EMILIANO COTELO:
Desde hace 20 años
hay críticas a las
encuestas, pero
nunca con la
intensidad y la
virulencia que se
dieron en este
proceso electoral,
particularmente en
el período
julio-octubre.
Sobre este tema
vamos a conversar en
los próximos minutos
con el politólogo
Oscar A. Bottinelli,
director del
Instituto Factum y
catedrático de
Sistema Electoral en
la Universidad de la
República.
Es un tema que
habíamos esbozado en
más de una ocasión
en el espacio de los
viernes y que ahora,
pasada la primera
vuelta de los
comicios, puede ser
bueno desarrollar
con más tiempo.
****
EC – Habitualmente
contigo charlamos
por teléfono. Hoy te
tenemos aquí en
estudios de El
Espectador para esta
entrevista, esta
charla, que vale la
pena manejemos
ordenadamente porque
hay mucho para
hablar de lo que fue
esta polémica que en
algunos momentos
tuvo ribetes de
operación contra las
encuestas.
OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, claramente.
EC – ¿Cómo
definirías esos
ataques a las
encuestas?
OAB – Las críticas a
las encuestas tienen
más de 20 años,
empiezan
prácticamente con el
surgimiento de las
encuestas
profesionales en
Uruguay. Los
primeros ataques
contra Equipos
Consultores -que era
la única en aquella
época- partieron del
Frente Amplio (FA) a
raíz de la
confrontación
Seregni-Batalla.
Luego, en el verano
de 1999, hubo
algunos ataques;
recuerdo un
pasacalle en el
Palacio Legislativo
que decía ”Votar
contra las
encuestas”.
Diría que en el
último tramo de
2004, hacia octubre,
comienzan con alguna
fuerza ataques
personalizados,
nombrando las
empresas, incluso en
algún caso a un
colega, atacándolo
éticamente. Después
hay un nuevo envión
hacia el primer
tramo de este ciclo
electoral, antes de
junio, también
señalando con el
dedo, con nombre y
apellido, las
encuestas y los
principales
encuestadores.
Pero unos 15 días
después de junio
comienzan dos cosas
diferentes: una es
una ofensiva a
continuación de la
de junio, que en
gran medida puede
estar explicada por
las molestias que
generaba el
resultado electoral
que confirmaron las
encuestas, y eso
revalidó los ataques
realmente en
términos duros,
grotescos, con
acusaciones éticas
directamente contra
mí; los ataques a
las encuestas eran
más bien genéricos,
o específicos pero a
las tres empresas.
Y luego lo que fue
una campaña, un
operativo claramente
armado con cada vez
más protagonistas
repitiendo siempre
lo mismo contra las
tres encuestas,
enfocándolas y
tratando de hacer
creer a la gente
–también fue un
operativo de
desinformación– que
debía creerse en una
seudo encuesta que
no tenía ninguna
persona con créditos
académicos a su
frente, que no se
sabía qué
metodología
empleaba. Era
apostar al juego de
los números.
EC – ¿No vas a
mencionar el nombre
de esa seudo
encuesta?
OAB – No, no
interesa…
EC - …supongo que el
público sabe cuál
es.
OAB – Pero lo que
interesa no es
hablar de fulano o
de mengano, no
interesan los
protagonistas de los
operativos sino lo
que ocurrió, porque
en definitiva lo que
importa son los
procesos.
EC – Tú mencionaste
recién que esos
ataques te tuvieron
a ti como
destinatario. Y uno
de los más frontales
y al mismo tiempo
sorprendente fue el
que por la vía de
una cadena de
correos electrónicos
te cuestionaba
éticamente por un
contrato que estabas
por firmar o que
habías firmado con
la Oficina de
Planeamiento y
Presupuesto (OPP).
OAB – Sí, todo
arranca cuando aquí
hice un anuncio de
que iba a firmar el
contrato.
Considerando además
que lo debía
anunciar entre otras
cosas porque era un
orgullo, no tenía
nada que ver con
Factum, era como
catedrático de
Sistema Electoral
para asesorar en
esta inauguración
que se va a hacer en
mayo de la creación
del sistema de
alcaldías en
localidades menores,
que es una gran
innovación, la
creación del tercer
nivel de gobierno.
Entonces ahí se
difunde, no sólo por
mail. Primero es
desde la secretaría
de una bancada que
se entrega a los
periodistas la
fotocopia de un
presunto contrato
que no existió, era
un documento falso,
y mediante escaneo
se había falsificado
la firma de un
jerarca de la OPP.
EC – Ese es un
detalle que quizás
no tuvo suficiente
difusión, esa
aclaración de que el
“documento” que
circulaba era un
documento trucho.
OAB – Era falso,
habían escrito un
formulario del PNUD
(Programa de
Naciones Unidas para
el Desarrollo) en
base a lo que se
llama “términos de
referencia”, es
decir la propuesta
de contratación que
tiempo atrás había
formulado la OPP.
Eso lo tradujeron
como si fuera un
contrato y mediante
escaneo le
estamparon la firma
de un jerarca de la
OPP.
EC – Particularmente
grave entonces el
procedimiento.
OAB – Claro que es
grave.
EC – De todos modos
el telón de fondo
era correcto, había
la posibilidad de un
contrato Bottinelli-OPP.
