
aparezcan.
JAE – ¿Algún otro
elemento, alguna
conclusión?
OAB – Un elemento
que diría es
arriesgado, una
postura firme, es el
tema de la Ley de
Caducidad, en donde
se manifiestan en
contra de la
anulación de la ley.
Recordemos que el FA
la apoya, que el PN
ha resuelto dejar en
libertad de acción,
y que ellos sí
reivindican el
haberse opuesto a la
Ley de Caducidad,
haber militado y
trabajado por el
voto verde -que era
el voto para derogar
la Ley de Caducidad-
pero que se oponen a
la anulación porque
la anulación no
existe en el sistema
jurídico, que la
anulación supone
quitar todas las
certezas jurídicas y
que por lo tanto es
un daño global que
se hace al sistema
institucional porque
se dan
retroactividades que
el sistema jurídico
no admite.
Pero desde el punto
de vista político
nosotros lo
valoramos como un
paso muy riesgoso
porque puede dejar
algún sabor no
demasiado dulce a
algunos indecisos
que están viendo con
gusto al PI desde la
izquierda.
El gran dilema del
PI es si su mensaje
lograr calar en
cuanto a la
necesidad de
parlamentarizar la
elección, de pensar
en el Parlamento, de
no pensar tanto en
la Presidencia y
dejar la Presidencia
para el 29 en una
elección en que ya
se sabe cuáles van a
ser los dos
candidatos.
Ese es el gran
dilema, el gran
desafío del PI. Si
votan mal, quedarían
en lo que están; si
votan bien,
entrarían al Senado,
con tres o cuatro
diputados.