OAB – Tanto que yo
lo anuncié antes que
surgiera algo. Pero
lo que no había era
un contrato, ni ese
era el monto; no se
descubría nada si yo
lo había anunciado
antes.
Pero lo interesante
es que esto se daba
como explicación de
por qué Factum le
daba 45% de
intención de voto al
FA, que era más o
menos lo mismo que
le daban mis
colegas. Lo que se
nos puede reprochar
es que nos
equivocamos para
abajo, porque obtuvo
el 48%.
Luego, se dilata la
firma del contrato,
optamos por dejarlo
para después de las
elecciones y lo
firmé después del 25
de octubre, la
semana siguiente.
Entonces viene una
segunda novela: “ah,
no se firmó y
entonces Bottinelli
está enojado con el
Partido Nacional (PN)
y por eso le da el
29%”, el problema es
que…
EC - …aunque algunos
oyentes no lo crean,
ese correo
electrónico circuló.
OAB – A mí me
llegaban los rebotes
de los correos, ni
hablar a otra gente,
porque nadie me lo
mandaba a mí salvo
mis amigos que me
decían “mirá lo que
están diciendo de
ti”.
EC – El correo
circuló diciendo que
como supuestamente
se había “destapado”
ese contrato tuyo
con la OPP en la
encuesta siguiente
tú habías castigado
al PN.
OAB – No era en la
siguiente, fue en
varias más, porque
resulta que el PN
tardó en caer y que
cayera al 29
realmente fue una
mala suerte para los
que hicieron ese
operativo porque en
el caso del FA, que
era el presunto
beneficiado, nuestra
intención de voto
daba mucho menos de
lo que fue –también
estamos hablando de
hace dos meses–; y
el del PN dio
insólitamente
exacto, realmente
podía haber dado un
punto más, un punto
menos.
Además se puede
dudar o no de la
honestidad de
cualquiera, todo el
mundo tiene derecho
a dudar y cada cual
sabe cómo se
comporta en la vida,
pero yo creo que hay
que tener un poco
más de respeto y no
tratar a uno como
idiota. El tema es
que todo el contrato
en bruto –a esto hay
que deducir los
gastos que lleva
hacer todos los
estudios– era de
480.000 pesos, según
lo denunciado –el
contrato es por
mucho menos–.Se
suponía que entonces
yo estaba dispuesto
a cambiar los
números, vale decir
incinerarme el 25 de
octubre porque se
iba a demostrar que
estaba falsificando
datos. Estuve 20
años para crear el
único capital que
tiene una empresa
encuestadora que es
que se confíe en
ella. Es decir que
yo incineraba 240
meses de trabajo por
480.000 pesos bruto,
2.000 pesos por mes
bruto, que sería la
mitad líquido; con
un cheque del Plan
de Emergencia uno
sacaba mucho más
rédito que con todo
este operativo.
Entonces bueno,
alguien podrá ser
deshonesto pero tan
idiota... Ya revela
por lo menos poco
vuelo de los que
organizaron el
operativo, hubieran
pensado una cosa con
más sentido común.
Lo malo es cómo la
gente se prendió a
estas cosas,
mandaban mails,
algunos periódicos
digitales los
reproducían, y no he
visto a nadie pedir
disculpas, creo que
muchos deben estar
avergonzados. Alguna
gente sí dijo “yo
creí en el mail, que
barbaridad”, me han
llegado algunos
mensajes en ese
sentido.
***
EC – ¿Quedaba algo
por agregar?
OAB – La pregunta
que uno se formula
es por qué están
estos operativos
pero además por qué
las encuestas
provocan estas
fobias. Quizá lo
mejor es empezar al
revés, a cómo era el
mundo sin encuestas.
EC – ¿Cómo era?
vamos a meternos en
ese tema entonces.
OAB – Sí, cómo era
el mundo y cómo era
el Uruguay. Lo mejor
es contar cuatro
anécdotas. En 1958
por primera vez el
PN votaba unido bajo
el mismo lema
después de 28 años,
y hacía 93 años que
no pisaba la casa de
Gobierno. Pensar que
el PN pudiera ganar
era algo
absolutamente
absurdo para
cualquiera,
empezando por los
dirigentes del PN.
Estaba dividido,
votaba bajo el mismo
lema pero en una
durísima
competencia: de un
lado Herrera (el
Herrerismo con
Herrera) y del otro
lado la conjunción
de todos los anti
herreristas, los
viejos del
nacionalismo
independiente y los
que se habían
separado de Herrera
cuatro años atrás y
habían formado la
Unión Blanca
Democrática (UBD).
Recordemos –lo cual
es válido para tres
de las anécdotas–
que Uruguay no tenía
presidente de la
República sino un
Consejo Nacional de
Gobierno de nueve
miembros. El partido
más votado llevaba
seis cargos, todos
se los llevaba la
lista más votada, y
la minoría –el
segundo partido–
llevaba tres cargos
de manera
proporcional, que en
realidad quería
decir que el más
votado llevaba dos y
el menos votado uno.
El PN era minoría,
el Herrerismo tenía
dos cargos, el anti
Herrerismo uno, al
empezar a competir
de igual a igual el
tema en definitiva
era quién se llevaba
el tercer cargo,
quién quedaba con
dos y quien con uno.
Herrera responde a
la formación de la
UBD mediante el
acuerdo con el líder
ruralista Benito
Nardone –de
filiación colorada,
atrae muchos votos
colorados– y su
grupo. Si uno mira
las listas de
candidatos al
Consejo de Gobierno
y al Senado es
absolutamente
inequívoco que
fueron listas hechas
para un PN que
perdía, donde cada
uno estaba jugándose
a ganar la mayoría
del partido, por lo
tanto los dos
consejeros frente a
uno. Eso es
clarísimo.
Que el Partido
Colorado (PC) se
jugaba a ganar
también era
clarísimo. Cuando
uno mira la lista de
la 15, que no había
duda que ganaba y
ganó dentro del PC
los seis cargos al
Consejo de Gobierno,
tercero iba Héctor
Grauert, cuarto iba
Amílcar
Vasconcellos, dos de
los nuevos grandes
pesos de la 15 que
se jugaban al todo o
nada, no iban a
ningún otro cargo.
Resulta que contra
todo vaticinio gana
el PN, por lo tanto
le salieron mal los
cálculos a todos.
Dentro del PN ganó
el Herrerismo,
entraron tres
consejeros que nadie
preveía que ocuparan
ningún cargo, tanto
que el quinto y el
sexto consejero iban
octavo y noveno al
Senado. Y en la UBD
quedaron fuera de
todo cargo los dos
que se consideraban
seguros: Ferrer
Serra y Barrios
Amorín. En la 15
quedaron fuera de
todo cargo Héctor
Grauert, Amílcar
Vasconcellos, además
de Julio César
Estrella y del
arquitecto Barbieri,
un prócer de la 15
que fue intendente
de Salto.
El PN le ganó al PC
por 50 contra 38; no
había que esperar
hasta el último
voto, fue una paliza
descomunal, ninguno
de los dirigentes
políticos,
acostumbrados a
medir por la
convocatoria a los
actos, previó ese
resultado.
EC – Tú estás
hablando de cómo se
trazaron estrategias
políticas
equivocadas debido a
que no se conocía
por dónde iba la
opinión pública.
OAB – O, dicho de
otra manera, debido
a que los dirigentes
políticos creían en
su olfato, como
algunos todavía
siguen creyéndo al
combatir las
encuestas.
Pero esa elección
tiene otra cosa. En
Montevideo gana la
UBD, no había
encuesta a boca de
urna, no había
proyección de
escrutinio, no había
encuesta previa, y
por lo tanto se sabe
que va ganando la
UBD por el acumulado
de votos del
Ministerio del
Interior que va
agregando datos del
interior. Cuando se
quiere acordar, la
UBD sale a festejar
en Montevideo.
Festejan hasta más o
menos la mitad de la
madrugada, porque
después resulta que
el que había ganado
era el Herrerismo y
no la UBD. Otro
error, ahí sí fue
poca la diferencia:
el 1% del total del
electorado, 10.000
votos en 1.000.000.
EC – Esos son dos
ejemplos que tu
tomas de la elección
del año 1958.
OAB – Después
tenemos la del 62.
EC – Otro caso de un
mundo sin encuestas.
OAB – Un mundo sin
encuestas en el cual
el PC festeja toda
la noche el haber
retomado el
gobierno. Y ahí
venían los datos a
una velocidad mucho
mayor que hoy,
porque a las 5 de la
mañana se sabía el
resultado, sin
encuestas de boca de
urna y sin
proyección de
escrutinio.
EC – El dato del
escrutinio primario
estaba a las 5 de la
mañana.
OAB – El final
estaría un poco más
tarde pero a las 5
de la mañana estaban
los datos claros. A
eso de la madrugada
salen por radio
Eduardo Víctor
Haedo, del PN, con
Héctor Grauert, que
era consejero pese a
que no había sido
electo porque en el
ínterin muere uno de
los titulares.
Grauert por supuesto
festejando, y Haedo
le dice una frase
célebre: “Espere que
lleguen los votos de
Paysandú”. Y
efectivamente
llegaron los votos
de Paysandú y ganó
el PN por más de
tres puntos
porcentuales de
ventaja. Tampoco fue
una elección de
estas a las que
estamos
acostumbrados, por
0,20 o 0,30 de
diferencia; más de
tres puntos
porcentuales. Hacia
las 6 de la mañana,
ya estaba
amaneciendo, sale el
PN a festejar que
había retenido el
gobierno.
EC – Así que ahí
tenemos un ejemplo
de un mundo sin
encuestas y sin
proyección de
escrutinio a cargo
de las empresas de
opinión pública.
Vayamos al cuarto
ejemplo y cerramos
estos antecedentes.
OAB – El otro, así
le toca uno a cada
partido: en 1971 en
el FA había una
convicción -ni
hablar en su
militancia pero
también en muchos
dirigentes
experimentados- de
que el FA podía
ganar el gobierno. Y
esta convicción la
tenía mucha gente
enemiga, temerosa de
que el FA ganara.
Brasil estaba
asustado, tenía un
plan contingente
para el triunfo del
FA conocido como
“Operativo 30 horas”
para tomar el
Uruguay en 30 horas;
el gobierno de Nixon
y el Departamento de
Estado también
estuvieron
asustados. El
resultado fue que el
FA obtuvo el 18% de
los votos.
EC – Particularmente
engañoso resultó el
acto final del FA
del año 1971, que
abonó ese espíritu
triunfalista.
OAB – Claro, el acto
llenó toda la actual
Avenida del
Libertador, la
diagonal Agraciada…
EC – …siempre se
discutirá si la
llenó efectivamente
o si la gente estaba
estratégicamente
ubicada para que lo
pareciera.
OAB – Entre las
cosas de las que me
precio es que
calculo bastante
bien las
concurrencias a los
actos, y el acto de
medio millón o
300.000 personas
superaba por poco
los 180.000, lo cual
era prácticamente el
90% de los votantes
del FA de Montevideo
que habían ido al
acto. No olvidemos
que el FA sacó
304.000 votos en
todo el país y
212.000 en
Montevideo, era una
fuerza casi
exclusivamente
montevideana, ni
siquiera de
Canelones.
EC – Hubo una foto
que se hizo clásica,
que se publicó en
ediciones especiales
de los diarios
alineados con el FA,
tomada esa misma
noche desde la plaza
del Entrevero, que
mostraba la avenida
Libertador llena y
estaba ese titular
de “Medio millón”.
OAB – Era del diario
El Eco, que dirigía
Federico Fasano. Lo
cierto es que
estamos hablando de
que cualquiera de
los dos partidos
tradicionales superó
por más del doble al
FA, y muchos
pensaban que podía
ganar. Digo esto
para ver la magnitud
del despiste, y
estoy hablando del
58, 62, 71, no es
una sola elección,
no es un solo
partido, no es una
sola fracción. Pero
lo creían de verdad,
porque cuando uno se
equivoca al armar la
lista es porque cree
de verdad cómo van a
ser los resultados,
quedó gente muy
importante afuera.
EC – Esos son
ejemplos de un mundo
sin encuestas. ¿Por
qué los mencionas a
raíz de lo que
estamos charlando
esta mañana? ¿Por
qué aquello explica
o explicaría los
ataques a las
encuestas ahora?
OAB – Primero porque
tenemos una
dirigencia política
que buena parte de
ella se formó en ese
mundo. Y aunque las
encuestas
profesionales en
Uruguay tienen 25
años yo diría que al
principio hubo que
hacer un largo
camino de
aceptación. Todavía
en el 94 competía la
proyección de
escrutinio contra el
ir pasando el
acumulado de datos
del escrutinio
primario y se
discutía si lo que
valía era la
proyección de
escrutinio. Cuando
Sanguinetti anuncia
haber ganado después
de los anuncios de
Luis Eduardo
González y el mío a
la medianoche -fue
la elección del
anuncio fallido de
la Facultad de
Ciencias Económicas-
el PN seguía
creyendo que ganaba
porque el Ministerio
del Interior lo
estaba dando
adelante en el
acumulado.
EC – Lo que pasa es
que el acumulado
sumaba peras con
manzanas.
OAB – En 2004,
cuando estaba por
terminarse el
escrutinio
definitivo de la
elección de junio,
alguien creyó que
había ganado el PN
sobre el FA en las
internas cuando se
llegó al 96 o 97% de
lo escrutado, el
problema es que lo
que faltaba iba todo
para otro lado. Hay
que tener cuidado
con los acumulados.
EC – Entonces tú
decías que buena
parte de la
dirigencia política
que hoy está al
frente de los
partidos se formó en
aquel mundo.
OAB – Muchos se
formaron en eso y
además trasmitieron
esa formación y el
temor a las
encuestas a los
dirigentes
políticos. Yo diría
que hay un problema
de conocimiento
científico. De las
ciencias modernas la
que más fue adoptada
por las dirigencias
políticas fue la
economía. Del lado
de la izquierda creo
que en gran medida
porque fue
entendiendo la
necesidad de la
economía y que no
era sólo buena
voluntad, y también
porque en época de
dictadura la mejor
forma de hablar de
política era hacer
análisis económicos
y no políticos; ahí
empieza el gran
protagonismo de los
economistas en
Uruguay.
Y en lo que no era
izquierda porque el
modelo de apertura,
de libre mercado,
tenía que
fundamentarse en
manejos económicos y
no meramente en
idealismos y
romanticismos
políticos. Al revés,
era contraponer la
economía contra el
idealismo político.
Fuera de la
economía, las
ciencias modernas,
particularmente las
ciencias sociales y
dentro de ellas la
ciencia política, la
sociología, el uso
estadístico con
finalidad
sociológica, la
psicología –mucho
más la psicología
sociológico-política–
y la demoscopia, que
es la ciencia que
estudia la opinión
pública. Estas
ciencias son nuevas,
todavía es muy
grande el elenco que
no alcanza a
entenderlas y esto
tiene un agravante:
hay muy pocos
cientistas sociales
cuantitativistas en
los partidos
tradicionales. Hubo
un grupo importante
en torno a
Sanguinetti: Juan
Rial, Carina Perelli,
Juan Carlos Fortuna,
Renato Opertti, pero
hoy uno ve
poquísimos
cientistas sociales,
incluso no
cuantitativistas. En
aquella época, no
como cuantitativista
pero como cientista
político, estaba
Ernesto Castellano.
Hoy tenemos la
elección de un
politólogo como
diputado de Vamos
Uruguay: Fitzgerald
Cantero.
Pero el tema es que
hay un profundo
desconocimiento de
las ciencias
sociales y de la
estadística, no solo
ligada a ciencias
sociales sino
también a la
economía, a la
econometría. Hay
errores muy gruesos
en cómo se deben
manejar las
estadísticas. Y
atención: una
estadística de
trigo, de economía,
de tornillos y de
votos siguen las
mismas reglas.
Yo la he comparado
con la reacción ante
Galileo Galilei
cuando defiende la
tesis heliocéntrica,
de la Tierra girando
alrededor del Sol.
Más allá del tema
religioso, las
ciencias nuevas
provocan miedo, y
también enojo al no
entenderlas. Toda
cosa nueva hace
tambalear las
convicciones en las
que uno se formó.
Hay que ser muy
abierto para no
tambalear, todo
tambaleamos ante los
conocimientos
nuevos.
La reacción ante
algo nuevo es de
novelería -que a
veces es una forma
de ocultar el miedo-
o de miedo y enojo.
Y realmente acá
estamos en lo mismo,
hay miedo y enojo
frente a algo que no
se alcanza a
entender qué es ni
cómo es.
***
EC – Quedaba
pendiente ver dos o
tres puntos más para
redondear la charla.
Uno, ¿qué es lo que
debe esperarse de
las encuestas? ¿Qué
es lo que aportan?
OAB – Por eso yo
empecé con el mundo
sin encuestas,
porque si se ve la
falta de percepción
de la realidad que
se puede tener si no
hay un instrumento
científico que
permita verla, el
despiste general que
se puede tener,
entonces se ve que
el primer gran
aporte de las
encuestas es aportar
un panorama. La
gente se ha
acostumbrado tanto a
las encuestas que
cree que ver que el
FA es primero, el PN
segundo y el PC
tercero era obvio y
estaba fuera de
discusión. Con los
ejemplos que puse
del mundo sin
encuestas uno se
encuentra que eso no
es tan obvio. La
gente no se da
cuenta que es de la
lectura permanente
de encuestas que
tiene un panorama.
Entonces dice “la
encuesta no sirve
porque no nos dice
con precisión si es
48,1 o 48,2”, no se
da cuenta de que la
encuesta da el
primer diseño, y que
además dice que esto
va a estar más o
menos entre esto y
aquello, entre
100.000 y 200.000
votos, lo cual
también es una gran
aproximación. En
1958 el PN le gana
al PC por el
equivalente a
300.000 votos de hoy
(en aquel momento
eso eran 140.000
votos) y todo el
mundo se sorprendió
del resultado.
Entonces lo primero
que aporta es esto;
los panoramas
existen porque las
encuestas los miden
y los exponen.
EC – Hay márgenes de
error de todos
modos.
OAB – Claro, pero
primero el panorama,
después vienen los
números. Segundo,
parece que es una
retahíla cuando se
dice que hay un
margen de error de
+/- 3.2% y alguien
comenta “¡qué
barbaridad, se
equivocó en 2%!”.
Estamos diciendo que
hay un margen de
error, y hay que
aclarar esto:
alguien dice “el
margen de error que
tiene Factum se
equivoca en un 3”.
No, margen de error
es una denominación
estadística que
tiene que ver cuando
se mide trigo,
tornillos, elementos
económicos o votos,
que en una
determinada muestra,
en determinadas
condiciones, el
número que se
obtiene tiene una
variación que puede
ir en determinadas
circunstancias en
por ejemplo un +/-
3%. Cuando alguien
dice “esto tiene el
48 quiere decir que
va del 45 al 51”, lo
hemos explicado
algunas veces. Una
pregunta que nos
hacen es por qué se
presentan así los
datos. Yo los estoy
presentando en
rangos chicos y
dicen “qué
barbaridad presenta
rangos”…
EC - …si, esa es
una pregunta que
hacían muchos
oyentes y dirigentes
políticos: por qué
Bottinelli presenta
rangos, por qué no
se juega a dar
números exactos...
OAB – Claro, y yo
digo que primero no
me gusta jugar pero
si juego, juego al 5
de Oro o a la ruleta
no juego a acertar.
Hay quien hace
pencas, yo he visto
un montón de pencas
el 25 de octubre. De
alguna manera fue
una penca la que
hizo Espectador.com
–aunque no pagaba
nada– cuando nos
llamó a 10 personas
a decir cómo salía
Uruguay-Argentina.
Tuvo un éxito
formidable, nueve le
erramos diciendo que
ganaba Uruguay y uno
estuvo un poco más
acertado porque
creyó que había un
empate. Ahí se jugó
a un juego, a creer
que ganaba Uruguay
–yo todavía dije que
ganaba 2 a 1 y hasta
le erré a quién
hacía el gol
argentino, dije que
era Messi–. Eso es
un juego, estos son
mediciones.
Las mediciones dan
números con márgenes
de error. Además,
cuando la medición
no es exacta, como
en este caso, porque
uno está midiendo
intenciones de voto
-y en la intención
hay gente decidida y
gente indecisa y los
indecisos hay que
proyectarlos- lo más
científico es
presentar rangos de
probabilidades, de
ocurrencia del
vuelco de esos
indecisos. Y aún
así, sobre eso,
todavía hay que
aplicar el margen de
error.
Entonces de paso ya
contestamos una de
las primeras
observaciones. No ha
habido ninguna
encuesta que
sobreestimara o
subestimara ni al FA
ni al PN, ni de
Factum ni de los
otros colegas
profesionales, en la
medida que
sobreestimar o
subestimar quiere
decir que se salió
del rango del margen
de error para el
nivel de confianza
determinado. Y dije
FA y PN, y ahora voy
a hablar del PC.
EC – Porque ese es
uno de los temas
controvertidos y ha
sido objeto de
discursos de
campaña, la forma
como se daba al PC
en las encuestas.
OAB – El problema es
que el discurso de
campaña fue sobre
esta elección y yo
voy a hablar de una
decepción del PC del
99 para atrás. Vamos
por partes. ¡Qué mal
iban a medir las
encuestas de
intención de voto
del PC cuando el 28
de junio el total de
personas que fue a
votar al PC fue el
5,5% del electorado
uruguayo real! Es
decir, tomando las
cifras de los que
votaron en octubre
como electorado
real, el 28 de junio
al PC lo votó el
5,5%, no el 12, el
12 era de los que
fueron. Cuando una
encuesta daba el 7,
el 8, el 9, estaba
dando mucho más que
la gente que fue a
votar al PC el 28 de
junio. Ahí se hacen
juegos de
malabarismos para
decir que las
encuestas se
equivocaron. No se
equivocaron, el PC
votó el 5 y medio
por ciento. Ahora
triplicó los votos.
EC – Había una
dificultad muy seria
para hacer una
encuesta a propósito
de cómo estaba la
interna de ese
partido si ese era
el margen ¿no?
OAB – Claro, pero
antes de entrar al
28 de junio quiero
hablar del tema PC
del 99 e incluso
para atrás.
Efectivamente todas
las encuestas del 99
para atrás
subvaloraron al PC.
Esto entra dentro de
un problema que se
llama “la espiral
del silencio”,
descubierto y
teorizado por los
alemanes hace 30
años y que detecta
algo que se ha visto
en todos los países
de Europa y países
de comportamiento
electoral similar
-como el caso de
Uruguay- con un
electorado
conservador,
generalmente de
niveles educativos
más bien bajos, de
edades medias para
arriba, que ocultan
el voto. Esto se
descubrió a raíz de
la subestimación
sistemática que se
producía en el voto
a la Unión Social
Cristiana de
Baviera, que es
socia de la Unión
Demócrata-Cristiana
que gobierna
Alemania
actualmente.
Ahí se trazó la
teoría de la espiral
del silencio, que
aplicada a Uruguay
nos da que eso
producía una
subvaloración del PC
de alrededor de
cuatro puntos, la
cual efectivamente
se produce por
última vez en el año
99.
A partir de ahí
primero cambia el
segmento de la
espiral del silencio
con el cambio
producido por el
país. En segundo
lugar a partir de
ahí se pudo estar
atento a la
existencia de esa
espiral del
silencio. Pero
realmente es clara
en la elección de
octubre del 99, no
es clara en la
elección del 94, uno
diría que ahí la
espiral del silencio
se diluye,
probablemente se
repartió porque no
quedó marcado hacia
ningún lado, y algo
podría haber
existido, no muy
marcado, en la
elección del 89.
Para adelante no ha
aparecido espiral
del silencio, es
decir que cuando se
habla de
subvaloración del PC
corresponde a aquel
momento. Sostener
que se subvaloraba
el PC porque obtuvo
el 17% y se le daba
el 12... Tenía el
12, si sacó el 5 y
medio en junio.
EC – Ese es un
argumento que se ha
escuchado desde el
PC: “miren,
terminamos teniendo
el 17 y sin embargo
durante meses y
meses las encuestas
nos daban en el 10,
en el 11”…
OAB – Sí
probablemente no sea
un ataque a las
encuestas sino a
Pedro Bordaberry
porque lo que se
está diciendo es que
él no ganó nada, que
ese electorado ya
estaba. Decir que
las encuestas
estaban en eso es
decir que el PC no
creció con
Bordaberry.
Bordaberry dijo lo
contrario, “tomé al
PC en el 7% y lo
llevé al 17”, es
decir que Pedro
Bordaberry no está
cuestionando los
niveles que se daban
en el PC porque no
los estaba
subvalorando sino
que lo tomó en ese
nivel y él lo
levantó al 17%, que
dicho sea de paso
podrá ser él, podrá
ser todo un conjunto
de gente, ahí es
otra discusión de
causas y méritos.
Este PC estaba en el
7% y termina hoy,
con la Secretaría
General y
candidatura de Pedro
Bordaberry, en el
17; ese es un
fenómeno real.
También es real que
mirando las
encuestas el
crecimiento del PC
es paralelo a la
caída del PN porque
uno ve que el global
de los partidos
tradicionales no
cambia.
Y nos queda el otro
tema que es las
cifras del 28 de
junio.
***
EC – Otro frente de
esta polémica y de
estos ataques
también fue el
resultado de las
elecciones internas
del 28 de junio y su
comparación con lo
que las encuestas
habían dado
previamente, tanto
por el lado de cómo
votó cada partido el
28 de junio como en
cuanto a las
internas de los
partidos.
OAB – Los ataques
realmente fueron más
que nada sobre la
concurrencia y cómo
votaron los partidos
entre sí y muy poco
sobre las internas.
Sobre las internas
digamos lo
siguiente. Primero,
absolutamente sobre
todos los casos las
tres encuestadoras
profesionales
estuvimos dentro del
margen de error en
las internas, en
todos los casos. Y
diría más: excepto
un colega con el FA,
que estuvo tocando
el margen de error,
en todos los demás
casos de los otros
dos partidos
estuvimos dentro de
la mitad del margen
de error. Por lo
tanto no hubo error.
Y miremos las cifras
sobre el total de
votantes que sacaron
los candidatos.
Lacalle tuvo el 12%,
12,2, la encuesta
que le dio más le
dio 12,6. Larrañaga
estuvo…
EC – Lacalle tuvo el
12% del total del
electorado.
OAB – Del electorado
real del Uruguay.
Hay un 51% que no lo
tuvo nadie.
EC – Ese no fue a
votar.
OAB – No fue a votar
y ese es el dato
mayor. Acá se eludió
el debate sobre por
qué la totalidad del
elenco político
uruguayo fracasó en
convocar a los
uruguayos a
respaldarlos. La
mayoría de los
uruguayos le quitó
el respaldo a la
totalidad del elenco
político y eso se
ocultó, no
analizándolo sino
diciendo que las
encuestas se habían
equivocado.
EC – Tú decías que
Lacalle obtuvo el
12% del electorado
total.
OAB – Larrañaga el
9, Mujica el 10,
Astori un poco menos
del 8, Bordaberry el
4 y Amorín más
Hierro más Lamas,
etcétera, el 1 y
medio por ciento; ni
Amorín ni Hierro
llegaron al 1%. Por
lo tanto hablar de
equivocaciones
cuando estamos
hablando del caso
del PC... son cifras
pequeñísimas desde
el punto de vista
estadístico.
Y en los demás casos
en ninguno la
diferencia entre lo
proyectado y lo real
pasó del 1% del
total del
electorado. Lo que
pasa es que estos
porcentajes llevados
al nivel de gente
que votó y esto
llevado a la interna
de los partidos
aparecían como si
fueran cifras
gigantescas.
EC – Sí, por ejemplo
en el FA la última
encuesta Factum daba
que José Mujica iba
a tener 53 a 56% y
tuvo 52.
OAB – Claro, eso es
inexistente como
diferencia, pero
hubo algunas más
grandes, nuestras o
de los colegas. El
tema es que de
repente hubo una
diferencia de ocho
puntos en un partido
que tuvo el 40% de
una elección a la
que fue la mitad;
ocho puntos de 40 es
tres puntos, la
mitad es uno y
medio.
EC – Estás hablando
por ejemplo del caso
de Larrañaga. La
encuesta tuya le
daba 34 a 36 y tuvo
43% dentro del
partido.
OAB – Claro, o el
caso de Cifra con
relación a Astori
por ejemplo. El tema
es que en Uruguay se
manejan muy mal los
porcentajes,
realmente es una
cosa que llama la
atención lo mal que
se maneja el tema.
Evidentemente hay
que encarar otras
estrategias de
comunicación porque
el porcentaje da una
falsa idea de
exactitud en este
tipo de elección que
no debería darse.
Por ejemplo, desde
que las elecciones
municipales
empezaron a
realizarse por
separado ensayamos
una forma distinta
de presentar las
internas. Nosotros
por ejemplo no
decíamos que en el
PN en Maldonado
Antía tenía el 40,
Ambrosio Rodríguez
el 30 y Alcorta el
30, sino que
decíamos 10, 10, 15,
más dos indecisos es
37 de intención de
voto para el PN.
Seguíamos
manejándonos sobre
todo el universo;
acá todavía tenemos
el agravante de que
la mitad de la gente
no vota. Habrá que
comunicar de otra
manera pero lo
fundamental que
necesitaba la gente
era quién ganaba y
si era una elección
muy competitiva o se
ganaba con alguna
luz y ahí nadie dejó
de dar el panorama
exacto: ganaba
Lacalle con
comodidad, ganaba
Mujica con comodidad
y ganaba Bordaberry
de manera
apabullante, y las
tres cosas
ocurrieron.
EC – ¿Qué pasa en
cuanto a la
participación, al
porcentaje del
electorado que
efectivamente fue a
votar el 28 de
junio? Porque allí
también se señala
que las empresas
consultoras de
opinión pública se
equivocaron.
OAB – Ahí hay un
problema serio. Hay
dos cosas que están
unidas: cómo votan
los partidos entre
sí y cuánta gente
fue, porque al ir
menos gente cambió
la relación del voto
entre los partidos.
Lo primero que hay
que decir es que
estamos pagando la
culpa de ponernos a
dar un dato que no
tenía interés y que
no era relevante. Lo
que importaba era
quién ganaba en cada
partido, nos pusimos
a dar datos de más y
por abrir la boca se
nos terminó echando
la culpa.
EC – Sí, por
ejemplo, el total de
votantes fue
1.157.000, y en
Factum se preveía de
1.385.000 a
1.495.000.
OAB – Sí. Entonces
no es que nos
equivocamos, es que
nosotros dimos por
válida la respuesta
de la gente que
decía que seguro que
iba a ir, que en su
gran mayoría eran
frenteamplistas y
algunos blancos.
El tema es que en
Uruguay hasta ahora
solo tenemos dos
modelos de
elecciones
voluntarias en un
mapa de elecciones
obligatorias. En los
países en que el
voto es voluntario
se construyen
modelos para ver qué
certeza tienen las
respuestas y aun así
tienen problemas
serios. Por ejemplo
en Italia en la
elección de 2006 las
encuestas dieron
cinco puntos de
ventaja a la centro
izquierda sobre la
centro derecha.
Resultado: ventaja
de la centro
izquierda sobre la
centro derecha por
el 0,02, es decir,
empate. La última
elección de 2008:
las encuestas daban
de cuatro a cinco
puntos de ventaja a
la centro derecha, a
Berlusconi.
Resultado: ventaja
de Berlusconi por 10
puntos porcentuales.
Lo mismo puedo decir
respecto a Alemania,
a España, mucho más
todavía respecto a
Francia, mucho más
aún respecto al
Reino Unido. El voto
voluntario lleva a
que no haya que
confiarse demasiado
en la exactitud del
número porque la
concurrencia hace
variar esos números
y lo que se dan son
panoramas.
Aún así fíjense que
en Italia tenemos
que en 10 años hay
dos elecciones
nacionales, dos
europeas, 40
regionales, 210
provinciales, es
decir que tenemos
más de 260
elecciones de peso
político importante
para evaluar modelos
de lo que contesta
la gente y lo que
hace. Y si uno
quiere afinar más
todavía, en 10 años
en Italia, sumando
todas las elecciones
municipales, hay
16.500 elecciones,
entonces uno puede
construir verdaderos
modelos estadísticos
de comportamiento de
la gente entre lo
que dice y lo que
hace. El voto es
traducir lo que uno
piensa en un acto
simple: yo tengo que
ir al cuarto secreto
o a la urna e
introduzco una hoja.
Y en Uruguay la
gente no miente,
otro error de los
políticos es decir
que los uruguayos
son picarones, que
esconden cualquier
cosa; hay que
averiguar antes de
decir esas cosas
porque eso no se
contrasta con la
realidad.
EC – Lo que tú dices
es que para poder
hacer esa traducción
se necesitan
antecedentes,
modelos que se hayan
podido construir.
OAB – Claro, pero
respecto a medir si
una persona se
levanta de la casa y
va. Quienes
organizan fiestas le
dicen a uno “de la
lista de gente
confirmada -no de
los que invitó-
detraiga el 15, el
20, el 25% ya que
inexorablemente
fallarán. Gente que
llamó y dijo “voy,
confirmado”, llegó
el momento y no fue.
“Me dolía la muela”,
“me sentí mal”,
“resulta que tenía
otro compromiso y
quería ir a los dos
y no pude”, siempre
hay razones
valederas para que
alguien que se
comprometió a ir a
un lado no vaya. En
una elección mucho
más, puede ser el
frío, la falta de
ganas, quedarse a
tomar mate, el
quedarse mirando
televisión, leyendo.
Acá es explorar un
acto donde tiene que
haber una voluntad
de por medio para
traducirlo en un
desplazamiento
físico. Esto tiene
errores que son
difíciles de medir
si no hay modelos
estadísticos.
EC – Y eso no se
arregla con una
muestra más grande
para la encuesta.
OAB – No, porque
esto es crear
modelos. Los modelos
estadísticos
requieren muchas
experiencias, porque
las razones o lo que
se da en una
oportunidad puede no
repetirse en la
siguiente. Es como
si en el 99
hubiéramos dicho que
en Uruguay el nuevo
sistema lleva
inexorablemente al
balotaje; en 2004 no
tuvimos balotaje, en
2009 lo tuvimos casi
en el palo, es
decir, esperemos
varias instancias
para saber cuál es
la conducta en la
primera vuelta antes
de sacar una regla
general.
¿Cómo se arregla
esto? Creo que de
manera muy simple:
no tenemos que dar
datos que no sean
esenciales al
resultado final.
EC – Concretamente,
tu conclusión es que
en la previa de la
elección interna no
debieron haberse
dado datos de cómo
iban a votar los
partidos, de cómo
iba a ser el ranking
entre partidos.
OAB – Uno lo daba
con la idea de que
para la gente lo
bueno era tener la
mayor cantidad de
información posible.
Si eso se va a tomar
como elemento de
pelea, no hay por
qué darlo. Lo que se
da es lo que
realmente tiene
validez: quién gana
la interna de cada
partido. Tampoco hay
por qué dar la
concurrencia, que en
muchos países
directamente ni se
da.
***
EC – Cerramos,
Oscar.
OAB – En octubre no
ha habido polémicas
hasta ahora. Cuando
se dijo que un
partido iba a tener
el 48, tuvo el 48;
el que iba a tener
el 29 tuvo el 29 o
se dijo que iba a
tener el 30 y tuvo
el 29; el otro se
dijo el 16 y tuvo el
17; sumados los dos
daba 46 y los
partidos
tradicionales dieron
46; se dijo 48 para
el Frente y dio 48
se hable de encuesta
electoral o de
proyección de
escrutinio. Entonces
ahora no se habla y
algunos siguen
atacando las
encuestas por lo que
pudo haber pasado en
junio o por lo que
pudo pasar en el 99
o por lo que pudo
pasar en el 89.
Me parece que de una
vez por todas hay
que terminar porque
hay una cosa que es
muy importante:
hemos estado con
periodistas
extranjeros, con
observadores
extranjeros y
quedaron
sorprendidos ya que
esperaban de Uruguay
un elenco político
con más nivel que el
que demostró con
estas polémicas.
Estos ataques, estos
juegos, no
corresponden al
nivel que se le
atribuye al elenco
político uruguayo.
***